MIDIENDO LA COMPETITIVIDAD. UNA PROPUESTA DE MEDICIÓN TERRITORIAL PARA CUBA

Resumen
La competitividad como instrumento para el crecimiento económico de un país o región está siendo promovida por múltiples instituciones a nivel internacional y, más recientemente, a nivel nacional, varios países han aportado otras formas de medición. El presente trabajo prende analizar algunas de estas propuestas y de esta forma se plantea como objetivo general realizar una propuesta para medir la competitividad territorial adaptada a las condiciones de la economía cubana. Lo abstracto del concepto de competitividad crea la necesidad de lograr una forma de medición que permita mostrar una idea de la situación actual y las prioridades para lograr el crecimiento. Por tanto, la propuesta se centra en el desarrollo de un Índice de competitividad; el cual se compone de información estadística y, en menor medida, de información proveniente de una encuesta a empresarios. Los indicadores seleccionados estructurados en cinco dimensiones pasan por un proceso de estandarización a fin de consolidar las unidades de medida, para finalmente obtener tres tipos de resultados: el resultado global del índice por regiones; los resultados parciales del índice en cada una de las dimensiones; y los resultados del análisis de los indicadores para cada una de las dimensiones en las regiones.

Palabras Claves: medición, competitividad, competencia, índice

Abstract
The competitiveness like instrument for the economic growth of a country or region is being promoted by multiple institutions at international level and, more recently, at level national, several countries they have contributed other mensuration forms. The present work fastens to analyze some of these proposals and this way he/she thinks about as general objective to carry out a proposal to measure the territorial competitiveness adapted to the conditions of the Cuban economy. The abstract of the concept of competitiveness believes the necessity to achieve a mensuration form that allows to show an idea of the current situation and the priorities to achieve the growth. Therefore, the proposal is centered in the development of an Index of competitiveness; which is composed of statistical information and, in smaller measure, of information coming from a survey to managers. The selected indicators structured in five dimensions go by a process of standardization in order to consolidate the measure units, for finally to obtain three types of results: the global result of the index for regions; the partial results of the index in each one of the dimensions; and the results of the analysis of the indicators for each one of the dimensions in the regions.

Key words: mensuration, competitiveness, competition, index.

Introducción

Ante el escenario que vive hoy la economía mundial, los gobiernos locales tienen el gran desafío de insertar a sus territorios en la economía de una manera moderna y competitiva que permita que el efecto de la crisis sobre los procesos de crecimientos de su economía sean los menores. Haciéndose necesario introducir mayores niveles de eficiencia y productividad en el conjunto de actividades económicas, sectores y empresas, a fin de ajustar la estructura productiva a las nuevas exigencias de la actual revolución tecnológica y organizativa.

Actualmente el proceso de apertura al exterior y la prioridad dada por el gobierno cubano a la generación de ingresos en divisas, ha adquirido un significado muy especial; reflejándose en la política económica planteada en el VI Congreso de Partido, donde además ha quedado explícito que el éxito de este desafío depende, entre otros factores, de la competitividad; sin embargo, territorios con potencialidades y productos de calidad requeridos para la exportación no logran una presencia sistemática en el mercado internacional.

Por esta razón es importante identificar las principales tendencias internacionales en cuanto a la valoración de los factores condicionales de la competitividad, así como sus formas de medición y adaptarlas a la economía cubana. Por lo que cabe la posibilidad de que contando con una forma de evaluación de la competitividad se logre un correcto planteamiento, dirección e implantación de acciones de mejora que podrían elevar la capacidad competitiva de nuestras regiones, se propicie el crecimiento económico y por consiguiente la mejora del nivel de vida de la población.

Los dos estudios más importantes a escala mundial que miden  los determinantes de  la competitividad de  las naciones son el Informe de competitividad mundial y el Anuario de competitividad mundial, el primero desarrollado por el Foro Económico Mundial(WEF) y el segundo por el Instituto Internacional para el Desarrollo de la Capacidad de Gestión (IMD). Los índices de competitividad regional implementados en América Latina se derivan principalmente de las investigaciones desarrolladas por Michael Porter y el Foro, al igual que IMD. Entre los índices  latinoamericanos destacan los de México, Chile, Colombia y el Perú; en ellos se observan factores constantes independientemente del marco teórico que se haya utilizado.

De acuerdo a estas experiencias internacionales no existe un conjunto de determinantes de la competitividad que se derive de un consenso explícito; por el contrario, la identificación de los determinantes de la competitividad se comporta, en la práctica, como un proceso de elección, que responde a distintos criterios. Los criterios pueden referirse a disponibilidad, frecuencia y concordancia con el concepto (Joy Way, 2004); o bien a la consistencia con la definición y marco conceptual, soporte estadístico o que el factor pueda ser sujeto de alguna medida (cualitativa o cuantitativa) y ser fácilmente identificable respecto del resto de los factores (Tello, 2004).

Estas propuestas alternativas para el estudio de la competitividad son aplicadas a economías que funcionan sobre la lógica del mercado y se destaca que los instrumentos versan sobre la base de disímiles criterios, mostrando los factores condicionantes de la competitividad y su forma de medición, mas no existe un consenso teórico y práctico en los autores. Vale especificar que las propias limitaciones de la ideología y principios de base que sustentan dichas propuestas, no son aplicables al modelo socialista cubano, que funcionan sobre la base de la planificación.

Lo analizado hasta el momento, en apretada síntesis, fundamenta la situación problémica de la investigación y permite identificar una contradicción externa entre la ausencia de una herramienta que permita evaluar la competitividad territorial en nuestro país, y la necesidad de lograr estabilidad y crecimiento en la economía.

De modo que el objetivo general de esta investigación es el diseño de un índice para evaluar la competitividad territorial que posibilite la toma de decisiones vinculadas al crecimiento económico local.

Desarrollo

Índices de competitividad mundial y regional

La competitividad se viene utilizando de manera sistemática en el mundo económico actual para determinar el ranking de países y regiones en el mundo, en la búsqueda del mero crecimiento económico; pero las experiencias empíricas muestran lo difícil que resulta medir la competitividad y lleva a los autores a considerar para la construcción de las formas de medición el ensamble de diferentes variables, todas ellas esenciales para determinar el grado de competitividad en un mundo globalizado y de rápido cambio.

Anteriormente se señalaron dos estudios que por su importancia y tradición son tomados como referencia a nivel mundial. Ambos analizan y cuantifican los factores determinantes de la competitividad de las naciones. Ellos son: el Global Competitiveness Report y el World Competitiveness Yearbook. El primero lo realiza el (WEF), el segundo (IMD); ambos tienen su sede en Suiza. Estos dos institutos vienen llevando a cabo, desde hace más de dos décadas, estudios empíricos de competitividad de diferentes economías del mundo. Desde 1989 hasta 1995 habían  publicado su informe en cooperación, pero desde 1996 han estado publicando dos informes anuales por separado. Desde su separación, el WEF ha elaborado su informe de competitividad en colaboración con la Universidad  de  Harvard, concretamente con Michael Porter, de la Harvard Business School, y Jefrey Sachs y Andrew Warner, del Center for International Development de la misma universidad. Tanto el WEF como el IMD publican sus estudios cada año y utilizan información procedente de datos estadísticos y de percepciones directivas para determinar la competitividad a través de los rankings de los países con respecto a los factores input analizados. Cada uno de estos estudios se sustenta en una definición de competitividad basada en el medio y largo plazo. En el estudio del WEF (Warner, 2000) explica que se ha intentado definir la competitividad de forma más precisa, como la capacidad de alcanzar un rápido crecimiento económico sostenible. Por su parte el IMD (Garelli, 2000) define la competitividad como la capacidad del entorno de una nación para mantener la creación de valor añadido y, por consiguiente, la competitividad de sus empresas.

Los dos estudios, han estado utilizando factores de competitividad similares para analizar y jerarquizar las economías de los países que incluyen en sus informes de competitividad y explican que los factores utilizados como determinantes de la competitividad internacional son obtenidos de la literatura y basados  en  análisis empíricos. El IMD clasifica sus datos en cuatro factores input: actividad económica, eficiencia del Gobierno, eficiencia empresarial e infraestructuras; y éstos a su  vez en veinte subfactores: economía doméstica, comercio internacional, inversión internacional, empleo, precios, finanzas públicas, política fiscal, modelo institucional, modelo empresarial, educación, productividad, mercado laboral, mercados financieros, prácticas de gestión, impacto en la globalización, infraestructura básica, infraestructura tecnológica, infraestructura científica, salud y medio ambiente y sistemas de valores.

Por su parte, el WEF clasifica sus datos en once factores determinantes de la competitividad: economía doméstica, Gobierno, instituciones, infraestructura, recursos humanos, tecnología, finanzas, apertura, competencia, estrategia y operaciones y medio  ambiente. Aunque el IMD utiliza dos niveles de desagregación, factor y subfactor, muchos de éstos se incluyen en la clasificación de los factores determinantes de la competitividad elegidos por el WEF.

La incorporación  de  Porter  en  el  equipo de realización del estudio del WEF  conlleva la utilización de su modelo del diamante de la ventaja nacional como base teórica del estudio.  Esto le ha permitido al autor testar su teoría en muchos más  países  que  al principio, así como ir refinándola para adaptarla mejor al mundo real e intentar cubrir las lagunas existentes. Algunos aspectos criticados del diamante de Porter, que habían sido argumentados por algunos autores son resueltos en este informe, como por ejemplo la ampliación del número de países analizados. Por otro lado, al WEF[1], la utilización del diamante de Porter de la ventaja nacional le ha permitido incorporar una teoría sólida, testada con anterioridad a su inclusión en el informe, que además es ampliamente reconocida por muchos investigadores y académicos como un modelo  que  ha marcado un giro en la historia económica de la teoría de competitividad de las naciones.[2]

De forma general los índices de competitividad regional implementados en América Latina se derivan principalmente de las investigaciones desarrolladas por Michael Porter y el Foro, al igual que del Anuario de competitividad mundial del IMD. Si bien es cierto que en varios de estos índices regionales no se logra continuidad en su elaboración, de todos ellos se concluye que su desarrollo es esencial para apoyar los procesos de descentralización, siendo además una poderosa herramienta para los agentes tomadores de decisión en el ámbito regional, tanto pública como privada, que permite complementar visiones de las características globales de la región.

El Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 1996 también elabora y publica una forma de análisis para conocer el real estado de la competitividad de una región a través de un nuevo indicador, el Índice de Competitividad Regional (ICR). Posteriormente el índice fue actualizado por el Departamento de Economía de la Universidad de Chile en 1997.

El mismo muestra todo el panorama regional, a través de un análisis comparativo entre las regiones para un período dado, y se sustenta en lo más resaltante o de mayor impacto, de modo que es sólo una referencia del potencial regional, asimismo ofrece una idea de posición de la región, es decir de un ordenamiento comparado a las demás regiones.

El ICR se basa en siete factores: economía, empresas, personas, gobierno, infraestructura, ciencia y tecnología y recursos naturales Para cada una de esas siete categorías, se definieron subconjuntos de indicadores parciales, basándose sobre todo en la disponibilidad de información cuantitativa. Sin embargo, también se recolecta información cualitativa por medio de encuestas dirigidas a una muestra de ejecutivos de empresas. El Índice es producto de la unión de las siete categorías y de la estandarización de las distintas variables.

Además del caso de Chile vale la pena destacar otras experiencias de medición de la competitividad donde otros países fundamentalmente de la región han utilizado índices:

El Plan Nacional de Competitividad del Perú recoge el enfoque sistémico[3] para definir la competitividad como la “interrelación de los diversos elementos que determinan el incremento de la productividad de las empresas y el contexto que las rodea y que les permite utilizar de manera eficiente los factores productivos, tales como los recursos humanos, el capital físico, los recursos financieros y la tecnología”. Esta definición  “incluye el fortalecimiento de la institucionalidad para crear un clima de Negocios favorable, dentro de un marco macroeconómico estable, que permita un adecuado funcionamiento de los mercados de factores, productos y servicios”[4].

El Escalafón de la Competitividad de los Departamentos en Colombia incluye los siguientes factores: fortaleza económica, internacionalización, gobierno e instituciones, finanzas, infraestructura, gestión empresarial, ciencia y tecnología, recurso humano, y medio ambiente[5].

El Sistema de Indicadores de Competitividad Provincial de Ecuador: comprende diez líneas estratégicas o factores: aglomeración y urbanización; infraestructura; recursos naturales y ambiente; desarrollo de capacidades productivas; acceso a financiamiento; ciencia, innovación y tecnología; gobiernos e instituciones; seguridad jurídica; integración comercial;  y desempeño económico.

El estudio de competitividad estatal 2008 de México incluye los factores: economía estable y dinámica; sectores económicos en vigorosa competencia; aprovechamiento de las relaciones internacionales; mercados de factores eficientes; sectores precursores de clase mundial; manejo sostenible del medio ambiente; sistema político estable y funcional; gobiernos eficientes y eficaces; sistema de derecho confiable y objetivo; sociedad incluyente, preparada y sana.[6]  Además en este mismo país se desarrollo el estudio de competitividad de las ciudades mexicanas 2007 con los factores económico, institucional, urbano-ambiental y el sociodemográfico[7].

Luego de haber descrito los principales estudios de competitividad de la región y tomando como referencia principal la estructura del Global Competitiveness Report al cual se ha agregado el factor Recursos naturales, se ha evaluado si las restantes metodologías han incluido variables que permiten medir los factores tal como los define el WEF. Se concluye que todas las metodologías consideran los factores macroeconomía (desarrollo económico) y  educación. Además de ellos, los factores institucionalidad, infraestructura, mercado financiero, preparación tecnológica e innovación también son utilizados en la mayoría de los índices.

Asimismo, el factor salud es considerado tanto por el WEF y el IMD como por las herramientas de medición utilizadas por Chile, Colombia y México 2008. El factor Recursos naturales es considerado por estas mismas instituciones a excepción del WEF y México.

En el caso de Cuba no se cuenta con una herramienta para medir la competitividad y no se han realizado estudios desde esta perspectiva. Nuestro país tampoco ha sido objeto de un proceso de evaluación desde este punto de vista y no esta adscripto a estas publicaciones por lo cual no se refleja en los rankings[8] de competitividad publicados, por el contrario, varios países de América si aparecen y desde hace varios años participan y desarrollan este tipo de estudio.

Para Cuba la inserción en mercados más competitivos que sus mercados tradicionales es mucho mas complejo que para el resto de otros países, por lo que se hace necesario entonces priorizar la promoción de políticas dirigidas a dinamizar la competitividad de sus territorios, como una alternativa recomendable para asegurar un crecimiento sostenido que pueda conducir a un mejoramiento palpable del nivel de vida de la sociedad. El estudio de la competitividad debe construirse sobre la base de nuestras características sin negar las experiencias internacionales y sobre todo sus procedimientos y formas de cálculos; pero utilizando indicadores propios que traten de explicar este fenómeno desde nuestra perspectiva. Los indicadores utilizados por los estudios de competitividad referidos anteriormente son muy variados y en su mayoría no se registran en la bases de información de nuestro país, por lo que sería muy difícil aplicar este tipo de estudio. Una premisa fundamental para este tipo de estudio es que la información sea accesible y en definitiva permita describir la competitividad.

Por tanto el análisis de la competitividad en la construcción del socialismo y en los momento de actualización del modelo económico cubano es particularmente significativo pero debe transferir este nuevo contenido a las relaciones de producción socialistas en su calidad de categoría económica, por otra parte no puede dejar de tenerse en cuenta la influencia del desarrollo social y en especial del entorno cultural que garantice un alto nivel de calificación general y especialización de los recursos humanos en la consecución de la competitividad.

Diseño del Índice de competitividad territorial

Tomando en consideración lo analizado hasta el momento se reconoce la multiplicidad de factores de los cuales podría depender la competitividad, a lo cual se han referido varios autores, utilizando unos u otros factores, de acuerdo al nivel de importancia según sus criterios, pero no en una generalización de ellos. Estos factores no son similares en todos los países, difieren como es natural. Cuba, es una economía pequeña sin gran dotación de recursos naturales y energéticos, bloqueada comercial y financieramente, que tiene además como aspecto restrictivo más relevante en su economía actual y futura, la escasez de recursos financieros externos, que le permitan fortalecer la inversión tanto tecnológica, organizacional, institucional como en investigación y desarrollo.

Como aspecto fundamental a señalar para el desarrollo de la competitividad en nuestro país es lograr un total convencimiento por parte de los empresarios y actores políticos, económicos y sociales que este fenómeno constituye hoy una necesidad. Es preciso señalar que si bien no todas las empresas tienen como objetivo el competir en los mercados internacionales, el conocimiento sobre competitividad debe constituir siempre un referente obligado para introducir la suficiente tensión que estimule el incremento de la eficiencia y la productividad. También se hace necesario acciones que propicien la elevación y diversificación de la capacidad de producir bienes y servicios, y de políticas que generen un ambiente de competitividad sistémica sostenible en el tiempo, aspectos vitales para la materialización de ese objetivo.

El tratamiento de esta temática en las condiciones de la economía cubana tiene un significado especial, partiendo de que en el modelo económico socialista primará la planificación y no el mercado, aunque se propone un proceso de planificación que tendrá en cuenta  las tendencias del mercado. Por cuanto, la competitividad en Cuba no debe analizarse de la misma forma que en las economías capitalistas de mercado. Se beben tener en cuenta otros factores propios de nuestro sistema socialista y de su modelo de planificación centralizada[9]. Esto no quiere decir que las propuestas de medición analizadas y las referencias de los autores principalmente M. Porter, no sean considerados como fuentes teóricas; al contrario han apoyado la decisión de este autor de utilizar para la evaluación de la competitividad de las condiciones de la economía cubana un enfoque estructural. Enfoque que entiende la competitividad como un fenómeno más amplio, en cuya determinación está presente un complejo conjunto de aspectos, no necesariamente ligados a los precios y los costes, de probada relevancia en la proyección y actividad de las empresas en los mercados. Pueden existir dos casos extremos: se opta por una combinación de indicadores que expresen la diversidad de los factores comprometidos o bien se recurre a un indicador de carácter sintético que exprese la resultante de todas esas variables y factores. La primera opción es la más oportuna pues ofrece un mayor potencial para una reflexión sobre los factores de competitividad más ligados al territorio. Se agrupan diferentes indicadores que miden el efecto o consecuencia e incorporan otros que pudieran explicar las causas.

Generalmente el indicador más utilizado para este tipo de estudio es el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante pero en este caso de acuerdo a la información que se brinda a nivel regional se opta por emplear varios indicadores de resultado que se corresponden con los principales indicadores económicos recogidos en los anuarios estadísticos en el capítulo: Indicadores globales[10].

Estas precisiones determinan la propuesta de un índice de competitividad territorial que ofrezca información precisa y suficiente como apoyo al proceso de toma de decisiones y a su vez sirva como instrumento de trabajo para los gobiernos locales.

El índice de competitividad pertenece a la categoría de los indicadores sociales, generalmente vinculados a la investigación social y al diseño y gestión de proyectos sociales. Como indicador social, es una medida estadística de resumen, referida a la cantidad o magnitud de un conjunto de parámetros o atributos de una sociedad.

Tomando como referencia los indicadores que se suele utilizar para la gestión de proyectos, los indicadores sociales pueden clasificarse como simples o complejos  (Bobadilla, Del águila y Morgan, 1998). El ICT es un tipo de indicador social complejo debido a que requiere de un marco teórico y no cuenta con una forma simple de corroborar sus resultados.

Los indicadores  también pueden clasificarse de acuerdo con su objeto de medición, pudiendo ser de impacto, de efecto y de cumplimiento (Bobadilla, Del águila y Morgan, 1998). El ICT puede ser clasificado como un índice de impacto, porque mide la competitividad mediante los resultados obtenidos por una región al finalizar un tiempo determinado un año por lo general en el que las acciones de los agentes económicos han incrementado o reducido la competitividad.

En las investigaciones sociales se abordan fenómenos que difieren por su mayor o menor grado de complejidad y abstracción. El caso del ICT y del concepto de competitividad que lo soporta puede catalogarse como un concepto abstracto que empíricamente no es factible de observar y, por lo tanto, de medir. Para esto último se requiere  realizar un proceso de descomposición y transformación denominado proceso de “operacionalización”  (Lazarsfeld, 1958), que convierte la noción y el concepto de competitividad en un conjunto de indicadores que justamente permiten  la observación empírica y, para el caso particular del presente estudio, la construcción de un índice.

Para Blalock (1970), .en el proceso de “operacionalización” se debe considerar, primero, que la conceptualización se deriva de reflexiones teóricas a partir de la revisión bibliográfica y de reflexiones propias y segundo, que la medición permite asignar valores a los fenómenos sociales de acuerdo con determinadas reglas.

Para Lazarsfeld (1958), el proceso de “operacionalización” permite expresar los conceptos en términos de índices empíricos y se compone de las siguientes etapas representación literaria del concepto; especificación de concepto, en que se identifican las dimensiones que son sus componentes o subdivisiones semánticas; y elección de indicadores para cada dimensión. Una vez elegidos los indicadores de las dimensiones, estos se sintetizan mediante la elaboración de índices.

En la elaboración del índice se tuvo en cuenta los referentes teóricos para analizar los factores utilizados en la evaluación de la competitividad y a través de un proceso de contrastación con la información que registra el país por medio de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) se pudo realizar una propuesta de las dimensiones a utilizar y del mismo modo identificar los indicadores más importantes para cada dimensión. Sin embargo, el autor considera necesario su confirmación de manera empírica, utilizándose en este proceso el método empírico de investigación “Criterio de Expertos”. Para conocer si existía acuerdo entre los mismos se determinó el Coeficiente de Concordancia de Kendall y para determinar si el acuerdo no era casual la Prueba de Friedman. Estas pruebas no paramétricas reflejan los resultados de las valoraciones individuales de los expertos, las cuales están fundamentadas, tanto en un análisis estrictamente lógico como en su experiencia intuitiva.[11]

En el cálculo de los índices de competitividad se enfrentan dos tipos de problemas comunes: ¿cómo “uniformizar” criterios diferentes?, y ¿cómo  integrar  los criterios “uniformizados” en el índice? Ambos problemas pueden sintetizarse en una sola pregunta: ¿cómo transformar las variables para que puedan ser integradas en un solo índice?

Con  respecto al primer problema, existen  tres opciones que son las más aceptadas en la estadística para “uniformizar” criterios y que derivan de variables o indicadores disímiles: conversión de escala, rango percentil, y resultado estándar. En la figura se presenta un resumen de las capacidades de cada método con respecto a los criterios de análisis descritos.

Asimismo, se desprende que todos los métodos no cumplen, a lo menos, con uno de los criterios establecidos. El primer criterio puede ser el más subjetivo de los tres y la observación negativa para el método de estandarización es que genera valores positivos y negativos, complicando cualquier cálculo posterior y haciendo más compleja la interpretación de resultados. La dificultad relativa de interpretación del resultado estándar puede superarse aplicando la conversión de escala, luego de calculado el resultado estándar. Pero, se puede acotar que existen varias fórmulas de estandarización según su propósito y lo que se busca es llevar todas las variables a una gradación única común que varía entre 0 y 1. Así, la fórmula general de estandarización es:  . Además, el  resultado estándar es el único método que cumple con el  tercer criterio de poder brindar una  referencia objetiva de la distancia relativa entre los resultados de cada región.

Por las razones expuestas, el método del resultado estándar, al que llamaremos simplemente estandarización, es el mejor método para calcular el ICT.

Una vez que todos los datos han sido “uniformizados”, enfrentamos el segundo problema, “integrarlos” o “sintetizarlos” en un solo índice. Para ello, son nuevamente tres los métodos más utilizados: promedio simple, promedio ponderado, análisis de componentes principales.

El análisis de componentes principales es un método estadístico que asigna las ponderaciones a partir de la información contenida en los datos. Surgen sin embargo dos dificultades:

La primera es cómo validar e interpretar tales ponderaciones. Siendo ésta una de las primeras versiones del Índice y no hay información disponible para validar tales ponderaciones. Una opción sería presentar las ponderaciones a un “panel de expertos” pero ello generaría nuevas complicaciones metodológicas.

La segunda es cómo interpretar esas ponderaciones. Con frecuencia, alguna de las ponderaciones tendrá valor negativo, surgiendo la cuestión de cómo un factor de competitividad puede restar a la misma en lugar de sumar.

El promedio ponderado requiere establecer los valores con los cuales ponderar los subíndices y los factores. Esto plantea la cuestión respecto de cómo eliminar la subjetividad en la determinación de los pesos de ponderación.

A fin de asegurar la simplicidad de cálculo y de garantizar la objetividad del procedimiento se decidió utilizar el método del promedio simple.

Una vez definido el procedimiento de calculo se puede afirmar que el índice de competitividad territorial es un algoritmo simple de obtener y de comprender que permite reunir un conjunto de variables de manera ordenada, las que procuran explicar la competitividad asociada a la capacidad de las economías de las regiones para alcanzar niveles de crecimiento económico.

El valor máximo para el Índice Global es cinco, cada dimensión del tiene un peso de 1 y los indicadores al interior de cada dimensión dan origen a su cálculo, donde todas las dimensiones tienen un mínimo posible de 0 (cero), mientras que los máximos potenciales dependen del número de indicadores y su agrupación al interior de cada dimensión. Las variables o indicadores (51) están agrupadas en cinco dimensiones: actuación económica, sector empresarial, impacto gubernamental, social e infraestructura y ciencia, tecnología y medio ambiente; todas las dimensiones con una ponderación de 1. (Anexo 1)

El índice se compone por variables cuantitativas y cualitativas se puede apreciar que el 54.9 % de la variables (28) analizadas en el índice son cuantitativas ofrecidas por la Oficina Nacional de Estadística y el 45.1% son variables (23) cualitativas que obtiene a través de un cuestionario (ver Anexo 2) aplicado a las empresas de las regiones, el cual recoge la opinión de los principales directivos de estas entidades.

Por tanto, el índice de competitividad territorial es un indicador global que muestra las principales características territoriales en el contexto de la economía cubana a nivel de municipios, que permite generar condiciones para un proceso de desarrollo local sostenido; porque los resultados sugieren áreas con fortalezas o debilidades, puntos sólidos sobre los cuales se pueden aplicar políticas y acciones de desarrollo y puntos a fortalecer con programas estratégicos. Al igual que cualquier otro indicador, éste es una síntesis arbitraria de algunos aspectos, mostrando determinadas aristas o aspectos fundamentales, aunque no todos, limitados fundamentalmente por la ausencia y/o acceso de información que caracteriza la competitividad de forma similar a otras economías.

El índice muestra un ranking de los municipios clasificados en función de los resultados alcanzados tanto de forma global como por dimensiones, o sea,  los resultados obtenidos son productos de la comparación entre las regiones con respecto al mejor desempeño regional. El hecho de comparar los resultados entre las regiones por no contar con estándares internacionales que pudieran precisar el nivel de competitividad, remite a clasificarlos en torno a la competitividad en municipios con ventajas y desventajas competitivas.

A partir de esta información, se procesa y elabora una metodología gráfica con apoyo del paquete estadístico Statgraphics que permite resumir en un cuadro información relacionada con las dimensiones y el índice de competitividad.

En el eje horizontal se presentan las regiones y en el eje vertical los resultados. El criterio para definir la ventaja o desventaja competitiva es la posición de la región por encima de la media de los resultados.

La clasificación de ventaja competitiva se refiere a la capacidad de la región que le permite alcanzar una posición superior respecto a las demás regiones del territorio y se sustenta en sus resultados, habilidad, recursos, conocimientos y atributos que dispone. Estos aspectos son carentes o están en menor medida las demás regiones, que hace posible la obtención de una posición superior.

Las regiones que se encuentran ubicadas en la zona de desventajas competitivas son las que sus resultados se encuentran por debajo de la media del desempeño territorio y manifiestan problemas en casi todas las dimensiones de competitividad. Son las economías rezagadas del territorio, que presentan fundamentalmente una pobre estructura productiva; son vulnerables a los cambios del entorno y actúa según las presiones del mercado. Por tanto, estas economías deberían mejorar su ubicación, buscando la forma de apoyar internamente la región para hacerla más eficiente. Ante esta situación se requiere con urgencia la asignación de recursos por lo que el gobierno debe incrementar su protagonismo. La región debe orientar su gestión fundamentalmente hacia la diversificación y apoyo de la producción, así como fortalecer de los vínculos entre los actores  y priorizar la obtención de recursos para el desarrollo.

Sin embargo las regiones que se ubican en la zona de ventaja competitiva muestran un mejor desempeño que posibilita alcanzar mayores niveles de desarrollo. Se comienza a ocupar posiciones de liderazgo y muestran disposición por compartir los resultados y las formas para alcanzar su posición actual. Son las economías que sustentan el crecimiento territorial y manifiestan mejores resultados en torno a las dimensiones de competitividad, con una estructura empresarial más sólida y productiva. Sus objetivos deben encaminarse a erradicar sus problemas para incrementar su liderazgo.

Conclusiones

  • La competitividad se ha considerado tradicionalmente un atributo del comportamiento económico de las empresas; sin embargo, el concepto de competitividad se ha trasladado a la esfera territorial, convirtiéndose en habitual la elaboración de índices que permiten establecer comparaciones entre países. Los estudios empíricos tomados como referencia internacional son el Global Competitiveness Report realizado por el WEF y el World Competitiveness Yearbook por el IMD.
  • La definición y alcances de la competitividad seguirán en desarrollo, quizás a la espera de consensos parciales. Asimismo, no existe una metodología comprobada y difundida que permita saber el nivel de la calidad de los resultados de algún índice de competitividad, ya sea a nivel mundial o en este caso, regional. La dificultad radica en su condición de indicador relativo, es decir, que no determina qué región es competitiva y en cambio brinda una visión relativa de la competitividad de una determinada región con respecto a sus resultados. De este modo, el ICT es una herramienta o una guía para los negocios o políticas de Estado ya que sugieren áreas con fortalezas o debilidades, puntos sólidos sobre los cuales se pueden aplicar políticas y acciones de desarrollo y puntos a fortalecer con programas estratégicos.
  • Las dimensiones y los indicadores propuesta no es absoluto o cerrado, por el contrario, la idea es que conforme se fortalezca el sistema de estadísticas regional se vaya ampliando o mejorando. Muchas variables cualitativas (de encuesta) podrían convertirse en cuantitativas si los organismos encargados recogieran la información necesaria. Por lo tanto, las variables que componen el Índice de competitividad territorial constituyen una primera propuesta.

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[1] web del WEF: http://www.weforum.org

[2] Propuestas mas recientes han surgido y son consideradas como enfoques complementarios, tal es el caso del estudio realizado por los profesores Jeffrey D. Sanchs y John McArthur (2001-2002). Estos académicos construyen el Índice de Competitividad para el Crecimiento (Growth Competitiveness Index o GCI) que mide la capacidad de una economía nacional para lograr un crecimiento económico sustentable en el mediano plazo.

Por otra parte, Michael Porter del Instituto de Estrategia y Competitividad de la Facultad de Negocios de Harvard, desarrolló el Índice de Competitividad Microeconómica (ICMI) que utiliza los indicadores microeconómicos para medir el conjunto de instituciones, estructuras de mercado y políticas económicas que respaldan los altos niveles de prosperidad, refiriéndose principalmente a la utilización efectiva por parte de una economía de su actual stock de recursos. A partir de 2003 el (ICMI) se denominaría Índice de Competitividad para los Negocios (Business Competitiveness Index o BCI)

La CEPAL creó el método del CAN (Análisis de la Competitividad de los Países), el cual se basa en la evaluación del nivel de penetración y participación de los países en un ámbito de comercio específico, sin hacer referencia a los factores explicativos. Su aplicación se sustenta en tres elementos fundamentales: el cambio en las exportaciones de un país, el cambio en la participación de mercado en un determinado sector o grupo de sectores exportadores de un país con relación a un cierto mercado internacional y el cambio en la importancia de las importaciones mundiales del mismo sector respecto del total de las importaciones del mercado internacional considerado

 

[3] El carácter sistémico de la competitividad es destacado por un grupo de investigadores del Instituto Alemán de Desarrollo que acuñó el concepto de competitividad sistémica, como  “un patrón en el que el estado y los actores de la sociedad civil crean, de forma deliberada, las condiciones para un desarrollo industrial exitoso”.

[4] Consejo Nacional de la Competitividad, Plan Nacional de Competitividad, Lima, 2005.

[5] CEPAL, Escalafón de la Competitividad de los Departamentos en Colombia, 2002.

[6] Instituto Mexicano para  la Competitividad  (IMCO), competitividad estatal, Veracruz, 2008

[7] Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), competitividad de las ciudades mexicanas, México, D.F., 2007.

[8]  En este caso se refiere al ranking por países que publica el WEF en el sitio web:  http://www.weforum.org.pe/

[9] Para Cuba, las relaciones de propiedad y particularmente la propiedad social sobre los medios de producción tienen una connotación económica, política, social e ideológica.

[10] En este capítulo se brindan los resultados  generales del proceso económico a través de un conjunto de indicadores provinciales empleados en la información estadística, que comprenden la producción mercantil, nivel de vida, además de indicadores de costo, ganancia y rentabilidad. Las unidades en las cuales se basan los agregados provinciales son las empresas estatales, que constituyen entes jurídicos independientes, con contabilidad y cuentas bancarias  propias, las unidades presupuestadas, centros de servicios de las administraciones públicas, las cuales disponen de contabilidad propia y cuentas bancarias regidas por el presupuesto estatal.

[11] Inicialmente se seleccionaron dieciocho posibles expertos; directivos y especialistas de diferentes entidades y del territorio, así como académicos familiarizados con la temática de investigación. A estos posibles expertos se les aplicó la encuesta  para determinar su coeficiente de competencia; seleccionándose los diez que más alto coeficiente presentaron. De los expertos seleccionados, cinco de ellos obtuvieron un valor por encima de 0.8, que significa que su coeficiente de competencia es alto. Los cinco expertos restantes obtienen un coeficiente medio pero muy cercano a los 0.8, todos superiores a los 0.74.

A través de la técnica de la encuesta se pudo conocer el criterio de experto y su procesamiento se realizó a través del paquete estadístico SPSS 15.0 para Windows; el cual mostró luego de 3 rondas niveles de concordancias superiores a 0.75 afirmando que la información es confiable, que hay concordancia entre los expertos y no casual. El procedimiento permitió además establecer los pesos de cada dimensión en la competitividad  territorial, así como de los indicadores en las dimensiones.

 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Sarmiento Ramírez, Yunier y Pérez Cutiño, Yadira: "Midiendo la competitividad. Una propuesta de medición territorial para Cuba" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, enero 2013, en http://caribeña.eumed.net/medicion-territorial-cuba/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.