CONSIDERACIONES TEÓRICAS ACERCA DE LOS FACTORES DEL DESARROLLO LOCAL Y SU CORRESPONDENCIA CON LOS OBJETIVOS ESTRATÉGICOS

Resumen:
En el artículo la planificación estratégica territorial es enfocada como un proceso de perspectivas múltiples que debe reflejar la correspondencia entre objetivos estratégicos y factores del desarrollo local. Se conciben los objetivos estratégicos como la direccionalidad del proceso de desarrollo del territorio que deben conducir a los cambios estructurales imprescindibles para el desarrollo a escala local de forma intencionada. Se aporta una definición de factores del desarrollo local.
Abstract:
In the article the territorial strategic planning is focused as a process of multiple perspectives that should reflect the correspondence between strategic objectives and factors of the local development. The strategic objectives are conceived as the directionality of the process of development of the territory that should lead to the indispensable structural changes for the development to local scale in a deliberate way. A definition of factors of the local development is contributed.
Palabras clave: planificación estratégica- objetivos estratégicos- factores del desarrollo local.
Key Words: strategic planning- strategic objectives- factors of the local development.

1- Generalidades de la planificación estratégica territorial

Los referentes conceptuales de la planificación estratégica territorial (PET) son diversos. Bryson y Roering, (1987) la consideran una técnica. Este enfoque privilegia los componentes científico y tecnológico, enfatiza el rol de los factores económicos y obvian factores como el conocimiento, la información, los recursos políticos y el carácter participativo del proceso. Según esta interpretación el resultado de la PET lo constituyen planes formales de desarrollo con basamento técnico-económico.

Para Matus (1998) constituye la definición de un proyecto social. Esta idea refuerza la perspectiva política de la PET. En efecto la planificación estratégica territorial tiene lugar en los límites que imponen las relaciones sociales de producción e implica participación, negociación y compromiso que involucra diversos actores. Este punto de vista presupone una estructura de relaciones de poder, un sistema básico de relaciones de poder, un sistema básico de decisiones, un patrón de relaciones sociales de producción que caracterizan la sociedad que se busca construir o se pretende alcanzar.

Silva (2003) y Armijo, Marianela (2011) conciben la PET como una herramienta de gestión para la toma de decisiones en torno al quehacer actual y al camino a recorrer en el futuro para adecuarse a los cambios y a las demandas que impone el entorno y al logro de mayor eficiencia y eficacia en el proceso de desarrollo. Esta visión se ajusta a los altos niveles de complejidad dados por la presencia de contextos de creciente incertidumbre. Así la planificación estratégica se convierte en instrumento de gestión para la intervención de las localidades, organizaciones e instituciones a favor del desarrollo.

Otro grupo de autores, Gordon (2005), Medina y Ortegón (2006), Alburquerque (2008), Guzón, Ada et al (2011) consideran la planificación estratégica territorial como proceso para la formulación y definición de objetivos a largo plazo. Desde esta perspectiva la PET implica: visión de futuro; identificación de los potenciales endógenos; establecimiento de prioridades y asignación de recursos; participación de actores del desarrollo; análisis del entorno, entre otras. Desde esta perspectiva la PET se convierte en una herramienta metodológica para toma anticipada de decisiones en función del desarrollo sostenible del territorio.

Teniendo en cuenta estos enfoques, el autor asume la visión sobre la PET como un proceso de perspectivas múltiples de De Dios A. (2003 y 2007) la cual considera que además de la perspectiva técnica, la planificación estratégica territorial debe ser considerada como un proceso de perspectivas múltiples: político, de cambios estructurales, prospectivo, cuyos elementos esenciales se sintetizan a continuación.

Proceso político ya que la PET transcurre en el marco definido por el sistema económico, se desenvuelve en los límites que imponen las condiciones económicas, sociales y políticas de cada realidad, sin que por su sola acción se logren los cambios deseados en el sistema territorial dado. La PET está condicionada por las relaciones sociales de producción y por el modelo de desarrollo territorial derivado del proyecto nacional vigente, por tanto, debe ser concebida como un subproceso del proceso nacional de planificación.

Lo anterior supone tener en cuenta los procesos reales del desarrollo y su carácter contradictorio, los sujetos del proceso social y sus contradicciones, los procesos políticos, las instituciones y las organizaciones, lo que  implica, además, que se involucren los actores que permitan movilidad en los procesos sociales conducentes a los objetivos planteados.

Por consiguiente la planificación territorial es un proceso participativo, de negociación y compromiso. Tanto los objetivos que se definen en este proceso, como las medidas que se adopten para alcanzarlos, son resultado de la interrelación entre los diversos actores sociales, organizaciones e instituciones.

Proceso de cambios estructurales por cuanto todo proceso de desarrollo implica determinados cambios estructurales para que éste se produzca (Todaro, 1989;  Van Arkadie, 1986). Desde esta perspectiva, la planificación estratégica territorial en sus términos esenciales se percibe como un proceso que busca producir una determinada modificación preestablecida en la estructura del sistema territorial.

Los territorios tienen un conjunto de cursos posibles en su desarrollo futuro, la planificación permite elegir aquellos resultados más importantes, teniendo que privilegiar los cambios estructurales que sean definitorios para su desarrollo. Al concentrarse en el futuro se revuelven interrogantes más esenciales y estratégicas de lo que es habitual en la política o en la administración.

De este modo la planificación estratégica territorial se presenta como una planificación del desarrollo, como un proceso conducente a cambios estructurales, como la antítesis de un futuro indiferente, como una vía hacia el desarrollo de los  territorios. Esta afirmación tiene repercusiones metodológicas al introducirse la necesidad del estudio de la estructura del sistema territorial y del futuro: el diseño de la visión, la formulación de pronósticos, el uso de escenarios, aspectos sobre el que han insistido varios autores desde la década del 80 hasta la actualidad (Ingelstan, 1980; de Mattos, 1988; Godet, 1994; Rodríguez, 2000).

Proceso prospectivo por cuanto las decisiones vinculadas a la planificación territorial enfrentan dos características asociadas a los sistemas y a su entorno que se han acentuado en la actualidad: la complejidad y la incertidumbre (Vázquez – Presedo, 1994). Estas ejercen una presión sobre los enfoques e instrumentos tradicionales de la planificación y exigen su adecuación a los cambios crecientes del entorno.

Por otra parte, la incertidumbre “se ha convertido en una faceta estructural del entorno socio-económico, y no en una desviación ocasional, respecto a una previsión, por tanto, es obvio que la previsión vista como extrapolación, es una técnica no del todo favorable para explicar los cambios que pueden producirse y se requieren de herramientas más flexibles como la prospectiva” . Esta última es conceptualizada por Michel Godet como “una reflexión para la acción y la antifatalidad que ofrece una clave para comprender y explicar las crisis”.

La prospectiva admite que el futuro es múltiple y no determinista, pero que aún cuando el azar y las propias limitaciones de los sistemas influyan sobre él, la confrontación de los diferentes actores y de sus proyectos, se convierte en un factor que influirá en el futuro a enfrentar.

La construcción de escenarios constituye una de las herramientas básicas en la modelación estructural del futuro. Los escenarios se definen como descripciones del entorno futuro basándose en supuestos coherentes sobre las diferentes combinaciones que los cambios sociales, políticos, económicos, tecnológicos, demográficos, entre otros, puedan adoptar. Estos no representan el futuro real, pero sí constituyen un instrumento que permite formalizarlo.

Por otra parte, permite reducir el desfase entre el tiempo necesario y el disponible para actuar estratégicamente en un entorno turbulento, gracias a la posible formulación de estrategias contingentes correspondientes a los posibles escenarios y a la oportunidad que da realizar un control estratégico, manteniendo la vigilancia de la evolución de las variables claves, de las estrategias de los actores, de la validez  de las hipótesis y de la pertinencia de los escenarios. Al construir escenarios múltiples un territorio puede, sistemáticamente, explorar las posibles consecuencias de la incertidumbre para la elección de las estrategias territoriales.

En resumen, concebir la planificación estratégica territorial como un proceso de perspectivas múltiples es aceptar la incuestionable realidad de que no es posible avanzar en los aspectos técnicos y metodológicos de planificación estratégica territorial, al margen del contexto político, de los aspectos económicos, sociales, tecnológicos y ambientales más apremiantes, de las condiciones de carácter organizativo y de los cambios crecientes del entorno.

Las perspectivas de la planificación estratégica territorial relacionadas son inacabadas, en su evolución asumirá nuevas perspectivas derivadas del análisis espacial de los procesos de desarrollo y de la comprensión del territorio como un sistema complejo sujeto a los cambios del entorno.

La PET presupone el conocimiento objetivo de la realidad que se quiere transformar y una visión de futuro que indique hacia dónde es posible y deseable transitar. Planificar estratégicamente implica responder a estos dos elementos indicados; y, adicionalmente, definir la forma o modo en que será posible lograr el futuro que se desea.

La planificación estratégica Bonnefoy J., Armijo Marianela (2005) debe tener una metodología clara y consistente que permita desarrollar la visión, misión, objetivos estratégicos, metas e indicadores.

En síntesis la PET permite la construcción de una visión global e intersectorial del territorio a largo plazo por cuanto: identifica tendencias y anticipa oportunidades; formula objetivos prioritarios y concreta recursos; estimula el dialogo y el debate interno; genera consenso y compromiso de actores locales; fortalece el tejido social y favorece la movilización social en función del desarrollo territorial.

2. Objetivos estratégicos: fundamentos generales

La planificación estratégica territorial conduce a la definición de objetivos estratégicos a alcanzar. Este proceso comienza una vez establecidas las definiciones estratégicas básicas como misión y visión, los objetivos estratégicos constituyen el soporte de de éstas, al darles concreción en términos de resultados y metas[1] concretas a alcanzar que garanticen el logro de los postulados esenciales del proceso estratégico.

Los objetivos estratégicos son definidos por varios autores con rasgos distintivos y elementos coincidentes: expresan los cambios que se desean producir, así como los vínculos causales entre ellos (Serna, H. 2003); expresión de un propósito a obtener (Ronda G, Marcané J., 2004)[2]; ideas-fuerza que movilizan la voluntad de los actores locales y generan múltiples acciones (Hernández Carmen, 2005), logros que la organización persigue en un plazo determinado (Bonnefoy J., Armijo Marianela, 2005), cambios, modificaciones o efectos a alcanzar en el mediano o largo plazo para el logro de la visión (Luis M. 2006); declaraciones cuantitativas o cualitativas que reflejan el estado futuro deseado y constituyen el soporte de las categorías estratégicas básicas (Vigoa C., Granadillo M. 2003); resultados específicos que pretende alcanzar una organización por medio del cumplimiento de su misión básica (David, F. 2008).

De las definiciones anteriores se concluye que los objetivos estratégicos, por su naturaleza, son objetivos trayectoria, es decir, presentan un carácter programático. Expresan la continuidad del objetivo en el tiempo y constituyen una trayectoria a seguir. En tal sentido, se perfilan como direcciones principales o lineamientos generales que imprimen direccionalidad al proceso de desarrollo del territorio. Constituyen la guía principal para establecer los cursos de acción preferentes en un plazo determinado (en general a mediano plazo), sobre los cuales se establecen los grandes ítems de los recursos necesarios.

En síntesis los objetivos estratégicos dan cuenta de la dirección del proceso, permite organizar las acciones más acotadas en función de ese camino, brinda el marco para el compromiso de los distintos actores locales y viabiliza la construcción de sinergias territoriales. Para tales propósitos deben corresponderse no solo con las potencialidades locales, sino con los factores del desarrollo identificados teniendo en cuenta las principales carencias y obstáculos que existentes en el momento dado.

Dada las complejidades de las problemáticas locales, en la que intervienen variados procesos, factores y actores, la imagen de la situación objetivo[3] que la colectividad desea construir debe reflejar esa complejidad. En este sentido es que los objetivos estratégicos constituyen un ideal dinámico y cambiante que la sociedad va construyendo a medida que la realidad se va transformando. Es decir antes que un resultado, medible y verificable, el objetivo estratégico indica el horizonte del proceso, la guía que da sentido a las acciones y proyectos más específicos.

Los objetivos estratégicos, en un primer nivel jerárquico, están definidos por la misión de la organización como la expresión más general de su razón de ser en cuanto a su papel económico y social. En un segundo nivel de los objetivos estratégicos son los objetivos generales, los cuales expresan los propósitos o metas a escala global, y a largo plazo, en función de su misión, pero también en función de la situación del entorno y sobre todo de su evolución futura, en especial de las oportunidades y amenazas que éste presenta, así como de la propia situación interna.

En la formulación de los objetivos se identifican varios principios esenciales que rigen la previsión y la planeación de los objetivos (Ronda G, Marcané J., 2004:131)[4]:

Precisión: Deben ser entendidos y asumidos por todos los implicados, para lo cual deben definirse los criterios para evaluar su logro.

Participación. Es uno de los elementos más importantes de la efectividad de la planificación estratégica pues mientras más participación tengan los actores locales, mayor compromiso existirá en el cumplimiento de los objetivos.

Integración. Es necesario integrar el mayor número de aspectos relacionados, de manera que en una formulación se consideren las tareas para el aseguramiento de este.

Realismo. Deben ser decisivos, retadores y factibles, que todos los esfuerzos se orienten hacia ellos, pero que sean posibles de alcanzar.

Especificidad. Los objetivos definidos de forma clara y específica conllevan un mayor rendimiento que los objetivos no correctamente definidos.

Realismo. Los objetivos desafiantes han de ser igualmente realistas o factibles si se quiere los actores decidan realizar esfuerzos para conseguirlos.

Aceptación. Los objetivos desafiantes y realistas se asocian a un mayor rendimiento siempre y cuando sean decididos, o al menos, aceptados, por parte de quien ha de cumplirlos. El establecimiento de objetivos en grupo aumenta su aceptación.

Igualmente los objetivos estratégicos deben cumplir requisitos específicos (Bonnefoy J., Armijo Marianela 2005): ser coherentes con la misión y orientaciones de las políticas de gobierno a nivel global y/o sectorial; su definición debe permitir identificar acciones específicas en ámbitos internos y externo; deben ser pocos y priorizados de acuerdo a su importancia, teniendo en cuenta los recursos que consumen y la relevancia para el cumplimiento de la misión; deben ser factibles de realizar en plazos determinados y con los recursos disponibles; deben ser evaluados sistemáticamente

Para la fijación de los objetivos es importante tener presentes las siguientes consideraciones (Silva I. 2003):

1. Definir objetivos viables de ser alcanzados apoyándose en la información obtenida sobre los puntos fuertes y débiles que se han detectado.

2. Determinar sectores claves en la economía local que pueden jugar una función importante en lo referente a la dinámica, diversificación, generación de empleos y eslabonamientos productivos.

3. Identificar relaciones entre lo local y el exterior de tal forma que se establezcan relaciones complementarias entre la economía local y la regional, nacional e internacional.

4. Asegurar el potencial local para el crecimiento y la estabilidad económica e identificar las posibles contingencias que pueden comprometerlo.

En resumen los objetivos deben ser pertinentes al contexto específico, adoptando formas que reconozcan la naturaleza y complejidad de las problemáticas territoriales, así como su carácter dinámico. Esto significa que los objetivos deberán tener una clara relación con las características económicas, sociales y físico-espaciales del territorio.

Los objetivos deben referirse a procesos de cambio más que a estados finales. Dado el carácter dinámico del entorno social, económico y político, en la medida de lo posible, los objetivos deberían comprometer la voluntad de avanzar en una determinada dirección, sin llegar a convertirlos en una especie de normativa forzosa e inmutable, que no recoge las variaciones que naturalmente irán ocurriendo en la sociedad.

Los objetivos han de referirse a situaciones deseadas en materias específicas como: la evolución esperada de las principales actividades económicas; la superación de situaciones deficitarias; las transformaciones y regulaciones del espacio urbano y rural; las reorganizaciones institucionales necesarias, entre otras. Pero también pueden referirse a valores que se desea implantar y/o desarrollar, como: mayor participación en las decisiones; mejor proyección nacional o internacional del territorio, satisfacción de aspiraciones de la comunidad en orden a mejorar la calidad de vida.

3. Elementos conceptuales acerca de los factores del desarrollo local.

La visión del desarrollo como proceso sólo inducido por factores exógenos (capital, inversión, infraestructura, tecnología), adaptados a cada realidad, ha transitado a la visión del desarrollo como conjunto de capacidades (ligadas a la calidad de los recursos humanos, la capacidad organizativa y emprendedora de los agentes locales) que permitan un mejor aprovechamiento de las factores exógenos y que tornen dinámicas las potencialidades territoriales.

En efecto, es reconocido que el punto de partida de los procesos de desarrollo local, lo constituye el conjunto de recursos (naturales, históricos, culturales, humanos, tecnológicos, económicos, institucionales y materiales) que forman su potencial de desarrollo (Vázquez – Barquero[5] 1999 y De Mattos 1999) que al tener un carácter histórico concreto, provoca que tanto cuantitativa como cualitativamente sea diferente para los distintos países, regiones y localidades.

Un conjunto significativo de autores coincide con este punto de vista (León y Sohregui, 2004; Canzanelli, 2004, Aburquerque[6], 2004  Toral, 2005; Boisier, 2005 y 2007, Dieter Biehl[7], León y Miranda 2006; Montejo, 2010; León, 2010; Almaguer, et.al., 2012). Esta visión es compartida por el autor de este artículo, aunque considera que es preciso determinar del potencial de desarrollo cuáles se constituyen en factores de desarrollo. Se asume la teoría de que no todos los potenciales constituyen en un momento histórico concreto factores del desarrollo local. En la literatura consultada[8] no se define factores del desarrollo, aunque se utiliza indistintamente con el término potencial de desarrollo.

A los efectos de este trabajo se define factores[9] del desarrollo local como condicionantes de naturaleza estructural y funcional que favorecen el proceso de desarrollo. Condicionantes de naturaleza estructural en tanto los procesos de desarrollo se producen en el marco de un conjunto de proporciones territoriales y relaciones que caracterizan la estructura económica y el sistema territorial concreto, esencialmente, las proporciones y relaciones inter e intrasectoriales, incluida la participación sectorial en la dinámica económica; entre las formas de propiedad y su gestión. Este sistema de proporciones y relaciones asumen carácter estratégico y sus complejidades no permiten transformaciones a corto plazo, de ahí su importancia pues el proceso de cambios estructurales, es esencial para el desarrollo.

En principio estas condicionantes de naturaleza estructural se derivan de la dinámica de los niveles de especialización y/o diversificación de la estructura productiva, de la inversión/reinversión del excedente económico, de los niveles de productividad y articulación de los diferentes sectores, de la incorporación o adaptación de conocimientos y tecnologías; del comportamiento de las variables demográficas, así como de los recursos, de todo tipo, e infraestructuras locales, entre otros.

Condicionantes funcionales en tanto los procesos de desarrollo local demandan capacidades y atribuciones de los actores locales necesarias para su diseño y gestión estratégica. En tal sentido se revaloriza la importancia política de los gobiernos locales   y del conjunto de actores locales, los cuales reciben influencia de los procesos económicos nacionales, regionales e internacionales.

Se consideran factores funcionales aquellos derivados de la naturaleza de las instituciones, su grado de consistencia, legitimidad y eficacia, del grado de centralización-descentralización y las formas de gestión, regulación y el control de la economía, así como de las características de la inserción e integración en contextos específicos. Dimensiones como la calidad de las instituciones en la formulación y gestión de políticas, densidad del tejido social, encadenamientos productivos locales, cultura, identidad, entre otros, aparecen recurrentemente en las investigaciones actuales como factores decisivos en el desarrollo de las sociedades locales.

Si se asume el desarrollo como proceso multidimensional los factores que lo favorecen tienen igualmente este carácter: económico, político, medioambiental, social y cultural. “El desarrollo Boisier (1997:19) depende más de la combinación de factores que de la mera existencia de ellos” de aquí que su identificación en la planificación estratégica territorial constituye premisa indispensable para el éxito del proceso de desarrollo local, para tales propósitos en el diagnóstico, como fase previa, es necesario el uso de técnicas y métodos tales como técnicas de análisis regional y análisis estructural, entre otros. Ello implica asumir los factores de desarrollo local en su complejidad y multicausalidad basadas en la distinción entre las dimensiones internas y externas que conforman lo local: a los impulsos constitutivos endógenos, deben sumarse las dinámicas exógenas que modelan lo local (Boisier 1998). Desde esta visión, Boisier define lo “interno” como un conjunto de elementos y componentes que pueden ser atribuidos a la dinámica social, económica, política y cultural de una localidad.

Los factores del desarrollo local no son estáticos, en principio cada territorio contará en cada momento histórico concreto con un conjunto específico de factores que favorecen los procesos de desarrollo.

4. Correspondencia entre objetivos y factores del desarrollo

La planificación estratégica territorial se percibe, entre otros, como un proceso que busca producir una determinada modificación preestablecida en la estructura del sistema territorial. Ello es congruente con los necesarios cambios estructurales en aras del desarrollo, así los objetivos estratégicos deben orientarse hacia estos cambios, lo cual es posible viabilizar si se logra correspondencia directa con los factores del desarrollo determinados.

El logro de la adecuada correspondencia entre objetivos estratégicos y factores de desarrollo debe partir, en primer lugar, de las vocaciones, entendidas como la aptitud, capacidad o característica especial que tiene el territorio para su desarrollo, y en segundo lugar de las prioridades de orden político, económico, social, cultural, medioambiental y tecnológico que han sido identificadas por el conjunto de actores locales en el diagnóstico estratégico territorial.

Así la reestructuración del sistema productivo territorial necesita no solo elevar la productividad y competitividad de los sectores productivos y de servicios, sino también ajustar el modelo institucional, cultural y social a los cambios del entorno.

Por consiguiente mientras mayor sea el nivel de correspondencia entre los objetivos estratégicos y los factores de desarrollo mayor será la capacidad de transformación estructural del territorio. Los primeros permiten constatar la intención del cambio o transformación, los segundos la condicionan, sirven de base a estos cambios y transformaciones.

En la gestión estratégica del desarrollo local y por tanto en la determinación de los objetivos estratégicos (Alburquerque F. 2004a) ha de intencionarse la articulación productiva entre las diferentes actividades del sistema económico local y del tejido empresarial; los niveles tecnológico, organizativo y de gestión en dichas actividades y empresas imprescindibles para dicha articulación; el conocimiento de las tecnologías apropiadas a la dotación de factores de desarrollo del territorio; el acceso a los servicios de apoyo a la producción, tanto financieros como reales (información, capacitación empresarial y tecnológica, comercialización, apoyo a la innovación del producto, cooperación empresarial, asesoría en proyectos de inversión, entre otros); la vinculación del sistema educativo y de capacitación profesional a la problemática del sistema productivo y social territorial.

Los ritmos y la amplitud de estos cambios, así como la secuencia temporal en que son advertidos, dependerán de los niveles de correspondencia entre los objetivos estratégicos y los factores de desarrollo identificados. De este modo los factores y la combinación de estos determinan la estrategia y el conjunto de acciones a emprender. Dada la complejidad de los cambios estructurales éstos sólo tendrán lugar de forma gradual y se concretan en las metas establecidas en cada diseño estratégico, éstas constituyen la base para el establecimiento de los indicadores que permitirán medir el avance de las acciones emprendidas hacia los resultados. Así el aumento de la productividad y de la competitividad a escala territorial son metas que orientan el proceso de cambio estructural de los territorios. En el proceso de desarrollo local el conjunto de factores determinan la estrategia, sus objetivos y metas, así como el conjunto de acciones para la consecución de los objetivos del desarrollo.

En consecuencia el estudio, análisis y evaluación de la correspondencia entre los objetivos estratégicos y factores del desarrollo se convierte en premisa para direccionar el proceso de desarrollo y adoptar estrategias para el logro, en mayor escala, de visiones compartidas de futuro, liderazgo compartido, planes y programas de desarrollo, canales de participación, inversión en desarrollo de capacidades, afirmación de identidades culturales, innovación y creatividad. Lo anterior refuerza la necesidad de evaluar la correspondencia entre factores del desarrollo y los objetivos estratégicos. 

Conclusiones

La planificación estratégica territorial por su naturaleza es en un proceso de perspectivas múltiples: político, técnico, de cambio estructural, estratégico y prospectivo, el reconocimiento de estas perspectivas contribuye a la objetividad e integralidad del proceso de gestión del desarrollo a escala local.

La aproximación teórica sobre las múltiples perspectivas de la planificación, condicionará los instrumentos que se emplearán en el proceso de planificación estratégica territorial en el contexto territorial específico.

De ahí la necesidad de una planificación estratégica participativa que se fundamente en la identificación de los factores funcionales y estructurales del desarrollo que permita la definición de los objetivos y la adopción de las estrategias necesarias para el crecimiento y desarrollo territorial.

Los objetivos estratégicos, como proyección de los cambios a lograr en el sistema territorial, deben corresponderse con los factores del desarrollo en tanto éstos condicionan, desde el punto de vista estructural y funcional, el proceso de desarrollo territorial. Esta correspondencia se convierte en premisa para direccionar los procesos de crecimiento y cambio estructural imprescindibles para el logro de los objetivos del desarrollo local.

El logro de mayor correspondencia entre los objetivos estratégicos y factores del desarrollo condiciona la viabilidad de las estrategias en función del desarrollo local.

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Referencias bibliográficas


[1] Las metas constituyen la expresión concreta y cuantificable de los logros a alcanzar en el año (u otro periodo de tiempo) con relación a los objetivos estratégicos previamente definidos. (Bonnefoy J., Armijo Marianela 2005: 40).

[2] Estos autores clasifican los objetivos estratégicos por su nivel de precisión en: objetivos trayectoria, objetivos normativa y objetivos tarea. Ver: Ronda G, Marcané J. (2004) Dirección estratégica integrada, un enfoque para integrar los niveles estratégico, táctico y operativo La Habana. Pág 130

[3] El término imagen-objetivo es usado con frecuencia tanto en la planificación clásica, como en la planificación estratégica situacional. Con algunas diferencias, en la terminología del método de escenarios, equivaldría al llamado escenario normativo. En la planificación estratégica corporativa se usa, por lo general, el término misión, asociado al propósito final de una determinada empresa o negocio. Desde una perspectiva temporal, la imagen-objetivo es entendida ocasionalmente como la situación a lograr dentro del plazo de vigencia del plan. No obstante, para la mayoría de los especialistas dicha imagen-objetivo se ubica siempre en el largo plazo (independiente de la duración del plan), como guía para definir objetivos específicos y caminos a seguir en el corto y mediano plazo: “Imagen-objetivo es la situación general escogida como un objetivo de referencia que está más allá del horizonte de tiempo del plan” (Matus C., 98).

[4] Estos autores realizan un análisis de 32 modelos de dirección estratégica diseñados e implementados entre 1984 y 2002 en el mundo. Ver: Ronda G, Marcané J. (2004) Dirección estratégica integrada, un enfoque para integrar los niveles estratégico, táctico y operativo. La Habana

[5] Para Vázquez Barquero (2000:5) “las localidades y territorios tienen un conjunto de recursos (económicos, humanos, institucionales, y culturales) y de economías de escala no explotadas, que constituyen su potencial de desarrollo

[6] Alburquerque define potencial de desarrollo como “conjunto de los recursos de diferente naturaleza, que se pueden aprovechar para construir un desarrollo sostenible y competitivo”. Alburquerque F (2004): El Enfoque del Desarrollo Económico Local. Programa AREA – OIT en Argentina – Italia Lavoro. Serie: Desarrollo Económico Local y Empleabilidad. Buenos Aires Octubre  Pág 18

[7]“La proposición básica de este enfoque es la de que existe un grupo especial de recursos, caracterizados por su carácter eminentemente público, que determinan la renta, la productividad y el empleo potenciales. En él se incluyen no sólo la infraestructura, sino también la situación geográfica, las ventajas de aglomeración y la estructura sectorial”. Citado por Pérez M. (2004)

[8]Boisier, aunque sin aportar una definición, identifica seis factores del desarrollo territorial: actores, instituciones, cultura, procedimientos utilizados por las diferentes instituciones, recursos con que cuenta el territorio y el entorno. (Boisier S. 1997): El vuelo de una cometa. Una metáfora para una teoría del desarrollo territorial. Estudios Regionales Nº 48, PP 41-79

[9] Factor (del lat, el que hace): Elemento, causa (entre otras acepciones). Pequeño Larousse Ilustrado. Edición Revolucionaria, La Habana, 1968. Pág 456

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
González Fernández, Oscar y Ramos de las Heras, Aurora: "Consideraciones teóricas acerca de los factores del desarrollo local y su correspondencia con los objetivos estratégicos" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, agosto 2013, en http://caribeña.eumed.net/factores-desarrollo-local/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.