ACERCAMIENTO AL ESTUDIO DE LA DROGADICCIÓN Y EL CONSUMO DE DROGAS EN JÓVENES

Resumen:
El artículo revela el alcance social del problema del consumo de drogas en jóvenes y los diferentes modelos que se han venido utilizando para su interpretación en algunas ciencias, desde diversas perspectivas y resultados heterogéneos. Advertimos que lo interdisciplinario se ha venido colocando como enfoque necesario para investigar el consumo de drogas; en la sociología permite discernir los diversos factores condicionantes del consumo de drogas en jóvenes; se reafirma la necesidad de cambiar la retórica de la autonomía de la ciencia para enfocar desde la interdisciplinariedad problemas tan complejos en su dimensión nacional e internacional, como el antes señalado.

Palabras claves: drogas, modelos de interpretación, sociología, consumo de drogas en jóvenes,

Abstract:
This article shows how far-reaching the issue of drug consumption is in the young, and the different models that some sciences have used for the sake of interpreting this phenomenon, from several perspectives and heterogeneous outcomes. It is worth noting that the interdisciplinary approach has been implemented as a necessary one to investigate drug use. In sociology, this approach allows to recognize the different factors conditioning drug use by the young; there is a reaffirmation of the need to stop discoursing about the autonomy of this science so as to examine from an interdisciplinary approach such complex problems both nationally and internationally.

Key words: drugs, interpreting models, sociology, drug consumption by the young.

Introducción:

En la actualidad, uno de los problemas más preocupantes que enfrentan la inmensa mayoría de los países, entre los que se encuentra Cabo Verde, es el  crecimiento del consumo de drogas.

En realidad todos conocemos algún aspecto alrededor del consumo de drogas o de la droga. Este continúa siendo uno de los problemas cuyo debate es recurrente en foros y otros ámbitos de nuestra sociedad; pero además, existe abundante, quizás excesiva y en ocasiones confusa información sobre el tema.

En algunas bibliografías que aborda la problemática de las drogas, por lo general, declara la transversalidad del tema. Existe en general consenso de que nos encontramos ante un proceso biológico, en tanto que produce dependencia, tolerancia y frecuentemente síndrome de abstinencia entre los consumidores habituales, y, a la vez, ante un fenómeno social de carácter histórico, social y cultural, que afecta tanto a individuos concretos como a diversos sectores de población, como es el caso de la ciudad de Mindelo, Isla de San Vicente, en Cabo Verde.

Es desde este contexto, donde aún prevalecen los estudios empíricos, que al investigar el fenómeno de la droga y su consumo se procuró explorar el estado de las investigaciones en general, y situar una mirada interdisciplinar, en la que hizo énfasis desde la sociología de la cultura para explicar tan complejo tema. 

Drogas y consumo de drogas como problema social

La Organización Mundial de la Salud conceptualiza a la droga como aquella sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración, de algún modo, del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y es, además, susceptible de crear cualquier tipo de dependencia, considerando dentro de ellas fármacos que son utilizados como herramientas terapéuticas.  (ONU, Informe Oficial sobre el uso mundial de las drogas: 2010)

Sin embargo, dentro de las drogas existe diversidad, encontramos drogas legales como las ilegales; esta clasificación depende de la legislación de cada país y del marco de referencia epistemológico que se asume y el contexto cultural en el cual cada individuo se encuentra. En la actualidad las drogas más consumidas, en cualquier sociedad y país, generadoras de un crecimiento de diversos problemas sociales, son el tabaco y el alcohol, cuyo uso está permitido a nivel mundial.

Sin embargo, este el consumo de sustancias psicoactivasno siempre fue percibido ni calificado como un problema social. El consumo de sustancias psicoactivas se remonta al comienzo mismo de la humanidad; investigaciones han develado que el uso de algún tipo de sustancia psicoactiva acompañaba cultos mágico-religiosos y actividades médico-terapéuticas. Cabe aclarar que para muchos pueblos, medicina, magia y religión eran en un principio prácticas casi indisolubles; en ellas se utilizaban numerosas variedades de hierbas, hongos y plantas que contenían múltiples principios psicoactivos. Sin embargo,   adquiere mayor alcance a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

De acuerdo con las evidencias recreadas por historiados y antropólogos, se conoce que los seres humanos han consumido sustancias psicoactivas desde decenas de miles de años atrás, sin que ello representara o hubiera constituido un problema para aquellas  sociedades. Sociedades diferentes, con culturas diferentes tienen distintas maneras de concebir la realidad, así como una misma sociedad transforma su manera de interpretar la realidad como consecuencia del devenir histórico, y de los cambios políticos, sociales o económicos.

A inicios de este milenio, como resultado de investigaciones científicas las toxicomanías fueron delimitadas como un problema de salud de repercusiones sociales y ubicadas como uno de los tres grandes flagelos de la humanidad, al lado de las guerras y el hambre (ONU: Informe Oficial sobre el uso mundial de las drogas. 2010.) Las drogas pueden administrarse de diversas formas, como por ejemplo el alcohol y los medicamentos que se administran por vía oral; o bien se fuman, como el tabaco y la marihuana; y otras pueden administrarse por vía endovenosa (inyectada), y algunas son aspiradas por vía nasal. Las alteraciones que las drogas pueden causar en el ser humano son variadas: excitar (las drogas clasificadas como estimulantes); tranquilizar, calmar o eliminar el dolor (las drogas clasificadas como depresoras); ocasionar trastornos perceptivos de diversa intensidad (las drogas denominadas alucinógenas).

La aprobación social o no del uso de una determinada sustancia se vincula también con los efectos que se le atribuyen, con el grupo social que la consume, así como con los prejuicios y mitos existentes en torno a su uso. En tal sentido, prevalecen algunos estereotipos. Por lo general, la droga se asocia a un producto ilícito; no se reconoce que hay sustancias psicoactivas legales que también lo son. Pero le impronta negativa de la representación social de compuestos legales como el alcohol y los psicofármacos, generalmente es menor. En el caso de las sustancias ilegales, no se distinguen las diferencias en los patrones de consumo. Cualquiera que sean la dosis, la frecuencia y las circunstancias del consumo, la imagen social del usuario de drogas es la de un adicto.

Consumo de drogas y modelos para su  interpretación

La problemática del consumo de drogas, como problema social, ha sido objeto de diversas interpretaciones epistemológicas. Se trata de un problema social complejo y multifactorial, tanto por sus causas y consecuencias, como por sus componentes e implicaciones. De este modo, podrá ser contemplado desde perspectivas distintas, cada una de las cuales enfatizará determinados aspectos y propondrá una postura aproximativa particular. Los múltiples elementos implicados en este problema social remiten a una complejidad de aspectos que deberán ser considerados en el proceso de su investigación para poder entenderlo y abordarlo de manera exhaustiva.

Algunas personas han querido encontrar en el uso de drogas la salida a una serie de situaciones de la vida cotidiana, sin prevenir las consecuencias que su consumo acarrea; sin embargo, se conoce que, como señalamos anteriormente, el consumo de algunas drogas no es un fenómeno que emerge en la sociedad contemporánea. (Berruecos, Luis Alonso: 1994)

El consumo o adicción a las drogas, ha sido denominado comúnmente drogadicción, al cual se le identificó durante algún tiempo, y en términos científicos, como fármaco dependencia. En la actualidad se prefiere colocar la idea de problemas generados por el consumo de drogas para abrir más la conceptualización y con ello, la diversidad en sus interpretaciones científicas.

Estamos abordando un fenómeno que incluye, en definitiva, múltiples implicaciones sociales: psicológicas, médicas, bioquímicas, sociológicas, etnológicas, jurídicas, económicas, políticas, educativas, históricas, éticas.  Esa complejidad debería invitarnos a interpretar la problemática del consumo de drogas alejadas de cualquier reduccionismo o interpretación sesgada desde una sola ciencia. Sin embargo, la formación específica, centrada en un campo científico, de aquellos profesionales que lo investigan y abordan sus derivaciones ha engendrado diferentes modelos interpretativos que, en todo caso, aportan también riqueza interpretativa, siempre que seamos capaces de mantener el distanciamiento del reduccionismo, ya que ninguna posición de esta naturaleza permitirá explorar de manera holística las implicaciones del fenómeno.

Desde esta mirada, es necesario referenciar el trabajo del español Xavier Pons Diez, quien introduce nueve modelos de interpretación para los estudios del consumo de droga; ellos son: modelo jurídico, modelo de la distribución del consumo, modelo médico tradicional, modelo de reducción del daño, modelo de la privación social, modelo de los factores socio estructurales, modelo de educación para la salud, modelo psicológico individualista y modelo socio ecológico. (Pons Diez: 2008).Nos identificamos con este modelo de los factores  socio estructurales ya que el mismo reconoce que el consumo de drogas forma parte de los estilos de vida de una persona, y éstos, a su vez, están íntimamente relacionados y vinculados a los estilos de vida de sus grupos de referencia. Pons Diez enfatiza en su descripción las diferentes pautas de consumo de disímiles sustancias en sociedades y grupos diferentes, con lo cual se argumenta otra visión para abordar el estudio de la droga y su consumo.

El consumo de drogas, los jóvenes y las investigaciones científicas

Las lecturas realizadas sobre el problema apuntan que el grupo social más estudiado es el de los jóvenes; día a día se hace más evidente el aumento de los índices de consumo de drogas entre los jóvenes. Se trata de un problema tanto desde el punto de vista personal como desde el punto de vista social-comunitario, de afección a la persona, debido a su incidencia en la salud, la educación, y en la seguridad pública. (Gill Villa: 2004)

Las investigaciones científicas se inclinan a conocer la evolución local del problema y abordar en forma específica al grupo de jóvenes, y esto se justifica por el hecho de que estas personas empiezan a consumir sustancias psicoactivas en la adolescencia e incluso, desde edades tempranas, asociadas a prácticas culturales que provienen de sus culturas.

Existen investigaciones que en sus resultados asignan a las conductas de imitación de modelos adultos o de pares como un factor de incidencia particularmente significativo en el consumo de la droga. Por lo general, los jóvenes imitan, de cierta manera, los comportamientos de los padres en relación con el consumo de bebidas y otras sustancias psicoactivas lícitas, y también por su relación con los grupos de pares que frecuentan. Esta circunstancia no se agrava cuando los padres, por ejemplo, son moderados en el consumo, pero sí entraña un grave riesgo cuando estos modelos tienen conductas extremas, es decir, cuando son consumidores exagerados o cuando muestran actitudes excesivamente prohibitivas.

De esta forma, el entorno social en el que se ubica el fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas, la familia con sus prácticas culturales, la convivencia, las actitudes, las metas que se desean alcanzar, los valores y percepciones del consumo de sus pares y del resto de la sociedad en el medio en el cual el sujeto se desarrolla, son variables que son incuestionables cuando se trata de explicar y comprender el problema.

Estudios realizados en algunos países latinoamericanos sobre las sustancias psicoactivas y su relación con la comisión de delitos en población privada de libertad, por diversos organismos públicos, han mostrado, en líneas generales, el aumento del consumo de alcohol en los jóvenes de educación media, particularmente entre los varones. Asimismo, la frecuencia en el consumo de alcohol se asocia a otras drogas. (ONUDD: 2010)

No deben ignorarse, los acercamientos al problema de la droga realizados por el psicoterapeuta brasileño Icami Tiba, cuyos estudios sobre este particular son hoy asumidos y referenciados en la literatura especializada. El problema de la droga no es un  problema personal. En realidad, el problema de carácter sociocultural  empieza en la calle y pasa  al seno familiar, de ahí a  la escuela, a recintos de fiestas, conmemoraciones familiares tales como cumpleaños, bautizos, siete cabeza[1], ceremonias fúnebres[2] y otras conmemoraciones sociales.

Según Icami Tiba, las drogas tienen semejanza con las piedras valiosas, las drogas por sí mismas no tienen ningún poder de atracción, son como seres inanimados; lo que las hace atrayentes es la seducción de su marketing, pues son vendidas por el glamour y por todo el clima del poder, conquista, triunfo y alegría asociados a su utilización. Icami Tiba es uno de los pocos investigadores cuya mirada al problema es interdisciplinar y que otorga gran valor a los factores socioculturales, e incluye los cigarrillos y el alcohol como drogas, reconociéndolos como drogas legalmente autorizadas.

Normalmente, el primer cigarrillo y la primera bebida son consumidos en el seno familiar y son los padres quienes orgullosamente proclaman para todos los presentes  “que es el bautismo del niño”; o es en el medio escolar, o en la entrada en la pubertad que, como forma de afirmación, comienzan a experimentar el alcohol, el cigarrillo y la marihuana.

Al hacerse más frecuente el consumo de esas sustancias, pueden desarrollarse actos violentos o conflictos en los medios sociales, debido a que no todas las personas conocen que el alcohol y los cigarrillos  son depresores del sistema nervioso central, y que su uso y abuso puede influir notablemente en  el comportamiento humano e incluso causar la muerte.

Por su parte, la Psicología Social aporta conceptos de suma utilidad a los fines de explicar y/o comprender la interrelación existente entre legislación penal y discursos sociales, y su mutuo condicionamiento. El consumo de sustancias concebido como problema es el resultado de un largo proceso de construcción social, que remite más a la percepción que se tiene del problema que a los datos obtenidos de la realidad.

La representación que se posee respecto a las drogas varía según las condiciones socio-históricas y responde a condiciones morales, políticas y económicas, más que epidemiológicas y sanitarias.

El estudio sobre la relación existente entre consumo de drogas ilegales y la violencia ha sido abordado desde diversas perspectivas con resultados heterogéneos, y se suelen asociar estos dos fenómenos -el consumo de sustancias y la violencia.  Existe una fuerte relación entre el consumo de la droga y la violencia, o sea, el consumo de la droga funciona como un factor generador de la violencia.

Por otro lado, Anthony Giddens (2004:211)  al referirse a la teoría interaccionista en la cual los sociólogos estudian la desviación como un fenómeno socialmente construido, cita a Sutherland, quien a su vez defiende la desviación como resultado de la interacción con los otros. Es decir, los individuos pasan a ser delincuentes a través de su asociación con otros que son portadores de normas criminales. Así, los drogaditos que andan por la calle aprenden a robar y utilizan la violencia  como una necesidad para “sobrevivir”.

La terminología utilizada en los estudios e investigaciones psicológicos sobre el consumo de sustancias psicoactivas es de suma importancia, por la heterogeneidad de sentidos que connotan. Debido a la diversidad de denominaciones, en nuestro artículo se utilizamos la denominación de sustancias psicoactivas para referirnos a todas aquellas sustancias que una vez introducidas por diversas vías en el organismo, actúan directa o indirectamente sobre el sistema nervioso central, produciendo cambios en la actividad mental, como modificaciones en la percepción, el comportamiento o el estado de ánimo. Esta clasificación resulta de utilidad  porque comprende tanto sustancias legales como ilegales, y nos apartamos de estereotipos asociados a otras denominaciones (Slapak, Sara: 2006).

Por su parte, los españoles Muñoz-Rivas y Graña Gómez (2001) centran sus atenciones en la influencia de determinadas variables familiares en el consumo de drogas por parte de los jóvenes; ellas son: afecto, comunicación familiar, cohesión familiar y conflicto familiar. En esa investigación de índole psicológica, si bien se focalizan los análisis desde un modelo centrado en las actitudes y conductas familiares, y dirigidas al diseño de programas de prevención familiar para el consumo de drogas, los aspectos referidos a las prácticas culturales quedan fuera de su alcance.

En nuestros días no es común, que los investigadores incorporen sólo la mirada psicológica para abordar un problema como la tóxico-dependencia. El curso de las investigaciones contribuye a advertir que lo interdisciplinario ha encontrado un lugar común entre otras ciencias  y en la propia ciencia sociológica debido a métodos y/o contenidos, en el mejor de los casos; pero existe también  la necesidad de cambiar la retórica de la autonomía de la ciencia para enfocar problemas tan extensos como complejos en su dimensión nacional e internacional, como el  antes señalado.

Por otra parte, cada vez más se le atribuye mayor importancia al problema de las drogodependencias en las sociedades postmodernas, lo cual ha dado lugar a innumerables investigaciones desde diversas ciencias.

Los acercamientos que desde la antropología se han hecho sobre el tema dan cuenta de una diversidad de estudios centrados en los aspectos culturales. Autores como Lázara Menéndez afirman que la condición de consumidor de drogas otorga muchas veces una identidad que une, que marca, que asigna pertenencia dentro de un grupo, es decir, puede dar  identidad, quizás una identidad deteriorada, pero identidad al fin. (Menéndez, L: 2002)

La cuestión de investigar la problemática de la droga se ha construido en nuestras sociedades interpretándola desde el modelo occidental, como una integración entre los límites de la libertad y de la esfera privada, lo cual no resulta coherente respecto a nuestras realidades sociales.

Sin embargo, ¿hasta dónde la cultura nos permite algún escape, alguna posibilidad de saltar el límite en esta sociedad controlada al extremo? Las drogas confieren una cierta ilusión fugaz de privacidad extrema: hago lo que quiero con mi cuerpo y mi conciencia. Sin embargo, ¿es esta una elección real?  ¿Podemos pensar eso cuando es, sobre todo, en ciertos grupos etarios y en cierto nivel social donde está recayendo esta supuesta elección? Estas elecciones están, desde el principio, pautadas social y culturalmente.

Jurídicamente, fue en el siglo XIX cuando se comenzó a combatir el tráfico y consumo de droga, por los impactos sociales que ello generaba, en particular porque es indiscutible que el aumento de la criminalidad estaba relacionado con la  droga.

En la actualidad, se ha podido conocer, como resultado de indagaciones científicas, que la asociación droga /crimen no es lineal y por lo tanto, se han creado modelos teóricos que tratan de explicarlo. Según J. Iniciardi, el modelo psicofarmacológico de la violencia, los consumidores de la cocaína y barbitúricos pueden causar comportamientos irracionales e irascibles que inducen a cometer crímenes, tales como la violencia doméstica y crímenes urbanos. (J. Iniciardi et al: 2001)

Cuando interpretamos el modelo de compulsión económica imperante, uno puede explicarse los crímenes violentos no sólo contra personas sino acciones manifiestas contra el patrimonio cultural provocado por el afán de obtener más dinero para poder comprar más drogas, es decir, para sostener el consumo de la heroína  o del crack. El modelo sistémico de la violencia nos está indicando que estos crímenes violentos constituyen consecuencias de hechos relacionados con el tráfico de droga, entre los que se destacan casos de disputa del territorio de acciones de tráfico, disputas entre los jefes de bandas o cártel de la droga, eliminación de informantes, asesinatos de los que venden drogas adulteradas, estupro, agresión física a las mujeres de los consumidores, entre otros factores generadores de la criminalidad.

Por otro lado, en la sociedad pluralista actual, el problema del uso de droga puede relacionarse con la orientación y elección de cada persona, lo que implica el derecho jurídico y humano a reconocer la diferencia; lo anterior presupone e incluye la opción de cada persona para decidir legítimamente su opción, y que pueda optar por la infelicidad, lo que está previsto en los códigos penales modernos, por estar enteramente relacionados con el derecho que tiene la persona humana a la auto-determinación. Además, se reconoce jurídicamente que la persona debe ser penalizada pues induce a otra que carece de capacidad para discernir o capacidad de razonar, y por influir en su libertad de escoger o seleccionar.

Uno de los más recientes enfoques sobre el alcoholismo, que ha permitido comparar las prácticas de la ingestión de alcohol y los problemas ocasionados por su consumo excesivo en diferentes sociedades y culturas, es el ofrecido por la Sociología conjuntamente con la Antropología.(Berruecos, L. A.:1994)

Al parecer, el alcoholismo es menos problemático en aquellas áreas donde las costumbres, las sanciones y los valores están bien establecidos dentro de un marco cultural homogéneo, conocido y compartido por los habitantes y que, además, es consistente con la propia cultura.

Por otra parte, en algunos grupos existe la ambivalencia hacia el alcohol y es en éstos, precisamente, en los que no se cuenta con reglas preestablecidas. Algunos factores interesantes que deberían estudiarse se refieren a la exposición temprana de los niños al alcohol, al contenido de alcohol en las bebidas más usuales, a la consideración de éstas como alimento y su consumo usual en las comidas, al comportamiento de padres que ingieren bebidas alcohólicas, a la importancia moral atribuida al hecho de beber, al asociar el beber con conceptos de virilidad, a la aceptación social de la abstinencia, a la no-aceptación de la intoxicación alcohólica y a las reglas del beber social.

La Sociología, estudios sobre el consumo de droga.

Los estudios sobre el consumo de droga han sido también tratados por las diferentes disciplinas sociológicas. Indagaciones realizadas por algunos autores como Fernando Gil Villa (2006), Luis A. Berruecos (2006), Andremary Hernández Arteaga (2009), así lo confirman.

Las investigaciones antes mencionadas han identificado un gran número de factores que inciden en el consumo de drogas. Algunos de ellos tienen que ver con cambios culturales y jurídicos de nuestras sociedades, tales como eliminar la publicidad de bebidas alcohólicas y tabaco, aumentar sus precios, cumplir rigurosamente las leyes que prohíben su venta a menores, generalizar la prevención en las escuelas, prohibir el fumar en lugares públicos, entre otras medidas.

Otros factores están relacionados con características del propio sujeto, de cada una de las personas que a lo largo de su vida tienen que tomar la decisión de consumir o no drogas, o de hacerlo de manera habitual una vez probadas; otros son de carácter cultural asociados a prácticas centenarias.

Existe una amplia interpenetración social de los consumos de drogas, sobre todo alcohol, tabaco y derivados del cannabis, que no sólo presentan altos niveles de prevalencia sino que también son percibidas, por los ciudadanos como menos peligrosas que otras.

Aún cuando el consumo de drogas ilícitas continúa siendo, en la actualidad, uno de los principales problemas existentes, contradictoriamente se observa un progresivo descenso de la sensación de alarma social asociada a este fenómeno.

La evolución global del consumo de drogas en los últimos años ha estado determinada por la presencia de dos procesos compatibles entre sí: mientras aumenta el número de personas que admiten haber tenido algún consumo de drogas, sean legales o no, así como las cantidades utilizadas por una parte importante de los consumidores habituales, decrece de forma continuada el número de personas que utilizan drogas con frecuencia.

La tendencia referida en el punto anterior es más clara entre los jóvenes de la población caboverdiana que, como es conocido, presentan tasas de prevalencia más altas de consumo de drogas, en su conjunto.[3]

Estas investigaciones de carácter interdisciplinario, que hemos enunciado, han identificado un gran número de factores que inciden en el consumo de drogas. Algunos de ellos tienen que ver con cambios culturales y jurídicos de nuestra sociedad (eliminar la publicidad de bebidas alcohólicas y tabaco, aumentar precios, cumplir rigurosamente las leyes que prohíben su venta a menores, generalizar la prevención en la escuela, prohibir el fumar en lugares públicos, y otras medidas).

Otros factores están relacionados con características del propio sujeto, de cada una de las personas que a lo largo de su vida tienen que tomar la decisión de consumir o no drogas, o de hacerlo de manera habitual una vez probadas; otros son de carácter cultural asociados a prácticas centenarias.

Entre los jóvenes que consumen drogas con  frecuencia, el poli-consumo presenta altas cuotas de penetración, con asociaciones variadas, que a su vez muestran tendencias cambiantes en el tiempo.

Conclusiones

Los  resultados que se han obtenido por investigadores confirman la necesidad aplicar del enfoque holístico e interdisciplinario al estudio del consumo de la droga.

Por otra parte se  evidencia que la situación del consumo de droga  presenta un conjunto de patrones e indicadores de amplio espectro que no deben ser ignorados al interpretar el fenómeno

Existe una amplia penetración social de los consumos de drogas, sobre todo alcohol, tabaco y derivados del cannabis, que no sólo presentan altos niveles de prevalencia sino que también son percibidas por los jóvenes, como menos peligrosas que otras.

Resulta contradictorio que mientras el consumo de drogas ilícitas continúa siendo, en la actualidad, uno de los principales problemas existentes, se observe un progresivo descenso de la sensación de alarma social asociada a este fenómeno por parte de los gobiernos y la ciudadanía.

La evolución global del consumo de drogas en los últimos años está condicionada por la presencia de dos procesos compatibles entre sí: mientras aumenta el número de jóvenes que admiten haber tenido algún consumo de drogas, sean legales o no, el número de jóvenes que utilizan drogas con frecuencia presentan las tasas de prevalencia más altas de consumo de drogas, en su conjunto.

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[1] Fiesta para celebrar el séptimo día del nacimiento de un niño.

[2] Fiesta para indicar el séptimo día del fallecimiento de una persona.

[3] Véanse: A ponte, Revista de salud mental, Cabo-Verde revista nº 3 de 2011 –Praia Cabo Verde; A Semana, Bissemanário de Cabo-Verde, magazine nº 2 de 2011 – Praia Cabo Verde; Expreso de las Islas, semanario de Cabo-Verde  Revista nº 1 de 2011

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Delgado Tornés, Alisa N. y da Costa Sousa Fernandes Semedo, Jorge: "Acercamiento al estudio de la drogadicción y el consumo de drogas en jóvenes" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, mayo 2013, en http://caribeña.eumed.net/consumo-drogas/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.