HERSHEY: HISTORIA E IDENTIDAD A TRAVÉS DE LA FOTOGRAFÍA

RESUMEN

La fotografía de Hershey constituye un documento de innegable valor para el estudio de determinados aspectos socioculturales que identifican a esta comunidad. Una mirada hacia las imágenes de Hershey permite advertir todo el proceso de formación, construcción y desarrollo del poblado. La siguiente investigación hace un análisis del fondo fotográfico de Hershey correspondiente al período 1916-1926 con el objetivo de develar los diferentes elementos identitarios de la comunidad que se ilustran a través del documento fotográfico. La investigación comienza con un breve recorrido por la historia de Hershey. Se analizan las imágenes, poniendo al descubierto los principales elementos identitarios que aparecen representados en ellas. Para este trabajo se tuvieron en cuenta métodos tanto del nivel teórico como del empírico que permitieron orientar la investigación. El estudio del ámbito comunitario a través del documento fotográfico constituye un acercamiento a los elementos que lo identifican: su cultura, su historia, sus costumbres, tradiciones, personas, modos de vida, de ahí la relevancia de este tema.

Palabras calve: Hershey, identidad, historia, fotografía documental, análisis documental.

“Más de 85 años de historia y poesía, de desenvolvimiento económico, de leyendas y tradiciones, de cifras y fechas, se niegan a la reducción. Ya no resuenan las sirenas llamando al trabajo, ya no se contamina el aire con el humo de las chimeneas, pero la historia y las nostalgias tienen olor a zafra…” (Ribot, 2008, p. 18).

 

Dentro de la cultura cubana se destaca, por sus particularidades, la comunidad de Hershey, perteneciente al municipio Santa Cruz del Norte de la actual provincia Mayabeque. Los orígenes de este pueblo se remontan a principios del siglo XX. Su nacimiento estuvo determinado por un interés económico, dando paso así a la formación de una comunidad industrial que se caracterizó por poseer una cultura diferente al resto de las comunidades de la isla, con una arquitectura única en el país, la industria azucarera más prolífera de la nación, el primer Ferrocarril Eléctrico de América Latina y el único existente en Cuba fueron algunos de los símbolos de esta comunidad que configuraron el modo de vida de sus habitantes.

 

Corría el año 1916, el mundo se veía afectado por los efectos de la primera Guerra Mundial que dejaba a su paso consecuencias deplorables en el ámbito económico, político y social. La crisis tras ese conflicto bélico provocó el alza de los precios del azúcar en el mercado mundial, principal elemento que diera paso al surgimiento y desarrollo del pueblo de Hershey en Cuba.

 

Nacía en la cima de una meseta entre los años 1916 y 1919 un central, un pueblo, un ferrocarril, una cultura, una identidad. Su dueño y principal representante Milton Snavely Hershey llegó a la isla caribeña con el propósito de comprar tierras donde construir una industria que le proporcionara el azúcar suficiente para sustentar su fábrica de chocolate en Estados Unidos de América.

 

El surgimiento de la comunidad estuvo estrechamente vinculado a la construcción del central, pues nació de la necesidad de dar alojamiento a los trabajadores que en él laboraran. La construcción del central fue el comienzo para establecer en tierras cubanas, no solo la industria azucarera de mayor magnitud, sino también un conjunto arquitectónico con casas confortables, sistema de atención médica, escuela pública, centro comercial (incluía los servicios de correo, farmacia, tienda de víveres y carnicería), hotel, estadio de béisbol, campo de golf, club deportivo, cine-teatro y otras instituciones recreativas.

 

“Nacido de la experiencia de Hershey City se construyó un batey urbanizado, de arquitectura norteamericana, estructurado en torno a un diseño estrictamente geométrico, caracterizado por un perfecto trazado y una parcelación exacta, que constituye, (…) un conjunto muy expresivo y funcional”. (Ribot, 2008, p. 35).

 

El magnate norteamericano repetía la experiencia de crear en tierra cubana un pueblo similar al suyo en Pennsylvania. Paralelamente a la construcción del central se edificó allí  el  poblado de Hershey con la concepción de Pueblo Modelo. El poblado, aún hoy, conforma uno de los conjuntos arquitectónicos más interesantes de todo el país. El lugar fue edificado de acuerdo a una arquitectura exclusiva que contaba con casas para los empleados y barracones para los obreros. Este tipo de construcción fue llamada “Pueblo Modelo” por las características que poseía, diferentes a las del resto de los pueblos fundados en esa época. Hay que destacar que este fue y es el único pueblo de su tipo construido en Cuba y el último intento de Pueblo Modelo creado por el capitalismo en el mundo (Ribot, 2008).

 

“Valga decir que este movimiento de Pueblos Modelo venía desde mediados del siglo XIX impulsado por un reducido grupo de empresarios, con el propósito de mejorar las condiciones de vida en los poblados industriales, que como estaban sufriendo las consecuencias de la explotación, la miseria y el abandono eran escenario de protestas y huelgas”. (González, 2011, p. 3).

 

El pueblo fue diseñado con características típicas y de una elegancia singular que se contemplan en cada una de sus composiciones arquitectónicas, destacándose dos divisiones fundamentales en las que basaron su construcción, Norte y Sur. En la parte norte se encuentran las casas tipo chalet, en las que habitaba el personal encargado de las cuestiones directivas y administrativas. La parte sur comienza en la calle 7 hasta la 14, en esta área se encontraban los obreros y la clase media, a medida que se alejaban del central significaba que iba disminuyendo el cargo que ocupaban los pobladores en el mismo, señalando que los domicilios le correspondían, exclusivamente, al personal que estuviera vinculado directamente con la factoría. La calle 13 y 14 poseían características particulares dentro del pueblo, tanto por la arquitectura de sus viviendas como por la singularidad de los habitantes, la 13 se encontraba habitada por los jamaiquinos y la 14 por los chinos.

 

Esta delimitación y la existencia de diversas etnias (alemanes, rusos, austriacos, americanos, hindúes, españoles, cubanos, jamaiquinos, chinos), corroboran la confluencia de culturas que poblaron el central desde sus inicios; la mayoría llegaban buscando estabilidad, mejoras económicas y los privilegios que ofrecía la vida en el lugar, así como otro grupo que llegaba a ocupar cargos en el central.

 

El pueblo contaba, además del central, con varias fábricas que garantizaban el trabajo a los obreros en tiempo muerto, entre ellas, la de Aceites Vegetales, la Desfibradora de Henequén y la Fábrica de Jarcias, tenía también una Planta Eléctrica que proporcionaba al pueblo la energía suficiente para mantenerse alumbrado, un elemento de lujo en los tiempos que corrían. Estos, entre otros atractivos, fueron las causas fundamentales que propiciaran el poblamiento inicial. Partiendo de las posibilidades que brindaba la vida en Hershey, personas no solo del exterior, sino de otros pueblos adyacentes, principalmente de Ciudad Habana y Matanzas, llegaban buscando residencia.

 

A pesar de que la construcción del poblado data de 1916-1919, en 1924 se realizaron obras de ampliación del central donde se instaura una refinería, dotando a la industria de un mayor esplendor. Es importante destacar que las primeras piezas para la construcción del mismo llegaron en locomotoras de vapor, porque no es hasta el año 1919 que se crea el Ferrocarril Eléctrico, algunos de estos instrumentos fueron los mismos que se utilizaron en la construcción del Canal de Panamá, un ejemplo de ello es el cilindro con que fueron alisadas y pavimentadas las calles del pueblo, el cual, en la actualidad se conserva en perfecto estado. (Ribot, 2008).

 

Las edificaciones, urbanización y funcionamiento muestran un poblado único en la isla que gozó de diferentes privilegios y por tanto, de un desenvolvimiento notable en todas las esferas. “Tales concepciones constructivas y funcionales correspondientes al movimiento de pueblos modelo determinaron características especiales en la formación y evolución del colectivo humano que alcanza un desarrollo social significativo”. (Op. Cit., p. 51).

 

El desarrollo industrial, a su vez, propició un desarrollo sociocultural relevante para la época, análogo a las concepciones y estilos culturales norteamericanos y de otras culturas, razas, etnias y nacionalidades que se mezclaron, formando una comunidad con un encanto y magia particular. “Cine-teatro, salón de bailes y tertulias, verbenas, comparsas, agrupaciones musicales, bandas de música, equipos deportivos, entre otras cosas bien mezcladas a nuestras raíces multinacionales y bien sazonadas con la dignidad de azucareros fue la receta para un desarrollo sociocultural reconocido: escritores, periodistas, artistas plásticos, orfebres… Todo esto en medio de un entorno singular y atractivo. (Ribot, 2008, p. 44).

 Atrapar la memoria: las fotos de Hershey

Las fotografías de Hershey develan el encanto y la elegancia de las edificaciones, la cultura y sus pobladores. A través de este documento se puede apreciar el modo de vida, las costumbres y las tradiciones de sus habitantes, convirtiéndose en patrimonio documental de la comunidad y una fuente de investigación vital para conocer su historia. Más allá de ser imágenes viejas, amarillentas y llenas de polvo, constituyen el registro de los acontecimientos que permitieron convertir un terreno vacío en un pueblo con identidad, remontándonos a un pasado lleno de esplendor.

 

En el museo municipal de Santa Cruz del Norte y en colecciones privadas de familias se localizan un total de 239 imágenes de Hershey desde su surgimiento hasta, aproximadamente, la década de 1950. La presente investigación realiza un estudio del fondo fotográfico de Hershey que data de la primera mitad del siglo XX, abarcando el período 1916-1926. De dicho período se recogen 150 fotografías. Este conjunto de imágenes permite visualizar cómo se desarrolló el proceso constructivo y poblamiento inicial hasta llegar a su mayor desarrollo, se observa la formación de un movimiento cultural y otros elementos que identifican a esta comunidad.

 

El estudio de las imágenes fue posible gracias a los testimonios de algunos pobladores, en su mayoría de la tercera edad, quienes rememoran con nostalgia el olor característico del melado. Amparo Ester de Jongh (1923) (primera nacida en Hershey), Esteban Antonio Alonso Fernández (Leonel), Amparo C. Alonso Fernández y Rodolfo Machado comentan acerca de los privilegios de vivir en Hershey y se emocionan al recordar viejas historias de su terruño.

 

Las fotos en su totalidad se encuentran en formato positivo, guardando un buen estado de conservación, todas son en blanco y negro a excepción de algunas, en su minoría, sepia. Solo algunas imágenes se encuentran identificadas con el nombre del fotógrafo, el año en que se tomaron y el lugar.

 

Para el desarrollo de la investigación las fotografías fueron agrupadas guardando relación con los elementos que develan la identidad comunitaria de Hershey: el Central, la arquitectura doméstica, el ferrocarril, el movimiento cultural, el deporte y el Parque Natural Jardines de Hershey.

 

Partiendo de su estricta delimitación, elegancia y suntuosidad, el pueblo fue convirtiéndose en centro de atención para fotógrafos de disímiles territorios que llegaban con el interés de documentar la realidad que acontecía. Ocasionalmente llegaban a Hershey otros fotógrafos, atrapados por la fama que adquirió el lugar por aquellos tiempos. No obstante, las imágenes que se recogen de este período pertenecen, fundamentalmente, a Gallardo y Pepe Luis.

Gallardo, sería el primer fotógrafo que posaría su lente sobre Hershey; habanero de nacimiento. Su obra se destacó por recrear un ambiente fastuoso que le permitió atesorar, en cada representación fotográfica, elementos que identifican al pueblo. En sus imágenes se recrean, con precisión, las principales construcciones arquitectónicas, detallando cada elemento de la composición.

 

Pero no sería solo Gallardo el titán de la fotografía en Hershey, quien, previendo el fin comercial que poseían sus imágenes, se encargó de documentar los lugares, sin prestar atención a otros acontecimientos de la vida social como las fiestas o los eventos deportivos. Se reconoce como figura principal que documentó los acontecimientos culturales a Pepe Luis, fotógrafo natural del pueblo de Caraballo, municipio Jaruco. Precisamente es en su pueblo natal donde se ubicaba el estudio, aunque se trasladaba a diferentes poblados en correspondencia con el tipo de actividad que se desarrollara. Las fotografías tomadas por él, en su mayoría, documentan las celebraciones culturales.

 

Cada fotógrafo tenía su estilo propio que los distinguía dentro de la comunidad. En las imágenes tratadas por Pepe Luis se resalta la figura del hombre como símbolo principal, no siendo así en las de Gallardo, las cuales tenían un fin comercial y eran expuestas en el Hotel de Hershey donde podían ser adquiridas por los pobladores o cualquier persona que lo deseara por el precio de 25 centavos.

 

Las imágenes reflejan la vida social y cultural de la comunidad, temas como el desarrollo industrial, la arquitectura, la cultura, el deporte fueron centro de interés para estos fotógrafos, principales exponentes de la fotografía en Hershey en el período de 1916-1926, de ahí que sus trabajos sean documentos infaltables para estudiar la historia de Hershey.

 

Como muestras documentales, las fotografías, de forma general, vislumbran el acontecer del pueblo, recrean el esplendor de un lugar que debe su nacimiento a la creación de un central. Por tanto, se convirtieron en el principal testigo de su desarrollo.

El Central Hershey. Construcciones arquitectónicas

“Por su arquitectura el poblado de Hershey constituye uno de los centros urbanos más interesantes de la provincia (…), siendo uno de los ejemplos mejor conservados de la estructura impuesta por la irrupción cultural constructiva norteamericana”. (Ribot, 2008, p.35).  Como elemento fundamental del pueblo de Hershey, el central se levantó como coloso industrial el 20 de marzo de 1919, allí comenzaría la vida de una comunidad que nacía bajo el humo, bañada de azúcar y cañaveral.

 

El estudio de las fotografías permite observar que la construcción del central se realizó de forma concatenada, dejando ver la intensidad del trabajo realizado por los obreros que participaron en su construcción. Las primeras obras del levantamiento del central fueron recogidas por la cámara. La fotografía evoca un ambiente activo en el que se evidencia el largo y forzoso proceso constructivo.

 

En la imagen aparece el central en medio del proceso de construcción. Ya para el año 1916 se erige la armazón de hierro. La grandeza de la edificación y su magnitud arquitectónica da la sensación de energía, nacimiento, vida y evoca lo que será, posteriormente, la molienda de la caña de azúcar. Las líneas perpendiculares infieren firmeza, las vigas esbeltas en el paisaje y su material de hierro inspiran fortaleza. En el suelo, en un primer plano se encuentran algunos listones de madera y hormigón, por la forma en que se posicionan expresan un ambiente en movimiento donde el trabajo sigue siendo el componente fundamental.

El virtuosismo como producto del esfuerzo aparece representado en la imagen a través de una armazón de hierro. El Central, símbolo recurrente en la imagen, transmite un ambiente creador que trasparenta su energía a través del humo en sus tres chimeneas. La fastuosidad del mismo se puede percibir a simple vista, la delimitación exacta de sus construcciones dan la sensación de originalidad.  En un primer plano aparece una enorme piscina acompañada de chorros que insisten en dilucidar un contexto expresivo; el agua como símbolo de transparencia y frescura aporta a la imagen un entorno que connota movimiento, los dos estados en que se encuentra la misma: de forma pasiva en el embalse y por borbotones emergiendo de cada una de las regaderas, sugiere el ingente movimiento que se desarrolla dentro de la fábrica. Aunque lejos, el hombre que aparece sentado a orillas del embalse alude al agotamiento de largas horas de trabajo.

 

 

Partiendo del concepto de “Pueblos Modelos”, como un todo incluido, el central crecía acompañado de una serie de construcciones que le darían vida a la comunidad, hasta llegar a convertirse en un pueblo que, pese a las pericias de la época, llegó a ser emblemático dentro de la cultura cubana, acompañado de características singulares que la hicieron convertirse en un lugar mágico que atesora lo más elemental para la vida en sociedad.

 

La siguiente imagen muestra una de las construcciones más representativas del central: los Barracones (1920) como su nombre lo indica, albergaba el personal que se encargaba del trabajo más pesado en la fábrica, en la mayoría de los casos eran hombres que llegaban desde otros provincias y países, rara vez, venían acompañados de sus familias; pero la exclusividad no se encuentra simplemente en el barracón, por lo general todos los centrales poseen un sitio como este donde albergan a sus trabajadores, la notoriedad se encuentra en lo atípico de la construcción y las comodidades que poseía. Se puede mencionar que el interior de la misma existían jardines que hacían del lugar un sitio de relajamiento, el equipamiento de los cuartos poseía lavabos de porcelana con agua fría y caliente para el disfrute personal de los obreros.

 

El resto de la arquitectura que se experimentó en el pueblo fue semejante, aunque es válido señalar que la calidad y confort de las viviendas se haría “de acuerdo a una jerarquización programada por el fundador y los asesores, [por tanto] se crearon casas tipo bungaló, en piedra y techos de tejas francesas; viviendas familiares, de madera, para trabajadores permanentes y otras llamadas dúplex (viviendas dobles para dos familias), destinadas a los sectores menos calificados y a las familias negras residentes en la comunidad.” (Ribot, 2008, p. 36).

 

Las casas, símbolo de la identidad del pueblo aparecen posadas en un paisaje que infiere un ambiente pasivo en el que solo recurren los árboles a lo largo de una calle que parece dormida, la avenida tercera, dedicada a los empleados de las oficinas. Las calles, aún sin pavimento, contrastan con la exactitud y el ordenamiento que sugieren las viviendas despejadas y en muy buen estado constructivo, apuntando al tiempo de residencia que parece ser breve. Por las características y materiales con que fueron construidas las mismas (de madera, a techo de dos aguas con tejas francesas), se puede afirmar que corresponden a trabajadores permanentes. El humo que se disuelve en el cielo constata la presencia del central, insinuando que la foto fue tomada en período de zafra. Los mástiles a orilla de la calle sostenidos por cables que se extienden a lo largo, connotan la existencia de electricidad en cada una de las viviendas. Al frente de las casas y a la orilla de las aceras se encuentran varios jardines bien adornados como símbolo recurrente en cada construcción.

 

Como insignia de magnificencia, la residencia tipo chalet, aparece dotando el paisaje de una suntuosidad majestuosa, la anchura de puertas y ventanas y la presencia de los cristales en las mismas, expresan transparencia, esplendor y elegancia, la chimenea que se encuentra en un ala del tejado insiste en expresar rasgos de otra cultura, si se tiene en cuenta el cálido clima que prevalece en Cuba. Los laureles en primer plano son recurrentes en cada una de las calles, por lo que se infiere son elementos distintivos del lugar. La amplitud del terreno, es delimitada con pequeños postecitos de piedra y hormigón. Las particularidades de la vivienda indican la existencia de un espacio habituado para la clase alta de la comunidad. Un hecho que persiste en ambos domicilios es la existencia de portales, espacio de recreación y disfrute personal muy asociado al tipo de construcción.

 

Otro lugar que goza de la esplendorosa arquitectura y de una elegancia respetable es el Hotel (1920), situado en la parte norte. Esa construcción contaba en su piso superior con treinta habitaciones y en los bajos, con bar, cafetería y restaurante. La imagen muestra una edificación de piedras, reafirmándolo como elemento recurrente, característico del lugar y el tipo de construcción. Las banderas que aparecen en la parte superior expresan la existencia de dos gobiernos en la Isla, en el lado izquierdo ondea la bandera cubana acompañada de la americana, expresando la carencia de autonomía y la manipulación a que estaba sometido el pueblo cubano. Como parte indisoluble de la arquitectura, el Hotel fue retratado en varias ocasiones por Gallardo, el artista mostró cierta afinidad por el sitio y se prevé que una de las causas fundamentales por las que dedicara parte de su tiempo a recrear la belleza del mismo, estuvo relacionada, en gran medida, con el papel que desempeñara, posteriormente, como tienda de exposición o galería de arte.

 

Un lugar de obligatoria recurrencia para los lugareños fue el Centro Comercial (1926), como un todo incluido  prestaba los servicios de correo, tienda de víveres y ropa, carnicería y farmacia. La construcción de mampostería y tejado de madera se observa a lo largo de la calle principal o tercera avenida. Las puertas y ventanas adosadas a las paredes que conforman el recinto se perciben en la imagen, detallando un ambiente activo en el que aparecen varias personas, evidenciando un acontecimiento de carácter social.

Los sitios donde se encuentran la farmacia y la tienda de víveres fueron los más significativos de este centro, con un ordenamiento profuso, la farmacia poseía otras mercancías, además de medicamentos, en él se podían obtener otros objetos y piezas de joyería como relojes, anillos, pulseras entre otros, sus mostradores de caoba y cristal representaban la elegancia que acompañaba el recinto a lo largo de avenida, estas características dan la sensación de permanecer en un museo; la tienda de víveres por su parte poseía, una elegancia y tecnología relevantes para su época la parte inferior del mismo se encuentra decorada con pequeños azulejos, mientras que, en la superior una lista de madera combina  perfectamente con cada uno de los estantes que se muestran en un segundo plano. Es válido destacar el típico sistema de cobro que se efectuaba en el lugar, con un sistema eléctrico que conducía los vales y los importes de las compras hasta la caja, se ubicaban en lo alto de la tienda unos carritos encargados de hacer el recorrido pertinente. (Ribot, 2008).

 

El Ferrocarril Eléctrico. Atractivo, firme, resistente, distintivo del pueblo de Hershey, así es calificado por los habitantes este medio de transporte, que por más de 95 años ha sido testigo de la bruma del tiempo, como un titán avasallando los campos y ciudades de Cuba, el Ferrocarril Eléctrico de Hershey es orgullo de sus habitantes. Primero de su tipo en América Latina, abriría sus puertas al público en 1922, un medio de transporte del que podían servirse, no solo los habitantes del pueblo, sino los de Cuidad de La Habana y Matanzas, entre otros pueblos aledaños como Jaruco y Caraballo.

El tren eléctrico se muestra sereno, el pantógrafo en la parte superior es como el corazón en el cuerpo humano, sinónimo de vida, a través del mismo el carro puede hacer contacto con los tensores de corriente impulsando su puesta en marcha. El número 103 que está grabado en la parte delantera del tren se corresponde con la serie de los coches, este empieza con uno, por ser el primer grupo que se obtuvo desde la puesta en marcha del Ferrocarril Eléctrico.

Los carnavales, las comparsas y las verbenas

Cada lugar tiene características propias que lo hacen diferente de otros. Hershey, sin lugar a dudas, no sería la excepción. La influencia del modelo norteamericano y de otras culturas que intervinieron en su formación, dejaban, inevitablemente, su huella en la comunidad naciente. Una cultura que denota un evidente proceso de transculturación, mezcla de sudor con sazón, empeño con elegancia, culturas, costumbres y tradiciones. Desde sus inicios manifestó un aire heterogéneo que lo diferenciaría del resto.

 

Mientras otros pueblos celebraban las fiestas patronales, Hershey enaltecía honores a su principal representante “El Central. Cada año sus celebraciones se daban al comenzar la zafra, este sería el acontecimiento más relevante que se elogiara. Corría el mes de febrero y el carnaval irrumpía por las calles de Hershey. Esta actividad era celebrada todos los 23 de febrero, patrocinada por la asociación Hershey Sport Club, siendo uno de los eventos más carismáticos que se dieran en el pueblo. Tradicionalmente dos comparsas acompañarían el evento, una representando la clase alta y otra, la clase media. Los grupos se reunían de acuerdo a la posición social a la que pertenecieran dentro del pueblo.

 

Comparsas como Rayitos de Sol, Dominó, Colombinas y Pierrot, Las Damas Antiguas, Los Árabes y La Bella Cubana, fueron algunas de las más relevantes; todas se destacaron por la singularidad de sus vestuarios.

 

Un ejemplo de ellas La comparsa “Rayitos de Sol”, quedó en la memoria fotográfica de Hershey, demostrando la elegancia y glamour del evento cultural, esta comparsa es recordada como la más refinada; las tres damas que se muestran en la imagen, llevan vestido de muselina blanca con adornos de lame y tissue metálico, las mismas representan la clase alta. Con exuberante elegancia en los adornos y detalles.

 

En otro sentido, la comparsa “Dominó” representaba la clase media. Los vestuarios, como fichas de dominó, simbolizan la mezcla de culturas que prevalecía al ser este un juego oriundo de Europa, por lo que se evidencia fielmente el proceso de transculturación que se dio en esta comunidad. Las integrantes que conforman este conjunto, de izquierda a derecha, son: Dulce Hernández, María Martínez, Juanita Bermúdez, Obdulia Bernal, Rosa Ramos, Esperanza Ramos, Ramona Bahamonde, Antonia Bahamonde y la niña Aurora Bermúdez (Coco). La mayoría de ellas vivían en la calle diez y la cuarta avenida, en la parte sur del pueblo por lo que se puede afirmar que pertenecían a la clase media.

 

Estas dos imágenes de las comparsas aluden al movimiento cultural del pueblo de Hershey aportando además algunos elementos sobre la estructura y delimitación de las clases sociales que prevalecían en el mismo. Esta diversidad de etnias que existía en Hershey fue creando las bases de una cultura que aun hoy persiste en la comunidad.

No sería solo las comparsas, también llegaron otros atractivos que ensancharon la vida cultural del pueblo, surgió la primera Banda de música, dirigida por Manuel Bandín.

En la imagen aparecen representados los integrantes del conjunto musical con sus uniformes e instrumentos.

La banda fue una excelente armadura de seguridad, de unión e identidad que hizo sentarse en un mismo banco a personas de diferentes clases sociales para disfrutar de una marcha, un himno o un vals, “porque en Hershey como en la Viena del siglo XVIII, los trovadores rondaban las ventanas de las casas y no pasaba una noche sin que alguien recibiera una serenata, que, cual madrigal casero, le cantara a un amor, a un nuevo nacimiento, a un ascenso en el puesto de trabajo, o a una buena nota escolar”. (González, 2011, p.4.).

 

La comunidad de Hershey se formó de la mezcla de culturas y tradiciones, emigrantes en su mayoría, que se fundieron en ese territorio. La historia de Hershey, a decir de (Ribot, 2008), es una muestra de este gran ajiaco cultural que somos los cubanos.

 

Lo de Pueblo Modelo, no venía sin argumento, además de Tiendas, Farmacias, Correo, Carnicería, el Central y el amplio movimiento cultural que poseía Hershey, contaba con una Escuela Pública que se fundó en 1922, a la que podían asistir todos los niños del pueblo. Como parte de las costumbres los niños y las niñas no recibían las clases juntos en un mismo local, por lo que tenían tanto aulas como profesores diferentes.

La imagen muestra un grupo de niñas de forma escalonada junto a la directora de la escuela, María Teresa Jurado, de familia pudiente, pues su esposo ocupaba el cargo de jefe de ferrocarril. Todas las niñas llevan uniforme escolar, en la parte izquierda aparecen tres niñas negras con vestidos blancos, la posición que ocupan en la foto como la ropa que llevan puestas sugieren la diferencia de clase existente.

 

En la siguiente foto aparece un grupo de niños con su maestro, Ignacio Formoso. El mismo ocupa en la imagen la posición central, sentado de frente con un elegante traje, denota el carácter persistente y constante. A su alrededor, de menor a mayor, los niños, parados firmemente, sugieren respeto y obediencia, características primordiales del régimen escolar. En ambas imágenes aparece la bandera cubana como símbolo de cubanía, afirmando la nacionalidad.

Un equipo, una asociación y un club deportivo: Hershey Sport Club. Desde los primeros años de fundada la comunidad, se hace sentir por su enérgica actividad deportiva, pues contó con varias figuras que pusieron en alto su nombre. En 1924 se crea este Club que se encargaba de patrocinar los equipos y preparar los eventos deportivos.

El Hershey Sport Club estaba ubicado en medio de un amplio terreno ubicado en la parte central de la comunidad. La construcción contaba, en su interior, con diferentes habitaciones que estaban equipadas con mesas de juegos como dominó, billar, pin pon, ajedrez, entre otros. A lo largo del portal aparecen situados varios sillones que dan la sensación de amplia recurrencia, siendo este el lugar donde se reunían los hombres de la clase alta. La asociación estaba compuesta por presidente, vicepresidente, tesorero y contador, máximos encargados de atender las actividades que esta brindaba.

 

No fue solo el deporte la actividad principal de este lugar, en él se celebraban actividades del ámbito cultural, ejemplo de ello eran las verbenas que tenían un espacio fijo todos los años en este sitio, otras actividades culturales celebradas en la comunidad también tenían lugar en el Club. Su primer presidente fue Ramiro de Jongh, trabajador del central y padre de la primera niña nacida en Hershey.

 

Con una larga trayectoria deportiva se destacaban en la comunidad: Pedro Echevarría, Natilla Jiménez y Quilla Valdés, peloteros que se convirtieron en glorias del deporte cubano. Su buen rendimiento y los disímiles campeonatos que ganaron los llevaron a formar parte del equipo Cuba. Estos hombres formaban el equipo de béisbol de Hershey, sus trajes con el nombre grabado y el central en la manga derecha son el emblema de la pequeña ciudad azucarera.

 

Además del beisbol, el golf tuvo un espacio dentro del pueblo de Hershey. Junto al central creció el Campo de Golf, este fue diseñado como símbolo de magnificencia. Se infiere que su construcción estuvo relacionada con la popularidad que cobró este juego en la década de 1920 en Estados Unidos y Gran Bretaña. Los laureles y las palmas, símbolos de la identidad cubana aparecen dispersos en el paisaje. La foto muestra la inmensidad del terreno y la opulencia de un sitio al que solo recurre la clase alta del pueblo. El central se evidencia de forma sutil en el fondo de la imagen por sus chimeneas en pleno fervor.

En la imagen aparece Míster Hershey junto a un caddie en el campo de golf. El niño con el saco en la mano junto al magnate infiere un ambiente donde se evidencia el carácter servil, el niño llevaba los palos del juego y buscaba las pelotas, trabajo que le era recompensado con unos pocos centavos. Es válido destacar que este deporte es muy costoso en todo el mundo por ello es practicado solamente por personas de alto poder adquisitivo.

 

El fútbol fue otro deporte que cobró auge en Hershey, pateando balones el equipo de la Cafetera Perdida ganó varios campeonatos. Los primeros jugadores de este deporte en la comunidad fueron españoles. En la foto aparecen los integrantes del equipo. Existía una tradición deportiva entre los jóvenes de realizar una Copa de Fútbol “La Cafetera Perdida”.

Situado en el extremo norte del pueblo, el parque natural “Jardines de Hershey” es considerado por los habitantes un sitio atractivo y emblemático donde los elementos naturales pasan a ser el componente fundamental. Estos poseen en su interior varios manantiales de agua, reserva natural que fue explotada por primera vez cuando se instaura la comunidad industrial de Hershey. Conjuntamente un río baña las laderas hasta desembocar en la pequeña bahía de Santa Cruz del Norte, es nombrado Río de los Jardines o Jardines de Hershey.

La imagen muestra en primer plano un sitio en el que la naturaleza y las plantas complementan un ambiente pasivo, las personas que se encuentran sobre el puente de madera parecen disfrutar del paisaje en un entorno que expresa naturalidad.

En este espacio habitan varias especies que gozan de un endemismo que  caracteriza el sitio, estas especies, tanto de plantas como de animales, se han desarrollado y han convivido, por más de cien años, en este lugar, el microclima que se crea entre la abundante vegetación y la humedad del río, es el que mantiene una conexión evidente entre lo natural y lo endémico.

 

Desde los años veinte, con la creación de la comunidad de Hershey y la puesta en marcha del Ferrocarril Eléctrico, los jardines comenzaron a popularizarse, eso se debió, en gran medida, al plan de excursiones que incluía una gira en el tren eléctrico desde La Habana hasta el pueblo modelo y culminaba en los Jardines. Es válido destacar que esta excursión fue un éxito llegando a transportar más de 37 000 pasajeros al mes. (Ribot, 2008).

 

Plantas endémicas de este lugar son el árbol del pan, la tomentosa, la mariposa, el jacinto de agua, la ipomea, el calistenón rojo, entre otros, que convirtieron el parque en un sitio de placer y recreo, no solo para los habitantes del pueblo, sino para miles de excursionistas.

 

El sitio se convirtió en la villa de descanso para sus pobladores y la pesca en el deporte de muchos de sus visitantes. Este lugar también fue utilizado para diversas celebraciones como las despedidas de soltero, los cumpleaños y otras festividades.

 

El documento fotográfico en el estudio de la identidad de Hershey

Como fieles documentos de la realidad, las fotografías de Hershey del período 1916-1926 muestran su historia y por tanto, reflejan elementos de la identidad de dicha comunidad. El Central, la arquitectura: sus casas tipo chalet y los barracones, el ferrocarril eléctrico, el hotel, el movimiento cultural y deportivo y los Jardines, son los elementos más representativos que identifican a Hershey.

 

“El espíritu de una comunidad es indefinible, va más allá de la arquitectura y la urbanización, anda entre sus costumbres y tradiciones… y aún es muchas cosas más. Entenderán por qué para nosotros, acá en el pueblo, las catenarias son algo más que un sistema de suspensión para un cable de alimentación de energía eléctrica: son un símbolo”. (Ribot, 2008, pp. 102-103).

 

El estudio del conjunto de imágenes permitió visualizar cómo se reflejan estos elementos en el documento fotográfico. Las fotografías de este período se convierten en patrimonio documental de la localidad, siendo fuente obligada para investigaciones históricas.

 

“La gente de Hershey ama lo suyo, la nostalgia es voluntaria y es identidad, y es además amor que no desilusiona, aunque el aroma haya cesado de repente, porque ha quedado prendido en la memoria y no se pierde como no se pierde la identidad (…) Creo que a eso se le llama pertenencia”. (Ribot, 2008, p.104).

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Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Cruz Piedrafita, Maibet y Sánchez Ortega, Naydelín: "Hershey: historia e identidad a través de la fotografía" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, abril 2013, en http://caribeña.eumed.net/hershey-historia-identidad-fotografia/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.