LA CUENTERÍA POPULAR SANTIAGUERA: SU ENCUENTRO CON LA CULTURA AFRICANA

Resumen
Se realiza un análisis histórico- cultural de la cuentería popular santiaguera y su encuentro con la cultura africana, revelando el intríngulis de los tejidos orales construidos por los cuenteros, con los ingredientes agregados que le ha proporcionado el sabor negro y esclavo mostrados a través de algunos ejemplos.
Se declara como a pesar de los horrores de la trata y de la travesía transatlántica, sus ritos, mitos y cuentos atravesaron el océano aferrados al alma de los cautivos, los que como saber social y cultural florecieron y se trasmitieron. Este hecho en Santiago de Cuba, influyó y distinguió de manera privilegiada a la cuentería popular. La cultura africana nos legó el amor por la palabra y las formas subliminales de realizarla, lo que mucho tiene que ver con la prolijidad cuentera que caracteriza a los santiagueros de hoy, que al narrar pintan de colores los vitrales de la imaginación.
Palabras claves: cuentería popular santiaguera, negros esclavos, cuentos, leyendas, cabildos negros.

Abstract
One historical-cultural analysis of popular storytelling Santiago and his encounter with African culture is performed, revealing the intricacies of oral tissues built by the storytellers, with added ingredients which has provided the black slave and taste through some quotes and examples.
Declared as despite the horrors of trafficking and the transatlantic crossing, rites, myths and stories crossed the ocean clinging to the soul of the captives, who as social and cultural knowledge flourished and were transmitted. This fact in Santiago de Cuba, and distinguished insider influenced the popular storytelling manner. African culture bequeathed by the word love and subliminal ways to do it, so a lot has to do with the storyteller neatness that characterizes today Santiago, which paint color to tell the windows of the imagination.
Key Words
Santiago popular storytelling, black slaves, tales, legends, African culture.

INTRODUCCIÓN

Fiesta de la cuentería popular santiaguera en el Festival del Caribe.

Durante la conquista española, Don Diego de Velázquez instauró las primeras siete poblaciones españolas en Cuba con la categoría de villas. El 25 de julio de 1515, en clara combinación con las fiestas en honor del santo patrón de España, quedó establecido el asentamiento de Santiago de Cuba, ciudad  que devino  en punto de partida para la expansión de la conquista hacia otras tierras de América.

La antigua villa donde se reunían anualmente los procuradores de las urbes cubanas adquirió pronto centralidad y renombre. Progresaron en ella el sistema de Encomiendas, la recaudación del oro, la producción de casabe -alimento muy apreciado por los marineros-  y todos aquellos servicios relacionados con la actividad portuaria. Creció una ciudad en las faldas de una bahía que le dio la espalda para subir por las entalladas montañas.

Santiago inició así un crecimiento urbanístico y poblacional que el venidero 2015 habrá vencido el itinerario de 500 años. Medio milenio para una ciudad imprescindible al dibujar la historia de una nación.

En ese Santiago de Cuba de hoy, cada julio hace 34 años, en los días del 3 al 9, una casa, la del Caribe, institución académica y cultural fundada en 1982 que combina un programa de investigaciones científicas con la promoción de la cultura, celebra el evento llamado Festival del Caribe o Fiesta de Fuego, con la dedicación especial en cada oportunidad a un país o región del área caribeña. En la próxima edición del 2015 se consagrará al 500 aniversario de la fundación de esta antológica ciudad.

Es el Festival una ocasión ideal para vivir la experiencia de disfrutar de la cultura enérgica del Caribe, de sus tradiciones e historia. Es un evento que admite participar en una fiesta regional donde la alegría, el ritmo y el color, a través de las diferentes manifestaciones del arte y la cultura no tienen límites. La ciudad cultural que es Santiago de Cuba, se trasmuta en escenario múltiple donde cada rincón es lugar para el disfrute espiritual de residentes y visitantes que aprovechan esta ocasión en la búsqueda del ser caribeño y el sentir de una patria grande —insular y continental— que se une a favor de la cultura y la paz.

Entre sus múltiples actividades  se desarrollan talleres de narración oral. Estos talleres se constituyen en un festival dentro de otro y la oralidad se viste de gala en La casa de las Tradiciones, ubicada en una zona alta del orbe de descendencia francesa, el Tivolí. Allí se dan cita los narradores, quienes al ritmo del cuento, la fábula, historias y anécdotas, permiten que la palabra se adueñe de los corazones. Suenan los tambores y cantan los colores mágicos de las emociones.

El taller de narración oral se convierte en un espacio de solidaridad, donde se brinda una muestra de la revaloración de la oralidad fundamentalmente entre los ciudadanos (en la familia, en la educación, en el trabajo), por cuanto esas esferas de la vida están necesitadas de un abordaje práctico, personalizado y humano de este enfoque.

Se transita en la búsqueda de la identidad caribeña en sus raíces y tradiciones orales, en la renovación del antiguo arte de contar cuentos, lo que permite una mirada retrospectiva hacia los ancestros y su historia.  Se profundiza en el puente entre el ayer y el hoy manifestándose el multicolor vitral de lo idéntico y lo diferente, de la unidad y la diversidad. Es una cita para salvaguardar las tradiciones, en especial las tradiciones orales y memorísticas desde la oralidad contemporánea y la fundación de nuevas costumbres.

Por cuanto la cuentería popular  santiaguera tiene un vínculo estrecho y continuidad con la caribeña, la autora de estas líneas pretende descubrir el intríngulis de los tejidos orales construidos por los cuenteros de la ciudad, con los ingredientes agregados que le ha proporcionado el sabor criollo, negro, mestizo, cubano y caribeño.

Con ello, intenta aportar un grano de arena a la historia de 500 años de esta urbe legendaria y la de un taller de narración oral gestado en 35 años de festival, rindiendo honor a su fundador Joel James Figuerola (1), quien con sus luces ha iluminado el camino de la cuentería popular santiaguera y su vínculo con el Caribe.

 

CONTENIDO

Era la jurisdicción Cuba

La cuentería popular santiaguera hunde sus raíces en la etapa de surgimiento de la ciudad en el período colonial, por cuanto ya   desde  entonces y con esos contenidos, comenzaron  a  aparecer leyendas y cuentos que explicaban entre otros, temas referidos a su aparición como una de las siete villas fundadas en el proceso de conquista y colonización en Cuba, los pobladores indígenas que habitaban la región en esa etapa, los episodios ocurridos en las zonas aledañas, las peripecias  de sus pobladores ante los fenómenos naturales típicos de la zona, los ataques de corsarios y filibusteros que se sucedían, etc.

En los primeros tres siglos la jurisdicción de Cuba – nombre que recibía la jurisdicción sudoriental de la isla y ciudad más importante de la misma- marchó lentamente con un régimen feudalizante, a comienzos del siglo XIX se produjo un salto abrupto hacia la plantación esclavista y la economía capitalista de mercado. De manera que en el departamento oriental la servidumbre esclavista estuvo presente como en todas las regiones de la isla.

Ya para 1860 esta jurisdicción contaba con la catedral,  una sede episcopal -según declara Laviña, recuerdo de la capitalidad de la isla hasta que fue trasladad a la Habana (1993:17-32),  y el puerto más importante de la zona por el que salía para el Caribe y Europa, azúcar y café.

A ese  puerto santiaguero, llegaron los barcos negreros con las piezas de ébano y su cultura contaminadora de tambores, fantasías, ritos y cuentos.

Se convirtió este comercio en uno de los principales catalizadores del crecimiento de las plantaciones cafetaleras y azucareras para la región santiaguera y zonas aledañas.

Tras un periodo de dependencia con respecto a La Habana, Santiago se trasformó en un puerto receptor y redistribuidor de esclavos al interior de Cuba, a localidades como la propia Habana, Puerto Príncipe o Trinidad, desarrollando los tratantes santiagueros estrategias de comercialización en esta materia.

Pero este hecho denigrante no sólo provocó la entrada de una cantidad considerable de africanos de origen fundamentalmente bantú (2) en la región, sino que al mismo tiempo favoreció el proceso de diversificación económica y de capitalización que posibilitó la gran expansión de los cafetales y los ingenios de nuevas plantaciones, transformando la estructura socioeconómica de la región.

La travesía transatlántica de los cuentos.

Sin embargo, a pesar de los horrores de la trata y de la travesía transatlántica, las imágenes e invocación de las deidades de los africanos, sus ritos, mitos y cuentos atravesaron el océano aferrados al alma de los cautivos, como saber social y cultural florecieron y se trasmitieron en esta orilla que los vio llorar ante tantas desdichas. Este hecho asumido como particularidad en Santiago de Cuba, influyó y distinguió de manera privilegiada a la cuentería popular y la tradición oral de la ciudad. Al respecto Lydia Cabrera (3) ya declaraba a mediados del siglo XX:

”Existió en Cuba el narrador de cuentos, como en todo país que importó africanos, e igual que en «tierra lucumí» o en «tierra conga» un negro, viejo generalmente, o alguna vieja que iba de batey en batey —el mismo Akpalo yoruba, que iba de pueblo en pueblo—, seguía narrando, teatralmente, para la dotación que se reunía los domingos a escucharle y coreaba los cantos que continuamente interrumpían y sazonaban el relato, las historias de un repertorio inagotable” ”(Cabrera, 1948: 234)

Las mujeres negras se convirtieron en los griots (4) por excelencia; conservaron con sus recuerdos milenarios la fuerza interna de sus aldeas y la huella mágica religiosa que perpetuaba la memoria de la africanidad.

En ese mundo de la oralidad fueron las tejedoras de la palabra. Por diversas vías, entre ellas los cuentos, fueron las maestras que con sus voces les enseñaron a los infantes las reglas de convivencia, el origen del mundo, los abrazos de la felicidad que les inundaba el corazón y también los alabaos de tristeza que humedecían por siempre y para siempre su existencia.

Cuenteras fueron las esclavas que en el período del coloniaje español amamantaron a los niños de las familias de la aristocracia criolla en toda Cuba y en Santiago en particular, porque de forma mágica sabían utilizar ese momento de gran intimidad, de transmisión, para cantar una nana o contar una historia.

Cuenteras eran las otras esclavas domésticas, trabajadoras del campo, las costureras y de otros oficios. Para todas, la esclavitud  implicaba la pérdida de su religión, de sus tradiciones, de sus costumbres, de su lenguaje, de su sentido de pertenencia a una familia y a una comunidad, de su sentido de dignidad y de ser mujer, en resumen de su sentido de identidad propia, lo que implicaba la adopción forzada de la religión y tradiciones del amo, del poseedor. Acerca de ellos versa el siguiente cuento:

Los africanos no aceptaron abiertamente el patrimonio espiritual de los amos,  su religión, el modelo de su Iglesia. Profundamente religiosos y apegados a sus tradiciones, se empeñaron en vivir su relación con sus dioses de acuerdo a su cultura y aspiraciones.

De ahí que asumieran al Dios de los blancos de una manera trasmutada y con muchas reservas. En especial Tomasa, una vieja negra doméstica de Santiago de Cuba, recelosa con el Dios blanco por los tantos avatares de su vida, fue  castigada en varias ocasiones por los amos acusándola de su participaban en ceremonias paganas, en las que los éstos solo veían brujería; pero ni así conseguían su reducción…”ese no es mi dios”…era su respuesta de siempre.

Sin embargo alababa a éste en las épocas de los concurrentes ciclones santiagueros resultantes de las aguas calientes del Mar Caribe, cuyas ráfagas derrumbaban casas y tejados e inundaban las calles maltrechas de la ciudad. ..Dios mío, eres justo y razonable…Alabao seño…

Un día el amo le preguntó…Tomasa por qué tu alabanza hacia dios sólo en las circunstancias de estos fenómenos naturales recurrentes en la ciudad, de estos ciclones destructores… a lo que ella respondió…porque a Dios no le importa el color cuando decide soltar un ciclón”…

Fernando Ortiz  (5) refiriéndose a la riqueza de la cuentística oral de esa raza esclava y en especial de los bantús, mayoría en Santiago de Cuba, señaló:

“Es imposible expresar por escrito el verdadero estilo de los cuentos folklóricos de los bantú. Los cuentistas viven sus narraciones al par que las declaman. Ellos las recitan y representan como actores y aun cuando el lenguaje escrito sea capaz de reproducir los muy delicados modismos de la palabra oral, es del todo incapaz de captar la verdadera atmósfera del cuento” (Ortiz, 1951:408).

Y agregó

(…) su mímica, el juego de su fisonomía, los muchos adverbios descriptivos que introducen en su recitado, la imitación de las voces de los niños, viejos y personajes, todo ello añade interés a la narración. Por otra parte, es indudable que todos estos artistas son más o menos “comediantes” y, en algunos, el arte pantomímico es sobresaliente (Ortiz, 1951:408).

Esos fueron los negros que trajeron los cuentos a esta ciudad o los que en el proceso de transculturación (concepto sellado por Fernando Ortiz) crearon otros, trasmitiendo el amor por la palabra y las formas subliminales de realizarla, lo que mucho tiene que ver con la prolijidad  y proyección cuentera que caracteriza a los santiagueros de hoy, a la expresividad, al abanico descriptivo de cuenteras y cuenteros que al narrar pintan de colores los vitrales de la imaginación.

Posteriormente, tras la emancipación de estos negros y sobre todo después de abolida la esclavitud, los esclavos engrosaron la población de las ciudades, donde podían disfrutar de mejores condiciones de vida y más seguras fuentes de trabajo (López, 1985).

La historiadora Olga Portuondo señala que en Santiago de Cuba ya en el siglo XVII había negros horros (6) que se dedicaban a labores artesanales en el núcleo urbano santiaguero.  En el XVIII, los negros de los hatos, debido a que la estructura agraria descansaba en la ganadería extensiva, permanecieron en la misma situación laboral que favorecía la adquisición de su libertad y en el núcleo urbano existía una numerosa población de libres de color cuyo trabajo era imprescindible para la vida en la comunidad ciudadana al dedicarse a las tareas artesanales como albañiles, carpinteros, sastres y otras labores. Al respecto también señala la autora citada que las solicitudes de parcelas en la marginalidad santiaguera, recogida en las Actas Capitulares, eran hechas por blancos y en buena medida por negros y mulatos libres, al punto de crearse numerosos barrios integrados mayoritariamente por estos últimos estamentos, (Portuondo, 2003)

Los Hoyos: Barrios típico de la cuentería popular santiaguera.

Así en 1772 con una reorganización de la ciudad en dos distritos, 1er y 2do Distrito, aparecieron ya los barrios más típicos de la cuentería popular santiaguera siendo Tivolí (primer barrio) y los Hoyos (tercer barrio) del 1er y 2do Distrito respectivamente.

En especial el Barrio Los Hoyos, es considerado como uno de los barrios más tradicionales de la ciudad de Santiago de Cuba, allí se han conservado hasta hoy con mayor fidelidad nuestras tradiciones. Se llamó así en razón de las excavaciones hechas en la zona para extraer tierra y desecar la parte baja de la villa que estaba cubierta por las aguas del mar en amplios tramos. En aquella zona inhóspita, comenzaron a levantarse algunos bohíos (7), los cuales fueron habitados por la gente más humilde que no eran otros que los negros.

Lentamente el barrio se fue poblando, convirtiéndose muy pronto en el lugar donde se encontraba asentado el grueso de la población negra y mestiza de Santiago, a los que se sumaron después  los franco-haitianos.

Como fundadores, los negros lo ajustaron todo siguiendo sus propios hábitos y prácticas. Así que resultaba normal escuchar saliendo por entre las rendijas de las vallas, cercas, paredes de un bohío o por la puerta del mismo, el inconfundible toque de los tambores con el cual se intentaba alabar a los dioses, o se trasmitía la  nostalgia por los ancestros,  por la familia dejada al otro lado del mar o por la tierra de la cual habían sido arrancados.

En ese barrio de hoyos y negritud, comenzaron a tejerse de manera copiosa cuentos, leyendas y mitos de remembranza, combinada con la nueva forma de vida que se asumían, la urbana, que implicaba relaciones de existencia con otros moldes inclusivos de relaciones familiares, de vecindad y de intimidad, que eran narradas de bohío a bohío, de casa en casa entre alborotos y coletillas.

En otras ocasiones podían escuchárseles enardecidos, agitados y provocadores en señal de rebeldía ante la explotación a la que habían sido sometidos y la aparente declaración de libertad. Y como ya desde principios del siglo XIX en el espíritu de casi todos los santiagueros, como en la de la mayoría de los cubanos, se apoderaban los sentimientos patrios, también se narraban epopeyas y hechos que emergían como leyendas de las contiendas y luchas mantenidas por el pueblo.

De esa manera el barrio de los Hoyos se fue haciendo cada vez más popular y sus cuenteros se estrenaban en agrupaciones culturales que se iban organizando, algunas de trasfondo político. Una de ellas  “El Cocoyé”, cabildo de origen franco-haitiano, que le dio nombre a la famosa conga, con el célebre estribillo “Abre que viene el Cocoyé”, que luego cambió su nombre en conga(8) de los Hoyos, la más famosa de todas las existentes en la ciudad hasta la actualidad. De ella surgió la siguiente leyenda:

En honor al Santo Patrón de la Ciudad, Santiago Apóstol, durante la época colonial, cada 25 de julio se realizaban festividades religiosas que tenían como punto de partida la celebración de una misa en la Catedral. Una vez concluida esta, comenzaban las procesiones religiosas por las calles aledañas a la institución clerical.

Al término del siglo XVII las autoridades decidieron incorporar a los negros africanos a esta festividad para que también ellos rindieran tributo a Santiago Apóstol. Fue así como estas celebraciones, en sus inicios de marcado carácter religioso, fueron convirtiéndose en paganas. De esa manera aparecieron las tajonas de los negros convertidas luego en congas.

En una de ellas, la conga de los Hoyos, Guillermón Moncada (apodado así por su figura poco común: muy alto, de largos brazos y espaldas anchas) era un patriota insigne santiaguero y uno de los batuteros de la conga. Poco tiempo antes de comenzar la guerra contra España, con su carácter jocoso y su identificación popular de conversador y cuentero, en ocasión de arrollar con la conga por las calles santiagueras, se burlaba de las autoridades españolas al entonar junto con los que los coreaban: “Choncholí se va pa el monte. Cógelo que se te va”.

El símil se establece por cuanto el choncholí  es un ave común en toda la isla de Cuba, en bosques y campos cultivados, de color completamente negro con brillos violáceos y verdosos que aparece en bandadas, caminando con pasos por las ramas o el suelo. Su alimentación es muy variable e incluye granos, frutos de palmas y otras frutas, insectos, reptiles pequeños, y hasta se dice que comen garrapatas del ganado.  Por tanto el choncholí era el propio Guillermón y todos los de su color y barrio que como él, utilizaban la metáfora en alusión a la incorporación al ejército mambí (9) y la vida en la manigua.

En un primer momento la burla pasó inadvertida para las autoridades, o no quisieron darse por entendidos, por lo que la conga continuó su marcha arrolladora sin mayores contratiempos. Pero con el paso del tiempo, con la incorporación de otros estribillos que se iban añadiendo, donde el choncholí no sólo se iba pa el monte, sino que estaba allí en ese monte convocando otras huidas, sumado a la consideración por parte de la clase adinerada de ser la conga una actividad de personas de baja cultura, chusma, y muestra de “atraso social”, comenzó a censurarse su paso.  Los alcaldes de turno en la ciudad de Santiago debían responder, como es lógico, a quienes los financiaban y por esa razón, aunque no muy a gusto, prohibieron en los carnavales la presencia de las congas. La mentalidad racista estaba presente en las formas de la vida cotidiana, en el desprecio a la religiosidad popular, en las apreciaciones sobre música, bailes, cantos y manifestaciones literarias. Lo negro equivalía a barbarie, oscurantismo, ignorancia y retraso social.

Por supuesto que la medida provocó un profundo descontento en la gente humilde de Santiago y muy particularmente en la que residía en los Hoyos, la cual no tardó en protestar abiertamente y no siempre recurriendo a los mejores modos. Pero los dueños del poder y sus fuerzas represivas, no tardaron en poner en funcionamiento los métodos aprendidos. Así tuvieron que pasar algunos años para que la conga de los Hoyos y otras de igual género, volvieran a recorrer las calles santiagueras, retumbando nuevamente los tambores y con nuevos estribillos que una vez más reflejaban las ansías del pueblo. (Palma, 2006)

Alrededor de la conga muchos son los cuentos creados por la imaginería popular, algunos recogidos en las Crónicas de la Ciudad de Emilio Bacardí. La diversidad de éstos se debe a la cantidad de personas que arrastra este hecho cultural, al chancletear con los pies a ritmo de los tambores y la corneta china; a los acontecimientos de todo tipo que se suceden en su deambular y a las invasiones a otras congas, -rememorando la invasión legendaria de Oriente a Occidente en la guerra de independencia cubana-; al estado de frenesí y éxtasis en que entran los congueros en esos momentos, que sólo son capaces de vivir y ver el eco del estribillo y el sonido contagioso y estridente de la tumbadora.

Hay que tener en cuenta que las nociones de adelanto, progreso, o ascenso, se vinculaba a una imagen pública de rechazo a la “barbarie” africana o negra. El auge racista aceleró e incrementó el surgimiento de sociedades de recreo e instrucción para negros y mulatos cultos, que se normaba, además, por criterios clasistas. Por ejemplo en Santiago de Cuba aparecieron las sociedades “La Luz de Oriente” de mulatos y el “Club Aponte” de negros, los cuales en sus actividades también nutrían la fuente de la cuentería popular en la urbe santiaguera.

El otro barrio de referencia ya hemos señalado que era el Tivolí, al decir de (Millett y Corbea, 1987:72-80)   donde…“fueron a parar los célebres personajes escapados de las páginas de la novela El reino de este mundo, del escritor Alejo Carpentier”…Allí, en una altura, unos emprendedores quizás tratando de que la reminiscencia no se convirtiera en añoranza, fundaron un teatro y un Café Concert al que llamaron “Le Tibolí”, local de reunión de cuenteros y conversadores. Era realmente una zona bulliciosa, alegre, divertida donde la trova sonaba a todas horas.

Los cabildos negros: manantial inagotable de cuenteros y cuentos.

En la ciudad fueron apareciendo también los cabildos negros como los congos brúcamos, tiberé y  cacanda (siglo XVII), cuyos  orígenes coinciden con el despegue del crecimiento urbano y sus barrios marginales, los cuales eran sociedades religioso-mutualistas y educativas, en las que se agrupaban los negros africanos procedentes de una misma etnia o región (Figueroa, 2009:87). Estos cabildos preservaron y difundieron creencias, costumbres, ritos, ritmos, instrumentos musicales y lenguas de varias etnias africanas con numerosa población en Cuba. En ellos se narraban cuentos, se relataban leyendas, se describían mitos de estas diferentes etnias que se incorporaban de manera paulatina, al acervo cultural de sus integrantes.

La memoria colectiva ha conservado en Santiago de Cuba el cabildo Cocoye, el Club Juan de Góngora (reconocido cabildo de oriundez conga), la Sociedad el Tibere, el Cabildo Santa Bárbara, el Cabildo San Salvador de Orta — tras del cual se mencionaba el Cabildo Vivi —, la Sociedad Nuestra Señora del Carmen — actual Cabildo Carabalí Olugo — y la Sociedad Carabalí Izuama, (Millet, 2008).

La ciudad hoy, tiene el excepcional privilegio de contar con estos dos últimos cabildos más que centenarios, que han devenido en verdaderas instituciones culturales, y que muestran sus galas  en nuestros carnavales encabezando  el desfile inaugural con paso ondulante y  firme, enraizando en cada pisada su estirpe, como un modo de reconocimiento a los altos y significativos valores de que son portadores.

Resulta trascendente que en pleno siglo XXI en Santiago de Cuba existan dos agrupaciones que aún conservan relaciones jerárquicas y organizativas similares a la de los antiguos “cabildos de nación”. La etapa colonial ocupa un significativo espacio en sus imaginarios colectivos y sus discursos músico-expresivos contribuyen a la articulación del patrimonio tradicional con la contemporaneidad.

Durante la colonia estas asociaciones intervinieron activamente en los espectáculos festivos públicos, tales como los alegóricos al Día de Reyes y las fiestas en honor del santo patrón de la villa, de los cuales se desprendían historias y relatos referidos entre otros a sucesos de niños y padres, la algarabía característica de los mismos, el éxtasis religioso que era imposible reprimir entre sus miembros, etc.

El historiador José María Ravelo en su libro “Medallas Antiguas”(Ravelo, 1939) expresa: “Desde el amanecer del Día de Reyes recorrían las calles con gran algazara que mezclaba las voces con los sonidos de algunos instrumentos y el ruido…ensordecedor de los atabales. Desfilaban en grupos bailando y cantando poseídos de alegría frenética que se exteriorizaba sin trabas ni disimulo.”

Con el tiempo estos cabildos se transformarían en comparsas, legándole al carnaval una fuerte corriente de savia,  amasada por el ritmo de los tambores africanos, que contribuye a convertir a estas fiestas populares en uno de los espacios más originales y representativos de la cultura tradicional del pueblo santiaguero. Justamente, entre las riquezas que atesoran, además de su música, sus instrumentos musicales, la variedad de la danza y los bailes, están el contenido y la expresividad de sus cantos, así como manantial que tributa importantes valores a una cultura propia.

Y es que sus miembros, corporativamente manifiestan los contenidos y ritos ancestrales que la tradición oral como cadena inflexible le ha permitido perdurar;  cada miembro de antaño es un horcón plantado con raíces profundas  que trasmite a las nuevas generaciones todo el quehacer de la organización. Así lo comentan Yoandra Jardines, historiadora- directora  y  Ricardo Marimón, director artístico del cabildo, los cuales desde la edad de 9 y 5 años respectivamente forman parte de la Carabalí Izuama.  Ricardo recuerda era el duque  que abría el baile infantil. Ambos  por el conocimiento y recuerdos que han acumulado en el andar artístico de la Carabalí Izuama son portadores de algunos cuentos que evocan  para narrarnos luego de nuestra solicitud. Al preguntarle el título del cuento Ricardo nos responde…titulémosle “El bisoñé”… y sigue así:

“Una de las formas de expresión del cabildo desde su fundación ha sido la realización de danzas, pantomímicas o sus representaciones teatrales en general, en las que aparecen figurantes que caracterizan la sociedad colonial de aquella época. De esta suerte siempre presidía el baile un rey acompañado por su reina. Luego le seguía su corte en la cual se apreciaban barones y baronesas, condes y condesas, marqueses y marquesas y así sucesivamente hasta conformar todos los títulos nobiliarios habidos y por haber.

Por último, cerrando el baile, se representaban a los oficiales, a los mayordomos obedientes, los capataces y, finalmente, a los vasallos quienes, con esmerados movimientos, demostraban su servilismo y su fidelidad a aquellos, sus amos. No faltaban los dioses negros  razón que da lugar a que  encabezando a los danzantes, iban algunos asociados portando, con la mayor solemnidad, distintos fetiches. Pero no faltan tampoco los tesoreros que acopiaban el dinero aportado por cada integrante del cabildo y que tenía diferentes usos, entre ellos el de socorrer a enfermos, inválidos y necesitado en general.

Dos hermanos formaban parte de la corte del cabildo Carabalí Izuama, el mayor era el  presidente (para la corte rey) y el vicepresidente (para la corte barón).

En una ocasión se le acerca el tesorero al presidente y le dice:

-          Señor debo comunicarle que ha desaparecido de los dineros guardados una parte y no tengo explicación para ello, pues sólo usted y yo tenemos la llave de la caja donde se guarda.

-          En realidad si usted no entiende qué ha ocurrido, (responde el presidente) yo tampoco pues aunque tengo la llave ni siquiera he abierto la caja, es más no me he acercado a ella. De todas formas este incidente tiene que tener solución pues es el aporte de todo el cabildo y ya sabemos la importancia de su uso. Busquemos alguna  seña de alguien o algo, hasta tener una pista por donde avanzar. Primero tratemos de averigua antes de darle la noticia al cabildo

-          Investigaré entonces, respondió el tesorero.

Comenzó la indagación, las preguntas  a asociados cercanos al tesorero, a los cuales se les decía lo ocurrido con la alerta de mantener el silencio y ayudar en la pesquisa;  a otros  se les preguntaba si alguno de los cófrades había hecho alguna compra reciente de artículos de algún valor, de algo nuevo y vistoso. Y así se desplegó toda una estrategia semi-oculta para detectar de dónde, por qué camino venía el robo.

No pasó mucho tiempo para que el tesorero volviera a donde estaba el presidente con resultados no muy buenos y le dijera:

-          Presidente,  le traigo una buena y mala noticia. Buena en el sentido que ya tenemos una pista que casi es segura acerca del robo, mala porque el que le ha comprado un bisoñé a su amante es su hermano. Sin muchos remilgos le dio la noticia al presidente.

-          ¿Cómo? Respondió el presidente con  evidente rostro de asombro. No puede ser, mi hermano no puede hacerme eso a mí. ¿cómo para comprar un bisoñé? ¿cómo para un bisoñé de su amante? ¿cómo con el dinero del cabildo? No entiendo nada, hágame el favor y llámelo.

Un rato después se presenta el barón al llamado del rey.

-          Me dicen que me llamas.

-          Si respondió el rey presidente, -y sin melindros nuevamente como el tesorero, ni mucho tiempo para pensar, le dijo:

-          Dicen que le compraste un bisoñé a tu amante que no ha dejado enfriar y ya está en su cabeza en exhibición, y fue con el dinero de todo el cabildo, dinero que se reúne con sacrificio, que se utiliza en el bien común y que tú utilizas para un poco de pelo cocido para una cabeza calva. Es imperdonable que mi hermano…

-          No me ofendas a lo que responde el hermano.

-          ¿La ofensa es por la acusación o por la cabeza calva porque si es….

No lo deja terminar, se da por ofendido  y comienza una interminable discusión que fue oída por todos los presentes. La noticia se corrió como la espuma, los comentarios como las olas, las habladurías como  las marejadas. El barón parecía ahogarse ante tanta agua corrida en la agitación del embrollo,  pero felizmente para él, a los partidarios que ya tenía sumados a su linaje, que había ganado poco a poco en el silencio de una idea ya concebida con anterioridad y una historia mal contada, se le sumaron más adeptos en contra de su hermano.

Al fin, luego de su valor proselitista a favor de una  inocencia ya pérdida, el cabildo quedó dividido por los partidarios del rey presidente y del otro lado el barón cuestionado, escisión que fue ahondando su herida hasta llegar a su clímax. El grupo del barón decidió marcharse del cabildo.

Dicen esta y otras versiones parecidas que esa fue la causa de la división de la Carabalí Izuama y la Carabalí Olugo y que llegara al Tivolí un cabildo.

Yoandra nos deleita con otro cuento titulado:

“La muñeca milagrosa del Cabildo Carabalí Izuama”

Se convirtió en una tradición  en el cabildo carabalí Izuama iniciar el desfile encabezado por  una bailadora que en su mano derecha luciera una vistosa muñeca negra en alto, tradición que llamaron “sacar la muñeca”. El origen de este fetiche y práctica, estaba en una promesa realizada a la Virgen de la Caridad del Cobre  por una integrante del cabildo, que consistía precisamente en si se cumplía el milagro  que pidió, sacaría  la muñeca todos los años en el cabildo de la Carbalí. El milagro se cumplió y la muñeca llegó.

Los vestidos de la misma, muy elegantes por cierto, se confeccionaban con telas de cuadros pequeños a la usanza antigua o de colores brillantes azul, amarillo y en ocasiones blanco, en correspondencia, ya en estos últimos tiempos, con el color de la letra del año.

La señora de la muñeca se llamaba Caridad Terry y aún se mudó para la capital, venía todos los años  a Santiago de Cuba a cumplir la promesa de sacar su muñeca que simulaba una africana suntuosa, con la compañía de dos pajes que le llevaban la cola del majestuoso traje que llevaba la bailadora. Así este este hecho de promesa se convirtió en una nueva tradición para la carabalí.

El ritual comenzaba desde la hora de salir, todos estaban prestos en el local, que en sus inicios  era de madera y de tierra, con una tarima altar de madera también, y  como acto primario se hacía un “reguío” de albahaca y todo el mundo tenía que mojarse la mano con la aromatizante planta y hacer el rezo “moyugba”, como una ceremonia por medio de la cual se le rinde homenaje a los antepasados del cabildo, alabando su presencia para  perpetuarla, en especial a la memoria de los hermanos Baracoa, a quienes se les atribuye la reorganización y rescate del cabildo luego de una etapa de desconcierto que se vivió. Los rezos están mediados por vocalizaciones que encabeza un cantante rector del rezo, al que le responde el coro en forma de estribillo.

Un día misteriosamente desapareció del cabildo la muñeca negra, la reina africana y todos se pusieron muy tristes ya que a ella se le atribuyen dones milagrosos, por lo que todos comenzaron a buscarla.

Al poco tiempo pasaron algunos vecinos y le dijeron a los asociados que en Cuabita y Martí, dos calles cercanas de esta zona, había una aparición de una africana y que nadie se atrevía a acercársele ya que al parecer tenía fuertes corrientes espirituales.

Algunos afiliados nos dirigimos al lugar señalado y con satisfacción pudimos comprobar que era nuestra muñeca. A raíz de este hecho se instauró en el cabildo la competencia por llevar la muñeca en el tiempo de carnaval”.

Estos dos cuentos narrados por la nueva generación de carabileros revelan las creencias religiosas y motivaciones del baile así como se evidencia la oralidad implícita en testimonios e historias que guardan estos cabildos.

Podemos afirmar entonces, que los cabildos negros constituyeron manantial inagotable de cuenteros y cuentos de diversos tipos sobre todo los de carácter religioso, pues sus reuniones y actividades creaban plácidas oportunidades para el tejido de los mismos.

Las tumbas francesas: el cuento narrado y cantado.

Al aumento considerable de esclavos africanos, predominantemente bantúes, se agregó una fuerte inmigración política procedente de Haití. Desde 1791 y hasta principios del siglo XIX la Revolución haitiana provocó una corriente migratoria de plantadores franceses junto a integrantes de sus antiguas dotaciones de esclavos hacia Cuba, cuyo destino principal serían Santiago de Cuba y Guantánamo. El censo de 1800 indica que en cada calle de Santiago de Cuba se habían instalado decenas de inmigrantes blancos y también numerosos negros y mulatos libres y esclavos, sin incluir los que estaban en los montes y en 1801, luego de la ocupación de Santo Domingo por Louverture, nuevos refugiados de origen francés y colonos dominicanos con sus esclavos arribaron a las costas de la región suroriental cubana, acrecentándose la avalancha migratoria (Figueroa, 2009:87) .

La cuantía de la inmigración franco-haitiana ha sido calculada en aproximadamente 30.000 personas, en un Santiago con poco más de 10.000 habitantesa principios del siglo XIX. No es extraño, pues, que algunos cronistas extranjeros que visitaran la ciudad manifestaran que escuchar hablar en francés era casi tan habitual como en español. La calle Gallo (rebautizada en el siglo XX como 10 de octubre) era conocida como Rue du Coq, así en francés, o Calle del Gallo, debido a un establecimiento que despertaba el interés de los transeúntes por poseer en su entrada una veleta en forma de gallo (Millet y Corbea, 1987).

Estos hechos demuestran que durante el siglo XIX Santiago de Cuba se caracterizó por una elevada proporción de población de origen africano (libre y esclava) y por una fuerte inmigración procedente de Haití, la cual fue importante no sólo desde el punto de vista económico (impulsó el cultivo del café y de la caña de azúcar), sino también cultural

A ello se refirió Fernando Ortiz afirmando:

“Los negros y mulatos haitianos encontraron (…) negros de nación dajomé, arará, majino, sabalú y otros de iguales etnias, lingüísticas y musicales antecedentes, o sea de la misma cultura, y se fueron entendiendo apenas lograron una nueva fase en su transculturación idiomática, formando una nueva habla, mezcla del créole afrofrancés de Haití con el criollo afrohispano de Cuba. En ese ambiente cubano-haitiano, de santería y de vodú, surgieron de los “cabildos de nación” los grupos religiosos y diversivos de las tumbas francesas (Ortiz, 1951: 34).

Al llegar a Cuba, los esclavos ya habían aprendido el francés como lengua de comunicación y los  comportamientos sociales y culturales que nada tenían que ver con España ni con lo que ocurría en la isla en esa época. Sus patrones o modelos de vestir, comer, en las artes e incluso en las formas de relacionarse entre sí evidenciaron siempre su origen francés, apelativo utilizado por ellos para darse a conocer ante la sociedad.

Toda una atmósfera artística de ritmos, bailes, expresiones danzarías y cuentos comenzó a airar a la ciudad; los compases de las tumbas de los “negros franceses” se escuchaba  en los mismos escenarios de los esclavos africanos de disímil procedencia étnica, con sus marimbas y otros instrumentos musicales, y con esos toques se introdujeron los ritmos del minué, la contradanza francesa y el rigodón como manifestaciones que contribuían a proporcionar el soplo de nuevos vientos  locales que eran respirados por la población humilde.

Desde entonces estas sociedades conjugaron el vestuario y los giros de los bailes de la corte de Versalles, con el agresivo toque de tambor africano, de la misma manera que fueron fungiendo en un abrazo la vida urbana, al contribuir  a dibujar la fisonomía de la ciudad y demarcar sus barrios, que se constituyeron en arterias por donde iba circulado el plasma de la vida galo-haitiana. Al compás de estas manifestaciones de la cultura francesa, entre comentarios y entendimientos se narraban e intercambiaban historias de orígenes y desencadenamientos, relatos de enlaces de culturas, de nuevos comportamientos que se distanciaban de la rígida concepción costumbrista ibérica, censurable y exagerada en referencia a presuntos modales finos y elegantes. Aparecieron cuentos de crítica al refinamiento español, de vínculos del vodú (10) con las religiones bantúes predominante; de comparaciones entre las formas de vestir los negros cubanos, los antiguos caleseros y los haitianos experimentados ya en las casacas de lana, los guantes de gamuza y las corbatas de cuello alto traídos de Europa por los amos franceses.

Imprescindible mención se merecen las sociedades de tumba francesa (11), surgidas al amparo del desarrollo de la agricultura y de la industria cafetalera, que situarían a la mayor de las Antillas entre los primeros productores del grano del mundo. Fueron organizaciones músico danzarías que tenían como objetivo aparente momentos de recreo y ayuda mutua, pero en el fondo era un símbolo de tenaz resistencia de un grupo poblacional que a pesar de su raza, ostentaba este apelativo. En un primer momento, los esclavos realizaron sus celebraciones en los secaderos de café y después surgieron estas “sociedades”.

El cafetal La Isabelica, localizado a 24 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba de Cuba y muy cerca de la Gran Piedra, conserva la trascendencia de las migraciones de los colonos franceses y sus esclavos, que huyeron de la revolución de Haití.

Varias generaciones de los Venet y Danger en esta ciudad oriental heredaron de sus ancestros la tradición de bailar y cantar a la usanza francesa y contagiaron a muchos con la costumbre. La Tumba Francesa “La Caridad de Oriente” en el año 2003 recibió la condición de Patrimonio Oral Inmaterial de la Humanidad conferida por la UNESCO, por ser ésta una centenaria organización con la tradición  músico-danzaria en Santiago de Cuba. Fundada el 24 de febrero de 1862,  hace 152 años,  se llamó primero Sociedad Tumba Francesa Lafayet, en honor al General Lafayet (12). En 1905 se dividió- quedando con el nombre de La Caridad de Oriente, en honor a la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad, integrada hace casi siglo y medio por miembros de la familia Venet y Danger.  Tiene entre sus principales consideraciones la presencia de representantes de la sexta y la séptima generaciones. Actualmente la agrupación de la Tumba Francesa La Caridad de Oriente tiene su sede en la calle Carnicería 268 entre Trinidad y Habana Santiago de Cuba. Ha sido su Presidente, Flavio Figueroa Padilla, esposo de Andrea Quiala Venet, Vicepresidenta. En la actualidad  la sociedad la integran 25 miembros, en su gran mayoría descendientes de la familia citada en su octava generación.

Con Andrea tuvimos un encuentro muy ameno por cuanto es sobrina e hija de Mario Quiala Aranda y Artemio Quiala Aranda respectivamente, por lo que ha heredado su imaginación y arte para hacer cuentos, algunos de los cuales no tarda en narrar:

“Mi familia siempre fueron integrante de la Tumba Francesa y de la Comparsa Campesina La Tajona fundada en 1884 por José Rufino Venet, mi bisabuelo. Desde Matayegua trajeron a Santiago de Cuba esta comparsa para que participara en los carnavales santiagueros. En ese andar, mi abuela con sus hijas se integró a la tumba francesa, la cual  se reunía los sábados y los domingos, mi mamá colaba el café, hacia bacalao frito y los buñuelos que se vendían a todos los bailadores y tocadores. En ese tiempo mi mamá nos tenía a mí y mis hermanos que estábamos pequeños y de la mano nos llevaba a los bailes de la Tumba, pero no podíamos participar en el salón, por cuanto este era un baile de adultos, ni siquiera intentábamos acercarnos, no nos lo permitían.

Había una señora que era la presidenta en esos tiempo, se llamaba Eleuteria Guilar, usaba una bata muy ancha, blanca, vaporosa, pañuelo en la cabeza así como collares, abanicos y otros accesorios, tal y como  vestían las mujeres de la tumba. Como veía el interés de nosotras por el baile del salón, donde no podíamos entrar, nos decía…párense detrás de mí…y ampliaba toda su saya extensa a cuanto ancho se lo permitía para escondernos, y nos servía de paraban; nosotras atrás de su túnica, arrinconadas como pollos en el nido, escuchábamos la música y bailábamos al compás de ella, apretando y aguzando los pasos, los que poco a poco llegaban a ser más  acabados y exactos, así  aprendimos a bailar la tumba francesa al estilo de los amos de Versalles.

En una ocasión estábamos muy embelesadas bailando detrás de la falda y en eso, sin darnos cuenta, de improviso llega mi tío Mario, el cuentero, el que al vernos y saber que estábamos escondidas,  sacó de sus manos un maja ya muerto- lo que no sabíamos- y no los echaba  encima  a unas y otras sin cesar. Nos hizo correr por todo el patio, y nosotras despavoridas circulábamos con miedo. De pronto se para y nos dice ¿saben cómo murió este maja?…no…dijimos a un solo grito… pues cuando llegué al lado de él…nos explicó…vi a un piojillo que estaba agarrando al maja por un cachete de la cara y lo mordía sin compasión, y el pobre no tenía como defenderse. El maja ganado no tenía fuerza para zafarse del piojillo que no lo dejaba y la yerba hacia ¡¡¡¡¡zazazazazaza!!!!! a su alrededor. El maja no hacía nada.

Pero tío, eso es mentira y mentira grande…le dijimos.

¿Sí, es mentira? ¿Y cómo entonces, ustedes señoritas piojillas quieren morder al majá?

Pero hay otro cuento que yo quisiera hacer, que es muy sentido en mi corazón, es el cuento de “Mi abuela cantadora es insustituible”

Mi abuela Consuelo Venet  Danger fue la reina cantadora de la Tumba Francesa durante muchos años. Entonaba cantos de sátira, para las enfermedades, se les cantaba a las personas, a la vida. Ya estaba viejita y seguía cantando con los mismos bríos de cuando era joven, con su voz aguda, melódica y un timbre tan especial que parecía que cantaba en las selvas de dónde arrancaron a sus descendientes. Inteligente al fin, le dijo a mi madre un día….Nosotros no podemos dejar que la tumba muera, la tumba francesa no puede sucumbir, hay que preparar a la nueva generación y empecemos por nosotras mismas. Yo quiero que tu hija (refiriéndose a mi hermana) sea mi seguidora, mi continuidad.

Cuando murió,  mi hermana le cantó hasta el amanecer, y nos dijo a mi madre  y a mí…Ya cumplí, le canté a mi abuela, pero ahora me mudo para la Habana donde vive mi esposo…

Ante tal despegue, sabía que la ardua tarea me pertenecía. La acepté por la memoria de a quien tanto quería, no sin saber todo lo que se me avecinaba.

Mi tía, me escribió los textos en creole y me los dio primero a leer, aprender  para luego cantarlos. No había manera que me entraran esos textos, de una forma, ni otra.

Cuando ya estaba desalentada y casi al punto de rechazar el mandato, un día que insistía, con  las esperanzas un poco perdidas, sentí en mis oídos, lejos,  la voz de mi abuela canturreando. Era su espíritu que me vocalizaba  y modulaba las canciones como ejercicio de un mandato dulce, tenue que llegaba con el mensaje,” no desmayes”, “aprenderás”.

Primero lo sentía a distancia. Luego, en la medida que interpretaba las melodías, llegué a sentir que la voz se iba aclarando, la percibía más cerca, cada vez más próxima, más íntima.  Entonces ya cantaba en creole como si  conociera el dialecto, modulaba la voz y brotaba en mí la melodía. Sí, mi abuela no quería que su voz se apagara.  Lo entendí y empecé a cantar en la tumba, al son del coro, las maracas de metal llamadas chachás, el premier, bulá, ségon, y el catá, que reflejan todas las raíces africanas.

Comenzaron a llamarme la reina cantadora, pero no lo acepté, y a quienes me preguntaban el por qué les respondía…no puedo ser la reina cantadora porque mi abuela es insustituible…

Como sociedad, añadió, nuestro objetivo es celebrar fiestas bailables dirigidas a la recreación, el socorro y la ayuda mutua. Se trata, dijo, de una institución autofinanciada, pues cada miembro aporta para asegurar el vestuario, la conservación de los instrumentos y realizar las actividades.

Las paredes del salón son testigos de esta tradición centenaria. En ellas cuelgan añejas fotografías de miembros de la Tumba Francesa y, en un rincón, se levanta un altar de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, aun cuando, acotó Queli, no persiguen un rol religioso, sino hacer la caridad como valor humano.

Tal y como afirma Coca (2005), los toques de tumba francesa comienzan con el canto.  El composé  (responsable de la parte oral, quien además es depositario del repertorio lírico) presenta la situación temática y, con posterioridad, le ofrece al coro un estribillo, el cual es aprendido y repetido de inmediato, iniciándose así la alternancia solo – coro.

Existe una gran variedad de cantos que en transcurrir del tiempo se han ido actualizando en la improvisación de los composés. Los cantos se constituyen por frases musicales cortas que se acompañan de dos estilos de toque: el masón y el yubá, diferenciados entre sí, en esencia, por el aire de su ejecución. El masón es más lento, mientras el yubá se caracteriza por el aire más rápido y el despliegue de virtuosismo en la interpretación musical y danzaria.

Coca citando a Olavo Alén (1986) muestra algunas características generales de estos cantos consiste en:

1. Carácter de improvisación de los versos, los cuales pasan a una selección natural y alcanzan, si son aprobados por el composé y el público, la categoría de canto o canción.

2. Al comenzar a cantar el coro su estribillo, el composé trabaja en la improvisación de la misma temática pero alterna con el coro frases alusivas al asunto ya expuesto.

3. Los textos muestran una tendencia hacia la síntesis, es decir, mediante un número pequeño de palabras abarcan un gran contenido. Frecuentemente alcanzan un par de palabras para representar una situación, todo lo demás debe recrearlo el oyente con su fantasía.

4. La repetición de determinadas palabras u oraciones completas para reafirmar una idea.

5. Versos no muy largos y carecen de rima. Sólo importa que vengan bien con la melodía y que trasmitan un mensaje de forma clara y convincente.

Tanto la situación temática, el canto que de ella se deriva y el coro que acompaña al compossé constituyen reproducciones simbólicas y emblemáticas atribuidas a hechos  y sucesos acaecidos y narrados en forma de relatos y cuentos o viceversa. Es por ello que los compossé son considerados cuenteros auténticos magnificentes de nuestra cultura popular tradicional.

Por transmisión oral, los integrantes de la agrupación de la Tumba Francesa conocen de sus orígenes. De ahí que ellos cuenten de cómo sus ancestros imitaban los bailes de salón de los amos franceses: minué, rigodón, carabiné y yubá, bajo los sonidos de instrumentos de viento y cuerda, en tanto los esclavos bailaban al ritmo de los tambores, pero con una música muy suya. La música de los franceses era suave y la de los esclavos de un ritmo “picante”.

Llegamos también a la Tumba Francesa de Thompson ubicado en el Municipio Mella. Thompson cuyo nombre era San Felipe de Thompson, fue un francés mezclado con americano, dueño del lugar. A esta sociedad  le faltan 3 años para cumplir la centuria por lo que se fundó alrededor de 1910. Era un asentamiento de haitianos, en estado de semi-esclavitud que  vivían en barracones, (en aquellos tiempos existían 2 barracones), hoy queda la ruina de uno de ellos.

En entrevista realizada a dos de sus representante, Ariel López Vinent y Odilia Solo Sollet (Reyna del grupo) en el local de la Casa del Caribe, -dos jóvenes descendiente de la Tumba Francesa de Thompson que improvisan y cantan al estilo de sus antecesores declararon- que en el tiempo de antes no existía la demarcación que existe hoy, (refiriéndose a la ubicación geográfica de la tumba a la cual pertenece), y con vehemencia argumentaron que gracias a Joel James y la Casa del Caribe, este grupo ha mantenido esa tradición del folklor haitiano porque fueron rescatados por ellos y motivados a participar en los festivales del Caribe, razón por la que ese día 13 de enero se encontraban en “Joel James Inmemorian”, evento  que se realiza todos los años en esta institución, para perpetuar la presencia de ese grande de la cultura popular tradicional en Cuba.

Por transmisión oral, los integrantes de la agrupación de esta Tumba Francesa, conocen de sus orígenes. De ahí que ellos cuenten de cómo sus ancestros imitaban los bailes de salón de los

Amos  franceses: minué, rigodón, carabiné y yubá, bajo los sonidos de instrumentos de viento y cuerda, en tanto los esclavos bailaban al ritmo de los tambores, pero con una música muy suya. La música de los franceses era suave y la de los esclavos de un ritmo “picante”.

Narran que la tumba francesa a la cual pertenecen, se trasladaba de un lugar a otro a pie, de una comunidad a otra, atravesando guardarracha, y que en una semana santa fueron de Thompson a Taquechel y hay ocurrió la historia que se titula de “Cómo un baile de machete se convirtió en canción”.

…” Atravesando guardarracha, costumbre de nuestra tumba, llegamos al barrio Taquechel un sábado de semana santa , nunca cansados porque la brisa del campo y el retumbar de los tambores no permite cansancio” y es que  caminan como si fueran danzando en el aire, al compás de sus resuellos  entrecortadas por los hálitos de música…”y de pronto cuando llegamos,  un amigo machetero que así le llamamos a los que bailan con machete, al mirar al otro que estaba sentado con la cabeza gacha que se notaba que estaba contrariado, le preguntó ¿qué te pasa?, nada respondió él, …bueno no importa como sé que algo te pasa haré una cosa…entonces le pidió a un vecino una gallina a comprar para hacer una comida, pero como no tenía el dinero en ese momento no pudo pagársela, por lo que el vecino dice, …cuándo tú va a paga…depue, depue, va a paga gallina”…Respondió  el tumbero …”Pasaron los días y nada, jamás ese dinero llego  y quedó entonces como que se había robado la gallina porque nunca la pago. Le dijeron ladrón y sinvergüenza y un haitiano le saco la canción con esos fundamentos, y quedó que siempre que encontramos algo parecido se canta”…Cantó la canción en creole y luego agregó…”la canción la hace un machetero que se llamaba Alberto Poll Abelino, alias Toto y de esa forma se convirtió esa canción  en el cuento que se hace cada vez que un tumbero engaña a otro”…” existen otros cantantes muy buenos como  Antonio Flores; Benito Haití que era bailarín de machete y compositor”…aclara por último Odilia.

En otra ocasión cuenta Odilia:

…”llegamos a otra comunidad y encontramos a un haitiano con mala cara por no sé qué le había pasado”…y entonces el tumbero le dijo… “el general Camilo está en un aprieto  y le pide que le pasen el palo por la nalga de la gallina” eso se inventó como solución para los malos ratos que pasaba cualquiera. Los haitianos llegaban a un lugar preguntaban el nombre de la persona y a partir de ahí le llamaban general, como un decir, y en correspondencia con cómo se encontraban al que llamarían general le cantaban la canción de la gallina. En fin como son grupo danzario pues vivían danzando para eso tenían que componer. Hacían cuentos en los velorios, en los últimos rezos y otros”.

Indudablemente que el sonar de las tumbas y con ellas el canto que las acompañaba llevaba la impronta de melodías que constituían cuentos llenos de recuerdos, memorias, modos de producir y de imaginar.

CONCLUSIONES

Luego de su fundación en 1525, la última villa de las 7 instituidas en Cuba, Santiago de Cuba en los primeros tres siglos marchó lentamente con un régimen feudalizante. Sin embargo a comienzos del siglo XIX se produjo un salto abrupto hacia la plantación esclavista y la economía capitalista de mercado. La ciudad se cubrió de la mancha negra de la esclavitud con una afluencia promisoria.

Los negros, como en todas las colonias españolas o de otras naciones, dejaron sudor, cuerpo y vida en el trabajo forzado enriquecedor de los amos, por quienes fueron esclavizados. Pero sobre todo dejaron su espíritu, su cultura, sus tradiciones en especial orales entre las que se destacan sus cuentos, mitos y leyendas. En resumen, su cuentería popular y con ella el amor por la palabra y las formas subliminales de realizarla.

La riqueza del aporte oral en este orden, en un proceso de transculturación y de forma trascendente ha dejado su huella en la cuentería popular santiaguera de todos los tiempos. Ellos trasmutaban el imaginario social en cuentos e historias en la medida de la incorporación de referentes socioculturales asociados a los nuevos espacios y escenarios que se fueron creando.

Uno de esos espacios fueron los barrios que se fueron generando con los negros libres que llegaban a la ciudad en busca de opciones de trabajo, donde su afluencia era mayoritaria y a partir de ellos la formación de organizaciones que se iban gestando tales como los cabildos de nación y las tumbas francesas, las cuales en su  trayectoria signaban los sucesos y hechos construidas en cuentos y leyendas que han pasado al imaginario colectivo santiaguero.

BIBLIOGRAFÍA.

  1. Cabrera Lydia, ¿Por qué…? Cuentos negros de Cuba, La Verónica, La Habana, 1948.
  2. Coca Izaguirre Manuel. 2005. “Acercamiento a los cantos de la Tumba Francesa Pompadour Santa Catalina de Ricci” http://www.monografias.com/trabajos66/cantos-tumba-francesa/cantos-tumba-francesa.shtml#ixzz362Giupuu Consultado el 27/08/2013 a 21:35
  3. Figueroa Arencibia Vicente Jesús. 2009. Los contactos lingüísticos y el español no estándar de Santiago de Cuba. Revista ONOMÁZEIN No.20. 2. 87-143
  4. Laviña Javier. 1993. Santiago de Cuba de Cuba, 1860: Esclavitud, color y Población. Boletínde la A.G.E. Universidad de Barcelona. Pág. 17-32.
  5. León, Argeliers en “Notas para un panorama de la música popular cubana”, Boletín de Música. Casa de Las Américas. La Habana. no. 24, 1974.
  6. López Valdés, Rafael L., 1985: Componentes africanos en el etnos cubano, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
  7. Millet, José y Corbea Julio. 1987. Presencia haitiana en el Oriente de Cuba. Revista Del Caribe IV (10), 72-80.
  8. Olavo Alén. 1986. “La música de las sociedades de tumba francesa en Cuba. Editorial Casa de las Américas. Habana. Cuba
  9. Ortiz, Fernando. 1951. Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba. Publicaciones del Ministerio de Educación. La Habana. Pág 408.
  10. Palma Odal. 2006. Más vale tarde que nunca. Revista de Cultura Cubana, La Jiribilla. Año V, La Habana. 20- 26 de mayo. Disponible en http://www.lajiribilla.cu/2006/n263_05/263_02.html consultado el 3 /5/2012 a las 4:45 am.
  11. Portuondo Zuñiga Olga. 2003. Entre esclavos y libres de Cuba colonial, Santiago de Cuba. Editorial Oriente.
  12. Ravelo, Juan María. 1939. Medallas antiguas. Editorial El Arte, Manzanillo, 1939.
  13. Vera Estrada, Ana. (2000). Pensamiento y tradiciones populares: estudio de la identidad cultural cubana y latinoamericana. La Habana. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello.

NOTAS

(1)Joel James Figarola, fundador y ex director de la Casa del Caribe, el vocero mayor del Festival del Caribe, destacado ensayista, narrador e investigador, galardonado con algunos de los premios y distinciones más significativos que otorga el Ministerio de Cultura en Cuba.

(2) El término bantú se refiere a más de 400 grupos étnicos de pueblos melano africanos, que hablan lenguas bantúes, y que viven al sur de una línea que va desde Duala (Camerún) hasta la desembocadura del Yuba (Somalia). No comprenden un tipo racial ni una cultura uniformes. Sus creencias son en su mayoría, animistas, salvo las de aquellos grupos cristianizados o islamizados.

(3) Lydia Cabrera (20 de mayo de 1899, La Habana – 19 de septiembre de 1991, Miami) Antropóloga y escritora cubana. Insuperable portavoz de la cultura afrocubana, ferviente sostenedora de todas las creencias y prácticas religiosas presentes en Cuba. Por su consagración a su trabajo de indagación, se ganó la preferencia de los afrocubanos, lo que le proporcionó en 1950 transitar por todo el país  y recopilar mucha información y testimonios sobre rituales, leyendas y mitos que eran conocidos por pocos, pues eran guardados como un gran tesoro por los ancianos negros, lo que contribuyó a alcanzar volúmenes considerados hoy, patrimonio de la literatura cubana y universal, además de apremiada  referencia para el conocimiento y estudio del quehacer de cuenteros populares, si partimos de su  afirmación de que se limitó rigurosamente a consignar con absoluta objetivad y sin prejuicio, lo que había oído y/o visto.

(4) Expresión clásica de los antiguos imperios de Ghana y Mali para identificar los historiadores de las aldeas  y de los reinos, encargados de registrar hechos, participar en batallas para luego contar y cantar las gestas, valiéndose de la música, la danza y también la mímica. En la mayoría de los casos marchaban al combate en primera fila exaltando el arrojo y la valentía. Existieron también las griotas, mujeres encargadas del arte de contar y cantar. En el imperio de Malí, formaban parte del séquito de las reinas y princesas, a quienes instruían asimismo en las reglas del bien decir y de la cortesía. En la actualidad, más que una existencia etnográfica concreta, la expresión distingue un prototipo histórico en el que concuerdan diferentes modos étnicos de gran validez, fundamentalmente en los países referidos de Malí y Senegal.

(5) La Habana, 1881-1969. Antropólogo, jurista, arqueólogo y periodista. Estudioso de las raíces histórico-culturales afrocubanas. Criminólogo, etnólogo, lingüista, musicólogo, folklorista, economista, historiador y geógrafo. Realizó notables aportes relacionados con las fuentes de la cultura cubana.

(6) Fueron negros que habían comprado su libertad o se la habían concedido por gracias (voluntad de su amo), los que compraban su libertad lo hacían a través del ahorro que conseguían cuando sus amos los alquilaban (el negro obtenía un porcentaje para su alimentación y de allí ahorraba para comprarse). Los horros luego se dedicaban a trabajar para liberar a su mujer y sus hijos.

(7) El bohío fue la vivienda más distintiva de los indios antillanos, una choza rudimentaria, pero tan perfectamente compatible con el clima caribeño que el diseño básico influyó en la arquitectura española del Caribe durante los próximos 500 años. Al llegar a las islas los indios aruacos que emigraron  desde América del Sur, habían encontrado que el terreno y la flora eran muy diferente a las densas selvas de su hábitat original. Montañas, cerros, mesetas y llanos reemplazó la monotonía de las selvas planas a lo largo de las cuencas de los ríos de su tierra natal. Los materiales disponibles para la construcción de casas también eran diferentes a los que se encuentran en el continente. Hasta las sesenta especies de palmera difieren sustancialmente de los árboles del hogar suramericano de los aruacos. La majestuosa palma real (roystonea regia) dominaba gran parte del paisaje del Caribe. La arquitectura distintiva de los indios se tejió alrededor de este árbol magnífico.

(8) La conga es un baile popular cubano de origen africano que tiene un ritmo sincopado y se acompaña con tambores. Sirve de acompañamiento para las comparsas carnavalescas y se originó en las festividades que efectuaban los negros esclavos. Se convirtió hasta hoy en un suceso musical y social que llena de alegría las ciudades, subordinándose los cantos, toques de tambor y las fabulosas coreografías, en un jolgorio que en épocas anteriores contrastaba con los bailes de salón que la burguesía generaba para su disfrute y aún con los llamados bailes de cuna, donde se mezclaban diversos estratos y grupos sociales.

(9) El término mambises (mambí, en singular) se utiliza para referirse a los guerrilleros independentistas cubanos, soldados que en el siglo XIX participaron en las guerras por la independencia de Cuba. La palabra mambí viene asociada a Juan Ethnnius Mamby “Eutimio Mambí”, oficial negro que desertó del bando español,  un líder que luego peleó contra los españoles en Santo Domingo, cincuenta años antes del inicio de la Guerra de los Diez Años en Cuba. También puede referirse a una palabra aborigen que designaba la rebelión contra los caciques que vivían escondidos en los bosques. Los soldados españoles, notando las tácticas similares en el uso del machete de los revolucionarios cubanos, comenzaron a referirse a ellos como los “hombres de Mambí”, lo que luego se acortó diciendo “mambí” o “mambises”.

(10) Más que una religión, constituye un sistema de pensamiento que encuentra sus raíces en los pueblos africanos y particularmente en la zona congo-bantu. El vodú en Haití, se construyó progresivamente por los aportes de estos grupos de africanos.   A pesar de los distintas áreas de origen en África estos estaban unidos por el culto a las fuerzas de la naturaleza, a los ancestros divinizados, con lo cual se fue formando un vasto sistema que unía a los muertos y a los vivos en un todo familiar, continuo y solidario, totalmente integrador, al abarcar este todos los aspectos de la vida, desde lo trascendente hasta lo profano.

(11) Autores como Olavo Alén en su libro “La música de las sociedades de tumba francesa en Cuba. Editorial Casa de las Américas. Habana. Cuba  y León, Argeliers en “Notas para un panorama de la música popular cubana”, Boletín de Música. Casa de Las Américas. La Habana. no. 24, 1974 ofrecen un estudio detallado de las características de estas organizaciones y sus cánticos. También Manuel Coca Izaguirre en “Acercamiento a los cantos de la Tumba Francesa Pompadour Santa Catalina de Ricci” analiza el folklore guantanamero y su cultura popular, situando a la tumba francesa como uno de los eslabones principales del desarrollo cultural.

(12) Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, marqués de La Fayette, conocido como La Fayette o Lafayette (1757,-1834), fue un militar y político francés. La Fayette fue general en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de la que es considerado uno de los héroes. Personaje influyente de la Revolución francesa hasta 1792, fue miembro de la Asamblea Nacional, general del ejército revolucionario y comandante de la Guardia Nacional de París.

 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Peña Lora, Marianela: "La cuentería popular santiaguera: su encuentro con la cultura africana" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, noviembre 2014, en http://caribeña.eumed.net/cuenteria-santiaguera/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.