LA EDUCACIÓN AMBIENTAL. ENTRE LA MODERNIDAD Y LA POSMODERNIDAD

RESUMEN
Para comprender la relación que existe entre el medio ambiente y la sociedad y para tener una visión más abierta de la importancia de los factores socioculturales y sus efectos en el medio ambiente aparece la educación ambiental, la cuál ha sido considerada como un factor estratégico que incide en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la sustentabilidad y la equidad; integrando diferentes objetivos como lo son la conciencia, conocimientos, actitudes, capacidad de evaluación y participación.

Sin embargo existen barreras, desde la implementación de este tipo de educación que generan dudas tales como su praxis y la importancia y el lugar que tiene tanto en la educación moderna y posmoderna, así como llegar a un concepto general o unificado de lo que significa en realidad la Educación Ambiental.

PALABRAS CLAVE
Educación ambiental, modernidad, educación posmoderna, sociedad, desarrollo sustentable.

ABSTRACT
To understand the relationship between the environment and society and to have a more open view of the importance of sociocultural factors and their effects on the environment environmental education appears, with what has been considered a strategic factor affecting in the development model established to reorient towards sustainability and equity integrating different objectives such as awareness, knowledge, attitudes, participation and evaluation capacity.

However there are barriers, since the implementation of this type of education that raise questions such as their practice and the importance and place that has both modern and postmodern education and reach general or unified concept of what it means in actually Environmental Education.

KEY WORDS
Environmental education, modernity, postmodern education, society, sustainable development.

INTRODUCCIÓN

A medida que el siglo termina y el mundo académico vacila entre la era de la modernidad y de la posmodernidad, muchos países han emprendido o están en el proceso de emprender la reforma de sus sistemas educativos. La mayoría de estas reformas proponen la introducción curricular de preocupaciones sociales y ambientales.

Los movimientos educativos, incluso los críticos y liberadores han girado históricamente sobre el desenvolvimiento del ser humano como ser autónomo, el desarrollo de sus capacidades y la mejora de sus condiciones para la convivencia social.

Bajo estas premisas, la educación ha hecho un largo recorrido y se ha diversificado en distintas corrientes que enfatizan unos u otros aspectos, pero siempre centrada en los seres humanos y en sus relaciones diversas.

Encontramos así, en nuestros días, distintas propuestas o modalidades educativas que, bajo uno u otro nombre, tienen ese denominador común, giran en torno a la persona y a sus relaciones con otras personas o grupos: la educación para los derechos humanos, para la igualdad de género, entre otros (Ausubel, 1983).

Hay un consenso internacional sobre la relevancia o la necesidad de reformar la educación para el desarrollo sostenible, tanto así que la UNESCO está poniendo todo su empeño y dedicación en el proyecto de una educación planetaria en este tenor; sin embargo, el concepto de educación ambiental como tal está siendo reducido a una herramienta fundamental para  una larga lista de otros tipos de educación que tienen una finalidad específica y en muchos casos económica.

Es importante sentar las bases de la educación contemporánea, puesto que está en juego encontrar un lugar apropiado para la educación ambiental dentro del proyecto educativo global; para lograrlo es necesario aclarar y consolidar los vínculos entre la educación ambiental y otros aspectos de la educación.

Por desgracia, a partir de observaciones críticas sobre algunas de las prácticas más limitadas en la educación ambiental, los proponentes de la educación para futuros proyectos sostenibles ofrecen una visión estrecha de la educación ambiental, restringiéndolo a un enfoque naturalista o un proceso reactivo que se centra fundamentalmente en la resolución de problemas de naturaleza biofísica, conceptualizando de esta manera a la educación ambiental como una estrategia fundamental para la implementación del desarrollo sostenible (Bachelard, 1983).

Sin embargo, veremos que la educación ambiental es un componente esencial y no un mero accesorio de la educación; de hecho, se trata nada menos que de la reconstrucción de los sistemas de relaciones entre las personas, la sociedad y el medio ambiente.

Es importante incluir la educación ambiental en un marco educativo integral que no es reductor, que le permite tomar su lugar con el fin de trabajar en pro de sus propios objetivos, y que se integra de manera óptima con otras dimensiones de la educación contemporánea.

La educación ambiental entonces debe ser entendida como un proceso permanente de carácter interdisciplinario que busca que cada individuo se forme valores, aclare conceptos y desarrolle las habilidades y las actitudes necesarias para una convivencia armónica entre los seres humanos, su cultura y su medio biofísico circundante, es decir, que las personas puedan utilizarla como una herramienta social y educativa, vista como un derecho ciudadano a la educación (Bateson, 1991).

LAS TENDENCIAS DE LA MODERNIDAD Y LA POSMODERNIDAD

La educación no es ajena a estos movimientos contemporáneos, por supuesto, la tarea de caracterizar brevemente y distinguir entre dos movimientos tan complejos como la modernidad y la posmodernidad es compleja puesto que dichos movimientos son diversos y cambiantes y por otra parte, dichos movimientos no se prestan a una clasificación sistemática y rígida (Bateson, 1982).

Para empezar, la modernidad se caracteriza por su creencia en el progreso asociado con la explotación del conocimiento científico y la promesas de la tecnología. Es un crisol para el desarrollo de las principales teorías unificadoras y la búsqueda de los principales principios organizativos que transmiten valores universales y es posible identificar cuatro elementos que le dan fuerza:

  • El conservacionismo, que trata de proteger y fortalecer los valores de la modernidad,
  • El reformismo, que propone soluciones instrumentales para problemas; esta es la forma progresiva de la modernidad que se centra en una preocupación pragmática para una gestión eficaz, en un enfoque tecnológico y economicista.
  • El nihilismo, que se alimenta por el fatalismo y la burla, que se niega a reconocer cualquier visión o proyecto de futuro.
  • El transformismo, que contempla nuevas formas de pensar, ser, hacer y del actuar.

Por su parte, la postmodernidad se teje en un contexto de cambios, incluyendo la abolición de las anteriores formas de orden, en un interrogatorio y el proceso de búsqueda. No existe una sola concepción de la postmodernidad, sino una rica diversidad de discursos y prácticas postmodernas.

En lo que se refiere a la educación postmoderna, ciertamente debe hacer frente a los desafíos que presenta el mundo actual y cambiante. Es inductivo, esencialmente crítico y socio constructivista y reconoce la naturaleza compleja, única y contextual de los objetos de conocimiento.

La epistemología posmoderna valora el diálogo entre las diferentes formas de conocimiento donde las disciplinas ya no son los principios organizadores y donde los criterios de validez son relevantes a la luz de la transformación crítica (Maturana y Varela, 1990).

La educación posmoderna adopta una postura ética que también es relativista y no una antropocéntrica o individualista. Esto implica una importante discusión entre los actores dentro de una situación específica con el fin de proporcionar una base para la toma de decisiones del contexto local.

Aquí la democracia adquiere un significado completamente diferente: el de un proceso de negociación. El discurso posmoderno rechaza las teorías explicativas y cuestiona los valores universales, esto ha provocado que se le critique como una fuente de nuevos dogmas con propios metarrelatos.

LA EDUCACIÓN AMBIENTAL O LA NECESIDAD DE CAMBIAR

La educación ambiental, como se propone en la Carta de Belgrado (UNESCO, 1976) y la Declaración de Tbilisi (UNESCO, 1978), nació dentro de la modernidad como una reacción a los efectos de progreso asociado con el capitalismo exacerbado.

En este contexto, comenzó siendo reformista: se trataba sobre todo de una cuestión de resolver y prevenir los problemas causados ​​por el impacto de las actividades humanas sobre los sistemas biofísicos. En este sentido, una serie de educadores e investigadores propusieron los modelos pedagógicos de la educación ambiental que se centraban en el aprendizaje de la resolución de problemas y gestión de habilidades ambientales en el marco de la educación científica y tecnológica, abierta a la realidad social y con el objetivo de cambiar el comportamiento de los individuos como ciudadanos (Mayer, 1994).

La educación ambiental de la década de 1970 ofreció un nuevo marco para la educación, para muchos educadores, sin embargo, la educación ambiental mantuvo las características del romanticismo naturalista: la educación ambiental a menudo se redujo a la experiencia personal del medio ambiente con la naturaleza.

Durante la década de 1980, la educación ambiental entró gradualmente en la era postmoderna. El movimiento de educación ambiental de crítica social definió la educación ambiental como un proceso de análisis crítico de las realidades ambientales, sociales y educativas relacionado entre sí, con el fin de transformar estas mismas realidades. Por lo tanto se hizo hincapié en la importancia de asociar la educación ambiental con una dinámica de cambio en la comunidad, que tuviera en cuenta las características sociales y culturales específicas de las personas y el contexto particular en que viven.

La educación ambiental se convirtió en un proceso, desde la perspectiva del desarrollo bioregional e hizo hincapié en una pedagogía de lugar o de educación ambiental basado en el espacio geográfico. En la década de 1980 , la representación del entorno como un lugar para vivir, asociado a la idea del medio ambiente como un proyecto comunitario, que permitió ampliar y dar un nuevo significado a los conceptos del medio ambiente en la naturaleza, como un recurso , o como un problema  (Morin, 1994).

Sin embargo, en la década de 1990 se vio como la educación ambiental dio un paso atrás en el discurso oficial internacional. Reducido a una herramienta para el desarrollo sostenible, la educación ambiental ha sido empujada en el paradigma de la modernidad y así continúa hasta ahora, limitando el nicho educativo de la educación ambiental a los campos disciplinarios de la ciencia y la tecnología.

En este contexto cambiante, la educación ambiental contemporánea se caracteriza por ser una cuestión conceptual, estrechamente relacionado con los numerosos problemas planteados por su práctica, hasta ahora enfocada a una visión reduccionista, técnica y operativa de la problemática ambiental, cuando es imprescindible considerar el alcance y la complicación que las interacciones humanas tienen en esta situación.

PROBLEMAS CONCEPTUALES DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL

Durante los últimos años, en sus diversos campos de aplicación, la educación ambiental ha dado lugar a una amplia gama de conceptos.

Algunos creen que, dado que el medio ambiente es todo lo que nos rodea, y nosotros mismos somos un entorno, la educación ambiental debe ser tratada simplemente como una nueva educación. Otros creen, sin embargo, que la educación ambiental está estrechamente vinculada con la enseñanza de la ecología o ciencias ambientales (Novak y Gowin, 1988).

Entre estos dos extremos, encontramos una amplia gama de concepciones, uno de los cuales es el –ecocivismo- visto como un enfoque normativo que se centra en los deberes y responsabilidades de los individuos con respecto a los recursos colectivos.

Desde las perspectivas modernistas, la búsqueda de la unidad y los valores universales, la multiplicidad de estas concepciones y prácticas es problemático. Hay una necesidad de definir normas que contribuyan a hacer que la educación ambiental se uniforme. Sin embargo, desde una perspectiva posmoderna, la diversidad dimensiona la pertinencia contextual, y estas múltiples concepciones pueden ser vistas como diferentes y posiblemente aproximaciones complementarias al objeto de estudio de la educación ambiental, como la red de relaciones entre las personas, los grupos sociales y el medio ambiente.

Pero, el concepto de educación ambiental no es estático, evoluciona de forma paralela a como lo hace la idea de medio ambiente y la percepción que se tiene. Hoy, las dimensiones socioculturales, políticas y económicas son básicas para entender las relaciones que la humanidad establece con su medio (Bedoy, 2000).

El objetivo general de la educación ambiental es que ésta, como proceso educativo, se encuentra ampliamente ligada a las características políticas y económicas de las naciones.

En este sentido, la educación ambiental nace haciendo de la naturaleza un bien universal y no manejable por los intereses particulares de nadie. La educación ambiental debe ir dirigida a toda la humanidad debido a que es un problema que incumbe a todos (Wood y Walton, 1990).

Su importancia consiste en lograr que los individuos y las colectividades comprendan la naturaleza compleja del ambiente natural y del creado por el ser humano, que sea resultado de la interacción de sus aspectos biológicos, físicos, sociales, económicos y culturales; y adquieran los conocimientos, los valores, los comportamientos y las habilidades prácticas para participar responsable y eficazmente en la prevención y la solución de los problemas ambientales, y en la gestión relacionada con la calidad ambiental (Caduto, 1992).

De hecho, sería difícil abarcar la extrema complejidad de este objeto en una sola propuesta pedagógica. La multiplicidad y la diversidad de opiniones, discursos y prácticas de educación ambiental parecen no tener fin. El problema aquí no es la existencia de una amplia gama de concepciones de la educación ambiental. Más bien, es el hecho de que por lo regular hay una gran brecha entre el discurso y la práctica, y esto lleva a la confusión y la pérdida de eficacia.

LA PRÁCTICA DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL

La cuestión conceptual de la educación ambiental se combina con problemas planteados por su práctica. Los límites de la educación ambiental ya aparecieron en la Declaración de Tbilisi (UNESCO, 1978), que propone un papel reactivo en la solución de problemas para la educación ambiental.

Por otra parte, ante la falta de recursos y las condiciones adecuadas, la educación ambiental generalmente no se ha implementado de forma satisfactoria, ya sea en términos cuantitativos o cualitativos. Se ha asociado sobre todo con la adquisición de conocimientos sobre el medio ambiente, dando muy poco espacio para el desarrollo de competencias éticas y críticas. Si bien el objetivo de la acción ambiental es considerado cada vez más por los educadores, la acción tomada es generalmente de naturaleza instrumental y raramente reflexiva (Novo, 1995).

Por supuesto, se podría hacer referencia a muchos proyectos ejemplares que dan testimonio de un enfoque de la educación medio ambiental con procesos eficaces; sin embargo, el registro no es impresionante en cuanto a la importancia de los retos sociales, ambientales y educativos de que existen.

Los defensores de la educación sostenible o la sostenibilidad señalan que la educación ambiental no ha cumplido su misión y que las esperanzas de cambio no han sido satisfechas. La tentación de negar la pertinencia de la educación ambiental es, en este punto, muy seductora, sin distinción alguna entre su aplicación y la esencia real de esta dimensión de la educación. Por ejemplo, la educación ambiental es criticada por observar los problemas desde una perspectiva ambiental biofísica y no tener en cuenta los aspectos humanos de una situación.

La educación ambiental convencional tiene como objeto de estudio la naturaleza no intervenida por el quehacer humano (fotosíntesis, ciclos del agua o del carbono, cadenas alimentarias), lo que es un contrasentido. (Durán, 2002).

En este sentido es necesario integrar en la práctica de la educación ambiental la multidisciplinariedad o bien la transversalidad, es decir, para poder entender, por ejemplo, el ciclo del carbono habría que hacer referencia a la revolución industrial, o bien, al explicar los fenómenos de la pobreza y la injusta distribución de la riqueza en el mundo se podrían entender las causas de la destrucción de las selvas tropicales, y asi sucesivamente, explicando hechos medioambientales con hechos históricos, económicos y políticos (Pardo, 1995).

La educación ambiental debe ser, entonces,  una herramienta que genere aprendizajes mediante la construcción y reconstrucción de conocimientos, como resultado del estudio de las interacciones sociedad-ambiente, lo cual permitiría generar conciencia en la ciudadanía de su papel como parte integrante de la naturaleza, para poder así desarrollar nuevas relaciones,  actitudes, conductas y comportamientos hacia ella.

CONCLUSIÓN

La educación ambiental viene a establecer el proceso educativo que se ocupa de la relación del ser humano con su ambiente y consigo mismo, así como los efectos de esta relación.

Como ya se ha mencionado, la educación ambiental debe establecer un proceso integral, multidisciplinario que juega su papel en todo el transcurso de la enseñanza y el aprendizaje. Para esto, es necesario establecer un proceso educativo que cuestione la relación de cualquier actividad del ser humano, dentro de un análisis de la importancia o incidencia en la vida social y ambiental. 

Es necesario recalcar que lo que está en juego no es la desaparición de la educación ambiental o su sustitución por otra cosa, sin embargo, la especificidad, la legitimidad y la importancia de la educación ambiental no pueden ser cuestionadas.

A través de los debates en torno a la determinación de su nicho educativo y base teórica, la educación ambiental sigue siendo una dimensión fundamental e ineludible de la educación contemporánea. No es una simple moda, un lema o una etiqueta (Stenhouse, 1984).

Lo que está en cuestión es la búsqueda de un amplio marco de trabajo educativo en el que pudiéramos integrar, de manera óptima, las diferentes dimensiones de la educación contemporánea que contribuyan a la resolución de los principales problemas sociales y ambientales de nuestro mundo y la construcción de proyectos de transformación. El reto es encontrar la base de una educación capaz de promover un desarrollo humano integral, en que la educación ambiental ofrece una contribución esencial.

Hoy y con las exigencias que la sociedad reclama,  la educación ambiental debe ser crítica y trabajar, intensamente, en la generación de nuevos conocimientos, metodologías y técnicas así como en los nuevos valores sociales y culturales, debe estar orientada a que se pueda trabajar interdisciplinariamente para poder contribuir, entonces, a un desarrollo sustentable no solo hablando del medio ambiente, sino de diversos aspectos que urge revisar.

En la medida en que los actores de la educación incluyan en su práctica educativa la relación e interacción histórica, como causas del conocimiento, creencia y ambiente y analicen, críticamente, los problemas, los aciertos y las necesidades actuales, estarán poniendo en práctica planes que aseguren la participación de la población a una existencia digna.

Lo que se plantea entonces es la necesidad de una educación ambiental integradora que debe orientarse a los sistemas educativos complementando todas las perspectivas posibles en una nueva racionalidad multidisciplinaria, que no sólo aspire a educar para conservar la naturaleza, sino también educar para transformar la sociedad en condiciones de perdurabilidad y equidad, asimismo para poder crear nuevas formas de relación que permitan cambiar la conciencia, el estilo de vida, de consumo y desarrollo de las nuevas generaciones, logrando así una actitud crítica, una independencia cultural, económica, política y social en recíproca justicia y solidaridad para el bien de la sociedad.

FUENTES DE INFORMACIÓN

  1. AUSUBEL, D. P. et al. (1983). Psicología educativa. Un punto de vista cognoscitivo. México: Trillas.
  2. BACHELARD, G. (1983). La formación del espíritu científico. Buenos Aires: Siglo XXI.
  3. BATESON, G. (1991). Pasos hacia una ecología de la mente. Buenos Aires: Planeta.
  4. BATESON, G. (1982). Espíritu y Naturaleza. Buenos Aires: Amorrortu.
  5. MATURANA, H. y VARELA, F. (1990). El árbol del conocimiento. Madrid: Debate.
  6. MAYER, M. (1994a). Complejidad y cambio: un enfoque dinámico de la educación ambiental. (Colec. Monografías del Máster en Educación Ambiental). Madrid: Fundación Universidad-Empresa.
  7. MORIN, E. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.
  8. NOVAK, J. y GOWIN, D.B. (1988). Aprendiendo a aprender. Barcelona: Martínez Roca.
  9. NOVO, M. (1995). La educación ambiental. Madrid: Universitas.

10. PARDO DÍAZ, A. (1995). La educación ambiental como proyecto. Barcelona: ICE-Horsori.

11. STENHOUSE, L. (1984). Investigación y desarollo del curriculum. Madrid: Morata.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Avendaño Porras, Víctor y Alfonzo Albores, Iris: "La educación ambiental. Entre la modernidad y la posmodernidad" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, septiembre 2014, en http://caribeña.eumed.net/modernidad-posmodernidad/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.