CIENCIA E INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIAS. ALGUNOS APUNTES PARA UN DEBATE EN CLAVE POLÍTICA

Resumen: El presente trabajo intenta aportar a la compleja polémica en torno a la concepción contemporánea de la ciencia como actividad social y la posición de la institución universitaria en la producción del conocimiento científico. Para ello, se abordan tópicos como la perspectiva Ciencia – Tecnología – Sociedad e Innovación (CTS+i), las funciones sustantivas de la universidad y una concepción del curriculum universitario, destacando en estos diversos aspectos relacionados con la actividad investigativa desde el pregrado. Asimismo se intenta ofrecer algunas ideas para un replanteo de la política científica en el caso de la Universidad de La Habana (UH) y elementos del contexto social que resultan favorables a tal empresa.

Palabras claves: perspectiva CTS+i, política científica, universidad, curriculum, investigación, Universidad de La Habana.

Abstract: This paper aims to contribute to the complex debate concerning the contemporary conception of science as a social activity and the role played by the university in the production of scientific knowledge. To this end, we address topics such as Science-Technology-Society (STS + i), the basic functions of the university and the type of curriculum it should mould, highlighting in the analysis the important role of the research activities conducted at the undergraduate level. The paper also attempts to contribute ideas towards a necessary redesign of Havana University’s science policy, pointing out several factors of the social context that favour this endeavour.

Key words: STS+i perspective, science policy, university, research, University of Havana.

A modo de introducción:

 

La comprensión de la importancia del conocimiento en las sociedades contemporáneas es un tema que en la actualidad no está ausente de las mesas de debate. El lugar que corresponde a la Universidad frente a la necesidad de impulsar el desarrollo social desde la producción de conocimiento pertinente, cómo articular esto con su misión formativa y sus funciones sustantivas son preguntas inacabadas ante las cuales, a cada posible respuesta, emergen múltiples interrogantes. Por otro lado, asumir la ciencia en sociedad y para esta última, plantea nuevas aristas a contemplar en la reflexión científica y la gestión institucional, máxime si, como en Cuba, aspiramos a un desarrollo indetenible y sostenido de la sociedad por el hombre y viceversa, en el cual la actividad científica juega un papel indiscutible.

 

A estas cuestiones se aproxima el presente trabajo con la intención de resultar, modestamente, un provocador antes que dador de soluciones acabadas, puesto que las autoras desconfían de tales soluciones, como mismo se inclinan hacia las emergidas del debate democrático.

 

Con esta finalidad, se ha preferido dividir el cuerpo del trabajo en tres acápites, correspondientes en términos generales a la concepción contemporánea de la ciencia en la perspectiva Ciencia – Tecnología – Sociedad e Innovación (CTS+i), la Universidad como institución social y el curriculum universitario, y la actividad investigativa para la producción de conocimientos en la universidad. En el último de los apartados se hace una alusión al caso de la Universidad de la Habana, se esbozan ideas a considerar para un replanteamiento de su política científica y se señalan algunas cuestiones del contexto sociohistórico cubano que pueden resultar favorables a este propósito. Además, se ha reservado un pequeño espacio para las conclusiones finales y las referencias bibliográficas, como es de rigor.

 

Desarrollo:

 La perspectiva de Ciencia – Tecnología – Sociedad e Innovación para una comprensión contemporánea de la actividad científica.

La comprensión de las ciencias en su complejidad en tanto objetos de conocimiento en sí mismas, es un camino que numerosos autores han emprendido, con no pocos resultados alentadores y muchas nuevas interrogantes. La perspectiva Ciencia – Tecnología – Sociedad e Innovación (CTS+i en lo adelante) ha emergido como uno de los esfuerzos integracionistas para abordar este campo. Aproximarse a esta problemática desde el entorno universitario, ha sido la intención de las autoras del presente trabajo, que se presenta como modesta contribución a este debate.

 

Las periodizaciones logradas de la Historia Social de la Ciencia guardan cierto nivel de correspondencia con los grandes periodos del desarrollo de la Humanidad, entendidos estos como formaciones económico – sociales (FES). Así, las prácticas científicas de la Antigüedad y el Renacimiento se denominan Ciencia Contemplativa, por su orientación fundamental a la observación y el razonamiento; mientras que a fines del siglo XVII aparece con la primera revolución científica,  la Ciencia Moderna, caracterizada por la matematización y el experimento. Está última evolucionó hacia la Ciencia Académica, extendida desde el siglo XIX a las primeras cuatro décadas del XX. Hoy en día se asiste a la Ciencia Contemporánea, que se apropia de la investigación en el sentido estricto como su rasgo determinante.

 

Estas nociones de Ciencia han estado marcadas por el grado de desarrollo alcanzado en el conocimiento de la realidad y el mundo. Por esta razón frecuentemente se ha visto desvinculada a la actividad científica del contexto sociohistórico concreto en que se desarrolla. No es sino en el marxismo que esta articulación indisoluble se reconcilia, señalando el carácter histórico – social de la Ciencia, como praxis social.

 

En Marx se descorre la ciencia como actividad histórico – socialmente condicionada y, por tanto, portadora de todas las contradicciones de la sociedad concreta en que se desarrolle, “en sus fines y agentes, modos de organización y funcionamiento, resultados y usos, valores que le comunica” (Núñez, J.; 1999; p.36). Marx no devalúa la especificidad de esta práctica, por el contrario, le asigna un lugar importante en el campo de la superestructura de una organización social, a un tiempo, productora y reproductora del sistema social. Estas ideas son hábilmente rescatadas por Kuhn (1962; citado por Núñez, J. 1999), quien denota el carácter institucional de las prácticas científicas; indicando así las relaciones de constitución recíproca ciencia – sociedad que se dan sobre la base de la “especificidad, autonomía relativa,  eficacia propia y capacidad de influencia sobre las restantes instituciones y actividades sociales”; de lo que resulta que la ciencia debe también comprenderse como “un fenómeno sociocultural que posee fuerzas motrices propias”.  (Núñez, J.; 1999; p.36).

 

En este sentido, Kröber (citado por Iñigo, E.; 2011c) coincide con las posiciones anteriores sosteniendo que la ciencia es: “…no sólo un sistema de conceptos, proposiciones, teorías, hipótesis…sino también, una forma específica de la actividad social dirigida a la producción, distribución y aplicación de los conocimientos acerca de las leyes objetivas de la naturaleza y la sociedad… una institución social, un sistema de organizaciones científicas cuya estructura y desarrollo se encuentran estrechamente vinculados con la economía, la política, los fenómenos culturales, con las necesidades y las posibilidades de la sociedad dada”.

 

Como se observa, la actividad científica reviste una gran importancia en el desarrollo social, si bien no es independiente de este último. El carácter social de la ciencia se aprecia  tanto a lo externo, en su determinación por el sistema social en que se desarrolla, como a lo interno, en la organización del trabajo científico, desde la constitución de los equipos de investigación y las agendas temáticas hasta las alternativas teórico – metodológicas seleccionadas, la lectura que se realiza de los datos y los usos conferidos a los resultados.

 

Así, queda planteada una noción general de ciencia que contempla no sólo su aspecto propiamente epistémico en un sentido limitado, sino que a partir de esta capacidad de generación de discursos (en forma de paradigmas, sistemas de leyes, teorías, hipótesis) y complementación con la tecnología, la eleva a la categoría de actividad social cuya finalidad sería el descubrimiento de las leyes objetivas sobre la naturaleza y la sociedad y que, institucionalmente organizada, condiciona una forma de profesionalización (la profesión de científico) y de influencia en el desarrollo social distribuidor de cuotas de poder (en el sentido foucaultiano de relación saber – poder). De esta suerte, toda práctica científica es de una parte, como ya se ha indicado, social con especificidad propia, reflejo refractario de las condiciones en que opera, reproduciéndolas; mientras que de otra, productora de dispositivos de saber y tecnológicos que inciden en las bases económicas y políticas del sistema social; desencadenándose giros de retroalimentación interminables.

 

Como se ha venido exponiendo, la Ciencia es, por tanto, susceptible de examen también científico, pues su naturaleza dialéctica le confiere una propiedad reflexiva que convoca a diferentes disciplinas para que la tomen como objeto a estudiar. Tal es el caso de la Sociología del Conocimiento, la Psicología Social de la Ciencia, la Historiografía Intelectual, la Gnoseología, entre otras; constituyéndose la actividad científica en sí misma, más que en objeto, en campo interdisciplinar para el diálogo sobre sus características. Bajo este presupuesto, existe una orientación contemporánea que intenta reunir las ramas del conocimiento antes mencionadas, nucleándolas en lo que se ha dado en llamar perspectiva CTS[1].

 

El análisis de la actividad científica abarca entonces varias dimensiones que resultan interdependientes, si bien pueden metodológicamente tomarse por separado. Las corrientes intelectual y crítica de la ciencia (Rosa, A. et als.; 1996; Morin; E.; 2000 y Aguirre, C.; 2004) de estas son: el nivel del discurso, referido a lo que tradicionalmente se identifica con los productos de la ciencia, es decir, las teorías, los métodos, conceptos, etc.; el nivel socioinstitucional, donde se abarcan las características concretas de los contextos social, histórico, económico, epistemológico, políticos, institucionales/grupales, etc. donde se produce y desarrolla la ciencia.

De este modo, la consideración de todas las definiciones anteriores permite concluir que la visión contemporánea de la ciencia incluye entre sus características (Iñigo, 2011a) a las siguientes:

  1. Elaboración de paradigmas y constructos teóricos en la explicación y transformación operadas en los fenómenos y procesos de la realidad.
  2. Institucionalización de la práctica, lo que supone la emergencia de comunidades con normas de comportamiento, expectativas, roles y jerarquías específicas entre sus miembros.
  3. Multiplicidad de métodos científicos y adscripciones teórico-metodológicas.
  4. Articulación entre la actividad investigativa y la producción industrial, no solo a través de las concertaciones de cadenas de trabajo sino también desde la concepción de la actividad científica a ciclo completo.
  5. Carácter social e inacabado del saber científico y autoanálisis de la actividad científica a la luz de la axiología.
  6. Pertinencia del examen de la ciencia como objeto de conocimiento, a través de la perspectiva CTS.

 

 La Universidad: funciones sustantivas y curriculum.

 

La Universidad constituye en la actualidad un subsistema con particularidades importantes dentro del sistema educativo que impere en determinado país o región. No obstante, como institución social, recorre en su historia un camino singular cuyo comienzo es anterior a la configuración de la escuela como escaño previo al nivel universitario.

 

El surgimiento de la Universidad se ubica en el Medioevo, resultó de la voluntad de una élite intelectual de la época que decidió reunirse para incrementar su cultura universal en torno a las ramas del saber entonces identificadas; de ahí su nombre Universitas. No debe afirmarse que en todos los contextos tenía similares rasgos y objetivos, sino que se constituyeron modelos universitarios que influyeron en el desarrollo ulterior de la institución a nivel mundial. Se reconocen así el modelo francés, el inglés, el alemán y el norteamericano (Íñigo; 2011b).

 

En la actualidad, la Universidad no se concibe como un templo del conocimiento en el sentido de su mera conservación y reproducción de aquel, sino que comparte con otras instituciones sociales el encargo de su producción, difundirlo y su introducción en la práctica. La literatura científica consultada plantea en la actualidad tres funciones sustantivas de la Universidad como institución social; estas son: la docencia, la investigación y la extensión universitaria, las cuales se desempeñan en dos niveles de formación, a saber, pregrado postgrado.

 

La articulación de estas funciones es crucial para la formación integral de los futuros profesionales en las distintas disciplinas, en tanto que personas, ciudadanos y especialistas de un área determinada. De los niveles referidos –que exigen también de articulación- el pregrado juega un papel crucial en el asentamiento de las bases del pensamiento científico y humanístico en el estudiante del tercer nivel[2] y representa el primer acercamiento a los contenidos profesionales, a las exigencias de una carrera universitaria cuyo desarrollo histórico puede resultar disperso y controversial. A la sazón, resulta necesario resaltar el papel activo que debe adoptar el estudiante al enfrentarse a la vida académica, para alcanzar una sólida apropiación de conocimientos y competencias con vistas a su posterior desempeño profesional.

 

Mucho se ha estudiado acerca de cómo perfeccionar este proceso de formación universitaria y diversos han sido los núcleos problémicos identificados. Sin embargo, en consideración de las autoras el punto de convergencia entre la  articulación de funciones sustantivas y el activismo a asumir por el estudiante, radica en el curriculum.

 

El campo curricular es relativamente joven en el panorama científico y su emergencia se inserta en las Ciencias de la Educación, a la vez que entronca con la Ciencia Pedagógica, la Didáctica, la Psicología, entre otras ciencias particulares. Ha llegado a erigirse una teoría curricular que es en la actualidad polisémica y profusa en cruzamientos epistemológicos, disciplinares y metodológicos, no obstante, las autoras asumen una concepción de curriculum derivada del Enfoque Histórico – Cultural (EHC) de la Psicología[3] aplicado a los contextos educativos y el proceso de enseñanza – aprendizaje.

 

Entre las múltiples definiciones disponibles, en los límites de este trabajo se entiende por curriculum desde el EHC: el “proyecto de formación y un proceso de realización a través de una serie estructurada y ordenada de contenidos y experiencias de aprendizaje, articulados en forma de propuesta político – educativa  que propugnan diversos sectores sociales interesados en un tipo de educación particular, con la finalidad de producir aprendizajes que se traduzcan en formas de pensar, sentir, valorar y actuar frente a los problemas complejos que plantea la vida social y laboral en un país determinado.” (González, O.; 1995:10; citado por González, M. et als.; 2003:14)

 

Siempre que se analice de una forma científica, esta noción del curriculum como propuesta tiene, entre otras, la ventaja de su flexibilidad. En su diseño han de participar todos los actores relacionados con el proceso educativo, desde los estudiantes y profesores, pasando por los directivos y funcionarios de las instancias del sistema, los egresados y los empleadores de estos últimos. El desarrollo curricular no se agota en la fase de diseño, correspondiente al plano estructural – formal, sino que es extensivo a la puesta en marcha de la propuesta final, plano procesual – práctico. Quiere esto decir además que el curriculum debe guiar las estrategias universitarias de gran amplitud, tanto como las concreciones específicas en el microentorno del aula y la clase.

 

La flexibilidad curricular alude además a otra cuestión de interés: la posibilidad de que el estudiante sea protagonista en la construcción de su conocimiento desde el pregrado, como expresión de aquella posición activa a la que se aludía anteriormente. Siguiendo un ordenamiento lógico y una correcta orientación, el plan curricular ha de garantizar la formación de las competencias y habilidades básicas inherentes a una práctica profesional dada, sin embargo, en el transcurso de la carrera el educando identifica áreas de su interés hacia las cuales debe encaminarse[4] mediante diversas acciones, las cuales pueden constituir sus primeros pasos hacia la especialización en el postgrado.

 

Esto último apunta a otra fortaleza de esta visión del curriculum, relacionada con su amplitud o estrechez. La continuidad cada vez más advertida entre los estudios de pre y postgrado, la rapidez con que caduca el conocimiento hoy en día y la inestabilidad que rige a las sociedades[5], se apresta como más conveniente el curriculum de perfil amplio, donde se desarrollen los conocimientos, habilidades y actitudes básicas y generalizadas de la profesión se dejan establecidas las nociones de interés del sujeto para su futura especialización en postgrado.

 

Volviendo al contexto universitario más generalmente, intentamos una síntesis: el curriculum se ofrece como espacio de concreción de las estrategias para la formación del estudiantado en atención a las tres funciones sustantivas citadas. En tal sentido, las estrategias diseñadas se incorporarían transversalmente en el desarrollo curricular, asumiendo sus acciones una complejidad progresiva, proporcional al tránsito por los años académicos y en imbricación con las disciplinas contendidas en el plan de estudios.

 Conocimiento gestado en la Universidad. Posibles vínculos con la organización de la investigación en los curricula. Algunos apuntes desde la Universidad de La Habana.

En la actualidad se reconoce con más fuerza cada vez el papel crucial del conocimiento y la ciencia en el desarrollo. En este sentido, el desarrollo del patrimonio intelectual de un país se convierte en un valor estratégico, relacionado con la emergencia de una sociedad del conocimiento, de la información o del aprendizaje, como también se conoce esta noción (Núñez, J.; 1999). Se impone así la necesidad de un cambio de concepción respecto al rol de las instituciones, dirigidas a favorecer aprendizajes permanentes, significativos y competentes. En el caso cubano, se reconoce además la necesidad de que la producción científica obedezca conscientemente a las necesidades socioeconómicas del país, si bien no se asume por ello una relación de determinación inmediata o una visión cortoplacista al respecto.

 

La concepción contemporánea de la Universidad resalta entre sus misiones el constituir una institución para la actividad científica, esto es, para la producción, conservación, difusión y aplicación del conocimiento). Esto exige que en ella la función investigativa resulte angular, dado que es impulsora del desarrollo científico y social y desde ahí impacta el avance de la propia institución (Faxas, Y. y O. Mirabal; 1993).

 

Esto no significa que las restantes funciones se supediten a la actividad investigativa; de hecho el entorno docente es la primera vía de incorporación del estudiante al movimiento investigativo, como parte de la misión social formativa de la universidad. Los contenidos previstos en la actividad académica se enriquecen con los resultados y preguntas derivados de la investigación, además del propio accionar del estudiante en el proceso. Por su parte la extensión, entendida en un sentido amplio, es orientadora de la pertinencia social del recinto universitario al conectarlo con las demandas sociales; bien como complemento a la integralidad del proceso formativo del profesional, como generadora de respuestas a las demandas del entorno inmediato o como contribución al desarrollo del país en sentido general.

 

Para cumplir con tales propósitos, la dirección universitaria debe generar una proyección de sus metas teniendo en cuenta su factibilidad y pertinencia social, que sirva de brújula para elaborar estrategias concretas orientadoras de la investigación en sus diferentes centros (facultades, cátedras, centros de estudios).

 

Con relación a la solidez de la práctica investigativa en el contexto de la Universidad de La Habana (UH), el punto de vista de las autoras es que, a pesar de que se reconoce la necesidad de una actitud investigativa en toda la universidad, existen diferencias sustanciales entre las áreas universitarias en cuanto a su desarrollo en esta esfera. Existe por tanto un desfasaje inter-áreas que no responde solamente a la representación que se tenga del peso de la investigación en sus misiones específicas. Se señala con esto que, amén de las distancias en la fortaleza de la tradición investigativa que orienta la vocación en las diferentes carreras, las políticas científicas implementadas con el fin de disminuir estas inequidades no resultan aún suficientemente claras; conduciendo a la dispersión de las acciones investigativas en algunos casos.

 

En relación con lo anterior, se insiste en la potencialidad del curriculum como concreción de la estrategia universitaria para el desarrollo de la actividad investigativa desde el pregrado, siendo la figura del postgrado un nivel superior del desarrollo de los ejes temáticos de las agendas científicas. Esto facilita, como se observa, la concertación en equipo de estudiantes, profesores/investigadores y líderes de proyecto, haciendo notables las ventajas que esto puede significar para la producción escalonada de conocimientos y los vínculos de la Universidad con su entorno social y científico.

 

Por otro lado, se enfatiza en la condición de ejemplo que debe representar el profesor/tutor para el estudiante, como científico, como profesional y como ciudadano apasionado con lo que hace y que ve en el tutorando no un eventual competidor o una “mano de obra” explotable, sino un relevo a acompañar y orientar en su formación.

 

En atención a lo planteado, se considera que un replanteamiento de las políticas científicas de la UH no debe obviar:

  • El establecimiento de áreas temáticas priorizadas para la UH. Este proceso de debate, que debe además caracterizarse por su democraticidad y la amplia participación de los actores y clientes, tanto internos como externos a la Universidad, debe conllevar al discernimiento de nodos problémicos multi e interdisciplinarios a los que orientar la gestión del proceso investigativo.
  • La configuración de agendas científicas más concretas, derivadas de lo anterior, donde converjan los intereses y potencialidades de distintas áreas (instituciones extrauniversitarias, facultades, centros y grupos científicos), cuya jerarquía se establezca con arreglo a la viabilidad y pertinencia de los resultados esperados en cada tema.
  • La delimitación de temas de investigación que se desprendan de los focos contenidos en las agendas y asignar los recursos humanos que se encaminen a ellos.
  • La determinación de productos parciales y los tiempos para su concreción. Las modalidades de presentación de estos pueden ser diversas, relacionando según permita cada caso los niveles de postgrado (tesinas de diplomados o especialidades, tesis de maestría y doctorados) y de pregrado (tesis de diploma, trabajos de curso), con la difusión de los resultados (publicaciones, ponencias, cursos, medios para la docencia, etc.).
  • La garantía para, cuando menos, colaborar en la introducción práctica de los resultados a alguna escala, con vistas a potenciar la investigación de ciclo completo según permita cada caso.
  • La inserción de estudiantes de diferentes años académicos y niveles d formación en el desarrollo de las líneas temáticas, a fin de concretar la articulación de pirámides de producción del conocimiento.
  • Esclarecimiento de procedimientos y normas reglamentarias para la colaboración científica y el autorizo de la realización de investigaciones; a fin de evitar, al menos en la UH, las consecuencias negativas de la resistencia de los detentores de poder sobre los proyectos investigativos.
  • La importancia del apoyo institucional a los equipos y proyectos de investigación en la gestión de los recursos necesarios para la realización de las fases o acciones de los proyectos.
  • La incorporación de los resultados científicos a los indicadores de la evaluación del desempeño de los profesionales, así como definición de mecanismos de control (estimulaciones y sanciones).

 

La universidad está en el deber de garantizar coherentemente y con vistas a su desarrollo y el del país, la tríada profesionalización– investigación – innovación. En opinión de las autoras, este vínculo está supuesto, mas no asegurado, desde la misma definición de funciones sustantivas de la universidad. En este sentido, se estima que solamente su adecuada concepción integrativa puede satisfacer esa exigencia. La investigación es una de las vertientes del ejercicio profesional de las disciplinas científicas, además de servir de plataforma de desarrollo para las restantes prácticas –centradas en la producción, la gestión y el servicio- y, hasta cierto punto, es al perfeccionamiento de estos últimos a donde se tributa desde la innovación científica.

 

La comprensión de esta relación recíproca y su aterrizaje en el entorno universitario pasa por la conciencia del vínculo entre sociedad – educación – desarrollo, siendo en la multiplicidad de relaciones sociales donde se generan las directrices de la institución social educativa y estas últimas contribuyen a la perpetuación y desarrollo del sistema social en su conjunto.

 

En el caso cubano se considera que el contexto revolucionario ocupa un rol importante, dado que el discurso oficial se sostiene en una ideología transformación por el hombre de la sociedad y del primero por esta última, como motores del desarrollo sostenible. En lo tocante a la educación superior, se cuenta con una plataforma esencial como ha sido la Reforma Universitaria de 1962 cuya vigencia aún es palpable y de la cual no se ha logrado cumplir todos los postulados, comenzando por el carácter permanente que se le otorgó desde el inicio al proceso reformista. A estos antecedentes, leídos aquí en clave de fortalezas, habría que sumar la política científica preclara que el país asumió desde el triunfo revolucionario; así como la oportunidad que representa el escenario nacional de renovación al que se asiste, en el cual la Universidad debe ser una aportadota de peso desde la discusión y puesta en práctica del nuevo proyecto de política universitaria de investigación y posgrado (Dirección de posgrado Universidad de La Habana: 2012) y, sobre todo, desde su accionar cotidiano y sistémico.

 

Haciendo un esfuerzo por resumir, a lo largo del acápite se ha tratado el papel del conocimiento científico en la sociedad contemporánea y el lugar que ocupa la universidad en relación con esto. Asimismo, se señala la pertinencia de hacer converger en el curriculum universitario, las estrategias trazadas a diferentes niveles para promover desde el pregrado la actividad investigativa, la necesidad de la condición de modelo del profesor para que el estudiante se motive por esta. Se adosan algunas de las dificultades que la UH posee actualmente para enfrentar el desarrollo armónico de su función investigativa, además de esbozarse algunas ideas con vistas a un replanteamiento de la política científica en este plantel. Finalmente, se apuntan consideraciones sobre las potencialidades que representan para el desarrollo de la investigación científica, el proceso revolucionario cubano desde 1959, la vigente Reforma Universitaria de 1962 y el actual periodo de transformaciones sustanciales de carácter económico y social que se ha iniciado.

 

A modo de cierre:

 

A lo largo de este trabajo se han apuntado elementos para una comprensión contemporánea de la Ciencia como actividad social, desde una perspectiva materialista – dialéctica e histórica, enriquecida en la actualidad con diversas contribuciones de la perspectiva Ciencia – Tecnología – Sociedad e Innovación (CTS+i) y del paradigma complejo. Asimismo, se han planteado las funciones sustantivas de la Universidad –docente, investigativa y extensión-, los niveles de formación de pre y postgrado que le corresponden y el lugar primordial que en su realización práctica corresponde al curriculum, entendido este último desde una perspectiva abierta, flexible y de proyecto.

 

Se concluye que, dada la importancia del conocimiento en las sociedades contemporáneas, el rol de la investigación en la Universidad es angular para que esta pueda insertarse exitosamente en los dispositivos de generación de saberes, no subordinando por esto las restantes funciones sustantivas, sino en articulación con estas. En tal sentido se destaca la necesidad de establecer estrategias para la investigación y agendas científicas, a la vez que se apuntan las dificultades actuales de la UH en relación con los desfasajes existentes entre sus áreas en el grado de desarrollo que han alcanzado en la práctica investigativa.

 

Se emiten algunos criterios dirigidos a los que se entienden como puntos importantes a considerar en un replanteamiento de la política científica de la UH, señalando además las posibilidades que brindan el contexto revolucionario, la Reforma Universitaria de 1962 con gran vigencia hoy en día y la política emprendida por el país hacia su renovación.

 

Bibliografía:

 

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ROSA, Alberto; HUERTAS, Juan A. y BLANCO, Florentino (1996): Metodología para la Historia de la Psicología. Madrid: Alianza Editorial.

Notas:



[1] En el caso particular de nuestro país, se ha creado una Cátedra de Estudios CTS+i (Ciencia – Tecnología – Sociedad + innovación), radicada en la Universidad de La Habana, desde la cual se han impulsado numerosas producciones científicas.

[2] Con esto hacemos alusión a la formación por niveles que la literatura recoge, donde la formación primaria y secundaria corresponden a los niveles básicos, la universidad al nivel terciario y la educación de postgrado se identifica con el cuarto nivel. Aunque las autoras se acogen a esta estratificación más convencional, se reconoce que ella es hoy objeto de debate, por las diversas modalidades en que se puede estructurar.

[3] El EHC, como se conoce por sus siglas, se caracteriza por su hospitalidad y apertura a los aportes científicos de distintas disciplinas y su aplicabilidad a disímiles contextos sociales. Se adscribe al Materialismo Dialéctico e Histórico de Marx y sus continuadores y admite diversas alternativas teórico – metodológicas siempre que su justificación sea correcta y no un franco eclecticismo.

[4] Según convenga, esto se concreta de diversos modos, como pueden ser: asignaturas opcionales o electivas, asociación con mentores, instituciones científico – profesionales donde realizar prácticas, elección de un tema entre alternativas previstas en un banco de problemas, a desarrollar científicamente bajo la supervisión de un tutor, etc.

[5] Al respecto, se comparte el criterio de J. Almuiñas (2011) que hoy en día lo único estable es el cambio.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Figuerola Domenech, María y Travieso Valdés, Dayana: "Ciencia e investigación universitarias. Algunos apuntes para un debate en clave política" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, enero 2013, en http://caribeña.eumed.net/ciencia-investigacion-universitaria/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.