EL PENSAMIENTO DE JOSÉ MARTÍ: RESPUESTA A UNA ÉPOCA

Resumen

La personalidad del cubano José Martí Pérez es conocida de una forma u otra en el mundo de habla hispana, sin embargo, su pensamiento aún no es del todo conocido pues casi siempre en los artículos en que se reseña, se reitera su labor como escritor y periodista a pesar de que con solo 42 años hubo de desempeñarse como pedagogo, crítico de arte, político, etc. Es precisamente la faceta política, la que desempeñó en función de lo que consideraba su máximo deber: la independencia de su patria, labor no analizada totalmente y sí limitada o tergiversada, al extraerse citas de sus contextos originales.
El artículo toma como punto de partida un esbozo sobre el contexto histórico en el que José Martí desarrolla su pensamiento y acción revolucionaria y a continuación se aborda, lo que el autor considera esencias del pensamiento del Apóstol y que se encuentran imbricadas en su proyecto que poco a poco fue conformando en su contacto con diversos escenarios en que vivió, como muestra fidedigna de la evolución de su pensamiento.

Abstract
Cuban National Hero’s Jose Marti personality is recognized in one way or another in the whole Spanish-speaking world, however his mind is not well known ’cause it’s always reiterated his work as a writer & journalist even though, when he died, he had played important rols as politician, diplomatic, art critic and even teacher. It is precisely the political side, which he dedicated most of his life in what he considered his foremost duty: The independence of his country, Cuba. Some of his political staments are now limited and even distorted, when are drawn from the original context.
The article takes, as its starting point, an outline on the historical content in which Marti developed his revolutionary thought and action, and then discusses what author considers “the Apostle essence”, sometimes embedded in his project, step by step molding and considering them, related with the moments and various scenarios in which he lived, as a reliable sample of the evolution of his thinking.

Palabras claves: independencia, república, hombre, estrategia martiana.

“[…] estoy convencido de que Martí pertenece a la exigua y preciosa estirpe de los fundadores de grandes creencias universales, y de que estamos asistiendo, en vísperas del llamado tercer milenio, al inicio apenas de su expresión, como se habla de la expansión de una galaxia. Por lo pronto él es, en condiciones a menudo sumamente arduas, el tesoro mayor y el mayor escudo de su pueblo inmediato, aquel en que naciera.”
Roberto Fernández Retamar

Dentro de toda una pléyade de patriotas en la historia de Cuba, José Martí es considerado el más universal de los cubanos, atributo merecido como resultado la dedicación de su vida en aras de la independencia de la patria y proyectar sobre esa base una cosmovisión de alcance excepcional en la medida que se enfrentaba y asimilaba los diferentes contextos socio histórico en los que tuvo que preparar lo que denominó guerra necesaria.

Diferentes autores cubanos han abordado el tema, destacándose el trabajo “José Martí: del liberalismo al democratismo antimperialista”[1] de Isabel Monal, donde por primera vez se analiza a partir de una periodización, el pensamiento martiano en su evolución interna estableciendo el tránsito del liberalismo burgués al democratismo antimperialista e “Historia, cultura y política en el pensamiento revolucionario martiano”[2] de Olivia Miranda Francisco, la que expone los nexos que el Maestro establece entre historia, cultura y política y su aplicación en la comprensión de la sociedad de su época, como resultado de un proceso complejo de maduración.

Es significativo como el pensamiento del Apóstol muestra, tanto en sus textos como en su práctica social, una dialéctica, como resultado de la comprensión de tres direcciones[3] fundamentales: los vínculos que se revelan con el pensamiento de sus predecesores cubanos; las relaciones –de aproximación o de alejamiento- con la época histórica en que Martí está insertado y sus concepciones centrales coherentes del historicismo martiano.

Ante todo es necesario delimitar el contexto histórico en el que José Martí desarrolla su pensamiento y su acción revolucionaria:

  • Período de transición: su nacimiento en 1853, está signado por el anexionismo, y las corrientes reformistas. A partir de 1868 se elevan a un primer plano, en el plano de las formas de la conciencia social, el pensamiento político y social, pasando a ocupar un lugar importante los ideales de emancipación humana y de liberación nacional en antagonismo con las corrientes anteriormente mencionadas.
    • El enfoque hombre-mundo que tiene a partir de 1868, los nexos prácticos transformadores entre el individuo y la sociedad, se entroncan en una época donde además de las ideas de la ilustración y el liberalismo confluyen el espiritualismo, krausismo, positivismo, materialismo científico natural, darwinismo social, populismo, socialismo utópico, anarcosindicalismo y las ideas socialistas provenientes de Europa.
    • La figura de José Martí, que fue capaz de asumirle enfoque hombre-mundo en el contexto existente en Cuba, marcado por la contradicción colonia-metrópolis, bajo los designios del espíritu fatalista imperante en un sector no despreciable de los amantes de la libertad.
    • El escenario desarrollado en los Estados Unidos como resultado de la necesidad de desarrollar las relaciones de producción capitalistas, teniendo enla Guerra de Secesión el punto que marca, sustancialmente, el decursar histórico de esa nación y trazó las perspectivas de su desarrollo enla Modernidad:
      • Desarrollo el capitalismo en su expansión imperial, en medio del auge del monopolio, ímpetu de la industrialización y de las finanzas.
      • América devenía bocado para la voracidad imperial: la guerra contra México, anterior a su propia contienda civil, y se expresaba en la Doctrina Monroe.

Teniendo presente estas premisas se pudiera preguntar ¿Cómo desentrañar ese pensamiento? Sin dudas consideramos ineludible tener en consideración dos aspectos fundamentales: las posibles etapas o períodos en que investigadores han estructurado su vida y obra y la consideración del método histórico para su análisis.

Dos han sido las periodizaciones consultadas, la propuesta por Isabel Monal en la obra citada y la que elabora Denia García Ronda.[4] Resultando de interés destacar que ambas coinciden en enmarcar los años 1885-1887 como la concreción de la maduración y el tránsito hacia la radicalización de su pensamiento que tiene como expresión máxima la creación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) dirigido al logro de la unidad como esencia necesaria para la culminación del proyecto continental de liberación nacional iniciado por Bolívar en la primera mitad del siglo XIX. Coincidimos en que es en este período en que Martí se aleja en lo fundamental del liberalismo  y asume el democraticismo antimperialista profundamente revolucionario como expresa Olivia Miranda.[5]

Tomando en consideración lo  expuesto por las autoras y dentro de la vasta obra desarrollada por el pensador cubano que gira en torno a su ideal independentista, se propone considerar algunas esencias que se encuentran imbricadas en su proyecto que poco a poco fue conformando como muestra fidedigna de la evolución de su pensamiento:

  • Concepción sobre la independencia.
  • Concepción acerca del hombre.
  • Posición respecto a los Estados Unidos.
  • Su república.

 

CONCEPCIÓN SOBRE LA INDEPENDENCIA.

Evidencias de la labor revolucionaria, próximo a cumplir 16 años, como el soneto “10 de octubre”, el Diablo Cojuelo –en su único número, permiten apreciar la fuerza que despertaba en el adolescente José Martí, los aires de libertad que llegaba desde los campos cubanos de la región oriental del país.

Sin vacilación alguna, se conoce de un antecedente que marca al niño de nueve años, en su estancia en la zona del Hanábana, el juramento ante un negro esclavo ahorcado de “[…] lavar con su vida el crimen.”[6] Cabría admitir la duda ante esta expresión, sin embargo, toda una obra sustentada en la eticidad del deber y sacrificio demostraron la estirpe de quien sería el Héroe Nacional de Cuba.

La influencia del maestro Rafael María de Mendive, continuador de la irradiación del colegio de José de la Luz y Caballero, marca un período donde forma parte de la representación de la juventud cubana de la capital, comprometida con la gesta iniciada el 10 de octubre de 1868 y que culminaría como consecuencia de ser penado al presidio político. Quedaba para Martí bien definido la cuestión de la patria como colonia y lo que creía la única solución: la independencia.

Es en España, en el seno de la metrópolis, donde da a conocer los horrores del presidio por él vivido y en el que enuncia que las ideas del bien y el sacrificio serán las banderas que enarbolará en su lucha anticolonialista. También percibirá cómo en el intento de instaurar la república, se mantiene la esencia colonialista hacia su patria y es allí donde al terminar sus estudios universitarios, complementará su formación con la influencia de la filosofía del krausismo español, de los clásicos de la lengua y de los valores humanos y democráticos del pueblo español.[7]

En la propia metrópolis, con solo 20 años, expresa con firmeza y con mayor claridad, la necesidad de la independencia de su patria al señalar “Cuba reclama la independencia a que tiene derecho por la vida propia que sabe que posee, por la enérgica constancia de sus hijos, por la riqueza de su territorio, por la natural independencia de éste, y, más que por todo, y esta razón está sobre todas las razones, porque así es la voluntad firme y unánime del pueblo cubano.”[8]

Su estancia en las nacientes repúblicas de América Latina, le posibilitó la existencia de problemas no resueltos, muchos heredados de siglos de colonización y otros nuevos, le permitieron configurar el sentimiento de solidaridad hacia ellos y llegar a la conclusión de que este modelo no podría ser aplicado para la patria.

La residencia durante 15 años en los Estados Unidos permite al Maestro tener la perspectiva de dos Américas diferentes desde la óptica histórica y espiritual, cuestión que denuncia en el discurso “Madre América” y en el ensayo “Nuestra América”, percibe el proceso que se está gestando, la necesaria expansión declarada hacia el exterior y la situación de peligro inminente para nuestros pueblos.

Martí llega a una conclusión que se convertirá en sentencia: “Peleamos en Cuba, para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana”.[9] Muestra aquí el Maestro, de forma genial, cabal comprensión del fracaso del proyecto nacional liberador soñado por el Libertador Simón Bolívar. Caudillismos, fraccionamientos políticos, problemas sociales agudizados donde el indio, el negro y el mestizo se habían visto traicionados y sometimiento económico entre otros males le habían permitido aseverar que “en un día no se hacen repúblicas”.[10]

Y teniendo la convicción de qué hacer una vez lograda la derrota del colonialismo español predicaba la necesidad de la necesaria fundamentación del hombre de la república soñada como un nuevo proyecto sociocultural y emite sus juicios en función de la preparación de un hombre nuevo, como constante, concibiendo la libertad individual en función del deber social, pues para Martí era inadmisible alcanzar la libertad, dicha y felicidad sin que este cumpliera con su deber: ser útil, noble, virtuoso y digno, no para provecho personal, sino para hacer la mayor suma de mejor obra posible.[11] Y solo con el cumplimiento del deber es que el hombre trasciende más allá del tiempo, pues “No se vive para hoy, […], sino para mañana. Toda la vida es deber”,[12] sentido este que lleva al extremo máximo al escribir a su amigo Mercado “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber”.[13]

 

CONCEPCIÓN ACERCA DEL HOMBRE.

Es imposible obviar como desde su arribo a México logró percatarse de la supervivencia colonial en la esfera sociocultural y político-institucional en las nacientes repúblicas y su constante preocupación en el papel de la formación de las nuevas generaciones que el momento exigía en el continente para realizar los correspondientes cambios que lo situarán a la altura de su época. Este constituye uno de los hitos fundamentales donde se reclamaba el conocimiento del hombre latinoamericano de sí mismo y la correspondiente visión de la originalidad de la problemática sociocultural del mundo en que vive.

En esta problemática desempeña un lugar excepcional sus concepciones acerca del hombre, donde expone sus ideas acerca del hombre-fiera, el hombre-bestia y el hombre-hombre.[14] Concepciones estas que rompen con el denominado darwinismo social al precisar la fuerza del hombre desde el punto de vista espiritual, lo que posibilita el auto reconocimiento y autoformación como consecuencia de la influencia del mundo en que se desarrolla precisando “[…] Los hombres son productos, expresiones, reflejos. Viven en lo que coinciden con su época o en lo que se diferencian marcadamente de ella […] no es aire sólo lo que les pesa sobre los hombros, sino pensamiento.”[15]

Momento esencial del tratamiento de los soportes ético-morales del proyecto social martiano, lo encontramos en el presupuesto de la dignidad de todo ser humano. Martí expresó esa concepción suya, de modo que no dejaba lugar a dudas, sobre la relación que establecía entre dignidad y justicia social: “[…] si en las cosas de mi patria, me  fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental, que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo preferiría: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.[16]

 

POSICIÓN RESPECTO A LOS ESTADOS UNIDOS.

Es conocida la frase expresada por Martí a su llegada a Los Estados Unidos en 1880 y que aparece publicada en The Tour de Nueva York para mostrar el sentimiento expresado por el Apóstol sobre ese país al declarar “Estoy, al fin, en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Se puede respirar libremente, por ser aquí la libertad fundamento, escudo, esencia de la vida [...] Nunca sentí sorpresa en ningún país del mundo que visité. Aquí quedé sorprendido [...]”[17], sin embargo, no siempre se admite que en el propio contenido subraya el impacto que ciertos problemas sociales llegan a él como la situación de la emigración, el papel de los políticos hacia la nación y el hombre que se estaba formando en esa gigantesca nación, señalando que “[...] El poder material, como el de Cartago, si crece rápidamente, rápidamente declina. Si este amor de riqueza no está temperado y dignificado por el ardiente amor de los placeres intelectuales, -si la benevolencia hacia los hombres, la pasión por cuanto es grande, la devoción por todo lo que significa sacrificio y gloria, alcanza parejo desenvolvimiento al de la fervorosa y absorbente pasión del dinero [...]La vida necesita raíces permanentes: la vida es desagradable sin los consuelos de la inteligencia, los placeres del arte y la intima recompensa que la bondad del alma y los primores del gusto nos proporcionan.”[18]

Si bien ha encontrado una situación totalmente diferente a la existente en la Cuba colonial, la vivida en Europa e incluso en los países visitados de la América hispana, quedaba planteada en este momento inicial, una tesis que poco a poco irá desarrollando en la medida que fuese comprendiendo el proceso que se gestaba en los Estados Unidos, la deshumanización que creaba una sociedad que imperativamente se monopolizaba y que devoraba a sus hombres, cuestión que se alejaba de sus concepto de hombre y de sociedad a la que aspiraba.

Al analizar la política exterior de los Estados Unidos encuentra cómo los intereses norteamericanos eran manifiestamente contrarios a su anhelo de independencia. Durante todo el siglo XIX y marcadamente en su segunda mitad, se contraponían dichos intereses, a las aspiraciones y sueños de Bolívar, tema que Martí llegó a conocer muy bien, porque “desde la cuna soñó en estos dominios el pueblo del Norte”, que apenas liberadas las trece colonias “[...] y cuando un pueblo rapaz de raíz, criado en la esperanza y certidumbre de la posesión del continente, llega a serlo, con la espuela de los celos de Europa y de su ambición de pueblo universal, como la garantía indispensable de su poder futuro, y el mercado obligatorio y único de la producción falsa que cree necesario mantener, y aumentar para que no decaigan su influjo y su fausto, urge ponerle cuantos frenos se puedan fraguar, con el pudor de las ideas, el aumento rápido y hábil de los intereses opuestos, el ajuste franco y pronto de cuantos tengan la misma razón de temer, y la declaración de la verdad. La simpatía por los pueblos libres dura hasta que hacen traición a la libertad; o ponen en riesgo la de nuestra patria. Pero si con esas conclusiones.”[19]

Los elementos antes expuestos —y otros que siguen a continuación— justifican la existencia de objetivos estratégicos a ser perseguidos de forma inmediata, ante la inminencia del desbordamiento norteamericano. Son precisamente éstos los que conforman el plan mínimo — plan a corto plazo— de la estrategia martiana.

 

SU REPÚBLICA.

Y su visión de no limitarse a la lucha por la independencia patria sino qué hacer una vez logrado derrotar al ejército colonialista español lo constituiría “[…] el primer afán de la libertad en Cuba sería, al día siguiente del triunfo, salir a sembrar trabajadores. El necio desdeña la riqueza pública; o pretende mantener la riqueza de unos sobre la miseria de los más. La guerra se ha de hacer para acabar de un tajo, con esa inquietud; para poner los productos de la Isla sin trabas ni menjurjes, en sus mercados naturales; para dar suelo propio y permanente a las industrias cubanas”.[20]

Podemos apreciar así, como se define en la obra martiana el fundamento del desarrollo autóctono, a través del trabajo, del amor al trabajo. Este valor como explica el Maestro, es base y fundamento, no sólo del desarrollo autóctono, sino además de la justicia social y la independencia.

Acerca del trabajo y el amor al trabajo como bases para alcanzar el bienestar y la felicidad son elocuentes los artículos de Martí sobre educación, ya que entendió al trabajo como principal medio para la formación de un hombre física y espiritualmente desarrollado, debido a lo cual nos legó sentencias como esta: “El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos”.[21]

Queda como elemento conclusivo exponer que la larga ruta tomada por la estrategia de liberación y antimperialista diseñada por José Martí —valga reiterar: Antillas-América-el mundo—, como el más largo de los caminos, comienza por el primer paso, que en el asunto que nos ocupa es, precisamente, Cuba. Esta razón, y no otras ligadas a vicios nacionalistas que le fueron ajenos, le permite afirmar en 1894: “Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba se levanta para todos los tiempos.”[22]

Sin embargo, una de las ideas esbozadas por el Maestro acerca de su concepción republicana y que ha recibido interpretaciones desde diferentes aristas es la expresada en su discurso conocido como Con todos y para el bien de todos[23] y que Cintio Vitier[24] esclarece al señalar:

“Llama la atención que en un discurso destinado a anunciar la buena nueva del decoro a «todos» los cubanos, de una República «con todos, y para el bien de todos», Martí objete y reproche enérgicamente nada menos que a siete grupos de compatriotas, de los cuales y a los cuales dice que «mienten». Estos grupos, indudablemente significativos en cuanto merecían tanto espacio en el discurso, eran: uno, los escépticos; dos, los que temían «a los hábitos de autoridad contraídos en la guerra», él había vivido esa realidad en México, en Guatemala, en Venezuela; tres, los que temían «a las tribulaciones de la guerra» (alusión al libro de Ramón Roa, A pie y descalzo, que es lo que va a provocar la carta de Enrique Collazo); cuatro, los que temían al llamado «peligro negro»; cinco, los que temían al español como ciudadano en Cuba; seis, los que, por temor al Norte y desconfianza de sí, se inclinaban hacia el anexionismo; y siete, los «lindoros» (aristócratas), los «olimpos» (oportunistas) y los «alzacolas» (intrigantes).”[25]

 

De esta forma José Martí con su capacidad iluminada levantaba su voz contra todo lo que escindiera, apartara o acorralara a los hombres[26], pero a la vez denunciaba de forma precisa a aquellos que hablando en nombre de la patria, se proyectaban de una forma u otra en contra de la verdadera independencia y de su proyecto de República nueva y democrática. En la lucha por su ideal de República no estarían presentes los  que por su propia voluntad se retiraran y contrapusieran al proceso transformador, imposible de alcanzar sin el bienestar de cada uno de los integrantes de la sociedad cubana, dentro y fuera del país. El Apóstol no podía concebir que su proyecto se diluyera en los males que había vivido personalmente en los países en los que había estado como consecuencia del exilio forzoso al que había sido obligado por las autoridades colonialistas españolas y los gobiernos desleales a sus pueblos.

Cabría preguntarse si este proyecto pensado y elaborado durante muchos años en cotidiano contraste con la práctica revolucionaria, hubiera podido cumplimentarse de no haber caído en combate con tan solo 42 años. Pero en la historia no es loable especular sobre qué o no hubiese ocurrido y sí hay una conclusión, él conocía a qué tendría que enfrentarse y en este aspecto coincido con lo planteado por Loyola al señalar: “El primero es este de las disidencias internas dentro del independentismo. Y también las diferencias culturales. Por ejemplo, para Máximo Gómez, el modelo de bienestar es el de la vida rural, donde se es feliz en un bohío en el campo, rodeado de animales y acostándose a las siete de la noche. Martí disfruta el puente de Brooklyn, la ciudad de dos millones de habitantes, los rascacielos ya surgientes, ir a comer al Delmónico, el teatro. Su visión del desarrollo nacional tiene que ser otra. Y el segundo enfrentamiento es el de los Estados Unidos contra el propio independentismo en sus distintas variantes y contra el no-independentismo, haciendo valer sus intereses de tipo personal.”[27]

Los acontecimientos posteriores demostrarían la viabilidad o no del proyecto martiano, las condiciones del siglo XX y los sujetos de la misma serían los encargados de materializar los proyectos que surgirían y que ineludiblemente tendrían un sustento en el pensamiento martiano.

Bibliografía

García Ronda, Denia (1982): “Orientaciones metodológicas para la asignatura Seminario Martiano”. La Habana.

Ibarra, Jorge (2008): “José Martí dirigente, político e ideólogo”. Centro de Estudios Martianos. La Habana.

Martí Pérez, José (1973): Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana.

Miranda Francisco, Olivia (2002): “Historia, Cultura y Política en el pensamiento revolucionario martiano”. Editorial Academia. La Habana.

Monal, Isabel (1973): “José Martí: del liberalismo al democratismo antimperialista”. La Habana: Editorial Casa de las Américas. Volumen 13, No. 76.

Santana Amargó, Juan L. (2003): “José Martí: concepciones acerca del hombre”. En: Martí: hacia todos los tiempos. Ediciones Luminaria. Sancti Spíritus.

Referencias

[1] (Monal, Isabel. José Martí: del liberalismo al democratismo antimperialista. La Habana: Editorial Casa de las Américas, 1973, volumen 13, No. 76.

[2] Miranda Francisco, Olivia. Historia, cultura y política en el pensamiento revolucionario martiano. La Habana: Editorial Academia, 2002.

[3] El autor coincide con lo que Julio Le Riverend denomina tres vertientes y que Olivia Miranda incluye como uno de los prólogos en su obra citada.

[4] García Ronda, Denia (1982) Orientaciones metodológicas para la asignatura Seminario Martiano.

[5] Ídem. p. 5

[6] Martí, José. Obras Completas (OC). La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. Tomo (T) XVI, p. 107.

[7] Cintio Vitier. Vida y obra del Apóstol José Martí. Centro de Estudios Martianos. La Habana, 2006, p. 18.

[8] Ídem. La República española ante la Revolución cubana.” Madrid, 15‑2‑1873 en OC T  I, p. 95.

[9] Ídem. Periódico Patria. Nueva York, 18‑6‑1892 en T 5,  p. 375.

[10] Ídem. “Los pobres de la tierra”. Periódico Patria en OC T 3, pp. 304-305.

[11] Ídem. Cuaderno de Apuntes. En OC T 21, p. 252.

[12] Ídem. “Carta a Juan Bonilla”. Agosto‑1890 en  OC T 1 p. 261.

[13] Ídem. “Carta a Manuel Mercado”. 18-5-1895 en OC T 4, p. 167.

[14] Ídem. T IX, p. 255.

[15] Idem. T XIII, p. 34.

[16] Ídem. “Discurso en el Liceo Cubano de Tampa”. 26 de noviembre de 1891 en OC T 4, p. 270.

[17] Ídem. “Impresiones de América”. The Tour. Nueva York, 10-7-1880 en OC T 19, pp. 106-107.

[18] Ídem. P. 107.

[19] Ídem. En OC T 6, p. 48.

[20] Ídem. “La Asamblea Económica” en OC T  p. 357.

[21] Ídem. “Trabajo manual en las escuelas” en OC T  p.285.

[22] Ídem. En OC t. 3, p. 143.

[23] Discurso pronunciado en el Liceo Cubano de Tampa, el 26 de noviembre de 1891.

[24] Cintio Vitier (1921-2009) destacado poeta, crítico, ensayista, investigador y narrador cubano.

[25] Vitier, Cintio (2006)  Entrevista en el sitio digital de la revista Alma Mater. Disponible  en: http://www.almamater.cu/sitio%20nuevo/sitio%20viejo/webalmamater/entrevistas/pag06/cintio.htm

[26] Hidalgo, Ibrahim (2001). La República Martiana. Disponible en:  http://www.josemarti.info/articulos/republica_martiana.html

[27] Loyola, Oscar (2003) Panel “Con todos y para el bien de todos” La idea de república en José Martí, celebrado en abril de 2003 en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC. Disponible en: http://www.google.com.cu/url?q=http://www.temas.cult.cu/debates/libro%25201/UJ1-01_Idea_de_republica_en_Marti.pdf&sa=U&ei=hKiSUMK5L6Sa0QH4uoHQAQ&ved=0CBQQFjAA&usg=AFQjCNFcEX8_RdAn3K_eF3xiYm3o2_4y0w

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Chang Ramírez, José: "El pensamiento de José Martí: respuesta a una época" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, marzo 2013, en http://caribeña.eumed.net/pensamiento-jose-marti/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.