LA DEFORESTACIÓN URBANA Y SU COLABORACIÓN A LA ISLA DE CALOR EN LA AVENIDA CARRANZA SAN LUIS POTOSI MÉXICO

Resumen
El objetivo principal de esta investigación fue aplicar una metodología que permitiera estimar los beneficios sociales y ambientales que las áreas verdes o arboradas brindan a sus usuarios y a la población circundante. Para ello se toma como caso de estudio la Avenida Venustiano Carranza, que constituye el corredor vial más importante de la Ciudad de San Luis Potosí, en el sentido centro-poniente de la mancha urbana. Sobre dicho corredor se ubicaron a lo largo de la primera mitad del siglo XX, diversas construcciones, primordialmente enfocadas a albergar a familias de las clases de estratos altos, aristócratas o de la nueva burguesía, como parte de los primeros procesos ecológico-residenciales que tuvieron lugar durante esa etapa de evolución de la ciudad. A partir de entonces y a lo largo de un siglo, dicho corredor urbano y los inmuebles originales, han enfrentado distintos impactos derivados de la presión del mercado inmobiliario, los cambios de uso de suelo y de la movilidad residencial, así como de los recientes cambios en el estilo de vida y de consumo de la población. Esta circunstancia ha impulsado una transformación económica, física y social de la Avenida Carranza, que la ha llevado a transformarse, de un hermoso y fresco recorrido arbolado, con una imagen paisajística de casas opulentas y majestuosas rodeadas de jardines, a una avenida comercial llena de imágenes publicitarias y enormes edificios [construidos o adaptados a costa del patrimonio histórico] y que, en las últimas décadas, observa un proceso de deforestación urbana y generación de islas de calor.
En un primer acercamiento al problema de investigación se calcula, a través de datos catastrales, la superficie de áreas verdes sustituida por construcciones durante los últimos setenta años; en particular, se analizó la afectación a palmeras y árboles con una antigüedad de más de medio siglo. Luego se calculó la superficie de árboles deforestados, infiriendo el estado de deterioro de ambiental y su contribución a la generación de calor sobre el corredor peatonal. Finalmente, se estimaron las variaciones de calor y humedad sobre esta avenida. Se presenta un avance de los primeros resultados sobre el proceso de deforestación y cambio de uso de suelo, y la consecuente generación de la isla de calor a lo largo de un corredor de 3 kilómetros. Se proponen escenarios y se elaboran algunas recomendaciones.
Palabras Clave: deforestación urbana, isla de calor, calidad de vida.

Los orígenes de la ciudad San Luis Potosí se remontan al período colonial, época en la que fue fundada el 4 de noviembre de 1592 en una región árida, casi seca, habitada desde tiempos prehispánicos por aguerridas tribus nómadas conocidas por el nombre genérico de chichimecas (Galván Arellano, 1999). En esa etapa inicial, la ciudad tenía aún muy poco que ver con la producción en sí misma y sus funciones eran de carácter superestructural, es decir, que su existencia respondía principalmente a la necesidad de control político y administrativo de la región por parte del gobierno de la colonia, cuyo objetivo primordial era el cuidado y atención de la actividad extractiva; su función entonces era actuar como fuerza política, ideológica y militar (Moreno Mata, 1989). En este orden de cosas, la ciudad de San Luis Potosí, se caracterizó, desde su origen,  por su traza ortogonal, favoreciendo el establecimiento de seis barrios indígenas alrededor de su núcleo, formados por diversos grupos étnicos (tlaxcaltecas, otomíes, tarascos y otros) quienes llegaron provenientes de zonas ya pacificadas del incipiente virreinato español (INAH, 2002). Al igual que otras ciudades novohispanas,  la fundación, planeación y modelo de la ciudad de San Luis Potosí se basó, con algunas variantes, en las Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias de 1573 (Galván Arellano, 1999: 31, 39).

Simplificando el esquema planteado por González Claverán (2009), para analizar la evolución de las plazas como espacio de significación, y con base en otros estudios que intentan caracterizar las etapas de crecimiento y desarrollo de San Luis Potosí, pero enfocados a periodos distintos (Galván Arellano, 1999; Moreno Mata, 1989 y 2009; Villar Rubio, 1998, entre otros), podrían ubicarse siete grandes etapas del crecimiento de esta ciudad: i) la Ciudad de la Ley de Indias o ciudad virreinal, que abarca de 1592 a 1799; ii) la Ciudad de la Independencia, cuyo periodo va de 1800 a 1845; iii) la Ciudad del Nuevo Orden (1845-1877); iv) la Ciudad del Porfiriato (1876-1910); iv) la etapa de la Ciudad Moderna (1910-1940) que inicia en el periodo revolucionario y continúa a lo largo de la primera mitad del siglo XX, y v) la etapa de la Ciudad Contemporánea o metropolitana que comprende, a su vez, dos periodos: de 1940 a 1970, que podríamos denominar vi) la Ciudad sectorial y vii) de 1970 hasta finales de los años ochenta, que sería el inicio de la Ciudad polarizada. Cabe una octava etapa, la Ciudad fragmentada, en la que nos ubicamos actualmente (Moreno Mata, 1989; 2009).

Durante el periodo de 1910 a 1940 se observan en la ciudad importantes transformaciones socioeconómicas que impulsaron una ligera expansión económica, la concentración de mano de obra y el desarrollo de un creciente mercado regional que reforzaron notablemente la economía urbana local. Al arribar este siglo ya se notaba un ligero crecimiento hacia el sur del centro antiguo, combinándose con un desplazamiento casi imperceptible hacia el norte y una incipiente ruta de crecimiento hacia el poniente (ver figura 1). Podría decirse que éstos son los orígenes de la Avenida Venustiano Carranza [AVC].

 

La etapa que va de 1940 a 1970 por dos fenómenos importantes: un notable incremento de las inversiones directas en las actividades productivas locales, que comenzó a imponer nuevos tipos de producción más especializados, y una nueva división y especialización del trabajo -esto último, al requerir de un alto grado de proximidad entre los componentes del proceso productivo, se reflejaría en cambios en los patrones de localización y uso del suelo-; y el desarrollo del sistema de fraccionamiento, que impulsó desde entonces nuevas formas de producción habitacional, la mercantilización y especulación con el suelo urbanizable, y el surgimiento de un poderoso sector inmobiliario privado (Moreno Mata, 1989). El modelo de crecimiento de la ciudad comenzó a hacerse más complejo, combinando el modelo concéntrico con el crecimiento radial y por sectores de ingreso, sentando las bases del actual proceso de segregación socioespacial que caracteriza a la zona metropolitana de San Luis Potosí (Moreno Mata, 2012).

En este contexto se desarrolla lo que ahora conocemos como la AVC. La avenida Carranza es conocida como uno de los recorridos peatonales arbolados más agradables de la ciudad de San Luis Potosí, rodeada de los jardines de las ostentosas casas de tipo colonial californiano que se construyeron en la primera mitad del siglo XX y de un paisaje de palmeras ubicadas sobre el camellón central de la avenida, de casi 3 kilómetros de extensión.

La AVC, comprende 25 manzanas que han atestiguado la historia y progreso de la ciudad. El nombre por el que actualmente la conocemos lo tomó a mediados o finales de la década de 1920. Antes, en 1864, la avenida llevó el nombre de Calle de Maltos, en el tramo comprendido entre la Plaza de Armas y hasta Reforma, situación que cambió en 1914, ya que como consecuencia de la celebración de los primeros cien años del inicio de la Guerra de Independencia, se le designó “Centenario de la Independencia”, aunque muchos potosinos solían llamarla simplemente “Centenario” (Galván Arellano, 1999).

En el periodo de presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) se instrumentó un programa de reformas sociales (González, 2004; citado por Valdez, 2004) que tuvo repercusiones en varias ciudades del país. Durante esa época, en San Luis Potosí comenzaron a desaparecer las huertas que sobrevivían de la calle Reforma y el jardín de Tequisquiapan. Así se origina la arquitectura de estilo colonial californiano en el barrio de Tequisquiapan,[1] (ver figura 2), proceso que tiene cierta similitud al ocurrido, en otro contexto, en las colonias Polanco y Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México), relacionando este espacio urbano con la localización de nuevos grupos de altos ingresos, la antigua clase alta y para algunas de las principales familias, que emigraron y viajaron a los Estados Unidos, gracias a la instalación del ferrocarril y por los disturbios revolucionarios (Moreno Mata, 1989; Valdez, 2004).

Las viviendas de este grupo social privilegiado fueron caracterizando la zona con un recorrido peatonal bajo la sombra de árboles frondosos y grandes jardines que bordeaban las casas de estilo colonial californiano. Además, se generó un interesante recorrido de palmeras de casi 3 kilómetros en la dirección centro – poniente. A diferencia de las viviendas antecesoras pegadas al paño de banqueta estas viviendas estaban sembradas a 10m al fondo del terreno y en extensiones de predio tales que permitían al jardín bordear por los cuatro lados a la vivienda, generando un paisaje urbano representativo del auge económico del país en la década de los 40´s (ver figura 3).

 

De lo anterior se deriva que aún se utilicen expresiones como salir a “carrancear”, que refieren a un recorrido de prosperidad económica donde los jóvenes descontextualizan su realidad y arriban aunque sea momentáneamente a otro nivel económico.

Durante el periodo de 1910 a la fecha, el corredor urbano AVC y los inmuebles originales ubicados en su transecto, han enfrentado distintos impactos derivados de la presión del mercado inmobiliario, los cambios de uso de suelo y de la movilidad residencial, así como de los recientes cambios en el estilo de vida y de consumo de la población.  Esta circunstancia ha impulsado una transformación económica, física y social de la Avenida Carranza, que la ha llevado a transformarse, de un hermoso y fresco recorrido arbolado, con una imagen paisajística de casas opulentas y majestuosas rodeadas de jardines, a una avenida comercial llena de imágenes publicitarias y enormes edificios [construidos o adaptados a costa del patrimonio histórico] y que, en las últimas décadas, observa un proceso de deforestación urbana y generación de islas de calor.

Uno de los problemas que más afecta a la AVC es un acelerado proceso de deforestación y ocupación del suelo por actividades económicas [principalmente comercios, bares, restaurantes y otros establecimientos del sector servicios], en demérito del uso del suelo habitacional y de las superficies arborizadas.  De lo anterior nos preguntamos ¿qué significa para la ciudad la deforestación de esta avenida?

 

Algunos conceptos básicos

 

En el marco de referencia descrito, a continuación se abordan algunos conceptos que permiten ubicar las preguntas de investigación: ¿dentro de un ecosistema urbano, cuáles son los beneficios socioambientales de la arborización? ¿qué es y cómo se comporta una isla de calor? ¿qué medidas se pueden implementar a estas alturas del partido?.

 

El ecosistema urbano

 

La ciudad es el resultado de las alteraciones provocadas por el ser humano al ambiente natural, como consecuencia de la concentración de sus viviendas y de las actividades de intercambio, servicios, utilización y transformación de los recursos naturales para su beneficio; a dichos efectos se les conoce como impacto de las actividades antropogénicas. También se debe considerar que dichas actividades, al transformar el medio, están modificando el hábitat natural, en favor de un hábitat nuevo, un nuevo ecosistema: el medio urbano (Nacif, 1992).

De acuerdo a (Cobo, 1997) la ciudad es un socio-ecosistema integrado, en el que interactúan en forma interdependiente los distintos componentes bióticos (organismos vivos como los animales, plantas, insectos, etc.) con los abióticos (el suelo, agua, aire). Estos procesos naturales, a su vez, se interrelacionan con el componente humano-social.

Por lo tanto, para realizar una planificación y gestión urbana adecuadas, hay que empezar por considerar y entender al ecosistema de la ciudad. Éste tiene un funcionamiento y unos procesos complejos e interrelacionados, pues nada actúa de manera aislada. La intervención sobre una parte del mismo afectará a todo el sistema; hay que buscar las interrelaciones y considerar sus diversidades y su dinámica. Esto nos ayudará a conocer las causas de los problemas, a plantear las estrategias de solución y a ejecutar las acciones de una manera más exitosa.

La forestación urbana es uno de los componentes del ecosistema urbano integral. En la mayoría de las definiciones se resalta al árbol como el único elemento de plantación, cuidado y manejo. Aquí se considera que el concepto “árbol” debería integrar, como un sistema relacionado, a todo tipo de vegetación plantada por el hombre en el espacio “ciudad”: flores, césped (e incluso pastos), huertos y cultivos agrícolas.

 

La arborización urbana y sus beneficios

 

Se puede hacer una larga lista de los beneficios y valores asociados al bosque urbano; algunos de éstos serán más importantes en unos casos que en otros; incluso, lo que se ha considerado beneficioso por una comunidad determinada puede ser percibido como nocivo por otra. Sin embargo, existe consenso en que, en la actualidad, la forestación urbana representa grandes beneficios y valores de carácter ecológico, social, material y financiero (Cobo, 1997). Entre los beneficios ecológicos que se pueden atribuir a la presencia del árbol en un ambiente urbano se puede mencionar el mejoramiento de la calidad del suelo, pues los árboles le aportan la materia orgánica y los nutrientes que ayudarán a mejorar su textura y calidad nutritiva, lo cual será beneficioso para las plantas mismas. Por otro lado, los árboles son importantes para disminuir la erosión, tanto por la acción directa de su sistema radicular como por la protección contra los efectos del viento, actuando como cortinas rompe viento. Otros de los beneficios ecológicos de los árboles es la mejora en la calidad del aire y la retención de la humedad. Los suelos cubiertos de vegetación filtran el agua y las plantas, además, transpiran humedad.

Sin embargo, es importante recordar que los árboles, por sí solos, no limpiarán nuestras ciudades de la contaminación atmosférica, y que para lograrlo son necesarias otro tipo de medidas de carácter político y social.

Entre los beneficios sociales hemos de tener en cuenta, la recreación física y mental. El embellecimiento que traen los árboles a una ciudad sirve no solamente como una mejora de su imagen estética, sino que, además, ayuda a establecer o recuperar el espíritu de identidad cultural o cívica entre sus habitantes, o entre los pobladores de un determinado barrio. Resulta también pertinente incluir aquí entre los beneficios sociales, el valor educativo que determinadas áreas urbanas con vegetación poseen para sus habitantes.

Además, los árboles y los arbustos pueden ser útiles para reducir el ruido, separar propiedades privadas dándoles una mayor privacidad. Los árboles pueden ser aprovechados también, para disminuir los impactos micro-climáticos (calor del sol, vientos fuertes, etc.). El habitante encontrará sombra bajo un árbol, y éste le protegerá de la lluvia.

 

La isla de calor en las ciudades

 

La isla de calor es una situación urbana, de acumulación de calor por la inmensa mole de hormigón, y demás materiales absorbentes de calor; y atmosférica que se da en situaciones de estabilidad por la acción de un anticiclón térmico. Se presenta en las grandes y medianas ciudades y consiste en la dificultad de la disipación del calor durante las horas nocturnas, cuando las áreas no urbanas, se enfrían notablemente por la falta de acumulación de calor.[2] El centro urbano, donde los edificios y el asfalto desprenden por la noche el calor acumulado durante el día, provoca vientos locales desde el exterior hacia el interior. Comúnmente se da el fenómeno de elevación de la temperatura en zonas urbanas densamente construidas causado por una combinación de factores tales como la edificación, la falta de espacios verdes, los gases contaminantes o la generación de calor. Se ha observado que el fenómeno de la isla de calor aumenta con el tamaño de la ciudad y que es directamente proporcional al tamaño de la mancha urbana (Curtis et al. 1999), ver figura 5.

 

Las islas de calor aumentan la amenaza a la salud pública por acrecentar directamente la temperatura e indirectamente los niveles de  concentración de ozono a nivel del suelo.  Las personas de alto riesgo por el calor extremo son los ancianos, los niños y las personas con enfermedades respiratorias preexistentes. Las personas que viven en casas con techos oscuros y sin aire acondicionado también pueden ser más vulnerables que la población en general.

Los árboles y la vegetación contribuyen al embellecimiento, distinción y plusvalía de las comunidades por incorporar el ambiente natural al urbano. Además enfrían las áreas aledañas por incrementar la evapotranspiración, un proceso natural que dispersa el calor por la evaporación de la humedad en las hojas. Los árboles plantados junto a las casas y otros edificios proporcionan sombra, enfrían los interiores de los edificios y reducen la demanda de energía para aire acondicionado. Los árboles y la vegetación plantados a lo largo de camellones y banquetas pueden disminuir las emisiones de los autos y evitar la contaminación del aire.

Los jardines en los techos o techos verdes también pueden mitigar las islas urbanas de calor mientras aumentan la eficiencia de energía y el atractivo de los edificios, ver figura 6.

 

En los últimos años, a raíz de las cada vez más intensas olas de calor que afectaron importantes ciudades norteamericanas y europeas (2003-2010), el análisis de las islas térmicas urbanas, caracterización su intensidad y extensión vertical (atmosférica) y horizontal (superficial). En años reciente, el interés en las islas de calor se ha incrementado entre las comunidades de científicos que estudian el ambiente y el clima urbano, debido fundamentalmente a que el impacto de las olas de calor, se ve magnificado por la formación de la isla térmica en las áreas urbanas. La caracterización vertical del fenómeno de la isla térmica urbana, depende de una red compleja de estaciones hidroclimáticas, radiómetros y sondeos verticales atmosféricos, que permiten el modelaje de los cambios atmosféricos sobre el medio urbano (EPA, 2009). En los países del ámbito latinoamericano no es frecuente el uso de estas técnicas, debido a la insuficiencia de las redes y el costo de otras opciones de detección. En estos casos, el uso de sensores remotos con banda térmica, ha resultado una opción científica viable para analizar a nivel de superficie, la formación de la isla térmica urbana y estimar la extensión espacial e intensidad del fenómeno (Voogt and Oke, 2003, cit. por EPA, 2009). La ocurrencia de estos eventos de calor, que se intensifican por la formación de la isla térmica urbana, sucede en la mayoría de los casos durante la temporada de verano en las latitudes subtropicales o en la época de sequía en las latitudes tropicales.

El aumento de la incidencia dela radiación solar, asociado a las condiciones meteorológicas de la temporada de sequía o de verano (altas presiones, cielos claros), origina también un aumento del calor superficial, que incrementa el nivel de estrés hídrico dela vegetación, la deshidratación del suelo y la sequedad del aire. En consecuencia, estos eventos de calor se acompañan también de una alta incidencia de incendios forestales y otros fenómenos atmosféricos como la calima, por el aumento de material particulado en suspensión y la intensificación de la niebla por el humo de los incendios, que ocasiona un incremento en la morbilidad y mortalidad por patologías asociadas al calor, cuadros alérgicos y respiratorios (CDC, 2010). Según las previsiones de importantes agencias ambientales y climáticas como el Panel Intergubernamental de Cambio Climático-IPCC(IPCC, 2007) y la Organización Mundial de Meteorología-OMM (OMM,2011), la intensificación en la ocurrencia de las olas de calor puede estar vinculada a los efectos del cambio climático, de allí la importancia de monitorear estos eventos, así como la intensidad y extensión de la isla térmica en las áreas urbanas. En el contexto latinoamericano esta labor reviste particular importancia, debido a que las ciudades en el año 2010, albergaban alrededor del 90% de la población (United Nations, 2009,)

La variabilidad en los patrones de la temperatura superficial observada en los espacios urbanos con sensores remotos, es inherente a su heterogeneidad como mosaico urbano. Diferentes tipos de coberturas, con características físicas distintas de reflectancia, absortividad, difusividad térmica, y factores como el ángulo de incidencia solar, la orientación respecto al desplazamiento solar, entre otras, son algunas de las causas de estas diferencias. La ventaja de este tipo de técnicas respecto a las convencionales, es la posibilidad de cubrir grandes superficies y adicionalmente, integrar datos digitales y vectoriales en un sistema de información geográfica-SIG para realizar análisis complementarios como índice de vegetación de diferencia normalizada (NDVI), que mide el estrés hídrico de la vegetación y los análisis de detección de cambios, que cuantifican e identifican los sectores donde se verifican los mayores cambios. En términos de la gestión del riesgo asociado a la ocurrencia de eventos extremos de calor, la producción de mapas térmicos posibilita la identificación de las áreas expuestas a mayor riesgo, y contribuye con el diseño de estrategias de mitigación y/o de atención a la población. Las islas térmicas urbanas suelen asociarse con anomalías superficiales de temperatura, por ello, es primordial su cuantificación y caracterización, ya que son indicadores importantes de cambio, bien sean positivas +o negativas – , es decir, por encima o por debajo de los valores medios

 

Metodología

 

Los proyectos de arbolado urbano ya sea en calles, plazas, parques u otras áreas verdes tienen como propósito, por una parte, lograr que éstos se conviertan en elementos estructuradores del espacio urbano y contribuyan al mejoramiento de la calidad ambiental de las ciudades, sobre todo como elementos descontaminadores de la atmósfera; y por otra, dar solución a la escasez de espacios públicos de esparcimiento, donde se espera que se dé prioridad a los sectores de poblaciones de más escasos recursos. Normalmente, este tipo de proyectos se evalúan en términos de rentabilidad económica, pero no incluyen los beneficios sociales y ambientales que de ellos derivan. Para suplir esta limitación, diversos trabajos proponen una serie de indicadores que permiten evaluar los impactos físico/biológicos de la pérdida de arborización. Con el objetivo de subsanar esta deficiencia, esta investigación se propone evaluar la pérdida de espacio permeable de jardines en la AVC y la pérdida de área arbolada.

En nuestro caso, se aplicaron algunos instrumentos del análisis del paisaje urbano, apoyados con la metodología planteada por De la Maza y Cerda (2009), que utiliza un sistema de puntajes basado en los atributos y condiciones bio-físicas de los parques y las condiciones sociales o de distribución espacial de áreas verdes, y su relación con el marco construido de la ciudad, dando como resultado una clasificación de espacios de arbolado con impacto socio -ambiental alto, medio o muy bajo.

La metodología considera entre los atributos bio-físicos a la capacidad del arbolado de: i) captar contaminantes (principalmente material particulado y dióxido de carbono); ii) regular la temperatura (evitar efecto “isla de calor”), contribuir a disminuir la pérdida de biodiversidad (facilitando el flujo genético), iv) contribuir a la disminución de la erosión, y v) contribuir a la disminución de la isla de calor (De la Maza y Cerda, 2009).

En cuanto a condición ambiental se consideraron los niveles de contaminación atmosférica. Las condiciones sociales se refieren concretamente a los m2 de áreas verdes/habitante en la localidad en que el proyecto de arbolado esté inserto, y al ingreso per cápita promedio de sus habitantes. En este documento se presenta un avance de los resultados de algunos indicadores derivados de esta metodología.

En un primer acercamiento al problema comenzaremos por conocer, a través de datos catastrales (1940-2013), la superficie de aéreas verdes sustituida por construcciones durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del presente siglo. En una segunda etapa se calcularon los m2 de árboles deforestados, infiriendo con estos datos el estado de deterioro de ambiental y su contribución la isla de calor sobre el corredor peatonal de la Avenida Venustiano Carranza. En una tercera etapa se estimaron las variaciones de calor y humedad sobre la AVE.

 

Caracterización de los lotes entre los ejes A-F

 

Los nuevos fraccionamientos ubicados en torno a la AVE, que van desde el jardín de Tequis hasta el parque de Morales, presentaban como característica ser lotes de entre 1,500 y 3,000 m2 con excepciones de lotes mucho mayores. En la mayoría de los casos presentaron viviendas de 200 m2 de construcción en planta baja, lo que permitía ocupaciones de suelo del 12% del terreno en promedio, originando jardines al frente y costados de la vivienda y la continuación de pequeñas huertas atrás con árboles frutales, un pozo y jardines (ver figura 7).

 

En la actualidad no sólo se construyen sobre esta avenida los principales edificios elevados de la ciudad; al mismo tiempo se ha cambiado la ocupación de suelo de tipo habitacional por otros usos, en el orden de un 70%, perdiéndose por esta razón el 58% de superficies permeables y disminuyendo el albedo por su capa vegetal. El restante 30% de superficie no construida sufre un incremento de sustitución de jardines por planchas de concreto para uso de estacionamiento de los locales comerciales y negocios de la zona.

 

El inventario de árboles sobre las aceras Norte y Sur hasta los 90´s era de 480 árboles de más de 50 años,  con copas de 8 metros de diámetro, de diversas especies.

En la actualidad existen 32 árboles en la acera Norte y 41 en la Sur,  encontrando como principales causas de la deforestación: el daño que las raíces producen sobre las aceras (30%); la pérdida de visibilidad de las personas de los comercios en 24%, e incrementa el riesgo por los vientos estacionales y por ya no contar con raíces en 6%; derribado por vientos 2%; accidentes automovilísticos 2%, o por ninguna razón aparente 36%.

 

El caso de las Palmeras del camellón de la Avenida Carranza

 

Sobre el camellón de la avenida AVC se encontraban hasta junio del 2011 una cantidad de 322 palmeras de tipo datileras con una edad promedio de más de 40 años y alturas de 14 metros y un diámetro de palmas de 5 metros, en el 2011 se sucintaron una serie de acontecimientos que llenaron los diarios de la ciudad, el más evidente fue la tala de 300 palmeras (93%), los argumentos fueron diversos entre los que destacaron: una epidemia de la plaga pico rojo la cual invadió a 158 palmeras (Express: 2011), 10 palmeras incendiadas por piromaniacos (Pulso SLP, 2011), una cantidad no registrada por estar en contacto con el cableado público y ocasionar cortos en la anterior temporada estacional de vientos. Por último, la nota más escandalosa fue la registrada por Antena San Luis (2013), que afirmaba que un funcionario público municipal le otorgó sin licitación previa a su suegro el negocio de la venta y colocación de las 300 palmeras que remplazarían a las taladas.

Actualmente existen 315 palmeras de las cuales 12 son de una edad de más 40 años y son de la especie datilera, con alturas de más de 14 metros, y copas de 5 metros; 7 palmeras de 5 metros de altura con edades de 10 años, aproximadamente; 188 palmeras de escasos 2 metros de altura, de reciente colocación [éstas de la especie Real], las cuales sustituyeron a las taladas; muchas de ellas aún sin copas ya que están recién instaladas.

En resumen, se observa que en que la AVC, existe un tramo de 3 kilómetros de longitud, en el que aprecia una elevada deforestación de palmeras, en un porcentaje de 93%, de árboles de copas grandes en 85%, y se han construido nuevas edificaciones sobre un 78% de la superficie anteriormente destinada a jardines. Todo ello en los últimos diez años, disminuyendo una superficie aproximada de 33,740 m2 de sombra y beneficios ambientales de la arborización urbana, así como 351,000 m2 de jardines, que han sido sustituidos por nuevas construcciones y concreto para estacionamiento, lo que representa 7 veces el tamaño de la Alameda Central Juan Sarabia, de San Luis Potosí.

 

¿Cómo contribuye esta deforestación a la isla de calor?

 

La dirección de los vientos en la temporada de mayor calor en la Ciudad de San Luis Potosi, es de este a oeste (Aguillón: 1996), esta es la dirección en la que ubica la AVC. En consecuencia, al perder vegetación también se han perdido humedad, sombra, hábitat de seres vivos, color, habitabilidad, identidad, volumen de filtrado de micropartículas contaminantes, entre muchas otras cosas.

¿Qué se ha ganado?: más área gris, ruido, reflexión en los pisos, radiación solar sobre los transeúntes [que contribuye notoriamente a la contaminación atmosférica y eventualmente a la inversión térmica], espacio visual para ver los horribles espectaculares que nos incitan al consumo, velocidad de vientos y, sobre todo, disminución del espacio permeable para la captación de agua de lluvia hacia el subsuelo y a  nuestro manto friático cada vez más agotado.

 

Conclusiones y recomendaciones

 

Considerando a la ciudad como un ecosistema integrado en el que se interrelacionan los distintos componentes bióticos, abióticos y humanos, es importante lograr que el impacto y la transformación del ambiente urbano por parte del hombre sea el más apropiado para mantener un ecosistema equilibrado.

La arborización urbana debe integrarse a la planificación de la ciudad, de los servicios municipales como la infraestructura urbana, el suministro de agua potable, la energía eléctrica, etc., y de cada nueva urbanización o solución habitacional (ver figura 10).

 

Una correcta planificación de las labores de forestación deberá contemplar siempre una serie de actividades fundamentales: recolección de información, diagnóstico del problema, planteamiento de metas y objetivos, definición y selección de las alternativas más apropiadas, diseño y ejecución de los proyectos y, por último, la evaluación de los mismos.

Es importante, además, que exista un soporte legal y administrativo. Es necesaria la existencia de ordenanzas y leyes que mermen la arborización y la protección de los árboles. Debe haber una organización institucional municipal que disponga de los técnicos y administradores necesarios para que realicen de una manera eficiente el necesario manejo de la información y del personal, de los aspectos financieros, de las relaciones públicas, etc.

Debemos aprovechar, también, el actual discurso ecologista de los políticos locales y nacionales; y tratar de convencerles de la importancia y necesidad de la arborización urbana. Hay que intentar obtener su apoyo, económico y político, para poder concretar y realizar acciones de arborización que permitan mejorar el ecosistema de la ciudad.

La arborización urbana es una actividad que puede cumplir muchos objetivos, y servir a múltiples propósitos públicos, y conseguir recursos. En nuestras ciudades, donde los recursos técnicos y económicos son insuficientes, es necesario que todas las organizaciones públicas y privadas, las asociaciones de vecinos y la empresa privada se unan para trabajar coordinadamente; sólo así se podrá compartir los recursos, disminuir los costos y maximizar los esfuerzos para hacer que reverdezcan nuestras ciudades.

 

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Villar Rubio, Jesús (1998): El centro histórico de la ciudad de San Luis Potosí y la obra del ingeniero Octaviano Cabrera Hernández, Editorial Universitaria Potosina, San Luis Potosí, México.


[1] Las características básicas del estilo neocolonial son: inspiración en la arquitectura barroca de México; imitación de ornamentos de fachadas; uso de ciertos materiales: azulejos-vidriado, tezontle, cantera, chiluca, hierro forjado (en balcones), madera, (puertas y ventanas), mayólica en (en remates y pináculos); ejemplo de elementos estructurales del siglo XVIII, esquema de patio interno y habitaciones perimetrales.  Las características de estilo colonial californiano son las del neocolonial, pero en un aspecto más caricaturesco (Valdez, 2004). Ambos estilos se manifiestan sobre la Avenida Carranza, teniendo como afinidad las aceras de 5 m de ancho y un camellón al centro.

 

[2] Las islas de calor o islas térmicas urbanas, se refieren al gradiente térmico que se observa entre los espacios urbanos densamente ocupados y construidos y la periferia rural o peri-urbana. El patrón espacial clásico de la isla térmica urbana es concéntrico (EPA, 2009), o en forma de domo si observáramos una sección transversal de la ciudad, con más altas temperaturas en las áreas más céntricas o densamente construidas, que descienden progresivamente hacia la periferia (Figura 4). Este patrón o gradiente térmico, se asocia a una progresiva pérdida del entorno vegetal natural, intra y peri-urbano, substituyéndolo por superficies impermeables, como el concreto, asfalto, ladrillo y otros materiales de construcción, que alteran el balance hídrico y radiativo superficial, lo que induce, en consecuencia, a un aumento de la temperatura en las áreas urbanas.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Lárraga Lara, Rigoberto: "La deforestación urbana y su colaboración a la Isla de Calor en la avenida Carranza San Luis Potosi México" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, junio 2014, en http://caribeña.eumed.net/deforestacion-urbana/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.