LA INMIGRACIÓN HAITIANA HACIA GUANTÁNAMO. PRINCIPALES APORTES CULTURALES

Resumen
El aporte del inmigrante haitiano a la integral formación de la identidad cultural guantanamera se manifestó con mayor fuerza desde la llegada e inserción en la comunidad, donde en muchos de los casos estos llegaron a la parte oriental de Cuba con sus familias en la etapa de la Revolución de Haití, y pasó por los restantes componentes de la inmigración desde aquella región durante los siglos siguientes.
El presente trabajo destaca los rasgos más relevantes de la cultura haitiana, así como la influencia que produjo como elemento que contribuyó a la formación de la identidad sociocultural guantanamera, la que encuentra su expresión en diferentes manifestaciones relacionadas con las danzas, los cultos, comidas y bebidas en dicha región, a partir del análisis de diferentes fuentes bibliográficas que abordan esta temática.
Palabras claves
Identidad cultural guantanamera, transculturación, mestizaje cultural, inmigración, cultura haitiana

Introducción

La Revolución Haitiana provocó una oleada migratoria hacia Cuba y tuvo como principal destino la zona oriental. A partir de este momento, se genera un grupo considerable de movimientos hacia la isla caribeña por diferentes motivos. Ya en el siglo XIX la presencia haitiana se hace sentir directamente en diferentes manifestaciones de la vida cotidiana. Con este primer grupo de inmigrantes se estableció un puente que fue premisa histórica para la llegada de braceros haitianos en grandes proporciones en los primeros treinta años del siglo XX.

En esta última etapa, Cuba fue testigo de un incremento poblacional debido a  la entrada  de miles de inmigrantes de Haití, movidos por la demanda de fuerza de trabajo para las plantaciones de caña de azúcar, cultivo del café y el algodón, causa principal del movimiento migratorio. Guantánamo no estuvo exento de esta gran oleada de inmigrantes, sobre todo en el siglo XX, con el consiguiente e inevitable mestizaje cultural.

El aporte del haitiano a la integral formación de la identidad cultural guantanamera se manifestó con mayor fuerza desde la llegada e inserción en la comunidad.

La dimensión cultural del elemento haitiano en el mestizaje cultural guantanamero está aún por caracterizarse en su justo alcance y en todos sus aspectos. Entendido como modo de ser y de hacer y no solo la acumulación y manifestación de conocimientos estéticos y artísticos, la cultura haitiana tuvo un rol en el proceso de transculturación que de diversa naturaleza se originó en Cuba, con énfasis en la región de Guantánamo.

Durante las primeras décadas del siglo XIX la región de Guantánamo estaba semidespoblada y virgen e  inició un proceso de crecimiento económico lento y constante basado en la producción de algodón, café, azúcar y cacao. Para la década del 40 en el partido de Santa Catalina del Saltadero, como se denominaba la región de Guantánamo, disminuyó la producción algodonera y se incrementó la producción azucarera con la construcción de varios ingenios.

El presente trabajo destaca los rasgos más relevantes de la cultura haitiana así como  la influencia que produjo como elemento que contribuyó a la formación de la identidad sociocultural guantanamera, la que encuentra su expresión en diferentes manifestaciones relacionadas con las danzas, los cultos, comidas y bebidas  en dicha región.

Desarrollo

La investigadora Martha Esther Esquenazi señala dos momentos históricos de gran importancia para la inmigración haitiana hacia Cuba, cuando plantea que “(…) el primero ocurrió en 1791 al estallar la Revolución Haitiana y el segundo en las primeras décadas del siglo XX por la necesidad de contratar braceros para la cosecha de caña, café y arroz, ya que al concluir la guerra de 1895 Cuba quedó con una tasa poblacional baja” [1].

Por otro lado, Graciela Chailloux Laffita reconoce los momentos presentados por Esquenazi y enriquece la periodización incluyendo otros períodos de la inmigración franco-haitiana hacia la isla. Esta periodización, aunque establece una subdivisión de estos períodos, considera esta como primera etapa: después de la Revolución Haitiana, en 1798, cuando los ingleses se vieron obligados a firmar la paz con Toussaint L´Ouverture y abandonar la isla; otro período ocurre en 1803, cuando Napoleón Bonaparte es derrotado por Jean Jacques Dessalines, lo que originó una nueva emigración[2].

Jorge F. Ramírez Pérez, por otra parte, presenta cuatro etapas de la inmigración franco haitiana hacia Cuba[3]:

-       1789 – 1791 Esta primera inmigración estuvo condicionada por la situación convulsa que se presentó a partir de 1789 y su repercusión directa sobre la colonia Saint Domínguez. El grupo de inmigrantes estaba formado fundamentalmente por comerciantes y colonos que buscaban mayores posibilidades para enriquecerse. De manera general, no estuvieron totalmente presionados por la inmigración forzosa que se produjo en agosto de 1791. A partir de esa fecha, muchos colonos españoles radicados en la parte española emigraron también.

-       1793 – 1795. La segunda oleada migratoria se produjo tras la lucha entre blancos y mulatos; así como también con la incorporación del componente negro. Estos dos últimos grupos derrotaron a las fuerzas blancas, que se vieron obligadas a emigrar forzosamente.

-       1798 – 1802. Esta tercera migración se produjo como consecuencia de la guerra civil entre mulatos. Tras las causas raciales que originaron el conflicto, se escondían causas de carácter económico y político.

-       1802 – 1804. La cuarta etapa migratoria se efectuó a raíz del enfrentamiento del ejército napoleónico y las masas de negros, después del engaño de Napoleón y la consecuente pérdida del líder Louverture. Tras la capitulación de las fuerzas napoleónicas, el general negro Dessalines, proclamado Emperador de Haití, decretó el exterminio sistemático de todas aquellas personas descendientes de los franceses – sin distinción alguna – que aún permanecían en la isla. A partir de 1802, la huida se realizó en desbandada de blancos, mulatos y negros. Esta oleada provocó el mayor arribo de franceses y dominicanos (españoles) hacia Cuba.

En cierta medida los criterios anteriormente citados, coinciden con los planteados por Raimundo Gómez, en el libro de Chailloux, aunque Ramírez, al recorrido histórico que presenta, le suma un quinto momento que se “(…) encuentra estrechamente ligado con el establecimiento de la paz entre España y Francia en 1811 y la derrota definitiva de Napoleón en 1814. Ambos hechos estimularon un nuevo flujo migratorio hacia Cuba (…)”[4]

Junto con los franceses, se asentó un grupo considerable de haitianos, incluyendo tanto propietarios como esclavos.

Por otra parte Ladislao Guerra, historiador e investigador de los orígenes de Guantánamo expresa:

”(…) que la revolución que estalla en esa colonia francesa en 1791 generó diferentes olas migratorias. La que dio lugar a un gran número de inmigrantes que  se asentaron en la jurisdicción de Cuba a los cuales les autorizaron la compra de tierras, previa naturalización. Representa un éxodo forzoso compuesto por hombres de diferentes profesiones y categorías, antiguos hacendados blancos y mulatos, algunos esclavos, conocedores del cultivo del café, la producción del azúcar, algodonera y el mercado capitalista (…)”.[5]

Los inmigrantes tenían gran experiencia en el manejo de los cafetales e ingenios, que en su época, constituían la vanguardia económica de Haití. Estos conocimientos fueron aplicados en algunas regiones como la franja montañosa de la Sierra Maestra y en la cordillera de Nipe-Sagua-Baracoa, lugares donde las tierras eran menos costosas que en la zona occidental del país y con grandes condiciones para su uso.

La investigadora Esquenazi, al respecto, plantea:

“(…) A pesar de que algunos de estos inmigrantes fueron deportados durante la invasión a España por Napoleón, el grueso permaneció, fundamentalmente en la región oriental. En los campos y montañas se dedicaron al cultivo del café, aunque también a otros rubros económicos como el algodón y el añil, en los cuales obtuvieron ganancias considerables en corto tiempo (…)”[6] 

Lo antes expuesto conformó la inmigración franco–haitiana hacia Cuba en los finales del siglo XVIII y principios del XIX. En el resto del siglo XIX, este flujo descendió considerablemente. Por una parte, porque su presencia en Haití disminuyó tras la Revolución Haitiana y, por otra, debido a que las autoridades coloniales en Cuba impidieron su entrada para evitar la propagación de las ideas revolucionarias traídas por los esclavizados, negros y mulatos libres, entre los residentes de la Isla. Ya establecidos en la parte oriental, y con la experiencia de la Revolución Haitiana, los señores comenzaron a cuidarse de las posibles sublevaciones.

Así redujeron los castigos corporales más severos y comenzaron a dar espacio a festejos, de acuerdo a sus tradiciones. Igualmente, les permitieron a algunos esclavos “comprar su libertad”.

Este grupo poblacional no solo se limitó a los campos, sino que se extendieron a las ciudades, aunque confinándose, en el caso de los negros haitianos, en zonas periféricas; no así los señores y sus familiares. Esto hizo que incorporaran a la sociedad cubana sus hábitos culturales, su música, bailes, idioma (tanto el francés como el creole haitiano), las comidas y bebidas, además de sus técnicas constructivas[7] y costumbres.

Por otra parte las formas de vestir y comportamientos mostraban a una sociedad influenciada por elementos europeos. Esto hizo que la población local elevara su nivel cultural, al entrar en contacto con obras y artistas desconocidos hasta el momento. No es posible hablar de cubanía, sobre todo en Santiago de Cuba y Guantánamo, sin tener en cuenta la huella haitiana en la música, la danza, las comidas y la religiosidad, entre otras.

Con la llegada de estos inmigrantes  se incorporaron a la cultura culinaria cubana diferentes tipos de producto como es  la pimienta dulce, el chayote, el quimbombó, el maíz, el fríjol, etc. De todo lo anteriormente expuesto se deduce que los componentes de la cultura culinaria cubana no son para nada puros, sino el resultado de una mezcla, lo que se puede evidenciar en los ingredientes de sus diferentes platos.  Esto es corroborado por  Yanel Poyato Díaz, quien citando a Alain Yacou[8], expresa que:

”(…) en los años sucesivos los procesos migratorios, fueron adquiriendo diversos matices e incorporando a su vez nuevos ingredientes a la cultura cubana a medida que se iniciaba en nuestro país el sistema de plantaciones y exportaciones capitalistas. En esta etapa no solo encontramos los descendientes de hacendados cafetaleros y a sus esclavos que habían aumentado en número, a la par que también crecían la plantación y la comercialización de grano, sino que practicaban diversos oficios como carpinteros, herreros, albañiles, obreros, médicos, artesanos, panaderos, lavanderas y costureras (…)”.[9]

En esta etapa de la inmigración se fundó la primera banda de pardos y comenzaron a bailarse varias danzas, entre ellas la contradanza, reconocida en los salones franceses. La que se extendió por todo el territorio nacional en años posteriores y obtuvo características especiales que la convirtieron en contradanza cubana.

Sin embargo, el cafetal francés constituyó el área principal donde se producían intercambios étnicos y culturales más significativos entre los propios inmigrantes y los miembros de la sociedad colonial. Se piensa que este período migratorio (desde 1791 hasta finales de XIX) fue el que más aportó a la conformación del mosaico cultural en Cuba.

La situación de esta etnia la ubicaba en el escalón social más bajo, sujeta a los disímiles prejuicios por su condición económica, por el color de su piel, por el no dominio completo del español y por otros factores vinculados a las zonas donde se radicaron (oriente y sur del país, fundamentalmente, en áreas cañeras, cafetaleras y otras).

Otro gran momento migratorio hacia Cuba, y el más importante para este estudio, lo ocasionaron las inversiones de las compañías norteamericanas en la industria azucarera cubana en las primeras décadas del siglo XX. Éstas plantaciones generaron el crecimiento de la demanda de mano de obra barata, como bien lo apuntara Poyato: “(…) Solo en el transcurso de 1912 a 1931, más de un cuarto de millón de haitianos transitaron de una isla a la otra en un trasiego de esclavos de nuevo tipo (…)”[10]

Con la llegada del haitiano a Guantánamo se establece una mezcla de culturas entre etnias, y estos han compartido con los demás pobladores de la localidad el complejo cultural que generó la transculturación y sin apenas percatarse, ha logrado calar en la cultura guantanamera de una manera muy profunda que hoy es imposible afirmar que estén lejos de sus raíces.

Dentro de la cultura haitiana en Guantánamo se puede decir que esta etnia aportó varios elementos a los pobladores de esta región, como fue la cultura culinaria, sus bailes, música, religión e idioma, que aunque no la practicaban en público, sí dentro de su ámbito familiar, y estas aún se mantienen entre sus descendientes.

Sobre este período de la inmigración, la investigadora Bernarda Sevillano muestra las características generales de la inmigración en el siglo XX, características de Guantánamo en esta centuria y la integración de los inmigrantes en la vida social del territorio guantanamero. Por lo que se tomaron algunos de los elementos tratados por ella en su documento.

En el período de la ocupación militar norteamericana en Cuba se dictaron leyes que prohibían el embarque de braceros para el corte de caña. Era ilegal introducir extranjeros para ser empleados. Sin embargo, los propietarios norteamericanos presionaron al gobierno de Estrada Palma para modificar dicha orden. De ahí que en 1906 se dictara una ley que permitiera la entrada de familias para labores agrícolas. Lo que hizo que se gestara la entrada de una gran cantidad de personal europeo de raza blanca.

No será hasta 1913, que a solicitud de la compañía Nipe Bay Company, se abriera la inmigración antillana por el decreto No. 23 del 14 de enero del mismo año. El que autorizaba a la citada compañía a entrar a mil braceros antillanos. A esta nueva ordenanza se unieron otras compañías, y el Caribe se convirtió en un trasiego de mano de obra barata. Este elemento, y el desarrollo de la Primera Guerra Mundial facilitaron que muchos países latinoamericanos fueran un espacio para el comercio y de mucha actividad económica.

Los braceros antillanos se ubicaron en su mayoría en las zonas de explotación cañera. Estos eran muy mal pagados y perseguidos por sus empleadores en caso de fuga o abandono del lugar del trabajo.

Un aspecto que caracterizaba a los negros haitianos era el bajo nivel cultural. En su gran mayoría eran analfabetos, aunque algunos conocían un oficio.

“(…) Es preciso establecer que la integración de los haitianos a la cultura nacional en la región de Guantánamo es una inserción por aceptación, en un proceso lento, que se manifiesta con la incorporación por adición de varios elementos, con períodos de retroceso. Estará vinculada a los altibajos del mercado azucarero mundial y el papel de Cuba en ese contexto, por lo que debemos plantear que es una inmigración cíclica, con carácter marcadamente económica (…)”[11]

Este carácter económico de ascenso y descenso no permitió que los aportes de la nueva migración fueran significativos con respecto al de años anteriores. Una parte se incorporó a los grupos ya creados, mientras otros viajaban nuevamente a su país para gastar el dinero obtenido durante las zafras en Cuba. Sin embargo, hubo dos aspectos de la cultura que sí se enriquecieron: el idioma (creole) y la religión (vodú). En Guantánamo existen dos grupos músico-danzarios portadores de tradiciones haitianas: Los Cosiá y La Razón, en los que la mayoría de sus miembros son haitianos y descendientes llegados a esta zona a finales del siglo XIX y principios del XX Entre sus características más arraigadas está la práctica del vodú y el creole. Estos aportes a la cultura popular tuvieron un mayor arraigo en las plantaciones cañeras, lugar donde realizaban sus ritos sin ser mal valorados.

Los haitianos, desde el primer momento, fueron rechazados en las relaciones sociales. Al inmigrante haitiano le era aplicada con mayor crudeza la marginación y la discriminación, no solo por los componentes blancos de la sociedad, sino hasta por los propios mestizos y negros cubanos. Ni siquiera eran admitidos por la población cubana negra en sus sociedades de recreo.[12]

Sobre este aparte, Osvaldo Barrios expresó:

“(…) la identidad cultural haitiana ha encontrado obstáculos para insertarse en la identidad cultural cubana, y esto se expresa tanto a nivel social, como del mismo individuo. Tal afirmación se basa en que la resultante adición está asociada con la conformación de un etiquetaje social negativo en torno al haitiano, el cual se puede explicar por medio de factores macrosociales que incidieron durante el proceso de interacción entre sendas entidades culturales (…)”[13] 

Por tal motivo, estos grupos de inmigrantes conformaron, en sus inicios, comunidades cerradas que más tarde se abrieron a otros sectores, en las cuales, el mantenimiento de sus costumbres y tradiciones se convirtió en uno de sus rasgos distintivos, que impusieron en su entorno social. En la zona rural se logró la inserción por asimilación más dinámica que en la urbana y se demuestra en las investigaciones desarrolladas por estudiosos de esta temática en el territorio.

Desde el punto de vista cultural, los haitianos fueron igualmente recriminados. La lengua creole era marginada y reprimida por las clases dominantes, convirtiéndose, en muchas ocasiones, en arma defensiva que inspiraba respeto y temor, que en opinión de Osvaldo Barrios: “(…) Por su poca comprensión pasó a ser un elemento misterioso, portador de fuertes poderes para curar, someter o maldecir. En la ciudad de Guantánamo era hablada en el círculo reducido del ámbito familiar (…)”[14] Aún en nuestros días, algunas de estas familias lo hablan es sus hogares. En la sociedad de tumba francesa es utilizado por personas de mayor edad, no así por los más jóvenes.

Otro de los elementos culturales que generó  rechazo, lo fue la religión vodú. Aunque hubo otras prácticas religiosas como: el culto católico, la santería y la brujería;  ésta fue una de las más atacadas por las autoridades y la población no haitiana. El vodú se prohibió, de ahí que su práctica se trasladara a los lugares más intrincados de los montes, para convertirse en ceremonias secretas del ámbito familiar.

Conclusiones

La llegada e inserción de los inmigrantes haitianos a Cuba, reforzó el carácter multicultural que se desarrollaba en el país. Estos formaron parte importante en ese ajiaco cultural que es sustancia del pueblo cubano. Durante el proceso mutuo de influencia cultural y de asimilación, el haitiano ha tenido que defender sus hábitos, costumbres y creencias, ante la agresión y discriminación sistemática al que estuvo sometido.

Aún, cuando los haitianos autóctonos mantuvieron una tendencia hacia la forma de vivir protegida, defensiva y encerrada en sí misma respecto al resto de la sociedad, no fueron ellos – mucho menos sus descendientes – totalmente ajenos a la asimilación creativa de la realidad circundante.

La presencia haitiana en Guantánamo implicó un franco proceso de transculturación, lento y con sus propias características. La asimilación que se operó fue desplegada de forma limitada, como resultado de la discriminación que fue objeto en las zonas donde se asentaron. No obstante, se dio una absorción de lo cubano en lo haitiano, y viceversa.

 

Bibliografía consultada

  1. Barrios Montes, Osvaldo. “Para pensar el Caribe desde Cuba”, en Revista Mexicana del Caribe, Año IX (18), México, Chetumal, Quintana Roo: CONACYT. 2004
  2. Guerra, Larislao. Las huellas del génesis. Guantánamo hasta 1870. Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo. 2004
  3. Ramírez Pérez, Jorge F.. Proceso etnocultural cubano. Cuba. 2004
  1. Chailloux Laffita, Graciela. De dónde son los cubanos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. 2007
  2. Esquenazi Pérez, Martha Esther. “Presencia e influencia de la música haitiana en Cuba”, en Pensamiento y tradiciones populares: estudio de la identidad cultural cubana y latinoamericana. Centro de investigación y desarrollo de la cultura cubana Juan Marinello, La Habana. 2000
  1. Poyato Díaz, Yanel. “Huella y bicentenario de la independencia de Haití”, en revista Cultura y Vida. Guantánamo. 2004
  1. Sevillano Andrés, Bernarda.  Trascendencia de una Cultura marginada Presencia haitiana en Guantánamo, Editorial El Mar y las Montaña, Guantánamo. 2007


[1] Martha Esther Esquenazi. Presencia e influencia de la música haitiana en Cuba. En Pensamiento y tradiciones populares. Estudio de la identidad cultural cubana y latinoamericana, de Ana Vera Estrada. Editorial  de Ciencias Sociales, 2000, pág. 142

[2] Graciela Chailloux Laffita. De dónde son los cubanos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 2007, página 5 a 51

[3] Jorge F. Ramírez Pérez. Proceso etnocultural cubano. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  2004 Pág. 25

[4] Jorge F. Ramírez Pérez. Proceso etnocultural cubano. Cuba. 2004, pág. 26

[5] Larislao Guerra. Las huellas del génesis. Guantánamo hasta 1870. Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo. 2004, Pp 30

[6] Martha Esther Esquenazi Pérez. “Presencia e influencia de la música haitiana en Cuba”, en Pensamiento y tradiciones populares: estudio de la identidad cultural cubana y latinoamericana. Centro de investigación y desarrollo de la cultura cubana Juan Marinello, La Habana. 2000, pp. 142-162.pp 143

[7] Algunas casas, en mayor o menor presencia, tenían techos a una o dos aguas, los cuales se cubrían con tejas francesas a semejanza de las casas de los cafetales; por otro lado, las columnas de los corredores a menudo revelaban una voluntad muy clasista, a lo francés, al igual que en el uso de las persianas de madera de ascendencia francesa. (Poyato, 2004, 33)

[8] Apoyada en el trabajo “Los refugiados franceses en Saint – Dominique en la región occidental de la Isla de Cuba, en Revista Del Caribe, No. 23/ 94, p. 73. 

[9] Yanel Poyato Díaz. “Huella y bicentenario de la independencia de Haití”, en revista Cultura y Vida. Guantánamo. 2004, pp 33

[10] Graciela Chailloux Laffita. De dónde son los cubanos.– Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. 2007, pp 8

[11] Bernarda Sevillano Andrés. Trascendencia de una Cultura marginada Presencia haitiana en Guantánamo, Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo 2007. pp 8

[12] Chailloux Laffita Graciela, De donde son los cubanos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. 2007, pp 20

[13] Osvaldo Barrios Montes. “Para pensar el Caribe desde Cuba”, en Revista Mexicana del Caribe, Año IX (18), México, Chetumal, Quintana Roo: CONACYT.2004, pp 3

[14] Bernarda Sevillano Andrés.  Trascendencia de una Cultura marginada Presencia haitiana en Guantánamo, Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo. 2007, pp 46

 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Romero Machado, Maricel y Navarro Lores, Diosveldy: "La inmigración haitiana hacia Guantánamo. Principales aportes culturales" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, noviembre 2014, en http://caribeña.eumed.net/inmigracion-haitiana/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.