LA INEXIGIBILIDAD DE LA RESPONSABILIDAD COMO UN CASO EN EL QUE NO SE HA DE EXIGIR RESPONSABILIDAD PENAL

Resumen: La culpabilidad como categoría jurídico penal y las condiciones normales de exigibilidad como elemento integrante de esta, requiere que el sujeto para que pueda responder penalmente, ha de ser culpable. Con relación a dicho particular no existe claridad en cuánto a qué se debe considerar por dicha institución, así como qué la ha de caracterizar, en tanto la conducta ha de ser exigible. Motivos por lo que urge adentrarse en el tema.

Palabras claves: Culpabilidad – exigibilidad – inexigibilidad – responsabilidad y penal.

Introducción

En los pueblos primitivos el castigo se fundaba casi exclusivamente en la llamada responsabilidad objetiva; castigándose por el resultado, el cual se extendía incluso, a los familiares del delincuente. Desde entonces la culpabilidad, como categoría dogmática, ha evolucionado paulatinamente en la medida en que lo hace la teoría del delito, aunque predomina cierta incertidumbre en relación a su contenido.

No obstante lo expresado, existe consenso en la mayoría de los estudiosos y prácticos de la ciencia penal, en estimar que toda acción y omisión, para que sea considerada delito, además de ser antijurídica y punible, el sujeto debe ser culpable, pues en caso contrario, la conducta cometida por el mismo no conlleva la imposición de una pena. Al respecto, de acuerdo con Gabriel Rodríguez Pérez de Agreda(2000, p: 32), criterio normativista al que se afilia la investigación, la culpabilidad es “…la atribución, el reproche y la imputación subjetiva de un hecho antijurídico a su autor”.

Para que pueda darse esta han de apreciarse los siguientes elementos: Capacidad de culpabilidad, conocimiento potencial de la antijuridicidad y las condiciones normales de exigibilidad. Con relación al último de los elementos, se ha de estimar toda vez que el Derecho no le puede exigir la realización de actos heroicos al hombre, por lo que en determinados caos, entonces se le eximiría de responsabilidad penal por existir una causa de inexigibilidad. Con relación a dicho particular no existe claridad en cuánto a qué se debe considerar por dicha institución, así como qué la ha de caracterizar. Motivos por lo que urge adentrarse en el tema.

1.1. La exigibilidad a partir del contexto histórico – socio – jurídico en el que se ha desarrollado su reconocimiento por la dogmática penal.

El reconocimiento de la inexigibilidad ha estado condicionado por las diversas concepciones adoptadas por la dogmática penal en torno a la culpabilidad como categoría sistémica de la teoría del delito y dentro de esta, de las condiciones normales de exigibilidad. Por ello, la valoración que se realice en torno al contexto histórico – socio – jurídico en el que se ha desarrollado, debe efectuarse al mismo tiempo en el que se analiza el de las instituciones antes referidas.

En relación al inicio o surgimiento de la culpabilidad, como fenómeno jurídico en sí, según Gabriel Rodríguez Pérez de Agreda(2009, p: 10),[1] se encuentra en el Derecho Romano a finales del siglo XVIII.[2] Para el aludido autor, en la medida en que la formación económica – social y feudal se implementó en el mentado sistema, apareció la responsabilidad objetiva o responsabilidad sin culpabilidad,[3] para luego retornar nuevamente, con la llegada del iluminismo,[4] la imputación o culpabilidad subjetiva.

Desde entonces la culpabilidad se desarrolla a través de los siglos hasta llegar a los modernos derechos penales, en los cuales rige el principio de culpabilidad con amplitud, formulado por la frase latina nullum crimen sine culpa.[5] En tal sentido, existen diversas teorías o concepciones que han tratado de definirla, estableciéndose dos direcciones fundamentales: la psicológica y la normativa.

1.1.1. Teoría psicológica de la culpabilidad.

En la segunda mitad del siglo XIX surge la llamada concepción psicológica de la culpabilidad conforme a Hans Heinrich Jescheck(2003, pp: 2-3), la  cual es coherente con las premisas metodológicas , de impronta naturalista, que prevalecen bajo la influencia del positivismo Científico[6]  y asimismo, con la noción de delito vigente para entonces en el seno de la ciencia penal. Entre los representantes de esta teoría se encuentran Frans VonLiszt y Ernst Von Beling. Para el primero la culpabilidad comprende la relación subjetiva entre elacto y el autor(1927, p: 375). Mientras que para el segundo es la relación del autor con el resultado(1944, p: 30).

La aludida teoría, según Frank Reinhard(2002, pp: 11-14)se encuentra orientada hacia el predominio del pensamiento mecanicista y del denominado dogma causal, convirtiéndola en una simple conexión subjetiva, simultánea y paralela al nexo de atribución objetiva. De conformidad con lo expresado, la culpabilidad constituye una concepción formal(Righi, 2003, p: 77)[7] que se detiene en el estado mental del autor del delito, sobre la base de aquellos hechos que pudieran ser reconocibles por medio de la observación y accesibles a una descripción.

Por tanto, según lo descrito, equivale a una determinada relación con el resultado, apreciada desde el prisma causal y con absoluta neutralidad descriptiva. A tenor con dicha perspectiva, la referida categoría se limita a determinar desde el aspecto psicológico, es decir, en forma puramente descriptiva, las relaciones anímicas existentes entre el autor y el hecho cometido por él.

Así mismo, Mourullo Rodríguez(1996, pp: 196-197)plantea que la culpabilidad conforme la teoría que se analiza, se configura como un proceso psicológico y espiritual que tiene lugar en el interior del mundo anímico del sujeto. Es decir, constituye un nexo psicológico del autor con el hecho. Por ende, la referida relación reviste las modalidades básicas de dolo, entendido como conocimiento y voluntad del hecho y la culpa, concebida como voluntariedad de la acción que, por imprevisión o descuido, origina un evento no querido, pero previsible y evitable.

Enrique Bacigalupo(1996, p: 149)manifiesta igualmente, que para el pensamiento psicologista la afirmación de la culpabilidad precisa la comprobación de que la voluntad del autor es causal del hecho ilícito por lo cual el dolo y la culpa son especies de la culpabilidad y presuponen la imputabilidad del autor. Por ende es aceptado el criterio de Esteban Righi(2003, p: 78) al plantear que el juicio de culpabilidad no se hace depender de una valoración, sino de la constatación de la existencia de un nexo psicológico entre el hecho y su autor.

No obstante lo expresado, lo esencial de la referida teoría es que reúne en la culpabilidad los elementos subjetivos del delito, toda vez que considera la imputabilidad como presupuesto, por lo cual para poder determinar si una persona obró con dolo o culpa es requisito previo determinar si es o no imputable(Coromas Zayas, Enrique, Ramos Smith, Guadalupe, & De la Nuez, Francisco, 1987, p: 409). Al distinguir la relación psicológica como el dolo e imprudencia, sin contenido valorativo alguno, se establece que la comprobación de dichos momentos psíquicos es lo trascendental a los efectos de declarar la culpabilidad(García González, 2008, p: 19).

De la culpabilidad psicológica entendida como conciencia y voluntad del agente orientado a obtener un evento, se derivan determinadas consecuencias. Entre ellas, se aprecia que la pena se impone individualmente al sujeto que realiza el acto, lo que evidencia la responsabilidad personal e intransferible. Otra, es que la atribución se limita al acto realizado, es decir, responsabilidad por el hecho.

Lo señalado constituye un mérito de la concepción subjetiva, si bien se le ha de criticar varios desaciertos. Esteban Righi(2003, p: 78) señala, acertadamente, que por lo expresado, la teoría objeto de análisis, no permite explicar la ausencia de culpabilidad de los inimputables, como tampoco la inculpabilidad de quienes obran coaccionados[8] o se encuentran en situaciones de necesidad por colisión de bienes de igual valor.

Sebastián Soler(1976, pp: 111-113) realiza otras objeciones, algunas de ellas coincidentes con las expresadas. La primera radica en que considera inexacto que en todos los casos de culpabilidad se dé efectivamente una relación psíquica entre el autor y el hecho. De conformidad con su criterio, en la llamada culpa inconsciente[9] no existe evidentemente ningún vínculo espiritual entre el sujeto y el resultado, y además, tampoco se aprecia ninguna comprensión de la antijuridicidad o criminalidad de la conducta. Lo que se reprocha al agente comisor del delito es justamente la circunstancia de que no haya existido esa relación psíquica, que le habría permitido evitar el resultado dañoso.

La segunda objeción que realiza consiste en que, según su criterio, no es preciso establecer que en el que obra bajo coacción no exista, desde el punto de vista psicológico, ningún vicio volitivo. La voluntad del coacto, de acuerdo con lo expresado, es en sí misma normal, lo que no es normal es su motivación, pues el sujeto se halla sometido a la influencia de motivos excepcionales.

Si se tiene en cuenta que para la teoría psicológica los elementos de la culpabilidad son la relación psíquica con el hecho y la conciencia de la antijuridicidad, entonces no puede explicar la ausencia de culpabilidad en el caso de la coacción, según se explicó antes. El que obra coaccionado realiza un acto voluntario y sabe que esa conducta es antijurídica. La única diferencia que puede existir entre el coacto y el que obra con dolo es la calidad de los motivos que lo condujeron a la acción, motivos que no son tenidos en cuenta por dicha concepción.

La tercera objeción que relaciona consiste en considerar que no es exacto afirmar que la imputabilidad es siempre un presupuesto psicológico de la culpabilidad, ya que la inimputabilidad por la edad no se establece psicológicamente, sino normativamente, y son razones culturales las que la determina.

Para Claus Roxin(1997, pp: 847-848) se trata de una presunción irrefutable de inimputabilidad, que denomina una gran ficción. Constituye una regulación de exclusión de la responsabilidad que se basa en que el niño todavía no es normativamente asequible o bien en que no existe ninguna necesidad preventiva de punición. La exclusión de la responsabilidad se halla en el Derecho material, en tanto la minoría de edad penal, procesalmente, no conduce a la absolución, sino a un sobreseimiento del proceso.

La cuarta de las objeciones consiste en que la teoría objeto de análisis deja sin solución los casos más típicos de obediencia debida. De acuerdo con Sebastián Soler(1992, p: 21)la referida eximente no constituye una causa de justificación, entre otros motivos porque de lo contrario no podría admitirse legítima defensa contra un delito realizado por obediencia al superior. La teoría psicológica no puede resolver el problema sino a través de la excusa al inferior en virtud del error, o excepcionalmente de la coacción, lo cual evidencia que se diluye esa causa de impunidad en otras.

De acuerdo con la quinta objeción si la culpabilidad no fuera más que una relación psíquica entre el autor y el hecho, que incluye el conocimiento de la antijuridicidad, es evidente que no sería susceptible de graduación. Una vez que se sabe que el sujeto quiso el resultado, hay dolo. Mientras que cuando se afirma que el individuo previó la posibilidad del resultado, sin quererlo, hay culpa. De esa forma no se puede distinguir si hay mayor o menor culpabilidad en un hecho, de lo que se deriva que no se aprecie como criterio para establecer la medida de la pena, aunque pueda ser su fundamento.

Por tanto, según lo expresado, el error de la concepción psicológica se basa en la falta de consideración de los elementos individuales de la culpabilidad, tales como la imputabilidad y las circunstancias bajo las cuales es ejecutado el hecho. Por lo cual no concibe tampoco la inexigibilidad como una causa en la que falta la culpabilidad.

1.1.2. Teoría normativa de la culpabilidad.

Por errores propios del momento en el que surge el concepto psicológico sobre la culpabilidad, el mismo presentó determinadas imperfecciones que no le permitieron vencer su comprobación en la práctica, originándose la teoría o concepción normativa, la cual aparece en el siglo XIX(Rodríguez Pérez de Agreda, 2009, p: 32).

Las insuficiencias destacadas en el sub epígrafe anterior, en contra de las ideas defendidas por el psicologismo, son las que determinan las principales características de la actual teoría. En esta no se evidencia una posición uniforme entre los autores que la sostienen, pues dentro de ella se desarrollan diferentes corrientes, la neokantiana, la finalista y la funcionalista, si bien se aprecian coincidencias.

a)    Concepción normativista neokantiana.

El alejamiento del Positivismo Científico y el viraje hacia el Neokantismo[10] que se inicia a finales del siglo XIX, conducen a que en el Derecho Penal, en lugar del método de las ciencias naturales consistente en observar y describir, apareciera un método propio de las ciencias humanas consistente en comprender y valorar.[11]

En el transcurso de dicha evolución, la interpretación psicológica de la culpabilidad fue sustituida por una concepción normativa, de la cual es fundador Frank Reinhard, quien establece la tesis de la imputabilidad como elemento de la culpabilidad. Conjuntamente con el citado autor, resaltan otros tanto, que sostienen igual criterio, por ejemplo, Edmund Mezger y James Goldschmidt (Montes Huapaya, 2009, p: 2).

Para Frank Reinhard, según Hans Heinrich Jescheck(2003, p: 3), la culpabilidad es la reprochabilidad del hecho. Esta alude a un comportamiento que se caracteriza por la imputabilidad del sujeto, su relación psíquica con el ilícito en forma de dolo o de imprudencia, y la normalidad de las circunstancias concurrentes.

Frank Reinhar drechaza la concepción psicológica que reduce el concepto de la referida categoría íntegramente a una relación psíquica del autor con el hecho. A su criterio, en la medición de la culpabilidad gravitan otros factores más allá del dolo y de la culpa, a los cuales denomina circunstancias concomitantes, atribuyéndoles la aptitud no sólo de disminuirla, sino incluso la de llegar a excluirla(Fernández, Gonzalo D, 2000, p: 208).

En cuanto a las circunstancias concomitantes a las cuales, en un inicio, reconvierte en motivación normal, posteriormente considera que son en última instancia un medio para determinar el grado de exigibilidad. Por tanto, según su criterio, la imputabilidad no consiste en una mera capacidad de culpabilidad, entendida a título de eslabón previo. Así mismo, tampoco constituye un presupuesto, sino una parte integrante de la misma, a la cual pertenece(Reinhard, 2002, p: 17).

Finalmente, junto a la imputabilidad y a las circunstancias concomitantes, Frank Reinhard(2002, p: 17)le reconoce al dolo y a la culpa su condición de elementos de la culpabilidad, tal y como se mencionó antes, sustentados, al igual que en la concepción psicológica, en una determinada y concreta relación psíquica con el hecho, que el autor se representó o hubiera debido representarse. Por ello, un supuesto en el cual no hay dolo, sino imprudencia, se valora con rasgos de menor severidad.

Según dicha tesis, los tribunales deben medir la culpabilidad de acuerdo con las circunstancias concomitantes. Por lo que hay casos en los cuales el incremento o la disminución de la pena no se pueden explicar de forma diferente, a excepción de aquellos donde se considera que el legislador ha tomado en cuenta tales circunstancias como un patrón para la culpabilidad.

Entre tanto la culpabilidad para Edmund Mezger es la suma de requisitos que fundan un reproche contra el autor y muestran al hecho como expresión jurídicamente desvalorada de la personalidad del autor. Constituye una relación psicológica, que se determina como contraria al deber y reprochable, mediante la valoración jurídico-penal. Este concepto se integraba, junto al dolo y la culpa, con la imputabilidad y la ausencia de causas excluyentes de la culpabilidad(Zaffaroni, Eugenio Raúl et al., 2002, pp: 662-663).

Según lo expresado el reproche se vincula a la inexigibilidad de otra conducta, elemento negado posteriormente por Edmund Mezger. No obstante, comienzan a percibirse los esfuerzos por llegar a las mismas o parecidas conclusiones prácticas que la peligrosidad. Si bien se trata de dos conceptos totalmente diferentes, de alguna manera, por la vía de la culpabilidad, se procura explicar y legitimar la mayor pena al habitual, al reincidente, al profesional, al malvado, entre otros. Desde el positivismo, según Eugenio Raúl Zaffaroni (2002, p: 664)se ha apreciado que dicho concepto se traduce en una peligrosidad reducida a los imputables, lo que no es verdad, si bien acierta en cuanto a su equivalencia funcional.

Dentro de la misma orientación normativa, James Goldschmidt parte de la base de que al lado de cada norma jurídica existe otra de deber, que es la que determina la motivación e introduce igualmente el concepto de exigibilidad. Considera que la base del reproche está en “el no hacerse motivar por la representación del deber a pesar de la exigibilidad; es contrariedad al deber o reprochabilidad. Culpabilidad como modalidad de un hecho antijurídico es la atribución de tal hecho a una motivación reprochable”(Fernández, 2000, p: 209).

Sin embargo, dicho concepto de exigibilidad, limitado a la norma de deber, no es compartido por Berthold Freudenthal, quien relaciona por vez primera la exigibilidad con el poder actuar de otro modo. En definitiva, se trata de un criterio individualizador, ya que el poder de actuación diferente se determina según las circunstancias del caso concreto. Lo expresado permite extender la exigibilidad más allá del ordenamiento jurídico, al posibilitar de este modo la inclusión de causas supralegales de exculpación, ya que puede extenderse el ámbito de aplicación de las causas de exclusión de la culpabilidad(Fernández, Gonzalo D, 2000, p: 210).

Los dos aspectos fundamentales de esta postura son objetados por Eberhard Schmidt. A su juicio la no exigibilidad no constituye una causa supra legal de exclusión de la culpabilidad, sino que el legislador debe precisar en qué casos ha de ser tenida en cuenta, aspecto que se comparte, según se analizará posteriormente. Por otra parte entiende que ha de medirse conforme a módulos objetivos, pues sólo cuando, dadas las circunstancias, puede concluirse que cualquiera otra persona[12] habría actuado como lo ha hecho el autor, se dará una situación de no exigibilidad que impedirá la formulación del juicio de reproche expresivo de la culpabilidad(Paredes Vargas, 2002, p: 181).

Todas las causas de inculpabilidad son supuestos de inexigibilidad de otra conducta adecuada al derecho. Pero la inexigibilidad no es una causa de inculpabilidad, de naturaleza supralegal, sino el común denominador, género o naturaleza última de todas las causas de inculpabilidad(Zaffaroni, 1988, p: 674).

En relación al segundo aspecto, Esteban Righi(2003, pp: 108-109)arguye que para el Derecho Penal la exigibilidad es la base central de la culpabilidad. Actúa culpablemente el que con arreglo al ordenamiento jurídico pudo proceder de otra manera a como lo hizo. Dicho elemento supone que de conformidad con las circunstancias del caso concreto, en el momento del hecho se podía exigir al sujeto la observación de una conducta diferente. Las causas de inculpabilidad que lo neutralizan son circunstancias cuya concurrencia determinan que no deba formularse reproche al autor, porque no se le podía exigir otra conducta, como sucede en los casos de estado de necesidad disculpante, coacción y obediencia(Soler, 1992, p: 109).

Para Claus Roxin(1981, p: 60)el no poder actuar de otro modo no aclara nada acerca de las causas de exclusión de la culpabilidad. Lo decisivo, según su criterio, no es el poder actuar de otro modo, sino que el legislador, desde puntos de vista jurídico – penales, quiera hacer responsable al autor de su actuación

El sujeto tal y como inquiere Claus Roxin, siempre tendrá más de un opción, aunque limitada. Es decir, podrá escoger entre actuar de un modo u otro. Lo que sucede es que en el caso concreto, de conformidad con las circunstancias existentes, al mismo no se le podrá exigir que actúe de forma diferente a como ha decidido hacerlo. Tener más de una posibilidad de actuación no se contrapone al criterio de inexigibilidad de una conducta acorde al derecho.

En conclusión, la concepción neokantiana de la culpabilidad corresponde a una etapa de transición, la cual, aunque no supone un cambio radical, genera innovaciones al sistema positivista. Las cuales se sintetizan en la sustitución de un método que utilizaba la observación y la descripción por otro basado en la comprensión y la valoración, es decir, más acorde con las ciencias del espíritu. Además incorpora un esquema teleológico orientado a lograr que el Derecho Penal alcance determinados fines, con desmedro de la coherencia del sistema(Righi, 2003, p: 80).

La precitada teoría se desarrolla sobre la idea de la existencia de una causa supra legal de exclusión de la culpabilidad asentada sobre la noción de inexigibilidad, bajo el criterio de la reprochabilidad, lo cual permite fundamentar la ausencia de culpabilidad en los casos donde se presenta la relación psicológica entre el hecho y el sujeto. El reproche de la imprudencia, por su parte, no se dirige contra el concepto negativo de falta de representación del resultado, sino como falta de atención demostrada por el autor en el cumplimiento de un deber de cuidado.

Además, el dolo y la imprudencia continúan incluyéndose en el plano sistémico de la culpabilidad, como formas o elementos de la misma, lo cual constituye blanco de crítica de la teoría finalista según se analizará seguidamente. En consecuencia, para que alguien pueda ser reprochado por su conducta de acuerdo a la referida teoría, se exigen tres requisitos: la capacidad de ser culpable del reproche, es decir, la imputabilidad; una relación psicológica, entiéndase dolo y culpa y, la normalidad de las circunstancias concomitantes.

b)    Concepción normativista finalista.

La doctrina finalista,[13] cuyo fundador y más autorizado representante es Hans Welzel, comenzó a elaborarse en la década del treinta del siglo XX y obtiene su máximo desarrollo a partir de la terminación de la segunda guerra mundial(Rodríguez Mourullo, 1996, pp: 196-197).

La fundamentación ontológica del concepto de delito realizada por dicho autor condujo, según Hans Jescheck(2003, p: 5), a que el dolo típico y la lesión objetiva del deber de cuidado, en el caso de la imprudencia, fueran extraídos del concepto de culpabilidad y atribuidos al tipo de injusto. En el concepto permanecieron únicamente auténticos elementos normativos: conciencia de la antijuricidad y exigibilidad de la conducta adecuada a la norma.

De conformidad con lo explicado, es apreciable que para Hans Welzel, la culpabilidad es responsabilidad del autor por su determinación antijurídica la cual no llega a explicar cómo puede fundamentarse la responsabilidad del culpable por su decisión de cometer el hecho. En tal sentido, Hans Heinrich Jescheck(2003, pp: 5-6)plantea que es imposible conocer de qué forma la persona evita el delito y utiliza en efecto su autocontrol con la finalidad de actuar conforme a Derecho.

Lo más importante del modelo de Hans Welzel, conforme a Esteban Righi(2003, pp: 86-87), es que al partir de una fundamentación ético social del Derecho Penal, en un marco global de redimensionamiento de los valores, generó un proceso de etización del Derecho Alemán en el contexto de posguerra. Ello condujo a la revalorización de la teoría retributiva[14] por la adopción de un modelo en el que la culpabilidad no sólo fue apreciada como presupuesto, sino también como fundamento y medida de la pena.

Hans Welzel(1970, pp: 169-170) es del criterio que el reproche de culpabilidad presupone que el autor se habría podido motivar de acuerdo a la norma, lo cual no es un sentido abstracto de que algún hombre en vez del autor, sino que concretamente dicho hombre habría podido en tal situación, estructurar una voluntad de acuerdo a la norma. Se trata de un juicio de reproche personalizado, y como tal, deben ser atendidas las circunstancias dentro de las cuales el sujeto actuó. En esas circunstancias comienzan a jugar las posibilidades de actuación distinta del sujeto, determinándose qué es lo que se puede esperar de él.

En conclusión, entendida según lo expresado, la teoría finalista centra su contenido sobre tres núcleos temáticos: la imputabilidad, la posibilidad de la conciencia de la antijuricidad, es decir, cognoscibilidad de la norma de prohibición y, la falta de especial situación de necesidad. Dichos núcleos hacen exigible una resolución de voluntad conforme a derecho. No obstante, al igual que la concepción antes analizada, el reproche puede ser dispensado cuando existan circunstancias que influyan fuertemente sobre la motivación de la misma, en cuyo caso se habla de inexigibilidad de otra conducta que exculpa el juicio de valor.

c)    Concepción normativista funcionalista.

El funcionalismo[15] comienza a tener auge como una vertiente radicalizada dentro de la concepción normativa de la culpabilidad a finales de los años sesenta del siglo XX, cuyos máximos exponentes son Claus Roxiny Günther Jakobs. En la mencionada corriente de conformidad con Graciela García González(2008, pp: 24-25), los juicios valorativos y los fines del Derecho Penal desempeñan un importante papel. Por lo cual, las categorías del delito se estudian a partir de su función político – criminal.

La culpabilidad al estar orientada a la necesidad preventiva de la pena, no se apoya en la posibilidad de actuar de otro modo, sino en las necesidades de prevención general o especial. Por tanto, la intervención punitiva en caso de injusto sólo se justifica político – criminalmente, es decir, en función de una simple necesidad preventiva, donde la medida de la culpabilidad solo sirve como límite, por lo que no sería necesario que la pena alcanzase siempre ese límite.

Eugenio Raúl Zaffaroni(1988, p: 667) resalta que Claus Roxin desarrolla su concepción de la culpabilidad derivada de su teoría de los fines de la pena y la concibe como el merecimiento de pena. Alega que siempre que alguien, por cualquier razón, no pueda evitar el injusto típico que ha realizado, no tiene objeto castigarlo. Lo manifestado es incuestionable, pues en cualquier teoría de la pena no puede pretenderse castigar una culpabilidad inexistente.

La labor desarrollada inicialmente por Claus Roxin fue radicalizada por Günther Jakobs. Dicho autor extrema la idea de normativizar la culpabilidad al construir un concepto que no es propio de dicha categoría, pues su sentido etimológico y corriente no es posible reconocerlo en él. Además lo hace por una vía meramente deductiva y, por ende, no se nutre con ningún dato no jurídico: es una culpabilidad jurídica con contenido jurídico, aunque en realidad es un concepto jurídico construido de acuerdo a un objetivo político(Zaffaroni, 1988, p: 669).

Si se trata de una situación especial, no susceptible de generalización, expresa Günther Jakobs(2003, pp: 96-97), se ha de exculpar al sujeto por su actuar contrario a la norma. Pero si la exculpación perturba el orden establecido, sea porque hay que temer la extensión de la situación, o debido a que se eluden los procedimientos previstos para la solución de conflictos, la observancia de la norma es exigible.

En síntesis, en las corrientes funcionales preventivistas pueden reconocerse dos modelos en cuanto a la construcción de la culpabilidad. Un primer modelo complementario correspondiente a Claus Roxin, que se conoce como funcionalismo moderado, en el que la citada categoría constituye un límite a la prevención. Un segundo modelo de reemplazo, formulado por Günther Jakobs, correspondiente al funcionalismo radical, en el cual se prescinde de ella, toda vez que la prevención se limita a sí misma.

Sebastián Soler(1992, pp: 114-115) plantea además que los puntos fundamentales en la concepción normativa de la culpabilidad son tres. “En primer término, es una situación de hecho, pero jurídicamente valorada desde afuera. En segundo término, es reprochabilidad por una reprobada decisión de la voluntad, y, en consecuencia, por la acción misma. En tercer y último término, la reprochabilidad de la conducta antijurídica se basa en la exigibilidad de otra conducta, es decir, de una conducta adecuada a Derecho.”

En conclusión, la diferencia conceptual entre ambas teorías radica en que: para el psicologismo la culpabilidad se agota totalmente en el dolo y la culpa. Mientras para el normativismo, la simple relación psicológica entre el sujeto y su actuar no basta para dar por establecida la culpabilidad. Además, ha de ser reprobatorio el juicio de valor que se emita sobre la motivación psíquica del acto ejecutado por el sujeto.

De lo anteriormente expresado se deriva que la inexigibilidad como la base central de la culpabilidad supone que de conformidad con las circunstancias del caso concreto, en el momento del hecho no se le podía exigir al autor la observación de un comportamiento distinto. Conforme lo analizado antes, el fundamento de la inexigibilidad de una conducta es la falta de libertad y de motivación del sujeto, en tanto, no se le puede exigir que actuara de otra forma por dichas causas.

 

CONCLUSIONES

Finalizada la investigación, se establecen las conclusiones en los términos que siguen:

 

PRIMERA: La concepción psicológica al considerar la culpabilidad tan sólo como relación de carácter psíquico entre el autor y su obra, prescinde de toda referencia al terreno de lo normativo por lo que no reconoce la existencia de una noción como la de no exigibilidad únicamente alcanzable, precisamente, en términos normativos. Por lo que surge en esta última, al estimarse la reprochabilidad como criterio para determinar si el sujeto es o no merecedor de pena.

 

SEGUNDA: La inexigibilidad como la base central de la culpabilidad supone que de conformidad con las circunstancias del caso concreto, en el momento del hecho no se le podía exigir al autor la observación de un comportamiento distinto toda vez que carecía de libertad de decisión o de voluntad y no estaba motivado por la norma.

 

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[1] El citado autor se refiere a la culpabilidad subjetiva. Manifiesta además, que en la sociedad romana, a finales del siglo XVIII primera mitad del siglo XIX, dado el poco desarrollo de la ciencia jurídica y las ciencias sociales en general, resultaba prácticamente imposible llegar a la esencia de ese fenómeno, según su opinión, complejo. De acuerdo con su criterio, lo expresado no significa que no existieran atisbos geniales desde aquel entonces, en relación a los rasgos esenciales que la caracterizan.

[2] El Derecho Romano rigió a los ciudadanos de Roma y, con posterioridad, aquellos instalados en distintos sectores de su Imperio, en un momento histórico cuyo punto de partida se sitúa a la par de la fundación de Roma en el 753 a. c. y se extiende hasta mediados del siglo VI d. c., época en que tiene lugar la labor compiladora del emperador Justiniano I, conocida desde el Renacimiento como Corpus Iuris Civilis. (Panero, 2008, p. 13).

[3]La caída del imperio Romano en el año 476 a.n.e representó un retroceso en la concepción de culpabilidad, donde se retorna a la responsabilidad objetiva.(Plascencia Villanueva, Raúl, 2000, p. 160)

[4]Iluminismo, movimiento filosófico del siglo XVIII, especialmente de Francia, que afirmaba el poder ilimitado de la Razón para gobernar el mundo de los hombres y dirigir sus vidas, por lo que denegaba del pensamiento histórico.

[5] Se traduce como, no hay pena sin culpabilidad. En un inicio se desprende del Principio de Legalidad, no hay pena sin ley previa, no hay pena sin culpa. Se supone que sólo pueden ser responsables los humanos con vínculos psicológicos con el evento y que la pena se impone individual al sujeto imputable.

[6] Corriente filosófica que fue fundada sobre hechos positivos y empíricos. Para el positivismo sólo es científico lo que puede verificarse por medio de la experiencia. (Quiroz Pírez, Renén, 2002b, p: 7)

[7] Para la referida corriente el texto legal era la realidad, empleándose la lógica para inferir conceptos. Lo expresado dio lugar al surgimiento de una dogmática basada en el método deductivo, estrictamente ligada a la interpretación de los textos legales, que necesariamente generó una concepción formal del delito, pues fueron desdeñadas tanto las valoraciones de la Filosofía como de la Psicología y la Ética(Righi, 2003, p: 77).

[8] Según Eugenio Raúl Zaffaroni(2002, p: 745) se “denomina coacción al supuesto en que la necesidad tiene origen en amenazas provenientes de una conducta humana dolosa, es decir, con el propósito de obligar a otro a hacer, no hacer o tolerar algo contra su voluntad, se verá que el autor de la coacción realiza una conducta típica y el que obra coaccionado puede ampararse en un estado de necesidad. Puede que una y otro no coincidan, puesto que la conducta típica de coacción se consuma cuando se hace uso de las amenazas con el elemento subjetivo de obtener la colocación de otro en estado de necesidad, independientemente de que se lo logre, siempre que haya tenido idoneidad para lograrlo”.

[9] La expresión culpa inconsciente pertenece a la doctrina, y puede ser inadecuada frente a un sistema estrictamente fundado en el principio nulla poena sine culpa. En todo caso, ella resulta equívoca, sea cual sea la doctrina, si es que con ella se quiere mencionar o postular una forma de culpabilidad estrictamente desprovista de todo sustrato reprochable.(Soler, 1992, p: 21).

[10] El Neokantismo constituyó una corriente idealista surgida en Alemania, con el lema Vuelta a Kant, difundiéndose posteriormente en Francia, Italia y Rusia(Vera Toste, 2003, p: 4).

[11] Luego de dos decenios de la aparición del Tratado de Frans Von Liszt en 1881, el cambio de siglo trajo aparejado una nueva fase del pensamiento jurídico-penal. El impulso se produjo por el influjo de la filosofía neokantiana basada en un fortalecimiento de la idea de que del campo del ser no puede derivarse ningún deber ser; es decir, que jamás pueden hallarse criterios normativos para la valoración de la realidad por medio de un análisis empírico de la misma.(Camaño Viera, Diego & Donnagelo, Pablo, 1997, p: 5)

[12] Entiéndase cualquier otra persona, según su criterio, al hombre medio.

[13] La teoría de la acción final se origina con una crítica elaborada en 1931 por Hans Welzel al concepto de acción que se había mantenido hasta entonces en la teoría del delito. Esta se caracterizaba, en líneas generales, por reducir al mínimo los componentes psíquicos de la acción, identificándola con un fenómeno natural-causal de, ahí el calificativo de causalista. De manera que toda acción productora de un resultado previsto en la ley sería típica, independientemente de la voluntad del agente.

[14] Sobre la base de la tradición iluminista se asienta, a mediados del siglo XIX, la influencia del idealismo alemán. El punto de vista central de dicha corriente es la teoría retributiva de la pena que apoyada en la idea del talión procura establecer la medida justa de la sanción y con ello el límite de la legitimidad de la misma. La pena debía despojarse, por lo tanto, de toda finalidad preventiva o correccional.(Bacigalupo, 1996, p: 41)

[15] El funcionalismo jurídico-penal es la teoría según la cual el Derecho Penal está orientado a garantizar la identidad normativa, la constitución y la sociedad.(Jakobs 2003, p: 11)

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Súñez Tejera, Yoruanys: "La inexigibilidad de la responsabilidad como un caso en el que no se ha de exigir responsabilidad penal" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, enero 2015, en http://caribeña.eumed.net/inexigibilidad-responsabilidad/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.