UNA MIRADA A LA RACIALIDAD DESDE EL PROCESO DE COMUNICACIÓN. PARTICULARIDADES EN EL CONTEXTO CUBANO

Resumen
La comunicación como proceso influye en la promoción del desarrollo institucional y humano, a partir de su lenguaje y soportes mediatiza determinados contenidos presentes en el discurso social, genera comportamientos y gustos en los receptores lo cual conduce a un proceso de manipulación por parte de los emisores a la vez que se desconocen ciertos estratos poblacionales como etnias y grupos raciales. La profundización fáctica en la problemática racial revela como el discurso y la práctica social de carácter racista no han sido desestructurados, la imagen y representación del negro o la negra sigue siendo estereotipada.
Son esas representaciones las que se incorporan a la subjetividad y a veces hasta de manera inconsciente se siguen reproduciendo como fenómenos normales. Los medios de comunicación son insuficientes en la socialización de una cultura mestiza, y en el conocimiento de la historia sobre el papel de los negros y mestizos en la formación de la nación cubana.
El presente trabajo devela el nexo que se establece entre la comunicación como forma de actividad y la construcción desde el proceso comunicativo de estereotipos raciales, de modo particular sobre la raza negra en tanto desde el punto de vista histórico cultural ha sido inferiorizada.
Palabras claves: Comunicación, Racialidad y Proceso Comunicativo.
Abstract
The communication as an important process in the promotion of institutional and human development, it generate behaviors and likes on the receptors, that lead you to a process of manipulation by the transmitter, at the same time are not know some people stratums like racial groups. The factual research in the racial problematic show how as the social speech and practice of this nature has not been destroyed, the representation of the black man or woman is still standardized.
Are these representations who incorporate the subjectivity and some times unconsciously keep reproducing as a normal phenomenon. The communication media are not enough in the socialization of a mestizo culture, and in the knowledge of the history about the place of negro and people in the formation of the Cuban nation.
The research reads about the relationship stabilized between the communication as a form of activity and the building since the communicative process of racial standards, particularly the negro race who has been depressed since the cultural and historical point of view.
Key words: Communication, communicative process, raciality.

El análisis de la cuestión racial desde la subjetividad, el imaginario, la representación social y su objetivación en el proceso comunicativo demanda del análisis teórico. La construcción simbólica y los códigos comunicacionales, hacen de la problemática racial un proceso complejo, en tanto se revela a partir de condicionantes históricas, y socioculturales que varían de acuerdo al contexto, atribuyendo al color de la piel cualidades socialmente significativas, como capacidades intelectuales, cualidades morales, patrones estéticos.

La historia de las naciones latinoamericanas y particularmente la cubana, es la historia de la trata, la esclavitud, el racismo, la afrodescendencia y por tanto del mestizaje. “Aunque nos pese, la cubana es una sociedad racializada, pues… no hay procesos socioculturales en nuestro contexto en los que el aspecto racial y su significado social no intervenga con mayor o menor connotación al atravesar la estructura racial, transversalmente, la estructura socioclasista”. (Romay, 2012: 28, 29)

Constituyen los elementos históricos culturales los cimientos sobre los que se ha construido una representación social y un imaginario sobre la raza negra, que trasciende hasta nuestros días enfatizando aspectos desfavorables y con una carga peyorativa dirigida siempre a ver en las personas de piel negra cualidades negativas.

La teoría de las Representaciones Sociales expresa en su esencia “que la representación social es una modalidad particular del conocimiento, cuya función es la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre individuos, es un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación. Son sistemas de valores, nociones y prácticas que proporciona a los individuos los medios para orientarse en el contexto social y material, para dominarlo” citado por (Perera, 2004: 12)

La concepción de Moscovici hace posible comprender a nivel individual y colectivo, cómo se representa el fenómeno de la racialidad en la subjetividad, desde esta visión se enfoca el fenómeno racial, como herencia no superada, que se posesionó en la cultura cotidiana, en la vida diaria, en las diferentes formas y medios de comunicar, tanto individual como social, en los constructos cognitivos de los sujetos.

En tal sentido la comunicación como forma general de actividad connota el fenómeno de racializar la sociedad, a partir de entenderla como proceso inherente y resultante de las relaciones humanas, y no como contacto o contrato entre hombres. Su inserción en el contexto social conduce a ser abordada en el plano político, jurídico, ético, sociológico, psicológico,  lingüístico, filosófico. O sea en su relación con las disímiles formas de actividad y mediando las relaciones humanas. El hombre mediante la comunicación actúa recíprocamente con los restantes hombres y consigo mismo. En esta  interacción el otro se refleja en él, le conoce, develándose la relación sujeto-sujeto.

La comunicación en su sentido más general, se constituye en la directriz que atraviesa las formas de actividad: práctica, conocimiento y valoración, a la vez que las integra y dinamiza, se establece como elemento aglutinador de ellas en sus relaciones. En su condición de intercambio de actividad, expresión concreta y personificada de las relaciones sociales y medio de autoconocimiento, garantiza la existencia y funcionamiento del proceso de relacionalidad consciente que condiciona la integración práctica – conocimiento – valoración y sus resultados expresados en transformación, comprensión y significación, a través del todo, la actividad comunicativa revela el nivel de conciencia y maduración alcanzado por la personalidad traducidos en su actuación, los que expresan los valores éticos.

Sus nexos con los aspectos culturales y axiológicos, favorecen la construcción de significados, de símbolos a partir de los cuales cobra sentido, tiene una importancia decisiva en la promoción del desarrollo institucional y humano, incidiendo positiva o negativamente las prácticas sociales. Como mecanismo de influencia mediatiza a partir de su lenguaje y  soportes, determinados contenidos presentes en el discurso social.

Desde el funcionalismo, la comunicación genera comportamientos y gustos en los receptores, lo cual conduce a un proceso de manipulación por parte de los emisores, que al tener el control de los dispositivos técnicos y expresivos que llegan a los públicos muchas veces ignoran la investigación preliminar y desconocen ciertos estratos poblacionales.

La comunicación es un proceso social de producción, intercambio y nego­ciación de formas simbólicas, fase constitutiva del ser práctico del hombre y del conocimiento que de allí se deriva. De esta manera podemos decir que “la comunicación se define por la acción” porque es “a través de nuestras acciones (que) vamos configurando modos de comunicación”. Pero, al mismo tiempo, “la comunicación que hacemos de nuestra acción, el lenguaje que utilizamos, cons­tituye el sentido y el contenido de nuestra acción”. (Uranda, 2007: 3)

Definir la comunicación desde esta perspectiva se ubica en la línea de pen­samiento latinoamericano de los investigadores de la comunicación que apunta a trascender el aspecto estrictamente técnico y del desarrollo de habilidades tanto de elementos discursivos como de los medios, para ubicarlo sobre todo en el espacio de las relaciones entre sujetos, enmarcados en contextos sociales y culturales. Dicho esto, por cierto, sin desconocer la importancia que el sistema de medios, masivo y comercial, tiene hoy en nuestras sociedades como configu­radores favorecidos del sentido.

 

1. COMUNICACIÓN, CULTURA Y PROBLEMA RACIAL.

Actualmente, la comunicación, debe ser entendida como proceso y producto de diversas prácticas sociales cuyos componentes básicos son la socialidad, la ritualidad y la tecnicidad. Desde una perspectiva democrática, esas prácticas deben ser fortalecidas, especialmente en uno de sus aspectos esenciales: el diálogo y los “escenarios para ese diálogo”. (Orozco: 2009)

Abordar los procesos sociales desde el prisma de la comunicación, implica entenderlo desde la cultura como proceso de formación del individuo, donde este se humaniza en su interacción con la naturaleza, y a partir del cual de manera consciente asimila todos los cambios esenciales resultantes de su humanización, formando un sistema de opiniones, sentimientos, creencias, conductas asociadas  a esos modos de comprensión de los procesos esenciales  de su vida  así como la cosificación en forma de imágenes (pictóricas, lenguajes, códigos de conducta) resultante de lo cual se conforman los saberes y los modos de actuación humanos, conformando un conjunto de valores tanto materiales como espirituales, que redundan en la cultura.

Se asume así  la comunicación como elemento mediador y componente esencial en la conformación de la cultura, donde receptores y emisores intercambian roles, mensajes hasta plasmar en un sentido común que se transforma en un bien cultural, una norma, a la que se adhiere mayoritariamente para el bien del conjunto social. Del mismo modo estos procesos de intercambio y de negociación de mensa­jes y sentidos, le van dando forma también a los sujetos, forjando su identidad en un determinado espacio social.

La cultura puede definirse de igual manera como el entretejido simbólico de procesos comunicacionales, en los discursos, en los mitos y los ritos que le van dando forma y a través de los cuales esa cultura cobra materialidad. De allí también a la hora de analizar los sujetos sociales desde la comunicación se hace imprescindible recurrir a estas manifestaciones materiales de lo simbólico. (Uranda, 2007: 8)

Así los diferentes procesos de la vida social encuentran su expresión en la cultura a partir de la cual se objetivizan en la realidad social y los sujetos cosifican manifestando actitudes, valores y conformando símbolos en correspondencia con el contexto en que se desarrollan.

El problema racial connota en este sentido en un producto de la cultura, que expresa relaciones de poder y de clase, revelándose tanto en la ideología como en la psicología social, y donde el proceso comunicativo contribuye en la configuración de símbolos y signos sobre lo racial.

El tema de la raza ha sido un hándicap tradicional en los medios masivos de comunicación, y en las prácticas comunicativas en sentido general, vale preguntarse ¿Cómo contribuye la comunicación en la formación y desarrollo de prejuicios, estereotipos y en la discriminación racial? ¿Las prácticas sociales  sobre la problemática racial están influenciadas por la comunicación?

En la sociedad cubana “ multirracial” por naturaleza, dónde al decir de Don Fernando Ortiz el “Ajiaco[1] es su componente básico, los procesos comunicativos deben conducir  a la construcción de significados desde esta perspectiva, ya sea significados culturales, axiológicos, políticos, sin embargo, prevalecen los cánones impuestos por el dominio colonial, el del hombre blanco, católico y heterosexual, se crean estereotipos que potencian una pretendida belleza donde las mujeres y los hombres negros no califican, patrones miméticos que condicionan imágenes falseadas de la realidad tanto individual como colectiva y que influyen las prácticas, las actitudes y las conductas de los sujetos en torno a la problemática racial.

La comunicación  en general, se utiliza ante todo para caracterizar las relaciones interpersonales,  se transmiten y aceptan significados y posee dos aspectos: el objetal, que expresa el contenido, y el interpretativo referido al sentido en que se trasmite ese contenido y las interrelaciones que se establecen entre los sujetos que entran en comunicación. El problema racial  en tanto fenómeno de la cultura, impone ser modificado desde esta perspectiva, y la comunicación constituye una herramienta que hace viable la modificación tanto del contenido, como de forma en tanto categorías dialécticas que presuponen la relación de momentos de existencia del objeto en unidad concreta.  

 

1.1 PREJUICIOS, ESTEREOTIPOS Y DISCRIMINACIÓN RACIAL. SU CONSTRUCCIÓN DESDE EL PROCESO COMUNICATIVO.

Tanto en la concepción moderna o postmoderna, el racismo es la exacerbación o defensa del sentido racial de un grupo étnico, especialmente, cuando convive con otro, designa la doctrina antropológica o la ideología política basada en este sentimiento, y expresa siempre relaciones de poder, subordinación y sometimiento.][]

La discriminación racial se refiere a las conductas expresadas en el tratamiento desfavorable de unas personas o grupos por otros, de diferente filiación racial, a partir de referencias arbitrarias a su supuesta inferioridad. (Núñez, 2011: 39)

Es un concepto que suele identificarse con el de racismo y que lo abarca, aunque no coinciden exactamente. Por su parte, el racismo es una ideología basada en la superioridad de unas razas o etnias sobre otras, la discriminación racial es un acto que, aunque suele estar fundado en una ideología racista, no siempre lo está, se refiere a las actitudes, valores y sistemas que establecen, abierta o veladamente, un orden jerárquico entre los grupos étnicos o raciales, utilizado para justificar los privilegios o ventajas de las que goza el grupo dominante.

La cuestión del prejuicio y la discriminación ha sido abordada desde diferentes posturas teóricas y disciplinas, Sociólogos, politólogos, psicoanalistas, antropólogos, desde el interaccionismo simbólico, el psicoanálisis, o desde las representaciones sociales, cada una de esta pone énfasis en determinados aspectos del fenómeno, pero comparten que el marco familiar y las relaciones interpersonales constituyen el espacio social preferencial desde donde se construyen los prejuicios y los estereotipos raciales, agregamos que  el sistema de relaciones que se produce en estos espacios, esta mediada por la comunicación.

El prejuicio es entendido “como elemento subjetivo de la conducta, se entiende por expresiones sociales del prejuicio racial las manifestaciones negativas del pensamiento y del comportamiento de los hombres en su vida y en sus relaciones sociales ante personas de otra filiación racial”. (Espina, 2011: 176)

“La teoría del prejuicio invita a estudiar al actor resaltando la significación de la personalidad autoritaria, mientras que la de las relaciones raciales nos recuerda que no hay actor sin sistema de acciones, por lo que trata de ver el prejuicio en el sistema de interacciones sociales. (Rodríguez, 2009: 181)

Los instrumentalistas, por su parte, hacen del prejuicio un elemento de la dominación que permite a los grupos dominantes sacar ventaja de este, convirtiéndolo en una especie de opción racional, se integra a la subjetividad del sujeto, manifiesta en la acción concreta que aporta elementos conductuales, emocionales y cognitivos.

El prejuicio forma parte de una tradición desde la cual los seres humanos leen el mundo;  tiene diferentes momentos de expresión en la sociedad en su conjunto y en todos los niveles de las relaciones sociales. “El prejuicio, en concreto, tiene como esfera de expresión la vida cotidiana, de las relaciones inmediatas de los seres humanos entre sí. Ahora bien, el hecho de que se manifieste en ese ámbito no quiere decir que no tenga expresiones en otros niveles; un individuo portador de altos prejuicios raciales puede convertirlos, de hecho, en un elemento discriminatorio. Lo que se denomina funcionalización del prejuicio. (Rodríguez, 2009: 183)

El estereotipo ya incluye el prejuicio racial; ambos se alimentan recíprocamente, y son mecanismos esquemáticos del pensamiento que no dan lugar a flexibilidad, se superponen, como dogmas, para apoyar la existencia del fenómeno de la discriminación.

Los estereotipos y los prejuicios no son resultado de la incultura ni del desconocimiento, sino de un proceso totalmente objetivo, donde aparecen las élites interesadas en reproducirlos, e incluso en construirlos. También hay que entender el papel que ha desempeñado el poder dentro de todo este proceso. (Morales, 2009: 27)

Ambos tienen un condicionamiento objetivo, la visión estereotipada tiende a cosificar al otro. A pesar de los matices diferenciadores que existen desde lo conceptual, el estereotipo se define como un estado mental resistente al cambio, mientras el prejuicio tiene un comportamiento más dinámico y variable porque no solamente lo porta el elemento dominante; sino también el dominado.

Entre estos fenómeno la relación es dialéctica y compleja aunque dado el contexto unos predominan con respecto a otros, pero siempre responden a la intención del discriminador. Tal complejidad se revela en que no solo se trata de la discriminación del blanco hacia el negro, sino, que expresa relaciones de poder, donde los estereotipos creados por él dominador, influyen de tal modo en el dominado, que este lo asume, lo reproduce y los legitima.

De modo que el racismo no es solo la distribución desigual de bienes y productos, o de habitabilidad, es un sistema de ideas, valores, y representaciones que se integran a la cultura, son enraizados desde diferentes ámbitos: la escuela, la familia, la comunidad, el centro de trabajo, las iglesias, los medios de comunicación que intervienen en la socialización de los individuos y desde el proceso comunicativo que transversaliza todos esos ámbitos.

La interacción que realizan los sujetos desde la comunicación, influye en la construcción del imaginario y las acciones de los sujetos, por tanto desde esta visión se establece entre la comunicación y lo racial una relación dinámica, de influencia mutua, Cuatro siglos de dominio colonial y neocolonial, establecieron códigos y símbolos comunicacionales desde las expresiones del lenguaje, tanto verbal, como escrito, el lenguaje de señas, las imágenes, los productos comunicativos, las campañas publicitarias que realzan la visión sobre la inferioridad del negro.

Las imágenes de mujeres negras solo se asocian con su condición de sirvienta o de mujer mulata con cualidades excepcionales para hacer divertir. “La imagen de la empleada negra se repetiría en gran parte de los anuncios de artículos domésticos y alimentos. Era la representación moderna que sustituía a la madre de leche esclava de los siglos coloniales…. Otro símbolo publicitario, igualmente reiterado, era el de la lavandera negra. En este caso su imagen acompañaba a los productos de aseo, fundamentalmente al jabón de lavar. Incluso eta estampa llegó a ser utilizada para promocionar campañas publicitaria en contra de los detergentes.” (Villaboy, 2011: 122)

En la segunda mitad del siglo XX se producen cambios radicales en la estructura social en Cuba  que ponen fin a un sistema social de explotación y discriminación; desaparecieron del ámbito social las élites donde predominaban los blancos que imponían una ideología racista. Se reorganiza en términos generales la posición de los diferentes grupos sociales a partir de su inclusión en todos los procesos de la vida social, se garantizan derechos políticos a todos los hombres sin distinción del color de su piel. Las transformaciones emprendidas en Cuba a partir de ese momento ponen fin a las bases económicas y culturales que sustentaban una sociedad racista.

Sin embargo lo establecido en el marco legal refrendado en el artículo 42 de la Constitución “La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana está proscrita y es sancionada por la ley”, no ha influido de igual modo la subjetividad, el imaginario y las prácticas asociadas con la discriminación racial, los estereotipos y los prejuicios, subsisten como fenómeno de una cultura racista que no ha sido superada.

El empleo de métodos y técnicas de investigación, en el que se favoreció la opinión en el trabajo con grupos, así como entrevistas estructuradas permitieron constatar que hay un predominio de estereotipos racistas y de discriminación en personas con más de 40 años, resultando significativo que las personas no asumen sus actitudes y expresiones como racismo y no consideran que tengan alguna connotación negativa en la sociedad. Sin embargo a diferencia de otras investigaciones realizadas en el país en los jóvenes estas ideas se connotan, y aunque no hay preferencia en las amistades según el color de la piel, predomina tanto en blancos como en negro, la  idea sobre el blanqueamiento de la raza, con la expresión “Hay que adelantar la raza”, el término depende[2] referido al establecimiento de relaciones de parejas con personas de color de piel negra.

No menos significativos resultan los criterios de asumir esa postura partiendo de no querer que los hijos enfrenten las mismas situaciones que los padres por su color de piel, fenómeno que en una visión generalizada de los problemas raciales parecía pertenecer al pasado, a la historia de Reyita[3] cuando expresó “Casarse con un blanco en aquella época era vital”  (Rubiera, 2000: )

“En el racismo actual el sello distintivo y generalizador es la forma sutil de sus pronunciamientos. Si el racismo tradicional era perfectamente identificable y declaradamente agresivo y establecía la desigualdad entre las razas y la superioridad de unas sobre otras, el racismo postmoderno actúa tras las brumas de determinada aceptación o tolerancia del “otro”, pero proponiendo que las razas no son superiores ni inferiores sino diferentes”. (Núñez, 2011: 13, 14)

Desde los medios de comunicación el tratamiento al tema racial referencia la representatividad de negros y mestizos en los espacios televisivos y en el cine, el patrón o modelo físico que predomina. (…) se le atribuye una importancia desmedida a la textura y el largo del cabello, al color de los ojos, en fin a la apariencia. Por ejemplo niñas negras que crecerán avergonzadas de su cabello, aprendiendo a hacerlo lacio a toda costa… reproducción violenta de códigos de belleza impuestos.” (Faguada, 2011: 153)

El patrón estético está basado en las características fenotípicas de los hombres y mujeres blancos, donde los de piel negra y mestiza son devaluados y nombrados con una carga simbólica despreciativa. En el medio televisivo cubano, se reproduce el estilo occidental y norteamericano como símbolo de la mundialización, en el afán de que el poder globalizado se extienda a los imaginarios colectivos, y predomine un paradigma que borre la identidad, incluida la identidad racial.

El proceso comunicativo refuerza esos códigos, los temas tabúes como el de la racialidad, encuentra espacio en la comunicación interpersonal. Las expresiones comunicativas han abandonado lo privado para hacerse públicas, de ahí que refuerzan estereotipos raciales, predominan los juicios negativos sobre las personas negras y mestizas, “Negro tenía que ser” el discurso racializado no ha sido desestructurado, mantiene su vigencia en el imaginario colectivo, el negro sigue siendo chabacano, grosero y charlatán.

El mito de la sexualidad sádica del negro, la inmoralidad de la negra y la lujuria de la mulata” que refiere Fraginals vive en la subjetividad tanto de los negros como de los blancos El término “son de color” implica el único color del espectro asociado a la raza, Los niños o niñas de piel negra y mestiza, pierden su nombre para adoptar el de “negrito”.

El proceso comunicativo desde la cotidianeidad facilita el intercambio de saberes que transmiten la visión estereotipada de grupos poblacionales a partir del color de la piel, y la  raza continúa operando como un instrumento estratificador de las relaciones sociales en articulación con otras variables como género, clase y generación.

“El color negro de la piel tiene un lugar marginal en el lenguaje, los símbolos culturales y las diferentes tecnologías comunicativas, construyen en el imaginario social un ser imperfecto que se reconoce así mismo como secundario en una sociedad que devalúa constantemente su cuerpo.” (Almeida, 2011: 145)

Los textos de múltiples canciones como manifestación de la comunicación verbal, tanto escrita como oral, abordan la problemática racial, y hay una riqueza en la producción musical que rescata y resalta los valores de la herencia cultural negra, pero también es amplia la producción que reafirma y comunica los aspectos negativos estereotipados de la población negra cubana.

Todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo, sus múltiples funciones, informativa, reguladora y afectiva valorativa, aseguran no solo  la trasmisión y recepción de información, sino que permite establecer la retroalimentación de la efectividad del mensaje además de influir la  esfera emocional de los que entran en comunicación.

“A la noción de comunicación aislada como acto verbal consciente y voluntario, que sustenta la sociología funcionalista, se opone la idea de la comunicación como proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento: la palabra, el gesto, la mirada, el espacio interindividual. Así, estos investigadores se interesan por la gestualidad (quinésica) y el espacio interpersonal (proxémica[4] ) o muestran que las faltas del comportamiento humano son reveladoras del entorno social. El análisis del contexto gana por la mano al del contenido.”

Resulta necesaria la integración de estas funciones para promover el desarrollo humano sin exclusión de clase, género o raza, este último presupone la transmisión de mensajes donde hombres y mujeres de piel negra, se visualicen en igualdad con los de piel blanca, donde el componente afectivo que representa la satisfacción, emoción,  preferencia, o los sentimientos tanto positivos como negativos, que influyan la valoración realizada por el sujeto acerca de un objeto, otro sujeto o situación con lo que interactúa, en esencia es desarrollar el sentimiento de identidad racial, Lograr promover el orgullo de pertenecer a cualquier grupo humano racializado socioculturalmente, independiente del color de la piel.

La sociedad cubana actual debe asumir la problemática racial como lo que es “una herencia histórica cultural no superada”, que demanda visiones integradas que asuman que  no es suficiente con lo establecido constitucionalmente sino que impone modificar la subjetividad, el imaginario y las prácticas sociales, de manera particular las comunicativas.

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[1]  Ajiaco: Término Utilizado para designar la mezcla de las diferentes culturas establecidas en Cuba durante el proceso de formación de la nación y la nacionalidad.

[2]  Depende: Utilizado de forma reiterada por varios entrevistados, para designar las cualidades que debe poseer una persona de piel negra o mestiza para ser elegida como pareja, dan mayor connotación a las cualidades externas, buena apariencia física, cuerpo y cualidades morales. Lo connotado es que para el caso de las personas blancas no se hace necesario el término, dando por hecho que el blanco nace con cualidades especiales.

 

[3] Reyita: Personaje principal del excelente testimonio escrito por la investigadora cubana Daysi  Rubiera, que recoge en un volumen amplio la historia de vida de una cubana monagenaria, que vivió las expresiones más brutales de la discriminación y el racismo, asociadas a la pobreza y al régimen de la República Neocolonial de 1902.

 

[4] Se conoce por este nombre a una de las disciplinas que estudian la comunicación no verbal; la proxémica, creada en 1968 por el antropólogo estadounidense Edward Hall, examina la manera en que las personas ocupamos el espacio y la distancia que guardamos entre nosotros al comunicarnos verbalmente. Ésta puede variar según nuestro interlocutor sea una audiencia, un conocido, un amigo o una persona especialmente querida que, como cabe suponer, es la más cercana. El grado de comodidad durante la conversación también es determinante: si nos sentimos violentos, tenderemos a retroceder.

 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Díaz Pérez, Saraís y Guzmán Góngora, Clara: "Una mirada a la racialidad desde el proceso de comunicación. Particularidades en el contexto cubano" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, diciembre 2014, en http://caribeña.eumed.net/proceso-comunicacion/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.