ASIA CENTRAL EN EL CONTEXTO DEL NUEVO GRAN JUEGO. UNA MIRADA DESDE EL REALISMO POLÍTICO HACIA EL DILEMA GEOPOLÍTICO DE LA INTEGRACIÓN CENTROASIÁTICA

RESUMEN:

Asia Central es una de las regiones más controvertidas de la historia. Antiguas y legendarias rutas migratorias cargadas de disímiles religiones, tradiciones, culturas, sabiduría, comercio y mercado subyacen entre los escombros a que la destinara el “mundo civilizado”. Hoy la región ha recobrado una importancia significativa en el marco de las relaciones internacionales debido no solo a su posición estratégica en la encrucijada de dos mundos, sino también a los importantes yacimientos de recursos naturales que posee en su territorio condicionando de esta manera un Nuevo Gran Juego de poderes en el devenido tablero centroasiático.

Este trabajo pretende no solo un acercamiento hacia los avatares históricos a que se vieron sometidos los pueblos que hoy ocupan la región, donde quedaron cercenadas importantes experiencias civilizatorias que han marcado el decursar de los acontecimientos al no ser asumidas como tales por las élites que han ejercido el poder en los diferentes momentos de los Estados-Nación al estilo occidental que se han pretendido establecer allí.

En el contexto de la nueva dinámica a la que se ve abocada la región ante las apetencias y ambiciones de potencias foráneas en la región, la emergencia de nuevos actores como Rusia y China, así como el fortalecimiento aspiraciones integracionistas en el seno de los Estados centroasiáticos, se plantea una importante interrogante para invitar a la reflexión: ¿Hacia dónde va Asia Central? ¿Permanecerá como un simple tablero donde se desarrolla el gran juego, inclinando la balanza hacia Occidente o buscará alternativas de regreso por la Ruta de la Seda?

La Ruta perdida entre la URSS, el Colapso del Socialismo y la Comunidad de Estados Independientes

“El pueblo y su entorno son inseparables  y se ven afectados tanto por la geografía como por sus instituciones políticas”

Aristóteles. Siglo IV ane

La región centroasiática irrumpió en la historia de la humanidad a través de la llamada Ruta de la Seda, la cual estableció un puente hecho de abigarrados caminos que bajaban por las Estepas para unir mundos distintos. Nómadas, caravanas de comerciantes, soldados, sabios migraban desde el Mar Amarillo, en el extremo oriente, y poblaban las estepas centroasiáticas.

Así fueron creciendo, surgiendo, desplazándose, entrecruzándose los pueblos de la región, a la vez que se adaptaban a los retos y necesidades del nuevo contexto y creaban un espacio propio entre aquel lejano Oriente y el siempre inalcanzable Occidente.

Los pueblos nómadas, de manera general, evolucionaron en medio de este inmenso y complejo escenario, devenido en una de las principales vías de interacción de las civilizaciones humanas, en el que numerosos grupos humanos y tribus trashumantes desarrollaron y conformaron una idiosincrasia particular, con códigos de vida sencillos pero inviolables por su importancia hasta para la supervivencia de los miembros de la comunidad. Parte de estos pueblos comparten este pasado, otros se asentaron de manera permanente y evolucionaron en la rivera de los ríos o junto a los oasis. No obstante, entre unos y otros se establecieron importantes relaciones. 

La otra forma de vida dentro de la misma experiencia civilizatoria centroasiática la tenemos más al sur, en los territorios de los actuales Uzbekistán, Tayikistán y en menor medida en Turkmenistán, lo mismo que en las regiones meridionales de Kazajstán y Kirguistán, donde florecieron magníficas ciudades-Estado, en que pueblos sedentarios consiguieron importantes niveles de desarrollo y floreció una cultura extraordinaria, más próxima a las características de la Mesopotamia antigua, los persas y los árabes, que concluyó con la conformación de tres grandes Estados feudales: el Emirato de Bujará y los kanatos de Jiva y Qoqand.[1]

Sin embargo, nómadas y sedentarios establecieron relaciones de intercambio muy interesantes y en todos los sentidos, en una peculiar división social del trabajo, que provoca que en ocasiones se homogenice y confunda un pueblo con otro.

A través de la historia que iban construyendo en el abigarrado peregrinaje hacia el corazón continental todos los pueblos de la región, nómadas o sedentarios, estuvieron expuestos a las pretensiones de otros grupos humanos por conquistarlos. Ante esta situación algunos asumieron su incorporación al Imperio Ruso como un mal menor, que evitaría en lo adelante las apetencias de otras sociedades más agresivas, al contar con la protección de tan importante aliado, al que consideraban una “tribu superior”.[2]

Cabe recordar que estos rusos, que llegan y ocupan Asia Central, durante más de 200 años estuvieron supeditados a la Horda de Gengis Kan y sus descendientes y habían adquirido no pocos rasgos de estos pueblos. Es decir, que al llegar a Asia Central la sociedad rusa ya venía profundamente modificada por la forma túrquica de los kanes mongoles, lo que distingue a esta relación de subordinación si se tiene en cuenta como punto de partida la conquista de las tierras rusas por los guerreros centroasiáticos, los que al dominar durante un tiempo relativamente largo a los principiados rusos, le insuflaron a su sociedad elementos propios de su experiencia. [3]

Sin dudas, desde el punto de vista geopolítico, Asia Central iba convirtiéndose a partir de la propia  historia de la humanidad en uno de los centros fundamentales. Su posición geográfica la situaba no solo en la ruta de la seda, a pesar de las difíciles condiciones naturales de las estepas, ruta de fuerte intercambio cultural y con ello un importante flujo migratorio. Esta región cada vez más poblada se encontraba en el centro de grandes y tradicionales imperios.

Sir Halford John Mackinder (Gran Bretaña 1861-1947), el más influyente impulsor de la geopolítica en su país y EE.UU., entre 1904 y 1919 elaboró una concepción teórica en la que definió a Asia Central como el corazón continental y afirmó que Europa Oriental era la llave o el Pivote de este corazón continental. Según su teoría, “quien gobierne la Europa oriental dominará el corazón continental; quien domine el corazón continental dominará la isla mundial (Eurasia y África); quien domine la isla mundial dominará el mundo”. Mackinder creía imprescindible impedir una alianza entre Alemania y Rusia, porque entre ambas podrían dominar el pivote continental, lo que llevó a la idea de crear estados tapón que les separaran y en lo posible enfrentarlos entre sí.

Con la ocupación de Asia Central por Rusia, todos los modelos autóctonos de desarrollo de estos pueblos quedaron truncos y con ello dejaron de evolucionar en su forma natural con la justificación de propósitos civilizatorios y humanitarios. Las imposiciones por parte de Moscú de su concepto de Estado, desestimaron erradamente las experiencias locales quedando desarraigadas estas sociedades.

Desde entonces la región entró en otra fase de disputas y se adentró en el sendero de las luchas interimperialistas: los rusos avanzando desde el norte, los británicos desde el sur. Dado este contexto, la expresión Gran Juego fue ampliamente utilizada para referirse a la expansión de las grandes potencias en Asia Central. Se debe a Rudyard Kim Kipling, que en “Penguim Books” en 1894 calificó de “juego” la competencia político-militar o guerra diplomática entre Gran Bretaña y la Rusia zarista por el control de los despojos de los imperios otomano y mongol.[4]

La Rusia zarista, que ya había comenzado su expansión hacia el sur, rápida y cruelmente avanzó dentro del Turquestán Occidental en son de completar la colonización, lo que consiguió entre 1865 y 1876. El Imperio Ruso, una vez bien establecido, comenzó a utilizar este territorio como lugar de destierro para los luchadores contra el régimen zarista.

Las revoluciones de febrero y octubre de 1917 pasaron inadvertidas para los pueblos centroasiáticos, diezmados, desplazados y exhaustos. En las filas de los partidos de la revolución no se encontraban miembros de las comunidades locales y en la composición de los primeros Soviet tampoco participaron.

En 1928 con la afirmación de la corriente estalinista se propuso construir el socialismo en un solo país. Para Asia Central constituyó el momento en que se le impuso un nuevo paquete de patrones ajenos. La religión local, que con la implementación de la “Nueva Política Económica” estructurada por Lenin fue respetada así como otros elementos identitarios, resultó nuevamente conjurada, a la agricultura le fueron incorporados desconocidos cultivos y modos de labranza y el uso de la lengua rusa se hizo obligatorio.

Desaparecido Stalin, el 5 de marzo de 1953, se inició una nueva etapa en la URSS, la denominada “Mentalidad de las Toneladas”, caracterizada por un acelerado desarrollo cuantitativo de la producción. Entre los años 50 hasta inicio de los 70, Asia Central se transformó de región agrícola en agro-industrial y para inicios de la séptima década su estructura económica había avanzado a lo que denominaban un modelo industrial-agrario en expansión desarrollando nuevas ramas productivas en la industria ligera. La entrada de la URSS en la era atómica, intensificó la explotación de mineral radiactivo, principalmente uranio y cobalto, lo que presupuso la explotación de los yacimientos kazajos, uzbekos y kirguises.

Paralelo a este escenario se fue desarrollando una política encaminada a crear, sobre la base de la ideología del grupo dominante y otros elementos políticos enarbolados por la dirección de la URSS, al “Homo Sovieticus”, un ser desarticulado del resto de los componentes etno-culturales de sus antepasados y de la mayoría de los pueblos soviéticos, aunque se le insuflaron algunos rasgos de la nación rusa. [5]

El deterioro de la sociedad soviética se hacía cada vez más evidente. La década de los 80 estuvo profundamente marcada por la Perestroika promovida por Mijail Gorvachov, lo que irremediablemente concluyó con la desintegración de la URSS, el colapso del socialismo en Europa del Este y por ende, el fin la Guerra Fría.

Una vez más los pueblos centroasiáticos no solo quedaron a la deriva sino que sufrieron procesos traumáticos de reafirmación de sus identidades nacionales que se conjugaron con una crisis económica y social devastadora que evidenciaba la ruptura de los vínculos existentes con la URSS y el fracaso del proyecto integracionista.

De estos escombros surge entonces la Comunidad de Estados Independientes (CEI) en 1991. Algunos especialistas consideran la creación de esta entidad como una especie de “divorcio civilizado”, orientado a evitar  la catástrofe que supondría la disolución abrupta de los vínculos y entrelazamientos que se fomentaron en tiempos de la URSS, y no un esfuerzo integracionista verdadero y coherente por parte de sus signatarios.

Desde entonces la CEI se viene debatiendo entre las tendencias integradoras y desintegradoras. Esta entidad ha atravesado diferentes momentos caracterizados por  una especie de autoaislamiento ruso con la irrupción de los nacionalismos en las restantes repúblicas ex soviéticas, una especie de desencanto y búsqueda de reorientación relacionado con la profunda crisis económica, política y social que atravesaban estos países y ante las escasas perspectivas de desarrollo que podían brindar los frágiles vínculos en la CEI. A esto se sumaron los fracasados intentos por acceder a relaciones con Occidente.

A partir de entonces el fenómeno de la integración en Asia Central se ha convertido en un tópico fundamental. En principio la propia situación de inestabilidad y desamparo al interior de los cinco estados centroasiáticos caracterizada por una profunda crisis de la cultura y las estructuras políticas es un elemento a tener en cuenta.

En segundo lugar el protagonismo que sigue asumiendo Rusia en las relaciones con esta su tradicional esfera de influencia. En el 2000 tiene lugar la Reunión Cumbre de la CEI, cita en la cual el resultado más destacado fue el apoyo unánime a Vladimir Putin por parte de los Jefes de Estado participantes que llevó incluso a la renuncia del presidente tadyiko. El encuentro significó una oportunidad para el diálogo, con auspicio de Rusia, entre diferentes miembros de la CEI.

Este escenario abriría las puertas a un período de real  revitalización de la CEI, condicionado por muchos factores externos y protagonizado sin lugar a dudas por los intereses de Rusia en la arena internacional, encarnados desde entonces en la singular personalidad de Vladimir Putin quien expresó: la política hacia la CEI tiene absoluta prioridad (…) sin que nunca nada ni nadie pueda cuestionarse nuestra presencia en los marcos de nuestra zona de intereses estratégicos, debemos ofrecerles a estos Estados occidentales una colaboración estratégica. Nosotros sabemos que algunos Estados occidentales hacen todo lo posible por separar a los estados de la CEI de Rusia. Precisamente en relación con los más recientes acontecimientos en Kirguistán y Uzbekistán y en algunos otros Estados de la región, debe quedar claro para todo el mundo que las antiguas repúblicas soviéticas son aliadas naturales de Rusia en el espacio ex soviético, con las cuales debemos colaborara sin ambiciones y sobre fundamentos de igualdad.[6]

Sin dudas el redimensionamiento estratégico de la política exterior de Moscú hacia la región, especialmente en los marcos de la CEI tuvo el objetivo de lograr una presencia mayor de los intereses rusos en Asia Central, frente a la amenaza que implicó el entrecruzamiento contrapuesto de diversos actores en la región como es el caso de Estados Unidos, la Unión Europea, Turquía, Irán, los países del Golfo Pérsico, etc., los cuales la fueron  convirtiendo poco a poco en un área de enfrentamiento geopolítico.

En tercer lugar, varios factores fueron determinando un aumento de la significación del llamado tablero centroasiático, básicamente  de orden económico, relacionado con las enormes reservas de gas y petróleo existentes en la región y desde el punto de vista geoestratégico en tanto constituye el pivote geográfico de la historia, lo cual la eleva a un primer plano de la atención mundial y objeto de interés para diferentes actores de la política internacional con finalidades diversas en el área. 

Ante la influencia y ambiciones de las potencias tradicionales y las emergentes desde la desintegración de la URSS en la región, los Estados independientes centroasiáticos, liderados por Rusia en los marcos de la CEI, han buscado la consolidación de un nuevo mecanismo de integración en principio económico, pero que coadyuve al funcionamiento y normalización de otros aspectos externos como la seguridad, e internos como una serie de tendencias negativas que se han venido desarrollando en los cinco Estados-nación centroasiáticos, condicionando su vulnerabilidad política, económica y social.

En ese sentido, desde la perspectiva del Realismo Político las dinámicas que se desarrollan en la región, por una parte, hacen de ella un objeto de poder y por ende de enfrentamientos entre  sujetos, actores, Estados, por ejercer una mayor influencia regional, conformando en su conjunto la complejidad del Nuevo Gran Juego. Por otro lado, la relación sujeto-objeto antes descrita se convierte simultáneamente, por la propia fuerza externa que ejercen estas dinámicas en su interior, en una relación sujeto-sujeto al tornarse el objeto del poder, en este caso la región centroasiática entendida, no como un bloque homogéneo, sino desde los cinco estados que la conforman, en una fuerza más dentro del propio tablero que ellos mismos constituyen. ¿Cómo lo hacen?, justamente a partir de la búsqueda de alianzas, cooperación y la concreción de un modelo de integración factible. 

De regreso por la Ruta de la Seda 

“En esta nueva fase del Great Game los ubicuos intereses políticos y religiosos son todos parte de las reglas, pero la ruta de la seda y sus lujosas mercancías han sido reemplazadas por sueños de gas, petróleo, oleoductos y autopistas”.[7]

Luego del fin de la guerra fría, EUA se erigió como el gran vencedor y desde entonces Rusia fundamentalmente ha cargado con las humillaciones por parte de Occidente que le ha conferido el título de Gran Perdedor. En ese sentido el espacio postsoviético se ha convertido también en un escenario de enfrentamientos abiertos por parte de las potencias occidentales que con el proclamado fin de llevar adelante en la región una verdadera transición hacia la democracia no ha cesado en los intentos por desconectar definitivamente la región de Rusia. Según algunos especialistas se trata de hacer retroceder a Rusia hacia sus fronteras naturales, creando el llamado “cordón sanitario”.

Por su parte Rusia considera este espacio como su área de influencia natural y a la vez el espacio post soviético siente que pese a los infortunios tiene importantes hilos contraídos a lo largo de toda una historia de los que no puede ni quiere desamarrarse en pos de un Occidente ajeno, que no ha sido capaz de incorporar las diferencias.

Obviamente este sería el preámbulo de  de ese Nuevo Gran Juego.  Por otra parte, este juego evidencia la importancia que le confieren a la región estas potencias, estrechamente relacionado con la necesidad de configurar nuevas rutas  de exportación e importación de recursos energéticos ante su progresivo agotamiento mundial en combinación con su alta demanda por parte de los países desarrollados y las economías emergentes.

En consonancia, la expresión “Nuevo Gran Juego o Colosal Juego” se utiliza en la actualidad para referirse a la competencia político-militar por el dominio de los nuevos Estados centroasiáticos ex soviéticos y que recuerda, por algunos de sus métodos, al Gran Juego del siglo XIX. Se utiliza el término “colosal” por las dimensiones del mismo ya que en él participan un grupo de Estados y organismos internacionales como Estados Unidos; Rusia; China; la UE; India; Turquía e Irán los que interactúan con Kazajstán; Kirguistán; Tadzhikistán; Turkmenistán y Uzbekistán. A estos se suman otros actores transnacionales como el sector corporativo y las Organizaciones No Gubernamentales.[8]

El montaje de este “Nuevo Gran Juego” está condicionado por el rol que juega Rusia como exportador principal de los recursos energéticos en la región, estrechamente vinculado a los importantes yacimientos existentes en Asia Central y el Caspio, donde Moscú interviene jugando un papel protagónico debido a los vínculos históricos contraídos allí y a través del gigante Gazprom[9]. Vale destacar que este Gran Juego se desarrolla en un escenario donde las rutas de tránsito rusas están casi todas dirigidas hacia Occidente. Esta situación ha derivado en una fuerte dependencia energética por parte de la Unión Europea de Rusia, la cual utiliza muchas veces esta posición ventajosa como instrumento de presión política.

De ahí que los países que integran el bloque comunitario no cesen en la búsqueda  de rutas alternativas de tránsito de suministros energéticos en Asia Central. Sin embargo Rusia ha significado un importante obstáculo para la presencia de la UE en la región ya que no ha permitido a los países de Asia Central y del Cáucaso la autonomía o el margen para establecer una triangulación de intereses energéticos con la UE.

Por su parte, Estados Unidos es la potencia extrarregional con mayor presencia en la región centroasiática y sus intereses allí trascienden a los relacionados con las riquezas en materia de recursos energéticos que posee, sector en el cual ha hecho importantes inversiones.

En ese sentido vale destacar entre otros, dos puntos de fricción importantes: la instalación del escudo antimisil estadounidense y la expansión de la OTAN hacia el Este, lo cual con toda razón ha inquietado a Moscú al sentirse de esta forma presionado y acorralado por Occidente.

Ante esta situación de amenaza para la seguridad regional la respuesta de Rusia estuvo encabezada por la llamada Doctrina Putin. Se trata de la  estrategia adoptada por el mandatario ruso (2000/2004-2004/2008), que se hizo muy evidente durante su segundo mandato y que abogaba por la ejecución de la dirección oriental de los objetivos geopolíticos de Rusia, lo que incluía la recuperación de los espacios perdidos en Asia Central y el relanzamiento de las relaciones con China. La Doctrina Putin contemplaba a su vez la adopción de una política contestataria a la de Occidente basada en lo que denominan “Respuesta Asimétrica”. Sus dos textos fundamentales son el discurso de Vladimir Putin en la 43ra Conferencia de Seguridad Europea, Múnich 10 de febrero de 2007 y la conferencia de prensa del mandatario durante la cumbre del G-8 en Alemania ese mismo año 2007 y que “The Globe and Mail” titulara: “Lo que los medios de comunicación occidentales no quieren que sepamos de Putin”.[10]

En este contexto, tal como manifestó el mandatario ruso, y en medio de la emergencia de Rusia y China, ambas potencias intensificaron los esfuerzos por potenciar y fortalecer la actuación regional en los marcos de la Organización de Cooperación de Shangai.

Esta organización surge como “Grupo de Shangai”[11] desde 1996, a raíz de la necesidad de una mayor cohesión regional ante las consecuencias económicas y las implicaciones geopolíticas de la desintegración de la URSS en la región del Asia Central; el progresivo desarrollo económico de China; la implementación de la Nueva Política Exterior china, pilar fundamental de su Nuevo Concepto de Seguridad; la asociación estratégica chino-rusa; y las potencialidades económico-energéticas del Asia Central.

El Grupo de Shanghai tuvo por objetivo enfrentar los nuevos desafíos que implicaba para la región la nueva era post soviética. Entre 1996 y 2001, este mecanismo regional logró la solución pacífica de las disputas fronterizas entre sus miembros, el fortalecimiento de la confianza militar y el impulso a la cooperación mutuamente beneficiosa.

Progresivamente fue ampliando su campo de acción y membresía  a partir de imperativos en la arena internacional que afectaban de alguna manera la seguridad regional. Vale destacar la ampliación de la UE hacia el Este y como se ha mencionado anteriormente la OTAN e instalación del escudo antimisil, así como una actitud más activa de Estados Unidos en la región. Complementario a esto y no menos importante es la creciente necesidad de energía de China e India, así como la bonanza de los altos precios del crudo, lo cual facilita el desarrollo de las ambiciones internacionales de Rusia, para frenar el avance de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán y el Caspio.

Estos elementos entre otros llevaron a una serie de intercambios militares y tecnológicos entre Pekín y Moscú y a posiciones diplomáticas coincidentes frente al unilateralismo y hegemonía estadounidense.

Para Asia Central el tema de la seguridad está ligado con el desarrollo económico, debido al ambiente explosivo creado localmente por una mezcla de amenazas internas y externas. Debe tenerse en cuenta que la región está rodeada por países asociados al desarrollo de armas nucleares y de creciente efervescencia regional, tal es el caso de China, India, Rusia, Afganistán y Pakistán. La degradación socio-económica de Asia Central se agrega a las razones que preocupan y hacen obvia la interdependencia entre el progreso en seguridad y el desarrollo.

Algunos estudiosos argumentan que las actuales tendencias disimuladas que evolucionan en varios Estados de Asia Central, así como el descontento social de gran alcance con regímenes opresivos en la región y los riesgos crecientes de derrumbamiento estatal y económico, conduce al crecimiento rápido de movimientos religiosos radicales, que podrían tener implicaciones a largo alcance para la estabilidad regional.

El espacio postsoviético, y la propia Rusia, se caracterizan como se ha explicado por su heterogeneidad socio-económica y sobre todo, etno-cultural. Los pueblos que en esta región cohabitan forman parte de una abigarrada historia de encuentros, conquistas, desencuentros, diásporas y con la conformación reciente de nuevos Estados, se han dado diversas manifestaciones de xenofobia, rusofobia, etc.

De manera que en la actualidad se encuentran en evolución una serie importante de conflictos, y lo peor es que no pocos están latentes. También hay que señalar, que en casi todos los casos, unos y otros, son alentados desde el exterior, ya sea por las fuerzas de la reacción internacional por sí misma, o con el empleo de ciudadanos originarios de estos territorios.

El fenómeno del terrorismo no puede verse ajeno al escenario descrito hasta aquí, se trata de un terrorismo asociado fundamentalmente con los conflictos heredados de la desintegración y reconfiguración de muchos de estos Estados, que en muchos casos está asociado a conflictos bélicos internacionales. Muchas de las organizaciones que luego se acreditan estas acciones están domiciliadas en Europa occidental.

Septiembre de 2001 marcó un punto de viraje para la situación geopolítica del planeta, pues Estados Unidos iniciaba la “guerra contra el terrorismo”. Con ello, Asia Central, que comparte fronteras con Afganistán, se convirtió en centro, no sólo de las tropas destinadas a combatir a los talibanes, sino del apoyo logístico a la guerra mediante la utilización del espacio aéreo de estos países y de algunos enclaves militares.

La base aérea de Manas en Kirguistán y la base Khanabad en Uzbekistán fueron los puntos neurálgicos de la operaciones militares de Washington en la región. La entrada de tropas estadounidenses en Asia Central significó para la OCS adoptar un perfil algo más bajo, pues se originó una nueva situación caracterizada por la recomposición de los equilibrios estratégicos y de la distribución de poder en la región.

No obstante la reducción de perfil, el Grupo de Shangai continuó dando pasos positivos en la construcción de una entidad capaz de generar en la región cierta concertación, sobre todo en temas como la seguridad regional y la cooperación económica.

Esta etapa marcó la transición institucional del Grupo hacia la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), lo que precisó la profundización de las relaciones de sus integrantes. En ello influyó de manera particular la incorporación de Uzbekistán como miembro pleno, la presencia de Estados Unidos en la región centroasiática y la adopción de los documentos fundadores de la OCS que se articularon en la Carta de la Organización, firmada en el año 2002.

El año 2003 se configuró como un segundo momento del proceso de surgimiento de la entidad regional que marcó el reacomodo de la misma ante la necesidad de ganar mayor notoriedad internacional. Lo logró a través de la coordinación de posiciones consensuadas frente a las cuestiones internacionales y con la realización de los primeros ejercicios militares conjuntos.

Puede mencionarse una tercera etapa (2004-2005) en la que la OCS alcanzó un mayor grado de institucionalización y por ende consolidó su desarrollo como un organismo regional. Ello fue posible gracias a la creación de dos órganos de carácter permanente: la Secretaría y la Estructura Regional Antiterrorista. Igualmente influyó la incorporación de observadores a la Organización y la adopción de una política de rechazo a la presencia estadounidense en Asia Central.

Como parte de la agenda de la OCS la lucha antinarcóticos ha sido identificada por los miembros de la Organización como una de las amenazas más importantes a la seguridad regional. En este sentido, han desplegado una serie de acciones encaminadas a combatir este flagelo transnacional.

Los principales destinos de los narcóticos provenientes de Afganistán han sido los consumidores europeos, por lo que geográficamente Asia Central y Rusia se han colocado al centro de la ruta comercializadora. Esta situación ha generado grandes estragos de seguridad en esos países, dada la agresividad de los grupos traficantes y los males acompañados al trasiego de narcóticos, como el deterioro social y la corrupción.

Durante el período 2005-2009, la OCS se caracterizó por su madurez en el trazado de políticas de seguridad regional y cooperación económica. Las primeras se implementaron con un enfoque integral que incluyó el enfrentamiento más organizado y efectivo a las causas de la inseguridad regional. Igualmente los países miembros continuaron realizando ejercicios militares conjuntos para disuadir la actuación de los grupos irregulares existentes en sus países. En tanto, las políticas de cooperación económica estuvieron encaminadas a fortalecer las instituciones correspondientes de la organización e incrementar las inversiones en los sectores del petróleo y del gas natural.

La cuestión del desarrollo energético de la región, ha sido evaluada por los miembros de la OCS como un tema de concertación, ya que los países miembros han identificado una evidente fortaleza en el mismo. Sin embargo, han persistido divergencias principalmente entre los intereses de China y Rusia, pues el primero ha accedido a los recursos energéticos en calidad de consumidor, y el segundo como productor y país de tránsito.

En sentido general, a partir del breve acercamiento a la evolución de la OCS, es evidente el crecimiento progresivo de esta entidad en cuanto a su concreción y sobre todo su posicionamiento y protagonismo regional en la medida precisamente en que se convierte en un importante referente y contrapeso frente los intereses e influencia de las potencias occidentales encabezadas por EUA en Asia Central.

Cabría preguntarse entonces ¿hacia dónde va la OCS hoy? Sin duda alguna tras un largo camino de aciertos y desaciertos, la búsqueda de la identidad ha sido una constante en la historia de esta organización. Ser juez y parte ha constituido uno de los retos y oportunidades a la vez que le ha permitido a la OCS intervenir, encausar y hasta mover la empantanada dinámica centroasiática.

A pesar de los avatares históricos y salvando la distancia temporal y obviamente las experiencias civilizatorias que quedaron subsumidas en el pasado, el nuevo contexto de emergencia de Rusia y China, así como el fortalecimiento de la OCS ha constituido una oportunidad regional, autóctona que intenta desde adentro superar los problemas más acuciantes que enfrentan hoy estas sociedades post soviéticas tantas veces ya desintegradas y reintegradas arbitrariamente.

Por una parte, una herramienta muy importante en ese sentido han sido los vasos comunicantes a nivel cultural, específicamente lo que está relacionado con el respeto y rescate de la tradición en cuanto a cultura política,  el regreso a los orígenes. El insertar estos elementos  en la nueva dimensión geopolítica que ha cobrado la región, la emergencia de las economías rusa, india y china así como el papel protagónico de Beijing entre otros factores que se están desarrollando en el contexto de las relaciones internacionales en el mundo actual, ha permitido apartar la mirada de occidente en la medida que esto ha sido posible y volverse en una especie de regreso por la Ruta de la Seda.

 

Por otro lado, este no es solo un regreso cultural. La antigua ruta que otrora guiaba el camino de valiosas mercancías, entre otros misterios, que se desconocían y cautivaban en occidente, hoy traza sus caminos, de vuelta al Mar Amarillo con rutas de tránsito de suministro energético.

 

Sin dudas, Asia Central o “el corazón de la Tierra”, ha estado marcando la historia y condicionando el desarrollo civilizatorio de la humanidad a través de los tiempos. Desde la antigua Ruta de la Seda hasta el tablero centroasiático en el que tiene lugar hoy un gran juego geopolítico de poderes, la región por su propia naturaleza se ha visto condicionada por influencias extrañas y ajenas; sin embargo, a la vez, ha estado condicionándolas.

La OCS nacida desde y para el gran juego pretende, justamente, aprovechar y avanzar en este particular a favor de la estabilidad y el desarrollo regional. No obstante, sus principales promotores, Rusia y China, tienen ante sí una gama nada desdeñable de retos que pudieran atentar contra la propia estabilidad regional por la que tanto abogan. Los puntos de fricción que comparten y su condición de vecindad así como los intereses particulares que tienen en la región centroasiática son elementos que difícilmente escapan a lo interno de la OCS y por ende pudieran reproducir peligrosamente una nueva fase de los tradicionales mecanismos de dominación que ha sufrido la región.

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[1] Al respecto véase en Villar Barroso, Oscar. Las contradicciones ruso-norteamericanas en el espacio postsoviético de Asia Central. Tesis para optar por el grado científico de  Doctor en Ciencias Históricas. FFH. UH. 2011.

[2]Ídem.

[3] Al respecto véase en Villar Barroso, Oscar. Las contradicciones ruso-norteamericanas en el espacio postsoviético de Asia Central. Tesis para optar por el grado científico de  Doctor en Ciencias Históricas. FFH. UH. 2011.

[4] Ídem.

[5] Al respecto véase en Villar Barroso, Oscar. Las contradicciones ruso-norteamericanas en el espacio postsoviético de Asia Central. Tesis para optar por el grado científico de  Doctor en Ciencias Históricas. FFH. UH. 2011.

 

[6] Para más información véase Ariel Dacal y Francisco Brown: “Rusia: Del socialismo real al capitalismo real”,  Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2005, p.324

[7] Jordi Raich: “Quién controla Afganistán?”. En: Revista Papeles de Cuestiones Internacionales, Madrid, invierno, 1999-2000, no. 69, p.58.

[8] Al respecto véase en Villar Barroso, Oscar. Las contradicciones ruso-norteamericanas en el espacio postsoviético de Asia Central. Tesis para optar por el grado científico de  Doctor en Ciencias Históricas. FFH. UH. 2011.

[9] Empresa gasística fundada en 1989.  La mayor extractora de gas natural en el mundo y la mayor compañía de Rusia.

[10] Al respecto véase en Villar Barroso, Oscar. Las contradicciones ruso-norteamericanas en el espacio postsoviético de Asia Central. Tesis para optar por el grado científico de  Doctor en Ciencias Históricas. FFH. UH. 2011.

[11] “El Grupo de Shangai” o “Shangai Five”, formado en 1996, por Rusia, China, Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán, cuyo objetivo era en gran parte fortalecer la confianza y el desarme en las regiones fronterizas de China con Rusia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. El 26 de abril de 1996 los líderes de los cinco Estados, reunidos en Shangai, firmaron el “Acuerdo para profundizar la confianza militar en las regiones fronterizas” y el 24 de abril de 1997 en Moscú firmaron el “Acuerdo para reducir las fuerzas militares en las regiones fronterizas”.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Fabelo Concepción, Sunamis y Rodríguez Soler, Angel: "Asia Central en el contexto del nuevo gran juego. Una mirada desde el realismo político hacia el dilema geopolítico de la integración centroasiática" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, febrero 2014, en http://caribeña.eumed.net/asia-central/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.