LA PROYECCIÓN BIOÉTICA HACIA LOS DISCAPACITADOS MENTALES

RESUMEN
Desde el nacimiento mismo de la humanidad existen personas que poseen alguna afectación física, psíquica, sensorial o visceral que los hace diferentes de su comunidad, esta divergencia ha provocado que en algunas comunidades se ha producido desde el despeñamiento de los niños que nacían con una discapacidad en Esparta, pasando por el encierro en verdaderas fortalezas y ciudades amuralladas donde se guardaban y escondían a centenares de personas con algún tipo de discapacidad en Francia, el abandono de los miembros no capaces para valerse por sí mismos cuando las circunstancias obligaban a una emigración en las tribus americanas del Pacifico. Una excepción, en el mundo entero, la constituyó la tribu de indios Pies Negros, de Norteamérica, que cuidaba de sus miembros impedidos aunque ello representase un sacrificio para los intereses comunes, desde entonces mucho se ha avanzado en la premisa de que “lo normal es ser diferente”, pero mucho falta para lograr que todas las personas con discapacidad sean consideradas como sujetos de iguales derechos que el resto de los ciudadanos y no ser objetos de caridad, lástima o peor aun, indiferencia.
PALABRAS CLAVES: Bioética-Derecho-discapacidad- retraso mental-inserción social.
ABSTRACT
Since the humanity’s annals there are some people with physical, psychic, sensorial or visceral affectation, that makes them different from their community; this divergence exist it has caused that in some communities he/she was murdered like on Esparta, or has been confinement in true strengths and walled cities where they stayed and they hid to hundreds of people with some incapacity type in France, or the abandonment of the non capable members to be been worth by themselves when the circumstances forced to an emigration in the American tribes of the Pacific. An exception, in the whole world, constituted it the tribe of Indians Black Feet, of North America that took care of its handicapped members although represents it a sacrifice for the communities interests. Since those years, there are a lot advanced in the premise that “the normal thing is to be different”, but a lot of lack to achieve that all the people with incapacity are considered as subject of right equals that the rest of the civic ones and not to be objects of charity, pity or worse even, indifference.
KEY WORDS: bioethics- law- incapacity- mental retard- social insertion.

DESARROLLO

La exclusión de las minorías es todavía en el mundo globalizado actual un problema social, a pesar de innumerables convenios, declaraciones y tratados internacionales reconociendo los derechos humanos, los inherentes a la personalidad, los derechos de los niños y las niñas, de los discapacitados, de los enfermos mentales, entre otros. Aun se excluye por concepto de religión, raza, idioma  y condición humana.

Más de mil millones de personas en el orbe padecen alguna discapacidad y al menos la quinta parte de ellas deben superar obstáculos importantes, aproximadamente el 15 por ciento de la población mundial[1].

Estigmatización y discriminación, falta de atención de salud y servicios de rehabilitación adecuados, inaccesibilidad a prestaciones de transporte, edificios y tecnologías de comunicación, así como el nivel sanitario, los logros en educación y las oportunidades económicas de esos individuos son inferiores, y sus tasas de pobreza más altas.

Hoy se vulneran los derechos de aquellos que se consideran desemejantes, se les priva a estas minorías de iguales oportunidades que al resto de los seres humanos. Entre los grupos más vulnerables a la segregación están los discapacitados y entre estos, los discapacitados mentales. La falta de educación de los agentes que interactúan con ellos provoca estigmas y falsos reconocimientos que los minimizan como seres humanos.

Las personas que sufren de una enfermedad mental deben gozar de los mismos derechos humanos y libertades básicas que los otros ciudadanos. No deberán estar sujetas a una discriminación por una enfermedad mental[2].

Muchas de estas personas resultan ser hijos concebidos en el amor de la pareja, esperado con ansias su nacimiento y tras la inmensa alegría de esa noticia, solo conocida por los que ya fueron padres, llega la triste noticia del nacimiento con discapacidades del bebé. Eso provoca un intenso dolor que nunca pasará, aprenderán a vivir con él y la sensación de que el mundo te ha caído encima. A todos les surge la misma pregunta ¿por qué a mí? Luego estarán tan inmersos en su cuidado que apenas mirarán a los lados, los años pasarán y ya solo se conformaran con que la niña o el niño goce de buena salud, hacerle la vida lo más placentera posible y mejorar su calidad de vida.

En tal empeño y quizás sin conciencia, comienza a jugar su papel la Bioética, porque a cada paso se preguntarán. ¿Se está haciendo lo correcto, el tratamiento es el más idóneo, se le estará causando sufrimiento o dolor, es más beneficioso o perjudicial, estamos cuidando adecuadamente sus intereses, su persona y respetando su dignidad?

Esas interrogantes casi nunca tienen respuestas, no obstante tendrán que seguir adelante en su empeño de proteger a los hijos y las hijas. Todas la preguntas hechas y muchas otras se acrecientan cuando la vida les priva del ser querido, entonces comenzará una recapitulación total de todo lo sucedido desde el momento mismo del nacimiento, cuánto se ha hecho y cómo,  qué faltó por hacer, dónde estuvo el error y es que esa pérdida es devastadora e irreparable; aunque se haya hecho todo lo necesario, no hay conformidad, solo resta tener fe y esperar.

Ya se ha dicho que las circunstancias sociales, ambientales y humanas del grupo donde se desarrolle o viva el incapaz son determinantes, ya sea la familia, la escuela o la institución donde haya sido acogido. Un ejemplo de enfermedad que provoca una incapacidad total es el Síndrome congénito Smith-Lemli-Opitz, que es un trastorno en el metabolismo del colesterol, que provoca malformaciones de diversa índole y un retraso mental profundo, con todo lo que tales anomalías traen aparejadas, pero que en definitiva convierte al paciente en un discapacitado físico y mental, que jamás podrá regir sus actos, administrar sus bienes o decidir a qué tratamiento médico se somete y a cuál no, o tomar cualquier otra decisión cotidiana.

En tales casos le corresponde generalmente a los padres decidir por la persona discapacitada mental, decisión generalmente basada en los principios éticos de los primeros, poniendo en riesgo la autonomía y el bienestar de aquel por quien responden.

Los sujetos discapacitados mentales son los que más sufren como consecuencia de las relaciones asistenciales y educativas en las que se siguen reduciendo a meros pacientes u objetos de atención por parte del personal que interactúa con ellos y deben recibir un trato profesional, humano y digno.

La Bioética persigue la promoción y el respeto de los valores humanos en la investigación y la práctica científica sobre cuya base se desarrollan las ciencias de la vida, especialmente, en el campo de la atención sanitaria. Pese a la transformación de las relaciones sanitarias de verticales en horizontales, a la lucha contra el paternalismo, la realidad muestra que aún se está lejos de respetar los derechos, la autonomía y la dignidad de los pacientes, expresión de que la desigualdad sigue rigiendo las relaciones interpersonales.

Desde el nacimiento mismo de la humanidad, las personas con discapacidades han sido objeto de discriminación, segregación e incluso, prácticas eugenésicas. Los deficientes mentales, como todos los afectados por algún tipo de minusvalía, han estado expuestos más que ningún otro grupo humano, a las corrientes filosóficas, a las consecuencias sociopolíticas y a los modelos antropológicos reinantes en cada momento histórico[3].

No es hasta el siglo XIX que se produce un despertar de la sensibilidad de algunos pedagogos, médicos y filósofos que se dedican al estudio de las patologías de aquellos individuos que son distintos y promueven la reinserción de los deficientes mentales hasta donde sus potencialidades les permitieran a través de ensayos terapéuticos y pedagógicos.

Con anterioridad a 1800, la discapacidad mental no se tenía en cuenta como un problema científico ni social. Los discapacitados mentales fueron siempre estigmatizados, considerados que eran producto de alguna artimaña diabólica, castigo, pero siempre considerados seres inferiores[4].

En la segunda mitad del siglo XX se comienza a brindar una atención diferenciada e incluso integral a los disfuncionales, en sentido general y a los minusvalidos mentales, en particular. Paulatinamente se comienzan a establecer políticas y a profundizar en estudios psicopedagógicos, genéticos, jurídicos y culturales, con el fin de darles el tratamiento adecuado y mejorar su calidad de vida. Este interés se reafirma a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y del surgimiento de la Bioética como rama interdisciplinaria.

Aún cuando los progresos científicos cada vez son más sorprendentes nacen niños discapacitados con enfermedades congénitas poco o nada conocidas y que son indetectables comúnmente, al menos por ahora.

La evolución de los avances científicos y tecnológicos, a los que hemos hecho referencia, ha permitido al hombre adquirir conocimientos insospechados no sólo sobre sí mismo, sino también sobre el mundo que lo rodea. En dicha evolución, la Bioética adquiere un rol de características relevantes puesto que está llamada, de alguna manera, a señalar límites al poder de la ciencia y dar respuestas que compatibilicen a ésta con la dignidad de la persona, incitando a una constante reflexión sobre su impacto en las relaciones sociales y en el propio ser humano.

La Bioética como rama interdisciplinaria, ha venido a crear un espacio de reflexión y discusión alrededor del utilitarismo en el tratamiento médico y jurídico a los discapacitados mentales, así como al ejercicio de sus derechos, en los que a la par de los conocimientos científicos y la tecnología desarrollada actualmente, la Bioética pretende erigirse como concibiera su principal creador Van R. Potter, “como un puente hacia el fututo, pero no un puente cualquiera, sino el que enlazará el más avanzado conocimiento biológico con la más comprometida reflexión ética”[5], estableciendo un compromiso moral hacia las personas con discapacidad, sobre todo aquellas que carecen de capacidad legal al no poder administrar sus actos por padecer un retraso mental profundo que les priva de disentimiento sobre su conducta y tratamiento.

“La Bioética debiera ser vista como el nombre de una nueva disciplina que cambiaría el conocimiento y la reflexión. La Bioética debiera ser vista como un enfoque cibernético de la búsqueda continua de la sabiduría, la que yo he definido como el conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia humana y para mejorar la condición humana. En conclusión les pido que piensen en la Bioética como una nueva ética científica que combina la humildad, la responsabilidad y la competencia, que es interdisciplinaria e intercultural y que intensifica el sentido de la humanidad”[6]

Después de la familia y en primera instancia, ante la ausencia o indiferencia de ésta, corresponde al Estado velar por el bienestar general de los discapacitados. Su función no se debe circunscribir a ayudar a las familias a atender de la mejor forma a las personas con deficiencias físicas y/o mentales, sino que tiene la responsabilidad de brindarle apoyo médico, social y logístico. Solo los que padecen o tienen una persona con minusvalía saben todo lo que ello implica, pero esto no basta es necesario guiarlos por los caminos correctos y asegurarles jurídicamente su protección.

El derecho a tener una vida de calidad aceptable, a merecer un trato respetuoso, a ser auxiliado en las enfermedades y en otros infortunios no se ha convertido, lamentablemente en un hecho natural para la sociedad, a pesar de ser reconocido y tutelado como un derecho humano y fundamental. La persona no sólo tiene derecho a la vida sino también a tener una vida digna, moralmente posible, dentro de determinados parámetros de calidad. De nada sirve aseverar que la persona tiene dignidad y no precio si termina siendo objeto de las finalidades familiares, sociales, institucionales. Ella debe ser el valor supremo, y para serlo se necesita cumplir con dos principios esenciales, previstos en los instrumentos de derecho internacional, a saber: el principio de libertad y de igualdad.

Han llegado y han pasado incontables civilizaciones sin detenerse a reflexionar para definir los derechos humanos y menos aún para defenderlos. Padres de la Iglesia, juristas y filósofos han escrito durante siglos sobre los derechos del hombre, intentando darles una fundamentación teórica[7], preocupación que llega hasta nuestros días, en que no obstante el tiempo transcurrido desde la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 no se ha dejado de reflexionar sobre el tema, ni tampoco de violar estos derechos.

Los derechos que persiguen garantizar una vida humana de calidad no son una excepción en este sentido. La cuestión se agrava cuando se trata de grupos humanos muy vulnerables, de aquellos que siguen siendo discriminados por su condición de discapacitados mentales.

El número de discapacitados va en aumento en el mundo, lo que se debe al envejecimiento de las poblaciones y al aumento de los problemas de salud crónicos asociados a una discapacidad, como es el caso de la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o las mentales[8].

Entre 110 y 190 millones de los discapacitados se enfrentan a barreras que van desde el estigma y la discriminación hasta la ausencia de adecuados servicios de atención sanitaria y rehabilitación, pasando por sistemas de transporte o edificios inaccesibles[9]. El informe, que es el primero global que se publica sobre este problema en 40 años, destaca que muy pocos países cuentan con mecanismos adecuados para responder a las necesidades de las personas con discapacidad.”, “Hemos de esforzarnos más en romper los obstáculos que segregan a las personas con discapacidades, que en muchos casos las arrinconan en los márgenes de la sociedad”, aseguró la directora general de la OMS, “La discapacidad forma parte de la condición humana”, afirmó Margaret Chan, Directora General de la OMS. “Casi todos nosotros tenemos alguna discapacidad, temporal o permanente, en algún momento de la vida”.

Cuba realizó una investigación que integró los métodos clínicos, epidemiológicos, sociales y pedagógicos, que caracterizó a todas las personas con retraso mental y otras discapacidades a través de la participación activa de las comunidades, a los efectos de conocer e interpretar las necesidades y problemas de las personas con discapacidades mentales y trazarse tareas encaminadas a la solución de los mismos, asimismo el estudio permitió conocer a cada uno de los discapacitados, evaluar sus características bio-psico-sociales y estudiar los factores causales de la discapacidad intelectual o retraso mental.

Este estudio arrojó que en el año 2003, existían en Cuba, 226 375 personas con discapacidades físico motoras, visuales, auditivas, mentales, viscerales y mixtas, así como aspectos psicopedagógicos, sociales y clínico genéticos en las 140 489 personas con diferentes grados de retraso mental, para un total de 366 864 personas discapacitadas en el país[10].

La discapacidad mental leve, moderada, severa y profunda, tiene sus causas en alteraciones metabólicas, cromosómicas, de formación, lesiones cerebrales, epilepsias y factores socioculturales, abarca una gama de patologías y se manifiesta en distintos niveles: el de la deficiencia, el de las limitaciones de la actividad y el de las restricciones de la participación.

Las definiciones y clasificaciones que subsisten en el área de la discapacidad, dan cuenta de un atributo personal y de problemas particulares; y en la medida en que nos acercamos a la perspectiva social el atributo se convierte en limitación vital y en problema social[11].

Muchas veces se confunden los términos a la hora de referirse a las personas que sufren alguna deficiencia, discapacidad o minusvalía; creyendo en muchos casos que los tres eventos son lo mismo, es por ello que la Organización Mundial de la Salud definió acertadamente cada una de estas palabras:

  • Deficiencia: es toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. Por ejemplo, la pérdida de la vista, la pérdida de la memoria o la pérdida de un miembro.
  • Discapacidad: es toda restricción o ausencia de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano. Por ejemplo, la perturbación en la capacidad de aprender, o la dificultad para vestirse por sí mismo.
  • Minusvalía: es una situación desventajosa para un individuo a consecuencia de una deficiencia o discapacidad que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso en función de la edad, sexo o factores sociales y culturales. Por ejemplo, la imposibilidad de conseguir empleo, la ausencia de relaciones sociales o los estados depresivos y de ansiedad frecuentes.
  • Enfermedad: significa toda dolencia o afección médica, cualquiera sea su origen o procedencia, que entrañe o pueda entrañar un daño importante para el ser humano[12].

Como se ha hecho referencia, históricamente la discapacidad mental se ha abordado y ha transitado por múltiples y complejos procesos. Los intentos por conceptualizarla y clasificarla han sido motivo de constante insatisfacción por parte de los especialistas y familiares puesto que no logran llegar a un consenso al utilizar términos que de algunas forma son segregacionistas.

Lo que actualmente si constituye un consenso son las causas que la originan, suprimiendo todo ideal metafísico al problema y aceptándose de forma general las siguientes:

-Genéticas: se pueden transmitir de padres a hijos. Se deben a anomalías de los genes heredados de los padres, errores en la combinación genética u otros desordenes genéticos, como el síndrome de Down y el Síndrome Smthi-Lemli-Opitz. También influye el factor edad de la pareja.

-Congénitas: se refiere a las características o rasgos con los que nace un individuo y que no dependen solo de factores hereditarios, sino que son adquiridos durante la gestación. El consumo de alcohol y drogas durante el embarazo aumenta las probabilidades de deficiencia en el desarrollo mental. Asimismo, la mala nutrición de la madre, la exposición a contaminantes ambientales y enfermedades como la rubéola, son factores de riesgo en esta etapa. Del mismo modo, el bajo peso al nacer y los partos prematuros. También se incluyen algunas enfermedades metabólicas como el hipotiroidismo congénito y la fenilcetonuria y el propio Síndrome Smthi-Lemli-Opit, que como se puede apreciar es multicausal pues es genético y congénito.

-Adquiridas: son las ocasionadas por algún accidente o enfermedad después del nacimiento. Enfermedades que pueden terminar en una encefalitis o meningitis, accidentes como golpes en la cabeza, asfixia por inmersión y la exposición a toxinas como plomo y mercurio pueden provocar graves e irreparables daños en el cerebro y al sistema nervioso central.

Se ha dicho reiteradamente que la discapacidad no es una enfermedad, es un estado de la persona humana. El desconocimiento, la sobreprotección, el rechazo y la burla son actitudes que indiscutiblemente debilitan la autoestima de las personas con discapacidad mental, sobre todo de aquellos que su condición le permite discernir, imposibilitando aprovechar las potencialidades que aún tienen. Aún cuando una persona padece un retraso mental profundo es capaz de sentir el amor y el rechazo de las personas que le rodean y encontrar formas de comunicación, así como mostrar cariño y simpatías por los que le muestren afecto.

Asumiendo la necesidad de instrumentar la organización de un trabajo diferenciado para la atención de las personas discapacitadas el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), estableció los grados de discapacidad según la limitación en las actividades de la vida diaria para un estudio multifactorial, definiendo a esta como las actividades que realiza una persona para vestirse, comer, asearse e higiene personal que también son conocidas como auto cuidado (AVD)[13].

  • Grados de discapacidad:

-Grado I: discapacidad nula. La deficiencia no limita las AVD. Realiza la totalidad de las mismas.

-Grado II: discapacidad leve. Presenta alguna dificultad en AVD pero puede realizar en la práctica,  la totalidad de las mismas.

-Grado III: discapacidad moderada. La deficiencia causa una imposibilidad o disminución importante de la capacidad de las personas para realizar alguna AVD, siendo dependientes en las actividades de auto cuidado.

-Grado IV: discapacidad severa. Disminución importante e imposibilidad  para la realización de la mayoría de las actividades de auto cuidado.

-Grado V: discapacidad grave. Imposibilita todas las actividades de la vida diaria.

  • Los tipos de discapacidad mental propuesta por la OMS

- Leve: Se trata de personas capaces de mantener una conversación sencilla. La persona alcanza la independencia para el cuidado personal (comer, asearse, vestirse, controlar esfínter, etc.). Desarrolla habilidades sociales y de comunicación desde edades tempranas. Suele presentar dificultades de aprendizaje generalizado

-Moderada: Hay lentitud en el desarrollo de la comprensión y el uso del lenguaje. La capacidad de cuidado personal y las funciones motrices están en desventaja. La persona logra un desarrollo adecuado de la capacidad social en cuanto a relacionarse con personas próximas de su entorno y a participar en actividades sociales simples.

-Severa: Se observa un desarrollo psicomotor muy limitado. La articulación es defectuosa. La persona suele reconocer algunos signos y símbolos. Puede adquirir alguna destreza necesaria para la vida diaria, pero resulta difícil generalizarlo. Puede tener alguna patología asociada, que implique una atención especializada.

-Profunda: En general, la persona presenta movilidad restringida o inexistente. Habitualmente, no controla esfínter. Requiere supervisión y ayuda constantemente, ya que suele presentar patologías asociadas.

En los casos de las discapacidades severa y profunda las personas no pueden regir sus actos ni discernir que les es más conveniente, por lo que siempre dependerán del cuidado de personas éticamente capaces que velen por su integridad física e intereses personales y patrimoniales, personas en muchas ocasiones llamadas cuidadores primarios, que no son más que los familiares, tutores o agentes educativos y sanitarios.

En Cuba, a pesar de los logros en los sistemas de educación y salud, existen más de 40 000 alumnos diseminados en 396 escuelas especiales[14] y más de 15 000 maestros dedicados a ese fin, se cuenta además con 29 Centros Médicos Psicopedagógicos, no obstante se aprecian incomprensiones inconcebibles en el tratamiento y atención a los discapacitados.

Existe dispersión en los organismos e instituciones encargados de dirigir la política del Estado e instrumentar el mecanismo de protección de estos, estableciendo sus derechos desde todos los ángulos de la vida personal, social y económica. Esta difusión provoca que no se les brinde la atención adecuada y que en muchas ocasiones quede a la libre espontaneidad o arbitrio de instituciones o peor aún de personas, el determinar y disponer sobre qué derechos le asisten.

En incontables ocasiones depende de la iniciativa de la familia la atención, tratamiento o rehabilitación, lo cual a su vez está condicionado por los valores humanos, nivel cultural y posibilidades económicas. Es muy afortunado el discapacitado que cuenta con una familia dedicada completamente a su cuidado, deseosa de tener los medios y recursos necesarios para atenderlo adecuadamente y que pueda contar con el respaldo del Estado para ese empeño.

En Cuba los discapacitados mentales no tienen una organización que los represente y vele por sus intereses, al estilo de la ACLIFIM, ANSOC, ANSI, para los discapacitados físico-motores, sordos e hipoacústicos y ciegos y débiles visuales.

Aún hoy no existe el suficiente conocimiento sobre los derechos y la atención que requieren estas personas, que por ser desemejantes no dejan de ser humanas. La deficiencia mental constituye un profundo problema social que hay que encarar con realismo y humanidad.

La bibliografía y la legislación consultada corresponden a autores y normas de más de doce países con sistema de derecho hispánico y anglosajón, la OMS, la OPS, la UNICEF, y diversas Convenciones y Reglas internacionales de la ONU sobre derechos de los discapacitados, derechos de los niños y las niñas. Se hace necesario señalar la insuficiencia de bibliografía nacional y de uniformidad en las normas. El presente trabajo intenta elevar la formación ética de los agentes educativos y sanitarios que interactúan con los discapacitados mentales.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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[1] Organización Mundial de la Salud (OMS),

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2011/06/110610_ultnot_discapacidad_oms_bm_wbm.shtml , consultado el 10 junio del 2011

[2] Proposición y puntos de vista de la AMP sobre derechos y la protección legal de los enfermos mentales. Adoptada por la Asamblea General de la AM en Atenas, Grecia, 17 de Octubre de 1989.

[3] Amor Pan, José R, Afectividad y sexualidad en la persona con deficiencia mental, Universidad Ponticia Comillas de Madrid,  p. 36

[4] Idem. p. 41

[5] Potter V. R. Biotehics bridge to the future. Englewood Cliffs, N.J: Prentice-Hall Inc, 1971

[6] Idem 1: 32

[7] N.Sartorius. Presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría. Médicos, Pacientes y Psiquiatría, ISBN 98797258-0-8 pág.1, Argentina 1998.

[8] Organización Mundial de la Salud (OMS),

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2011/06/110610_ultnot_discapacidad_oms_bm_wbm.shtml , consultado el 10 junio del 2011, (PL), 11:26Ginebra

[9] Idem.

[11]Helga Ticac. Discapacidad: Un abordaje específico del Trabajo Social, Revista de la Facultad 13, 2007 59

[12] Reglamento Sanitario Internacional (2005) Segunda Edición, OMS

[13] Reglamento Sanitario Internacional (2005) Segunda Edición, OMS

[14] Las escuelas especiales fueron creadas en Cuba en el año 1962. Noticiero del mediodía 4 de enero de 2011.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Rodríguez Montero, Gustavo E. y Concepción Toledo, Iliana de la C.: "La proyección bioética hacia los discapacitados mentales" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, mayo 2013, en http://caribeña.eumed.net/discapacitados-mentales/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.