LA LÓGICA COMO MÉTODO EN LA FILOSOFÍA DE LA ILUSTRACIÓN CUBANA DE 1790 A 1850

Resumen
En este artículo es abordado un tema medular de la metodología de las ciencias del período ilustrador cubano. El objetivo planteado por el autor está dirigido al análisis de las concepciones de los más sobresalientes representantes de la filosofía de la etapa, acerca del valor otorgado al estudio de los problemas metodológicos y epistemológicos de la lógica, en su movimiento hacia la condición de método.
Palabras Claves: Análisis, Dialéctica, Deducción, Inducción, Lógica, Método, Síntesis.
Abstract
This article deals with a crucial theme of the methodology of sciences in the Cuban illustrative period. The objective presented by the author is intended for the analysis of the conceptions of the most outstanding representatives in the philosophy of this period with regards to the value granted to the study of the methodological and epistemological problems of Logics in its transition to method.
Key words: Analysis, Dialectics, Deduction, Induction, Logic, Method, Synthesis.

Las grandes transformaciones económicas, políticas y culturales que transformaron a Europa a partir del siglo XVII orientaron el rumbo del pensamiento moderno. En ese tiempo, la filosofía de vanguardia situó la lógica en primer plano y objetó resueltamente  las estructuras formales del antiguo discurso deductivo, a favor de una concepción metodológica y gnoseológica de la ciencia de acentuado carácter utilitario. El Nuevo  órgano, de Francis Bacon inició la reforma radical de la teoría sobre el conocimiento, al rechazar la tradición peripatético-escolástica y concebir la lógica como metodología científica general. Desde diferentes perspectivas, esta tendencia progresó en el pensamiento burgués de  los  siglos XVII al XIX y encontró su remate en la lógica dialéctica idealista de Hegel.

La filosofía cubana de la Ilustración recibió de manera crítica el influjo del pensamiento más avanzado de su tiempo y asumió la lógica como método de conocimiento. José Agustín Caballero (1762-1835) como iniciador de los cambios acaecidos en el campo de la enseñanza de la filosofía y las ciencias experimentales en Cuba, a fines del siglo XVIII, intentó superar las barreras escolásticas que limitaban el alcance de la lógica aristotélica, presentándola como una disciplina dirigida al estudio de las facultades intelectuales del hombre para guiarlo en la búsqueda de la verdad.

De acuerdo con los criterios de Agustín Caballero, la lógica debía ser asumida como el arte de la discusión o dialéctica, por eso la consideró una disciplina orientada al estudio de la razón, que prepara el espíritu para alcanzar la verdad. A este punto de vista agregó el siguiente postulado: «Se llama también Dialéctica, esto es, disciplina de la discusión. Se divide en natural, la facultad de discurrir nacida en nosotros de la propia naturaleza; y artificial, o facultad lograda mediante el uso y el esfuerzo, y que encierra los preceptos que nos dirigen en el raciocinio correcto».[i] Sobre esa base teórica, amplió sustancialmente la concepción agustiniana que reducía la lógica a un simple medio de discusión sobre la búsqueda de la verdad revelada y convino con Santo Tomás en otorgar a esa disciplina la misión de demostrar, con la misma fuerza, tanto los conocimientos de fe como los de razón; por consiguiente, afirmó que la lógica constituye un  instrumento o método para  alcanzar la verdad en cualquier esfera del saber. Así concluyó que en el terreno de la actividad cognoscitiva es una exigencia aceptar como verdadero solamente lo demostrado con sólidos argumentos, tanto en lo referido a los conocimientos de fe como en los conocimientos de razón. Esta postura constituyó el soporte teórico de su concepción acerca de la compatibilidad entre la religión y las ciencias, y la posibilidad de acceder a Dios por ambos caminos.

En línea directa con las posiciones de la ciencia moderna, el reconocido educador consideró indispensable la demostración rigurosa en todas las ramas del saber  humano, pero aclaró que para aplicarla con éxito era necesario dominar el arte de la argumentación. La argumentación -apuntó- exige la conducción del discurso de manera coherente para favorecer la fluidez de las ideas. Por tanto, su gran aspiración pedagógica fue lograr que la educación estuviera encaminada a desarrollar el intelecto de los jóvenes, de manera que estos dominaran el arte  de  ordenar lógicamente el discurso.

Al fundamentar el papel metodológico de la lógica declaró que esta es «una especie de modo de proceder ordenadamente en el conocimiento de la verdad…»,[ii] por eso habló de dos métodos: el lógico-analítico y el lógico-sintético o de transmisión de conocimientos. El primer método -señaló- es esencial, porque aporta el arte de ordenar el pensamiento para acceder a la verdad; es decir, a través de él puede buscarse el efecto en sus causas y dividirse el todo en sus partes para descubrir los secretos del objeto. Encontrada la verdad o establecida la falsedad, los resultados obtenidos son expuestos con ayuda del método lógico-sintético, al que sólo le reservó la función de trasmitir conocimientos, sin  reconocer  su papel en la investigación.

Convencido de que las grandes reformas de la ciencia contribuyeron a establecer un método capaz de ofrecer las mejores vías para el conocimiento de la naturaleza, mostró simpatías por el método experimental, y aunque pudo vislumbrar la posibilidad de la unidad de los procedimientos teóricos y empíricos en una concepción metodológica armonizadora, la ausencia de un criterio dialéctico del proceso cognoscitivo no le permitió comprender la necesidad de integrarlos.

A partir de la profundización del papel metodológico otorgado por Caballero a la lógica, su crítica al escolasticismo subió de tono y alcanzó niveles muy profundos, al declarar que los escolásticos pretendieron probarlo todo, pero sin experimentar. Según sus criterios, el método científico exige experimentar y el investigador debe quemarse las cejas en sus bufetes y laboratorios, para luego comparar los resultados de sus investigaciones. Así, reprochó severamente la silogística aristotélica, deformada por la escolástica medieval, que la formalizó al extremo y expulsó de ella sus mejores valores. Al abordar el tema de cómo aplicar el silogismo en calidad de recurso de búsqueda cognoscitiva, puso de relieve el carácter arbitrario de los cambios introducidos por los escolásticos y defendió la legitimidad del silogismo aristotélico.

Sobre esa base, afirmó que el silogismo bien empleado puede devenir medio idóneo de argumentación, por eso en su obra Philosofía Electiva dio los primeros pasos del proceso de rectificación de la silogística, para acercarla lo más posible a la condición de método seguro de análisis. Esta obra puede ser considerada como el primer texto de filosofía elaborado en Cuba con fines docentes. En la misma intentó superar las barreras escolásticas que limitaban el alcance de la lógica aristotélica; por consiguiente, presentó la lógica como una disciplina dirigida al estudio de las facultades intelectuales del hombre para guiarlo en la búsqueda de la verdad.

Aunque en la concepción de Agustín Caballero acerca de la lógica como método prevaleció una fuerte carga especulativa, que impedía comprender los procesos del pensamiento como fieles reflejos de la realidad objetiva, razón por la cual no logró superar el profundo carácter abstracto de la lógica medieval, le corresponde el mérito histórico de haberla orientado hacia el combate contra los vicios del escolasticismo.

Félix Varela y Morales (1788-1853), continuador por excelencia de la obra del Padre Caballero, planteó la necesidad de renovar completamente esa disciplina, como condición indispensable para introducir reformas sustanciales en el panorama filosófico, derribar el imperio de la escolástica en la enseñanza y promover el progreso ulterior de la razón en Cuba. Varela, a diferencia de Caballero, prefirió la lógica de los sensualistas como Locke y Condillac y aunque rechazó las ideas innatas de Descartes  manifestó simpatías por la gnoseología y la metodología del filósofo francés. Sobre el lugar de la lógica en la búsqueda de conocimientos planteó:

Damos el nombre de Lógica a aquella facultad que dirige nuestra mente hacia el conocimiento de lo verdadero. Por tanto, cuando el hombre guiado por la luz de la naturaleza investiga la verdad y hacia ella tiende por decirlo así a impulsos del propio instinto de la razón, tiene lugar la Lógica natural o la natural aptitud y facultad de inquirir lo verdadero. En ayuda de esta lógica natural viene la artificial, que no es otra cosa que cierto conjunto de preceptos o de reglas obtenidas de una asidua observación y de la experiencia, que nos conducen al conocimiento de la verdad.[iii]

Varela, rechazó resueltamente la metodología y la lógica escolásticas,   predominantes en el pensamiento de su tiempo y dio un paso adelante en el desarrollo de la metodología  de la ciencia, al declarar que toda operación racional descompone y recompone las ideas; es decir, el método de conocimiento es, al mismo tiempo, analítico y sintético. También sostuvo que el conocimiento no es alcanzado espontáneamente por la razón, y que es necesario, ante todo, «buscar en los hechos particulares la verdad de los generales, teniendo por guías la observación y la experiencia».[iv] Lo más significativo es que el sabio cubano desechó los arcaicos procedimientos de búsqueda de la verdad, propios de la tradición escolástica española, y en su lugar defendió la doctrina tomista sostenida por el Padre Caballero, combinándola con los principios metodológicos de la lógica moderna, que promovía el desarrollo de una nueva concepción  de la  ciencia, basada en la observación y el experimento.

Como resultado de la asunción de los mejores valores del pensamiento precedente, acerca del papel de los procesos lógicos en  la adquisición y consolidación de los conocimientos, defendió la tesis acerca de la necesidad de demostrar con argumentos convincentes cualquier teoría, otorgándole un gran valor a la argumentación en este proceso, razón por la cual afirmó: «Argumentación es la congruente ordenación de los pensamientos para probar algo»[v]. Según su opinión: «para llegar al descubrimiento de la verdad, el entendimiento dispone de un orden para sus juicios y para sus raciocinios, operación que llamamos método».[vi]

A partir de esta concepción, en la filosofía cubana, fue dado un nuevo paso en la fundamentación del método exigido por el desarrollo de las ciencias. Varela trazó el camino de la armonización de los métodos empíricos y teóricos, sobre la base de la observación de los hechos, pero no profundizó suficientemente en el análisis del contenido y lugar de los procedimientos empíricos, ni mostró mucho interés con respecto al uso de la abstracción. Tampoco elaboró una teoría del método como síntesis orgánica de los procedimientos empíricos y teóricos; no obstante, aunque no resolvió el problema, su mérito histórico radica en haberlo planteado.

José de la Luz y Caballero (1800-1862), sucesor de la obra vareliana, le concedió una gran importancia al estudio de los problemas de la lógica y, especialmente, al lugar que esta ocupa en el sistema general de los conocimientos. En el terreno de la metodología científica estaba a favor del método que sitúa el punto de partida del conocimiento en el estudio de la  naturaleza, y  por  consiguiente, en la contemplación directa de los fenómenos y la experiencia, para luego apelar al raciocinio, a fin de extraer de los datos empíricos  todas  las  consecuencias que envuelven. Por ello afirmó que para conocer es necesario objeto que ofrezca  los  materiales  y  sujeto que sienta y perciba lo que  en él hay,  porque los  objetos de la naturaleza existen primero y después la razón descubre  sus  regularidades,  en virtud de las cuales resulta posible fundar las leyes formales de la lógica, cuyo  objetivo principal es facilitar el acceso a la verdad; por tanto, el conocimiento  tiene como punto de partida, la realidad exterior,  y no surge  del hombre, de su interior, de su yo. Estos postulados lo condujeron a oponerse al subjetivismo de la metodología ecléctico-espiritualista sintetizado en el principio: “conócete a ti mismo”.

Al abordar el problema de la aplicación del análisis y la síntesis en el proceso de búsqueda cognoscitiva, subrayó la importancia del método lógico y aunque reconoció el valor del método histórico, planteó la necesidad de distinguir el orden histórico del orden lógico de las ideas para ser consecuentes con la utilización de los mismos. Precisó que si el conocimiento parte de lo concreto para ascender a la verdad, no puede proceder, si no es por medio de la abstracción «que es el gran instrumento del análisis; y si bien es verdad que el entendimiento pudo comenzar sin la abstracción, también es cierto que sin ella no puede continuar».[vii]

Para aprehender la verdad, es necesario tener presente que «la síntesis debe venir siempre en pos del análisis»;[viii] en otras palabras, marcha de lo particular a lo general para luego volver sobre los antiguos y nuevos particulares; es decir, en la aprehensión de lo concreto como síntesis de diversas propiedades causantes de las impresiones sensibles, interviene primero el análisis para descomponer mentalmente el objeto y separar sus rasgos generales y esenciales. Luego, a través de la síntesis, es posible recomponer mentalmente el objeto, relacionando dichas propiedades.

El gran filósofo cubano, le atribuyó un gran valor metodológico a la unidad de las operaciones analítico-sintéticas del pensamiento, porque con su ayuda pueden enfrentarse diversas tareas intelectuales; por ejemplo, es posible completar la descripción de un objeto o fenómeno estudiado, también pueden revelarse sus relaciones, descubrirse su estructura y elaborarse teorías. Pero esas tareas deben realizarse con el auxilio de otras operaciones del pensamiento, aunque el análisis y la síntesis intervienen como una base lógica, que pone en marcha todos los procesos mentales, especialmente los inductivos y deductivos.

Luz y Caballero, rechazó la tesis del eclecticismo espiritualista que sobrevaloraba el papel de la lógica en el proceso cognoscitivo, por pretender convertir esa disciplina en ciencia de las ciencias. Por ejemplo, El Adicto[ix] sostuvo que es más natural y lógico comenzar por la teoría y terminar por la práctica que lo contrario, porque la práctica de la lógica es la teoría de demás ciencias. A lo planteado el ecléctico agregó que la lógica debe ser entendida como una ciencia instintiva, y por tanto madre de toda ciencia. Por consiguiente; [La lógica] «es una especie de instrumento o clave universal con que se abren todas las puertas del saber humano».[x]

Luz y Caballero refutó resueltamente los postulados idealistas del Adicto, y aclaró que la lógica ha de asumirse como un método o procedimiento insustituible en la investigación científica. A partir de aquí aseveró que su práctica no puede ser la teoría de las demás ciencias. La teoría «consiste en la exposición de las ideas especiales de cada capítulo de una ciencia; así es que en una misma ciencia hay tantas teorías cuantos son los puntos generalizados, o sistematizados».[xi] Esas generalizaciones son consecuencia de los procesos lógicos del pensamiento. De esta suerte, si en todos los ramos del saber es necesaria la generalización, entonces en todos hay lógica. El prestigioso pensador coincidió con la tesis hegeliana de que toda ciencia es lógica aplicada, pero con la diferencia de que concibió esta última, desde el punto de vista del reflejo del mundo objetivo en la conciencia del hombre y de su comprobación por medio de la experiencia.

Sobre esa base, aclaró que la lógica no debe ser admitida como un instrumento o clave universal con la cual puedan abrirse todas las puertas de la sapiencia, porque en cada ciencia está ejemplificado el método, sin que sea necesario traerlo de otra parte; por tanto, todas las ciencias tienen su lógica, porque en ninguna es posible dar un paso sin deducir, sin discurrir con encadenamiento.

La investigación de la naturaleza -afirmó- exige el apoyo de una lógica moderna elaborada no para producir verdades, sino para evitar el error. De ese modo, la nueva lógica debe tener como objetivo central el estudio de las facultades mentales, para dirigirlas a la búsqueda de la verdad; sólo así podría ser aceptada como método y guía del conocimiento, pero sin olvidar que la lógica necesita los datos de otras ciencias para obtener de ellas el material teórico imprescindible para cumplir con su función metodológica.

Según sus criterios, el estudio de la realidad aporta el contenido del método filosófico o de la lógica reclamada por el progreso de las ciencias, luego en cada una está presente el método que es consecuencia del propio devenir de las ciencias, lo cual demuestra que la lógica es «hija legítima de la naturaleza, y alternativamente hija y madre forzosa de toda ciencia».[xii] Así, propuso desarrollar una nueva lógica, «Pero no una Lógica de meras reglas tomadas a crédito, o sobre las palabras del maestro, sino una Lógica que se funde en el espíritu de la observación».[xiii] El método experimental promueve el cultivo de las ciencias naturales y de sus inseparables cooperadoras, las matemáticas. «Allí verán la mejor aplicación que jamás se ha hecho de los procedimientos estadísticos, o rigurosamente numéricos: esta es la lógica que reclama el siglo en que vivimos…».[xiv]

La idea de aceptar la lógica como método resultó muy fecunda, sobre todo si se tiene en cuenta, que ella no siguió la línea leibniziana de conceder a las proposiciones lógicas, la universalidad otorgada por el racionalismo a los métodos matemáticos, cuyos principios eran entendidos como postulados a priori.  De esa manera, subrayó el gran valor teórico y práctico de los procedimientos matemáticos, pero aconsejó no universalizarlos ni aplicarlos como método único a los demás ramos del saber.

Al plantearse el problema del origen y desarrollo de la lógica, impugnó la concepción innatista del racionalismo y criticó abiertamente la degeneración sufrida por la lógica formal aristotélica en manos del escolasticismo. De la misma forma, objetó el conocimiento especulativo y apriorístico, en particular, la lógica trascendental de Kant declarada independiente de las demás ciencias, al reconocer la existencia de conocimientos no procedentes de la experiencia ni las sensaciones y que, por tanto, no están ligados orgánicamente a la realidad. Por oposición a esas ideas, ratificó en 1848 la tesis planteada en el Elenco de 1835: «la razón humana jamás puede rigurosamente proceder a priori».[xv]

La batalla de Luz y Caballero por desarrollar una nueva concepción sobre la lógica como método científico, lo condujo a defender la tesis de que el hombre siempre debe subordinarse a la ley invariable de pasar «de la experiencia a las analogías y de las analogías a la experiencia; o en otros términos, de los hechos al raciocinio, y viceversa…».[xvi] Por esa razón subrayó que el desenvolvimiento de los procesos racionales  facilita el conocimiento de los fenómenos de la naturaleza y que el reflejo de esos fenómenos en la mente deviene saber, en la medida que el intelecto analiza, clasifica, ordena y deduce por inducción, por analogía, y comparación.

La nueva concepción de la lógica, afirmó, exige la utilización armónica de la inducción y la deducción, en correspondencia con las características de cada ciencia. Con esta postura superó cualitativamente las tradicionales concepciones baconianas y cartesianas absolutizadoras del papel de la inducción y la deducción respectivamente, y ofreció la posibilidad de entenderlas no sólo como contrarias sino como procedimientos que en la marcha de la investigación se presuponen mutuamente. De la misma manera, negó el desprecio unilateral del silogismo deductivo y la lógica anterior, los cuales contenían útiles reglas de trabajo. De esta manera, al igual que Leibniz, quien le reprochó a Locke su menosprecio hacia la silogística, precisó que el silogismo es un procedimiento con el cual el espíritu humano alcanza sus objetivos cognoscitivos, si es utilizado correctamente. También reconoció el profundo valor de la abstracción en la búsqueda de la verdad y estimó improcedente pretender conocer sólo con la experiencia sin apelar a los procedimientos lógicos, pues aunque los conocimientos surgen de las sensaciones, es imposible estructurar el saber científico sin la razón.

Según sus criterios, abstraerse significa saber encadenar estrechamente las consecuencias derivadas de cualquier experiencia e implica capacidad de deducir a partir de hechos concretos. A diferencia de los representantes de la lógica tradicional, quienes reducían el conocimiento concreto a la percepción sensible inmediata de las cosas y el conocimiento abstracto a la simple separación de lo común contenido en ellas, comprendió muy bien que el conocimiento empírico constituye un recurso que permite interpretar de modo integral los objetos de la realidad. Mientras la abstracción refuerza las posibilidades del sujeto para acceder a la esencia de los fenómenos, porque con ella es posible aislar las determinaciones del objeto para captar sus propiedades y momentos singulares. Bajo el influjo de la filosofía idealista alemana de fines del siglo XVIII y principios del XIX y como respuesta ingeniosa a la solución de los problemas sociales de las ciencias de su tiempo, el ilustre maestro superó ventajosamente al empirismo mecanicista, cuyos representantes consideraban la abstracción sólo como una forma peculiar del conocimiento,  que aportaba menos rasgos del objeto que la sensación o la percepción.

El sabio cubano conocía que el empirismo mecanicista, al sobrevalorarse a sí mismo, impulsaba a los individuos a posturas subjetivas, porque al exagerar el papel de la experiencia y reducir el conocimiento teórico a la contemplación  sensorial, hacía que cada individuo aceptara como real sólo lo observado por él. Esa reducción era adoptada como el efecto de ascensión realizada de manera inductiva, desde la información sensible hasta el conocimiento teórico. Ese modelo empirista de generalización conducía inevitablemente a la elaboración de conceptos muy pobres de contenido.

Luz y Caballero, en cambio, concibió la abstracción como una forma del conocimiento de la realidad cualitativamente  superior, y ello le posibilitó formular generalizaciones  con un alto nivel de objetividad; aún así no planteó, que en la búsqueda cognoscitiva es necesario utilizar una jerarquía sistemática de abstracciones, en correspondencia con las características del objeto investigado. No obstante, caracterizó la abstracción como un poderoso medio que facilita el conocimiento de los rasgos generales y esenciales de los objetos y fenómenos estudiados, a partir de la observación. Por tanto, la elevación de lo concreto a lo abstracto constituyó para el notable maestro un procedimiento de especial importancia para la investigación. Sobre esa base expuso la esencia de lo que denominó ley invariable de la razón humana:

(…) empezar por lo concreto para elevarse a lo abstracto; la práctica antes que la teoría, para después con el progreso de la ciencia ser fecundada de nuevo por la teoría. Este es el eterno círculo de los conocimientos del hombre; pudiendo asegurarse en más de un sentido que los adelantos de las ciencias más bien se hacen en línea curva que en línea recta, y la historia de los descubrimientos los abona, pues a veces se ha estado tocando otro descubrimiento en virtud de un hecho nuevamente observado…[xvii]

La concepción de Luz y Caballero acerca de la elevación de lo concreto posee una elevada significación epistemológica; según Lenin: «El pensamiento que se eleva de lo concreto a lo abstracto (…) no se aleja de la verdad, sino que se acerca a ella».[xviii] Su objetivo fue elaborar un método capaz de proporcionar los medios y vías para alcanzar la verdad, aprovechando al máximo las potencialidades de la lógica concebida como método científico. Por ello, declaró insuficientes la observación y el experimento, pues uno y otro deben auxiliarse de un procedimiento básico: la abstracción científica. No erró entonces cuando afirmó que en circunstancias como las descriptas, puede aplicarse con toda exactitud, en el campo de la búsqueda cognoscitiva, «la máxima de divide, y vencerás, esto es, abstrae y dominarás el objeto».[xix]

La orientación marcadamente dialéctica de la concepción lucista de la lógica, y en especial la idea de la ascensión de lo concreto a lo abstracto, propia del análisis en su unidad con la síntesis, no fue llevada hasta las últimas consecuencias. Esta situación fue uno de los factores que le impidió completar la concepción del papel de la abstracción en la investigación, con la idea del movimiento del pensamiento de lo abstracto a lo concreto en el curso del cual el análisis cede primacía a la síntesis para que el objeto investigado reaparezca ante la mente del investigador como un todo único; es decir, aunque entendió correctamente lo concreto sensible como punto de partida de los conocimientos, no planteó que lo concreto, a su vez, como síntesis y combinación de numerosas abstracciones, es la meta del conocimiento, no obstante se acercó a esa postura al considerar que el conocimiento transita de los hechos a las abstracciones y de estas a los hechos.

La orientación marcadamente dialéctica de la concepción lucista de la lógica, y en especial la idea de la ascensión de lo concreto a lo abstracto, propia del análisis en su unidad con la síntesis, no fue llevada hasta las últimas consecuencias. Esta situación fue uno de los factores que le impidió completar la concepción del papel de la abstracción en la investigación, con la idea del movimiento del pensamiento de lo abstracto a lo concreto en el curso del cual el análisis cede primacía a la síntesis para que el objeto investigado reaparezca ante la mente del investigador como un todo único; es decir, aunque entendió correctamente lo concreto sensible como punto de partida de los conocimientos, no planteó que lo concreto, a su vez, como síntesis y combinación de numerosas abstracciones, es la meta del conocimiento, no obstante se acercó a esa postura al considerar que el conocimiento transita de los hechos a las abstracciones y de estas a los hechos.

Aunque Luz y Caballero no alcanzó un pensamiento dialéctico acabado y sistematizado, planteó, que en el proceso de búsqueda el investigador debe poner en tensión todas sus potencias mentales para alcanzar el objetivo deseado. Este procedimiento puede ser denominado lógico porque según sus criterios, ofrece el debido encadenamiento, de forma que lógico viene a ser sinónimo de enlazado, o rigurosamente deducido.

BIBLIOGRAFÍA

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–––. Primera refutación al planteamiento de La Cuestión de Método, según Don José de la Luz y Caballero. En La Polémica Filosófica. T. 1 [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1946.

–––. Cuestión de Método. Si el estudio de la Física debe o no preceder al de la Lógica En La Polémica Filosófica. T. 1 [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1946.

–––. Segunda réplica al Dómine de Puerto Príncipe. En La Polémica Filosófica. T. 1 [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1946.

–––. Cuarta réplica al Dómine de Puerto Príncipe. En La Polémica Filosófica. T. 1 [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1946.

–––. Primera réplica al Adicto sobre La Cuestión de Método. En La Polémica Filosófica. T. 1 [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1946.

–––. Segunda réplica al Adicto sobre La Cuestión de Método. En La Polémica Filosófica. T. 1 [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1946.

–––. Quinta réplica al Adicto sobre La Cuestión de Método. En La Polémica Filosófica. T. 1 [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1946.

–––. Doctrinas de Psicología, Lógica y Moral, expuestas en la clase de Filosofía del colegio de San Cristóbal, sito en Carraguao, el día 17 de diciembre de 1835 (Elenco de 1835). En Elencos y Discursos Académicos. [La Habana], Editorial Universidad de La Habana, 1950.

LENIN, V. I. Cuadernos Filosóficos. Editora Política, La Habana, 1979.

VARELA Y MORALES, Félix. Instituciones de Filosofía Ecléctica. Editorial Universidad de La Habana, 1952.

–––.  Miscelánea Filosófica. Edit. Pueblo y Educación. La Habana, 1992.



[i] Caballero, José Agustín. Philosofía Electiva,  p. 107.

[ii] Ibídem, p. 134.

[iii] Varela y Morales, Félix. Instituciones de Filosofía Ecléctica, p. 27.

[iv] –––. Miscelánea  filosófica, p. 31.

[v] –––. Instituciones de Filosofía Ecléctica, p. 86.

[vi] Ibídem, p. 31.

[vii] Luz y Caballero, José de la. Doctrinas de Psicología, Lógica y Moral, expuestas en la clase de Filosofía del colegio de San Cristóbal, sito en Carraguao, el día 17 de diciembre de 1835 (Elenco de 1835), p. 90.

[viii] Ibídem, p.90

[ix] Manuel Aguirre y Alentado (El Adicto) de profesión maestro, fue discípulo de Luz y Caballero y también del líder ecléctico cubano Manuel González del Valle, cuyos ideales ecléticos y anticubanos abrazó. [Nota del autor]

[x] Adicto, El. Primera refutación al planteamiento de La Cuestión de Método, según Don José de la Luz y Caballero, p. 165.

[xi]  Luz y Caballero, José de la. Quinta réplica al Adicto sobre La  Cuestión de Método, p. 325.

[xii] –––. Cuestión de Método. Si el estudio de la Física debe o no preceder al de la Lógica, p. 38.

[xiii] Ibídem, p. 37.

[xiv] Luz y Caballero, José de la. Cuarta réplica al Dómine de Puerto Príncipe,  p. 102.

[xv] –––. Doctrinas de Psicología, Lógica y Moral, expuestas en la clase de Filosofía del colegio de San Cristóbal, sito en Carraguao, el día 17 de diciembre de 1835 (Elenco de 1835), p. 89.

[xvi] –––. Segunda réplica al Adicto sobre La Cuestión de Método, p. 265.

[xvii] –––. Cuarta réplica al Dómine de Puerto Príncipe, p. 111.

[xviii] Lenin, V. I. Cuadernos Filosóficos, p. 165.

[xix] Luz y Caballero, José de la. Segunda réplica al Dómine de Puerto Príncipe, p. 64.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Lahera Martínez, Falconeri y Núñez Coba, Nelson: "La lógica como método en la filosofía de la ilustración cubana de 1790 a 1850" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, marzo 2015, en http://caribeña.eumed.net/filosofia-ilustracion/

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