EL VALLE DE VIÑALES, PAISAJE CULTURAL DE LA HUMANIDAD. SU CONSERVACIÓN FRENTE A LOS IMPACTOS DEL TURISMO

Resumen:

En el presente trabajo se identifican y describen aquellos valores que cualifican al Valle de Viñales en tanto Paisaje Cultural de la Humanidad, categoría otorgada por la UNESCO en el año 1999, y que tiene como premisa la conjunción de la intervención del hombre con la naturaleza, elementos que unidos otorgan singularidad y universalidad a un lugar. Posteriormente, se hace un análisis sobre los riesgos y retos que enfrenta este sitio en cuanto a su conservación; entre los que sobresale el auge de la actividad turística a partir de los últimos veinte años, en consonancia con la relevancia mundial que ha adquirido el Valle. El turismo constituye para esta localidad una fortaleza, una oportunidad pero también una amenaza. La puesta en valor como producto turístico de un sitio como Viñales exige una concepción integradora, que permita el uso, la promoción y conservación de la diversidad de valores que lo cualifican; y a la vez el desarrollo social de ese territorio, ya no solo para la reafirmación de la identidad local sino también porque la convergencia de todos estos valores es lo que ha hecho universal al Valle de Viñales.

Abstract:

In this paper are identified and described the values that qualify Viñales Valley as a Cultural Landscape of Humanity, a category given by UNESCO in 1999 and that has as a premise the conjunction of the human intervention with the nature, elements that together give a place its singularity and universality. The paper also gives an analysis of the risks and challenges that faces this place regarding its preservation, among which stands out the growth of the touristic activity during the last twenty years, according to the relevance that the Valley has acquired worldwide. Touristic activity can be considered as strength as well as threat for this locality. To put a place like Viñales as a touristic product demands a holistic conception that allows the use, promotion and preservation of the values that qualify it, and as the same time the social development of this territory, not only for the reaffirmation of the local identity, but also because it is the concurrence of all those values that has made Viñales Valley universal.

“¿Consiste, pues, el paisaje en una verja, de simpática reducción poligonal, con el que se define una extensión de naturaleza?

Ante todo, el paisaje nos lleva a la adquisición del punto de mira, del campo óptico y del contorno. (…) El paisaje es una de las formas del dominio del hombre (…)

Paisaje es siempre diálogo, reducción de la naturaleza puesta a la altura del hombre. (…) El paisaje es la naturaleza amigada con el hombre.”

José Lezama Lima[1]

Cuando en 1999, en la ciudad de Marrakesh, Marruecos,  se le concedía al Valle de Viñales la categoría de Paisaje Cultural de la Humanidad, se ponía énfasis en una idea de patrimonio donde por vez primera la acción antrópica y la naturaleza no se oponían, sino que se hermanaban como elementos cualificadores de la excepcionalidad y universalidad  de un mismo lugar.

Viñales, situado en la más occidental de las provincias cubanas, Pinar del Río, forma parte de la cordillera de los Órganos, una de las cinco regiones orográficas naturales en que se divide el país. En su área interior sobresalen elevaciones cársicas formadas por piedras duras y de color oscuro pertenecientes a los períodos geológicos de formación de nuestro planeta, Jurásico Inferior o Medio, muy poco frecuentes y que asumen forma de cúpulas: los famosos mogotes. Estos aparecen aislados y también agrupados, formando un conjunto de pequeños valles, algunos de ellos totalmente cerrados, de los cuales el más conocido es el de Viñales, región paisajística de gran singularidad[2].

La excepcionalidad y riqueza de este sitio hicieron posible que el 27 de marzo de 1979, la Comisión Nacional de Monumentos, mediante su Resolución número 4, le otorgara, tanto al Valle como al poblado de Viñales, el carácter de Monumento Nacional. Veinte años después, la UNESCO le concedió a este sitio el carácter de Paisaje Cultural de la Humanidad. La justificación de la inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial expresa:

“El Valle de Viñales es un sobresaliente paisaje cársico en el cual los métodos tradicionales de agricultura (principalmente la cosecha de tabaco) han sobrevivido sin cambios durante varios siglos. La región también conserva una rica tradición vernácula en su arquitectura, artesanías y música.”[3]

De esta forma, Viñales se convertía en el primer paisaje cultural reconocido por la UNESCO de toda la región americana. Esta categoría patrimonial, constituye un concepto novedoso que advierte con gran fuerza la interdisciplinariedad que supone una visión integral del patrimonio.

Según las definiciones establecidas a finales del siglo XX, por el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO, los llamados paisajes culturales representan las obras conjuntas del hombre y la naturaleza e ilustran la evolución de la sociedad y de los asentamientos humanos a lo largo de los años, bajo la influencia de las limitaciones y de las ventajas que presenta el entorno natural y de fuerzas sociales, económicas y culturales, internas y externas.

El Valle es, sin dudas, una clara muestra de esa obra conjunta del hombre y la naturaleza. Según ha referido el Centro Nacional de Áreas Protegidas del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, Viñales constituye un ejemplo excepcional de paisaje cársico en el cual los métodos originarios de la agricultura, especialmente en el tabaco, han permanecido inalterables durante siglos. La huella humana se refleja aquí mediante el desarrollo de cultivos tradicionales entre los majestuosos mogotes, preservándose a lo largo de los años, tanto la cultura local como el entorno natural, lo que ha dado como resultado un paisaje único en el mundo[4].

Los paisajes culturales se clasifican a su vez en diferentes tipos, según los Lineamientos Operativos para la aplicación de la Convención de Patrimonio Mundial: paisajes culturales diseñados o creados por el hombre; paisajes culturales evolutivos, los que a su vez se dividen en paisajes relictos o fósiles y paisajes continuos; y por último, paisajes culturales asociativos, vinculados a cuestiones religiosas y creencias.  De acuerdo con esta clasificación, el Valle de Viñales es un paisaje cultural evolutivo de tipo continuo, ya que este se ha desarrollado orgánicamente a partir de imperativos sociales, económicos, administrativos y religiosos; y continuo porque mantiene un rol activo en la sociedad contemporánea, en relación muy estrecha con el modo de vida tradicional y el proceso evolutivo aún se encuentra en progreso. Asimismo muestra evidencias materiales significativas de su evolución en el tiempo, fundamentalmente asociadas al cultivo del tabaco.

Mientras en algunos países cercanos, muchas de las plantaciones se han modificado y perdido atributos a causa de una desenfrenada y malentendida modernización, en este caso se muestra en todo su esplendor e integridad la imagen más reconocida de la producción tabacalera. Se conservan las técnicas tradicionales de cultivo y preparación, las herramientas, artefactos, y hasta las construcciones vernáculas relacionadas con este cultivo han persistido en sus formas originales, convirtiéndose así en el paisaje más representativo de la cultura del tabaco en el Caribe y América Latina[5].

Se trata de un territorio que ofrece un paisaje agrario y cultural excepcional, que posee además una gran variedad de ecosistemas, especies de la flora y la fauna únicas, así como un repertorio arquitectónico significativo por su homogeneidad. Estos valores junto al predominio del cultivo del tabaco y de las tradiciones tangibles e intangibles asociadas al mismo, lo convierten en un verdadero paisaje cultural.

Entre las riquezas naturales que ostenta Viñales debemos citar los conocidos fósiles de ammonites, antiguos caracoles, que se encuentran en el interior de las piedras redondeadas conocidas localmente como “quesos”, testimonio de que el Valle constituye una de las formaciones geológicas más antiguas del país. Importantes valores paleontológicos de gran antigüedad se encuentran también en el sitio, como los restos de dinosaurios acuáticos.  De esta forma, el Valle se convierte en una zona de gran interés científico para el estudio y el conocimiento de la formación y evolución del planeta.

Por otro lado, debe destacarse la riqueza y diversidad florística de la zona de la que sobresalen especies como el Pinus Caribaea y el Pinus Tropicalis, conocidos como Pino Macho y Pino Hembra, respectivamente, y se encuentra incluso un auténtico fósil viviente, la Palma Corcho (Mycrocicas Calocoma), especie que ha logrado sobrevivir a los procesos geológicos de la isla a lo largo de millones de años y de la que queda una población de aproximadamente 500 ejemplares distribuidas solamente en esta región. Este ejemplar constituye el único ser viviente declarado en nuestro país como Monumento Nacional. Los suelos de origen arcilloso y de gran fertilidad se encuentran ubicados en el interior de los valles, donde tradicionalmente se ha cultivado el tabaco y frutos menores.

Constituye un elemento identitario de la imagen del Valle, sus techos inclinados de guano con grandes pendientes de las casas para el secado y curado del tabaco, o las variadas texturas de los terrenos surcados por el arado tirado por bueyes, como parte de la preparación de estos para la siembra del tabaco o de la malanga, yuca y boniato, entre otros cultivos que forman parte de la dieta tradicional de la población cubana, así como el vernáculo bohío campesino en el que aún viven parte de los habitantes de la zona. Todo ello, en conjunción armónica con el excepcional paisaje que le sirve de marco físico.

En cuanto a los valores estéticos, expresa la Doctora Rigol[6], que los de Viñales pueden ser calificados de superlativos, pues advierte que allí contrastan las cimas en forma de cúpulas de los mogotes con la verticalidad de sus paredes, que se proyectan sobre la marcada llanura del valle. Señala además, una caprichosa espacialidad laberíntica, los asombrosos juegos de luces y sombras que discurren durante el día, así como los atractivos contrastes de colores a partir de la convergencia de diferentes matices de verdes, marrones, terracotas y sienas.

No obstante, todos estos extraordinarios valores naturales, en la condición de paisaje cultural de Viñales, interviene de manera significativa su pequeño y sencillo poblado. Fundado en el último cuarto del siglo XIX, específicamente en el año 1875, se encuentra dentro del valle, y en comparación con otras pequeñas ciudades tradicionales caribeñas se ha conservado con un alto nivel de integridad y, especialmente, en relación muy directa con un contexto natural particular y sus costumbres agrícolas.

El ambiente bucólico que caracteriza el valle, se irradia e impregna la población, provocando en el observador una sensación de equilibrio, que otra arquitectura más grandilocuente, no lo permitiría. El sosiego que transmite esta arquitectura está dado por sus proporciones nada pretenciosas y la homogeneidad del conjunto. La escala menor en que se nos presenta la arquitectura doméstica de Viñales, lejos de restarle valor al conjunto los acrecienta, porque como bien señala el Arquitecto Taboada: “Todo el énfasis se ha puesto en su aparente anonimato.”[7]

El poblado presenta el tradicional esquema de retícula que posee una gran parte de poblaciones del país, con el predominio de las proporciones rectangulares en la forma de la manzana, y su desarrollo se produce longitudinalmente a través de dos calles paralelas: una principal, Salvador Cisneros, y otra secundaria, Rafael Trejo con un ambiente urbano muy similar en ambas.

Existe un único espacio jerarquizado, la plaza principal – o el parque -  alrededor de la cual se ha concentrado desde los primeros años el comercio; y donde se alzan las edificaciones más representativas de la localidad: la iglesia, el ayuntamiento, el hotel y el edificio de la Colonia Española, sociedad que agrupaba a los comerciantes peninsulares de la localidad. Es significativa la solución arquitectónica exterior de las edificaciones, expresada en una total coherencia y continuidad de largas tiras de fachadas que conforman las cuadras de las manzanas del área tradicional.

Las construcciones viñaleras son ejemplo de una arquitectura popular caracterizada entre otros aspectos por la presencia de columnas redondas terminadas en sencillos capiteles dóricos y en muchos casos sin basamento, un elemento representativo de la tipología constructiva de esta provincia. Se destaca además la presencia de portales corridos a lo largo de las dos vías que conforman el área tradicional del poblado y el uso de la cubierta inclinada de tejas criollas, elementos expresivos de cierta filiación neoclasicista, los que fueron combinados de manera sencilla, espontánea y con un marcado carácter popular y poco a poco fueron incorporándose a las formas tradicionales de la arquitectura regional[8].

El valor del poblado de Viñales está dado por su homogeneidad y por la presencia de una arquitectura concentrada dentro del área que ocupa el centro histórico. Por lo que su revalorización está concebida ante todo con un enfoque cultural, por su carácter de conjunto más que por la relevancia artística de alguna construcción en particular.

A todo esto se suma un considerable y variado acerbo intangible, del que sobresale el cultivo de la décima, excepcional producto literario y musical del campo cubano. En resumen, el Valle de Viñales constituye un entorno sui géneris en el que se dan cita importantes ejemplos del patrimonio natural, así como del cultural tanto tangible como intangible.

Ante un complejo tan diverso como lo es el Valle de Viñales, poseedor de riquezas inigualables y diversas, trazar una estrategia integral para su protección y conservación significa un gran reto, pues por su propia esencia y condición, el valle es muy vulnerable ante las amenazas impuestas por el paso del tiempo, el clima y los desastres naturales; a lo que debe agregarse los impactos negativos del turismo.

En este sentido, debe destacarse cómo las entidades nacionales y locales encargadas de la conservación y protección del patrimonio han identificado estos riesgos y trabajan de conjunto para encontrar las fórmulas necesarias que garanticen una adecuada política de conservación y uso de este paisaje cultural de la humanidad, tomando como premisas las del desarrollo sustentable.

Relacionado con este tema, la Doctora Gina Rey señala que es importante tener en cuenta que la explotación económica y el uso activo de un territorio implican consumo y transformación del mismo, lo que provoca, en muchos casos, la desaparición o desnaturalización de una conformación territorial precedente como es la de Viñales, no repetible ni recuperable. Lo que implica que para alcanzar aquí un desarrollo sustentable en un sentido integral, es imprescindible que las demandas sociales de uso público y la revalorización económica se compatibilicen con la preservación y puesta en valor de los valores patrimoniales[9].

Advierte además, que el equilibrio de territorios como Viñales es muy frágil, principalmente por lo reducido de su escala y las tensiones que ocurren en la relación hombre-naturaleza, debido entre otros factores, a la carga territorial que significa la existencia de una población campesina numerosa asentada tradicionalmente en un conjunto de pequeños asentamientos rurales que tienen como centro al núcleo urbano de Viñales.

Otro importante elemento a considerar es el impacto del turismo, el que ha motivado un incremento poblacional por migraciones provenientes de otras zonas de la provincia en busca de mejores oportunidades vinculadas a la actividad turística, y que constituyen en la actualidad una amenaza al equilibrio. La actividad turística, cada vez con mayor presencia en el área, se ha incrementado por la difusión generada a partir de la declaratoria de Patrimonio Mundial y del surgimiento de modalidades como el turismo ecológico y rural.

En el Taller sobre el Territorio y el Núcleo Urbano de Viñales: Paisaje Cultural de la Humanidad, desarrollado en este mismo sitio en Junio de 2004, quedó expresado en su informe de relatoría la problemática que enfrenta hoy el Valle. En el mismo, a partir de la utilización de la técnica de la matriz DAFO se identificaron los aspectos positivos – Fortalezas y Oportunidades- y negativos – Debilidades y Amenazas – que caracterizan la situación actual, así como una propuesta de acciones a desarrollar de manera inmediata. En este documento se señala a la actividad turística como fortaleza, oportunidad y también como amenaza.

El turismo constituye un elemento positivo en tanto las variadas riquezas patrimoniales que posee el valle son verdaderas potencialidades para el desarrollo de la industria turística, en diferentes modalidades: cultural, ecológico, científico, de salud, etc. Debe señalarse además la favorable localización y accesibilidad del Valle lo que posibilita vínculos con la Ciudad de La Habana y otros sitios de interés turístico como Las Terrazas, Soroa, María la Gorda y otros.

Sin embargo, situaciones asociadas a la actividad turística se contemplan como amenazas: la fuerte presión demográfica que recibe el núcleo de Viñales debido al incremento del  turismo y las oportunidades que crea, sin que se hayan adoptado medidas de control  hasta el momento; tendencia a cambios en el paisaje cultural agrícola tabacalero tradicional, valor fundamental que se refiere en la declaración de la UNESCO, a partir de la introducción  de otros cultivos como las frutas para responder a las demandas de este sector emergente. Se reconoce además la tendencia a introducir modelos arquitectónicos y sistemas constructivos en las  inversiones turísticas y de  programas sociales que no se integran adecuadamente  al  contexto tradicional del poblado y del Valle.

Otra problemática, asociada con el auge del turismo es el incremento de las construcciones contemporáneas, específicamente las privadas las que deben permanecer supervisadas bajo el más estricto control, a fin de evitar especulaciones formales que desvirtúen la homogeneidad del conjunto arquitectónico tradicional, elemento que constituye uno de los valores excepcionales del sitio.

De esta forma, observamos cómo el turismo visto ya como un hecho social, humano, económico y cultural irreversible, puede convertirse en fuente generadora de recursos– con especial énfasis en el escenario de los países subdesarrollados-, aunque no exenta de grandes riesgos, como bien advierte Eusebio Leal (2007), Historiador de la Ciudad de La Habana. Es por ello que resulta más que necesario plantear y poner en funcionamiento políticas muy específicas e interdisciplinares que garanticen la integridad, conservación y promoción adecuadas de los bienes patrimoniales.

Más allá de las directrices, acciones y recomendaciones que se planteen en las reuniones de los organismos e instituciones encargadas de la protección y correcta utilización de los bienes patrimoniales a nivel mundial; lo cierto es que cada región, país y localidad debe buscar y velar por la puesta en práctica de una política cada vez más equilibrada, que garantice el desarrollo de la industria del turismo en función del desarrollo cultural de esa nación o localidad, y no a la inversa: la de una cultura para el turismo, que de predominar transfigura las ciudades y paisajes en parques temáticos, los denominados “Disney Worlds”, en escenarios folclóricos acartonados. Tal y como expresa, el Historiador de la Ciudad de La Habana:

“El turismo puede insertarse como un motor impulsor del progreso, pero teniendo en cuenta que todo desarrollo al margen de la cultura genera decadencia. El binomio cultura y turismo, resultará siempre una buena fórmula en la medida en que se desarrollen estrategias de explotación del recurso cultural en estrecha relación con el desarrollo de la sociedad. En este sentido, se trata de potenciar una industria turística bajo nuevas ópticas, obligándola a actuar sobre programas sociales a manera de evitar la segregación.” [10]

Conclusiones:

La puesta en valor como producto turístico de un sitio como Viñales exige una concepción integradora, que permita el uso y preservación del paisaje natural, de las producciones agrícolas tradicionales, de la arquitectura vernácula y las costumbres heredadas del pasado como elementos fundamentales; y a la vez el desarrollo social de ese territorio, ya no solo para la reafirmación de la identidad local sino también porque la conjunción de todos estos valores es lo que ha hecho excepcional y por tanto, patrimonial, el Valle. De ahí que la industria turística desempeñe un importante papel en la dinamización y desarrollo de la localidad. Pero si se desvirtúa uno solo de estos bienes se generaría la decadencia, y por tanto la pérdida de la condición de Paisaje Cultural de la Humanidad. La política conservacionista de este paisaje deberá velar porque se mantenga esa complementación única que posee el Valle de Viñales y su poblado, entre la acción del hombre y la evolución de la naturaleza a lo largo de la historia, feliz amistad que lo ha convertido en Patrimonio de la Humanidad.


Referencias bibliográficas:

[1] BERENGUER HERNÁNDEZ, C. y VÍCTOR FOWLER, editores, (2000): José Lezama Lima Diccionario de citas. Casa Editora Abril, Ciudad de La Habana, Cuba.

[2]MELERO, N. En: Viñales, un paisaje a proteger (2005). Centro de Estudios Urbanos de la Facultad de Arquitectura del ISPJAE/ Proyecto Los Mogotes / ONG CRIC-ITALIA, La Habana. p: 21.

[3] Citado por RIGOL, I. En: Ibídem. p: 36.

[4] ARJONA, M.: En: Ibídem. p: 15.

[5] RIGOL, I. En: Ibídem. p: 36.

[6] RIGOL, I. En: Ibídem. p: 38.

[7] TABOADA, D. En: Ibídem. p: 49.

[8] MELERO, N. En: Ibídem. p: 24.

[9] REY, G.  En: Ibídem. p: 52.

[10] LEAL SPENGLER, E. (2007). Patrimonio tangible e intangible dos ópticas, un mismo reto. (Material digital)

Bibliografía y fuentes electrónicas utilizadas:

BERENGUER HERNÁNDEZ, C. y VÍCTOR FOWLER (editores) (2000). José Lezama Lima Diccionario de citas. Casa Editora Abril, Ciudad de La Habana, Cuba.

CABRERA HUERTA, N. y MARIOLYS REYES (2008). Plan de Manejo del Valle de Viñales.

INFORME DE RELATORÍA DEL TALLER SOBRE EL TERRITORIO Y EL NÚCLEO URBANO DE VIÑALES: PAISAJE CULTURAL DE LA HUMANIDAD. Junio 2004, Viñales.

LEAL SPENGLER, E. (2007). Patrimonio tangible e intangible dos ópticas, un mismo reto. Material digital.

PRATS, Ll. (2003). “Patrimonio + turismo = ¿desarrollo?”  En PASOS, Revista de Turismo y Patrimonio Cultural. ISSN 1695-7121 Vol. 1 Nº 2, pp. 127-136.

VIÑALES, UN PAISAJE A PROTEGER (2005). Centro de Estudios Urbanos de la Facultad de Arquitectura del ISPJAE/ Proyecto Los Mogotes / ONG CRIC-ITALIA, La Habana.

Fuentes electrónicas:

LEAL SPENGLER, E. (2002): “El desarrollo de la cultura, única certeza para un proyecto sostenible legítimo”. Revista Opus Habana, Nº 1, junio-septiembre. (Versión digital)

http://www.cnpc.cult.cu/cnpc/patrimhuman/pathum/vinales1.htm

(Consulta: 2 de marzo de 2009)

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Yañez Pérez, Leticia: "El Valle de Viñales, paisaje cultural de la humanidad. Su conservación frente a los impactos del turismo" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, enero 2013, en http://caribeña.eumed.net/el-valle-de-vinales-paisaje-cultural-de-la-humanidad-su-conservacion-frente-a-los-impactos-del-turismo/

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