UNA VISIÓN DESDE CUBA ACERCA DE LAS CAUSAS DEL DERRUMBE DEL MODELO EURO SOVIÉTICO

RESUMEN: La presente investigación tiene como objetivo explicar desde Cuba las causas que dan origen al derrumbe de modelo euro soviético. El fundamento del artículo esta dado en l a necesidad de profundizar las causas del derrumbe del socialismo desde una perspectiva cubana para no cometer su mismo error. Como métodos fundamentales: la revisión bibliográfica, en análisis y la síntesis, etc. Resultados de la misma es que divulga un contenido que ataña a las personas del mundo y en particular a los cubanos. Como conclusiones se recomienda a estudios y politólogos interesados en el tema a lo utilicen en el campo de las llamadas ciencias sociales.
Palabras claves: Derrumbe, modelo, visión, euro soviético.

SUMMARY: This research aims to explain from Cuba causes that give rise to the collapse of euro soviético model. The basis of the paper is given on the need to further the causes of the collapse of socialism from a Cuban perspective to not make the same mistake. As fundamental methods: literature review, analysis and synthesis, etc. Results is that it discloses a content, which is relevant to the people of the world and in particular to Cubans. In conclusion it is recommended that studies and political scientists interested in the subject to use in the field of so-called social sciences.
Keywords: Landslide, model, view, eurosoviético

UNA VISIÓN DESDE CUBA DEL DERRUMBE DEL MODELO EUROSOVIETICO.

El derrumbe del campo socialista ha constituido el golpe más severo que ha recibido las esperanzas y expectativas de las masas populares y las fuerzas progresistas y democráticas en todo el mundo. Muchos teóricos del marxismo quedaron aplastados por los escombros hasta tal punto que se ha hecho difícil rescatar los cadáveres políticos para brindarles adecuada sepultura.

Otros pudieron evadir los golpes más demoledores y aprovechando el disloque lograron incluso cambiarse de ropa y aparecer como ausentes durante el desastre. Y lo que es más importante aún, desentenderse de cualquier tipo de culpa en la errada construcción.

Se diseminó Una oleada de reformas por los estados socialistas en los años 80. Sin embargo, como siempre habrá mayor riesgo de caer cuando se corre que cuando se camina, las reformas en los países socialistas pronto demostraron su vulnerabilidad intrínseca.

Las lecciones derivadas de los errores cometidos por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) tienen valor para China, que hoy está experimentando su propia reforma. En primer lugar, el Partido no debe renunciar a su liderazgo del país durante las reformas. El PCUS, aunque había estado plagado por la corrupción en alto grado, habría podido resucitarse. Pero al calor de la “Glasnost,” el PCUS había perdido su control sobre la intelectualidad, los círculos académicos y la prensa.

En segundo lugar, la reforma no debe abandonar el principio de la propiedad pública como fundamento económico. La propiedad pública socialista ha determinado la naturaleza del socialismo y garantizado el auto sostenimiento de la población. Es también la parte más sustancial del sistema socialista. En tanto se mantenga la posición de la propiedad pública, perdurará la base de los países socialistas, sin importar cómo procedan las reformas.

En tercer lugar, la reforma no significa simplemente negar a los líderes anteriores. Nikita Jruschóv denunció a José Stalin en el “discurso secreto” de 1956. Y desde entonces la corriente anti estalinista perduró por varias décadas en la Unión Soviética, y condujo a las consecuencias desastrosas de negar la historia de país, hasta desembocar en la oposición al sistema y las metas del comunismo.

Sin embargo, la mera negación del pasado no ayuda a solucionar el problema. Durante las reformas de los años 80, Gorbachov cambió el rumbo de la Unión Soviética acudiendo a un denominado “nuevo pensamiento.”

En cuarto lugar, la reforma no debe descansar en potencias externas. EEUU nunca cambió su meta de intentar la “transformación pacífica” de la Unión Soviética y otros países socialistas. Tomó medidas para aplicar la presión ideológica sobre dichos países, mientras que los líderes de la Unión Soviética que apoyaban las reformas no tomaron ninguna precaución.
Gorbachov se preocupaba de recibir la evaluación y alabanza de EEUU, y sus esfuerzos de promover la Glasnost, Perestroika y una supuesta “autonomía cultural” se encaminaban todos a obtener el apoyo de EEUU.

Las experiencias y las causas que originaron esa alternativa no sólo se mantienen, sino que se renuevan, de modo que el examen del ensayo frustrado es, de hecho, prospección de estrategias y liquidación de cuentas con experiencias en las que, quizás, no todo tiene que ser desechado en bloque.

Se cuida, para evitar pasos desacertados, se destacan las que colocan en lugar central de la explicación de las deficiencias, los errores y las consecuencias económica del sistema. Dentro de esta línea están a su vez los que imputan esas deficiencias al mismo proyecto socialista, tal cual era concebido por los clásicos, en tanto otros las atribuyen a desviaciones del proyecto, introducido por los revolucionarios soviéticos especialmente.

Frente a este grupo se conforman otro que coloca en lugar central el problema de la política y las consecuencias de ese orden. También en él están los que atribuyen los errores políticas a un momento bastante lejano dentro del montaje del proyecto, particularmente a errores de Lenin, en tanto otros sitúan las desviaciones a partir de Stalin, y algunos más que las circunscriben al proceso pos estalinista, tras la salida de Nikita .

Cuando se inicia al análisis somero de las que pudieran ser causas del derrumbe del campo socialista, se advierte de inmediato que la economía socialista evidenció enormes incapacidades para afrontar el desafío de lo que solía llamarse en su literatura política, la emulación pacífica con el mundo capitalista.

Marx y Engels habían concebido el socialismo (al cual no dieron ese nombre) como un tránsito más o menos rápido hacia una sociedad superior comunista, que era el resultado de un proceso de desarrollo económico concluido. En otras palabras, el comunismo debía advertir cuando las fuerzas productivas del capitalismo hubieran dado todo su potencial y ya no pudieran existir, encerradas en las relaciones de producción determinadas por la propiedad privada.

Nunca supusieron que el poder revolucionario, en tránsito al comunismo tuviera que afrontar las tareas económicas que correspondían al proceso de civilización burgués, es decir, alcanzar el más alto nivel de desarrollo social y de socialización de la producción dentro los límites de la propiedad privada.

A nadie pueden caber dudas de que para los clásicos del marxismo los revolucionarios comunistas o la revolución comunista, sería al menos un proceso de cierta unicidad sincrónica, desatado a escala mundial.

Se expresa por el contrario, la llamada construcción del socialismo empieza por los países periféricos dentro del sistema capitalista, donde, como, claramente lo advierte Lenin, se conjugaba todas las contradicciones del sistema, en concurrencia de niveles de desarrollo imperialista con niveles precapitalista.

Se indica que la anhelada propiedad social, sobre los medios fundamentales de producción, manera única de catapultar hacia delante la contradicción esencial del capitalismo, no podía ni soñarse, sino era pasando por una previa estatalización de esa propiedad. Sin embargo, ni en la mente de los clásicos, incluyendo Lenin, ni en la de ningún economista o politólogo medianamente serio, podía haber lugar para confundir socialización y estatalización de la propiedad. De hecho, cuando se abordaba esta cuestión en los planos teóricos se afirmaba siempre que la estatalización era absolutamente, un paso hacia la socialización, un momento de un proceso y nunca un fin en sí mismo.

Sin embargo, ese fin no llega, ni se aproxima siquiera en ninguno de los proyectos de Europa del Este. Desde este exclusivo punto de vista, habría razones sobradas para afirmar que el proyecto socialista, cual fue concebido por los clásicos, nunca se corporeizó en el llamado socialismo real la sustitución de la propiedad privada capitalista jamás alcanza ni se aproxima ni siquiera. Entonces parecerían justificadas las afirmaciones de Eduardo Galeano cuando significaba que al invitárselo al sepelio del socialismo, se nos ha llama a enterrar un muerto que nunca había nacido realmente.

La estatalización de casi toda la economía condujo al ya aludido capitalismo de Estado, en el que se conjugaron dos resultados contradictorios muy visibles: de un lado una altísima centralización de la propiedad socialista y, de otro lado, y por natural contradicción dialéctica, una difusión de la gestión económica que creaba premisas para una perfección social de que se vivía en la no propiedad.

Dicho en términos bien simples: la propiedad estatal estaba muy centralizada, sus facultades de disposición virtualmente en manos de una cúpula burocrática, mientras hacia abajo estaba diabólicamente difundida una red burocrática que, de hecho, conducía a la no existencia de propiedad, o la propiedad de nadie.

Si se admite que el propietario es el que puede no sólo disponer de una cosa, si no además determinar por ello mismo su destino y funciones, y quién además se beneficia esencial de los productos de esa propiedad, habría que convenir en que la concentración de la disposición en los países socialistas se llega a grados increíbles de aberración, superando con creces cualquier nivel monopolista de un país capitalista.

Lo que no suele verse con frecuencia es la otra cara dialéctica de la moneda: la conjugación de ese fenómeno con la existencia del sentimiento de no propiedad, o con el sentido de que nada es propiedad de nadie.

La enajenación que supuso esa concentración, el entramado burocrático a través del cual ha existido y se manifestado, produjo con respeto a ella, una notable alineación de las grandes masas en su relación con la propiedad estatal. El hombre se sintió abajo no como algo impostado dentro de una economía ajena, inasible, en ocasiones perversa. Nadie se siente dueño del autobús, aunque la retórica socialista proclamara  que era propiedad de todos; menos se siente dueño de un edificio estatal, aunque esa retórica jurara a todos los vientos que era no sólo de todos, sino para todos.

A todos ello se sumaron elementos concurrentes, tales como: una planificación altamente centralizada y burocrática; la ineficacia de un aparato de gestión no tenía intereses directos ni intereses indirectos; la distribución a través de un sistema de relaciones mercantiles en el cual, como el mismo Marx advirtiera amargamente en la Crítica al Programa de Ghota, tenía que regir el derecho de la desigualdad. Ni que decir además que este mecanismo deslizaba la existencia de formas distributiva pugnases con la ética de igualación y solidaridad que alentaba la esencia misma del proyecto socialista.

Es todo ese complejo de la deficiencia económica el que explica las incapacidades ante los desafíos de la competencia con Occidente y ante las que suponía la carrera por la ampliación industrial, técnica e informática y la utilización de sus resultados científicos, amén de la falta de mecanismo de estimulación que sirviera de palanca, micro y macroeconomía, a la producción y, sobre todo, a los servicios.

Cuando Occidente se estremece por la Crisis general de 1929, la economía soviética seguía registrando avances en todos los índices y se mantuvo inconmovible, ajena al estremecimiento que sufría todo el mundo occidental. El milagro económico socialista fue, sin duda, bien contundente.

Hay sin embargo, un ángulo de esa dialéctica que algunas veces se soslaya y así se desvirtúa la reproducción histórica veraz del proceso de la economía socialista en Europa del Este. Hay dos cuestiones bien impactantes en ella; la carrera armamentista y la solidaridad con los países del Tercer Mundo.

Los países socialistas, especialmente la Unión Soviética enfrenta, los términos brutales de la guerra fría y la carrera armamentista. Cuanto determinó todo ello no solo en agotar aún más los potenciales económicos de los países socialistas, sino cuanto contribuye al aumento descomunal de los mecanismos enfermos del sistema tales como: la centralización extrema, la burocratización, el autoritarismo, el subjetivismo, la intolerancia, el estado se fue separando del pueblo, la subestimación de las necesidades individuales en aras de un interés social, etc.

Se pierde la Guerra Fría, que es tanto como decir se pierde no sólo en la carrera armamentista (en ella se mantenía una paridad angustiosa como queda demostrado en la Crisis de Octubre, Crisis de los Misiles o Crisis del Caribe como se le quiera llamar), si no que por lograr la paridad militar se perdió en gran medida el esto de la economía, en tanto se agotaron las posibilidades de reproducción y de avance hacia la llamada tercera revolución industrial.

Se debe valorar también el hecho de que el fin de la guerra fría descubrió un mundo diferente al que encubría la confrontación este-oeste. Desde entonces, la rivalidad y las contradicciones interimperialistas se recrudecen, activándose los procesos de integración regionales Unión Europea con la acción objetiva, y también subjetiva, del proceso de globalización de las relaciones económicas y políticas internacionales. La exacerbación de conflictos nacionalistas (del tipo periférico) y las rivalidades étnico-religiosas tienen de base problemas históricos acumulados y desatendidos que encontraron su cauce a partir de 1985.

La ayuda socialista, y especialmente soviética, a los países del Tercer Mundo tuvo un impacto semejante, quizás menor, pero acumulativo, en sus economías. Ignorarlo es también perder de vista una de las concatenaciones dialéctica de ese proceso histórico. Asumiendo la responsabilidad histórica de solidaridad con los movimientos anticolonialistas, por la independencia de los países de África, América y Asia, la economía socialista de Europa del Este hace erogaciones cuyas cifras verdaderas quizás nunca alcancemos a saber.

No puede perderse de vista que desde la década de los sesenta había elementos en las esferas del poder de la URSS que aconsejaban prudencia al respecto, y llegaron a calificar de aventurerista algunas de esas ayudas o empresas de apoyo a los movimientos de liberación nacional.

Se afirma toda claridad que para la ética del socialismo, como sueño, utopía y alternativa de la humanidad, esas ayudas fueron absolutamente justificadas, inscriptas en el más alto ideario de solidaridad y humanismo planetario. Constituyen páginas imborrables de lo mejor de la historia del hombre. Tras la verdadera ética de la solidaridad se ocultaban fines utilitarios y no altruistas de algunos equipos deponer.

Las terribles situaciones de agresión y hostigamiento que tuvieron que enfrentar los revolucionarios rusos obligaron a que esa centralización y fortalecimiento casi desesperada del Estado, se anularan en importantísima medida la iniciativa y la capacidad de autenticidad política de grandes sectores de la sociedad civil.

En planos teóricos inclusos se deja de hablar de extinción del Estado, la menos a mediano plazo, y el discurso oficial deriva hacia una supuesta democratización del Estado, basada en una soñada participación activa y masiva de la enorme mayoría de la población, en la toma redecisiones políticas y económicas, con lo cual se avanzaría hacia la socialización proyectada.

Se fue produciendo un divorcio creciente entre la dirección política y estatal de las grandes masas. No hay ya una verdadera participación sino cuanto más acción de movilización formal, en ocasiones conducidas bajo presiones de todo tipo; y esa enajenación burocrática se engendra y desarrolla no sólo en maquinaria estatal, sino también y más triste dentro del propio Partido.

El Estado socialista de los modelos europeos no sólo fue un aparato centralizado, militar burocrático con falta de una democracia efectiva, en manos de una élite de funcionarios profesionalizados de poder burocrático, sino además un Estado con una incapacidad absoluta de reajustes funcionales internos, para reacondicionamiento en pos de adecuaciones a nuevos estudios sociales y políticos. Aquellos estados nunca supieron vertebrar las esenciales libertades individuales, las aspiraciones subjetivas de la ciudadanía y engarzarlas coherentemente con un proyecto social absorbente. Frei Betto, en una conferencia que titulara “Mística y Sociedad” expresaba.: “que el capitalismo socializó los sueños de los hombres para garantizar la privatización de los sueños. El socialismo de Europa Oriental hizo lo contrario: Socializó los bienes pero privatizó el sueño, en la medida en que solo los que militaban en el Partido podían hablar de las alternativas a la vía del futuro para la vida social.” En ese orden de cosa se comito el error de fundir de manera absoluta el Estado y el gobierno con el sistema y, peor aún, en la confusión se involucró la dirección política de la sociedad.

Se hace necesario reconocer que aquel socialismo murió desde dentro, los sujetos de su deceso fueron las masas, esas para las cuales una teoría vale si se inserta en sus sueños, aspiraciones, deseos. El gran problema que nos ha impedido sacar las lecciones está precisamente aquí, en el modo en que hablamos hoy de esos países. Unas supuestamente consolidadas, superiores, relaciones de producción que se deshacen, gente que entrega, con menos indiferencia que si le arrebataran un dulce, los medios de producción que «poseía», merecen análisis más serios.

Dentro de los marcos del capitalismo, puede usted moverse en el sistema político y puede discrepar de acciones gubernamentales o de todo el gobierno o declararse, apolítico total. De ahí la ilusión de libertada que suelen tener los hombres del capitalismo. Quien ha sido desposeído por la economía capitalista, quien ha enajenado su vida en una relaciones sociales en que el resultado de su trabajo ajeno y hasta contrario, tiene sin embargo el sueño de ser libre. Ese sueño empieza incluso por la falacia de que todos pueden llegar a ser capitalistas. El socialismo por el contrario, que crea las premisas materiales para que el hombre sea verdadera y esencialmente libre en tanto avanza hacia el real dominio del reino de la necesidad y su vida y trabajo se funden con el fruto de ese trabajo, ese socialismo, que es realmente portador de la libertada humana en los modelos de Europa del Este cometió el error de privatizar sueños.

Luego de tanta enajenación endilgada a la sociedad capitalista, hoy tenemos que reconocer que el hombre en esas sociedades socialistas se enajenó del poder, de los medios de producción, de la ideología. Estaba a tal distancia de esas cosas, que pudo ver desde la barrera, sin siquiera un disparo de fusil ni una barricada, cómo sus sociedades daban un giro de ciento ochenta grados. No fueron insensibles al giro; es que para ellos, los de la «realidad real», no habría tal magnitud en el giro, apenas unos grados, y la posibilidad de mejorar valía el riesgo.

No hubo iniciativa de las masas para contrarrestar el derrumbe, porque hacía mucho que la iniciativa de las masas se había diluido en una obediencia, que pasaba por consciente unanimidad. No se cuestionó lo acertado o no de las políticas destructivas, porque hacía mucho que habían aprendido, del centralismo democrático, que las decisiones de los organismos superiores son de obligatorio cumplimiento para los organismos inferiores (y su militancia).

La costumbre era que las ideas nacieran en el Buró político y bajaran. No existía un mecanismo para corregir desde abajo, nunca existió. Y cuando la perestroika empezó a desbaratar lo que quedaba en pie del edificio, encontró ese mismo camino de la obediencia ciega en aras de un principio que, según la teoría, hacía fuerte y no débil al Partido. Aunque ya el culto a la personalidad de Stalin había demostrado antes que, en asunto del Partido, la masa de militantes era más débil que el solitario Secretario general, la historia colocó la misma piedra ante los hijos de Lenin.

El sistema, enfermo de paranoia política, se siente siempre atado hasta por la existencia de algunas corrientes literarias o de las artes plásticas o inclusos por modas, sin dejar casi espacio auténtico a la sociedad civil.

Lenin percibe a finales de su vida activa, entre los años 1921-1923 la dinámica que asumía el nuevo Estado y los peligros que corría la democracia incluso en el interior del Partido. Recuérdese su carta la Congreso del partido en la que advierte sobre los peligros de la personalidad de Stalin, y otras muchas notas de esos meses en igual sentido.

Sin duda que el proceso de centralización, autoritarismo ilimitado y culto a la personalidad tuvo su más alta expresión durante los largos años de poder de Stalin. Fue quien perfecciona los mecanismos autoritarios y liquida los últimos resortes de vida democrática al interior del Partido y del Estado soviético, aunque el camino le hubiera quedado abierto cuando el país tuvo que enfrenta situaciones desesperadas.

En la dialéctica que se ha tratado de explicar estas características del modelo político, estatal particularmente, reactuaban de forma diabólica sobre la base de la economía, estatalizada por completo, para impactar en ella de un modo distorsionante.

En el fondo el ideal de socialismo era un ideal burgués. O sea, el socialismo era el arte de socializar para todos la posibilidad de acceso a una vida burguesa. Y eso ni el capitalismo, ni el socialismo consiguen brindárselo a todos.

Sin sustanciar ni proponer radicalmente un nuevo aparato ético, el socialismo de Europa del Este recorre el mencionado camino en el cual privatiza los sueños, y conculca injustificadamente esenciales libertades personales que sólo el socialismo debía asegura a la humanidad.

Por el contrario, todo revela que si bien aquel proyecto quiebra, el socialismo no está descalificado como esperanza de la humanidad, de lo que se trata es la necesidad de redefinir o rediseñar el socialismo.

Como consecuencia de la caída de los modelos socialistas en la antigua URSS y los ex países socialistas de Europa, las reglas del capitalismo se fueron imponiendo en medio del caos, la indiferencia y la anarquía. La crisis moral y social evidenciada en estos países, es la evidencia palpable del fracaso de esa transición. En este video se observan los problemas más dramáticos que se vive hoy en esas regiones: el de la falta de atención de la niñez.

Hoy en esos países, los gobiernos no tienen en cuenta leyes, ni medidas que aseguren los derechos de los niños, los que se ven obligados a deambular y a vivir en las calles, buscar comida en los basureros, prostituirse, trabajar en condiciones de esclavitud entre otros sufrimientos. Muchos niños se ven a la merced del abandono de los padres o en el peligro de caer en manos de la mafia o personas que ven en ellos las posibilidades de obtener jugosas ganancias por la venta de sus órganos. Esto es lo que tiene que pagar el sector más sensible de estos países a causa de la pérdida del sistema socialista en ellos.

A juicio del autor de este artículo muchas de las causas que dan lugar al derrumbe de modelo euro soviético se manifiesta en Cuba. Amén del proceso de perfeccionamiento del modelo económico en que está inmersa nuestra nación, a través de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social, a raíz del Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba, así como la aprobación recientemente de la nueva Ley de Inversión Extranjera y la puesta en marcha de las cooperativas no agropecuarias en el sector  no estatal, donde se marcha hacia la verdadera socialización de la proceda en Cuba, donde el trabajador tenga sentido de pertenencia, sea dueños de sus medios de producción y participe el resultado final, aporte a la sociedad y no explote a nadie, ni sea explotado; contribuyendo al desarrollo social que tanto necesita el país.

BIBLIOGRAFÍA.

http://biblioteca. Filosofia.cu/ ¿Derrumbe del socialismo o del marxismo? Después de la polvareda, desde la atalaya latinoamericana. Pablo Guadarrama González. Tomado en fecha 12 de febrero de 2014. Tomado en fecha 6 de junio de 2014

Cuadebate. Cuatro lecciones del derrumbe de la Unión Soviética. 22 mayo 2011. Por Liu Shulin. Tomado en fecha 6 de junio de 2014 

Mediateca Rimed.cu Derrumbe del Campo Socialista en Europa del Este. Tomado en fecha 6 de junio de 2014

Fernández Bulté Julio, Teoría del Estado y el Derecho. Tomo I y II Editorial Félix Varela, 2008.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
González Cadalso, Neise Calixto y Beltrán Barrizonte, José Ramón: "Una visión desde Cuba acerca de las causas del derrumbe del modelo euro soviético" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, agosto 2014, en http://caribeña.eumed.net/modelo-euro-sovietico/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.