REINALDO ARENAS: UN DIASPÓRICO DE LOS 80

Resumen

El presente trabajo titulado: Reinaldo Arenas: un diaspórico de los 80 constituye un estudio relacionado con el tema de la emigración y su incidencia en la literatura cubana. El mismo persigue como objetivo analizar la figura de Reinaldo Arenas como exponente de la prosa de los años 80 y su inserción en el proceso diaspórico emergido a raíz de los acontecimientos del Mariel. Para un estudio del tema, se emplearon métodos del nivel teórico, tales como: análisis-síntesis e histórico-lógico con el fin de arribar a consideraciones puntuales que condujeron al tratamiento de la problemática investigada. De igual manera, se hizo uso de técnicas que posibilitaron la recogida de información como la entrevista en profundidad a expertos con un amplio bagaje en cuestiones relacionadas con la historia y la literatura cubanas, para de esta manera lograr el fin del estudio y la incidencia que tuvo la emigración hacia los Estados Unidos de América de Reinaldo Arenas, sobre todo, en su obra poética y prosística. Luego de un análisis de la vida y obra de la mencionada figura se obtuvieron como principales resultados los siguientes: peligrosa ruptura de una relación del escritor con su ambiente natural (geográfico, cultural, lingüístico); y lamentable desarraigo entre la nostalgia y el resentimiento político, ingredientes fatales aplicados a la obra artística.

La emigración cubana de los años 80 y su incidencia en la literatura. 

La migración de los seres humanos  es un fenómeno universal  y está presente  en todas las épocas de la historia y en todas las partes de nuestro planeta. Con el decursar de los años este fenómeno se ha venido agudizado e incrementando de una manera asombrosa a escala mundial y sus efectos son de amplio alcance debido a las propias  características de los inmigrantes al estar protagonizadas por individuos en edades  jóvenes, suelen suponer además una traslación espacial, un cambio social y en el plano agregado entrañan cambios en la estructura demográfica, social, cultural y ocupacional de las dos sociedades implicadas.

El término migración ha tenido un amplio tratamiento a lo largo de la historia de la ciencia, la diversidad  y variedad de definiciones existentes  de este vocablo  es una  de las manifestaciones más fehacientes de esta aseveración. Diferentes autores  provenientes  de las variadas  áreas del conocimiento científico  han aportado  ideas valiosas, conformando sus criterios acerca  de este proceso, pues estos son conceptos, que se han elaborado teniendo en cuenta las características del medio social y unidades de análisis empleado  por los investigadores en sus estudios.

Este abordaje responde a que se trata de un fenómeno complejo, dinámico  y dialéctico que debe ser analizado en su integridad total. Definiciones como las de los demógrafos rusos Philippe Mouchez y Aarón Boyarski apuntan a que la migración  de la población se concibe atendiendo “al proceso  de traslado  de las personas tras los límites  de uno u otro territorio con un cambio, para siempre  o por un período más o menos  largo o con un regreso  regular al mismo, del lugar habitual de residencia o al simple  hecho  de traslado  a través  del límite  de un territorio[1].

En cambio, el sociólogo español Salvador Giner la define como “movimiento relativamente  permanente de personas a una distancia significativa”. [2]

Por lo tanto se puede considerar que las migraciones constituyen un hecho social que acontece en las poblaciones humanas y que se inicia con el traslado de los seres humanos hacia las distintas áreas geográficas de un país o hacia otro, con una incidencia en el plano económico, demográfico y sociocultural en las zonas de origen y en las de destino.

Por ejemplo, en el plano social la sensación de desarraigo va a predominar tanto en las poblaciones jóvenes de los núcleos rurales, como entre los emigrantes llegados a las ciudades alterándose los patrones de comportamientos tanto social, grupal y comunitario. En el plano literario, por su parte, cobra una notoriedad otra, implicando gustos, afinidades, costumbres que imprimen al emigrante asumir posturas diversas en consonancia con las normas establecidas en el lugar de llegada.

De la categoría migración se desprenden dos acepciones, los mismos son emigración e inmigración. El primero es la “acción de emigrar, dejar el propio país o la propia región para vivir a otro lugar formando parte del concepto más amplio de la población[3]. Aquí adquiere relevancia esta categoría, pues la misma es compatible con el término de diáspora en este artículo.

Es de señalar que el tema de la emigración en la literatura viene siendo estudiado desde hace tiempo. Debemos destacar la obra escrita desde Heredia hasta nuestros días y la forma en que se van tejiendo los lazos discursivos, a partir de las causas que propiciaron la salida del país y el producto palpable, hecho.

Y precisamente, la emigración o diáspora literaria cubana como también se conoce, ha asumido un corpus escritural relevante y ávido de un estudio para su total reconocimiento. Emigraciones direccionadas a diferentes países como: Los Estados Unidos, España, México, Francia, Venezuela, Chile, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Siuza, Sudáfrica, Inglaterra, Suecia, entre otros conforman el hábitat de escritores naciones, el cual es de hecho, el espacio natural de la literatura diaspórica.

Pero para hablar de la diáspora es conveniente acotar que la misma se constituye por  “comunidades complejas y plurales, compuestas por personas que tuvieron diferentes motivaciones para emigrar y relocalizarse en otro país. En ellas pueden encontrarse personas que se clasifican como refugiados políticos, asilados, exiliados, migrantes económicos”[4].

Sin embargo, es pertinente desentrañar cuestiones primarias que condujeron al proceso emigratorio de escritores cubanos que, si bien tuvieron una labor destacada en el país, decidieron por razones diversas abandonar su suelo patrio y aventurarse a un mundo plagado de verdades, conflictos, añoranzas, ensueños.

Iniciada en 1959 y conocida con nombres diversos y polémicos como exilio, emigración o destierro posrevolucionario, la diáspora cuenta con un corpus literario dinámico y multiforme en temas y estilos, con múltiples focos de producción dispersos por el mundo y ello ha contribuido a constantes renovación y enriquecimiento producto de los escritores formados literariamente fuera del país o que publican sus libros ya en el destierro.

Fechas significativas como 1959 y 1980 se contemplan en la larga lista de exiliados, años que contribuyeron a la masificación de una cultura por igual. No obstante, la ideología de muchos se contraponía, en primer término, al nuevo sistema socialista y; en segundo término, al liderazgo de Fidel Castro quien, con insistencia, abogó y apostó por una Cuba nueva, cambiante para el bien de todos.

Desde los propios inicios de la revolución triunfante se destacan prosistas de todo el país y trajo como resultado el éxodo de muchos cubanos que, bien por motivos políticos o solo por razones económicas, deciden emigrar en busca de ambientes más propicios para el desarrollo de su carrera y se instalan en la capital cubana en pos del progreso intelectual. Figuras como Guillermo Cabrera Infante, Edmundo Desnoes, Gastón Baquero, Antonio Benítez Rojo, Roberto González Echevarría, y tantos otros -muchos de ellos ya muertos fuera de la isla, como Severo Sarduy, o esos clásicos de la literatura cubana que son Jorge Mañach, Lydia Cabrera, Labrador Ruiz, Lino Novás Calvo o Carlos Montenegro.

Desde finales de 1979 hasta inicios de 1980, Estados Unidos implementó su indiscriminada política de estimular las salidas ilegales de Cuba y recibir como héroes a los que cometían ese tipo de acciones, al tiempo que negaba cada vez más las visas a los cubanos que deseaban salir del país legalmente[5].

Para ese entonces las relaciones entre el gobierno cubano y la diáspora se tensionaron tras el éxodo del Mariel en 1980. Las autoridades cubanas montaron una intensa campaña de propaganda para desacreditar  a los marielitos –como les llamaron a los que se fueron por ese puerto- y de una manera totalmente irónica se hicieron eco de sobrenombres como escorias y lumpen[6].

Pero el caso particular de Reinaldo Arenas (1943-1990), natural de Aguas Claras, Holguín es el centro de atención debido a su singularidad en sus textos. Su traslado hacia la capital implicó profundas modificaciones en su mente a partir de las estructuras sociales a las cuales hubo de adecuarse, así como a las formas de vida de muchos habitantes y por ende, a una cultura con valores  y pautas distintas.

Este escritor se traslada a La Habana y logra trabajar en la Biblioteca Nacional en 1963, lugar donde entabló amistad con Virgilio Piñera y José Lezama Lima, figuras emblemáticas de la cultura cubana.

En dicha instalación crea su primera novela Celestino antes del alba (1967)en la que se advierten su riqueza narrativa y la originalidad de su escritura a través de la evocación del mundo de la infancia, para lo cual se vale además de registros absurdos y fantásticos. Dos años más tarde escribe su libro El mundo alucinante (1969), considerado como  una celebridad por la crítica y el público, el que se inscribiría dentro del llamado “boom de la literatura latinoamericana” por su carácter innovador y la ruptura establecida respecto a los autores “clásicos” de la literatura cubana, como Alejo Carpentier[7].

Después de ese momento creó otra de sus obras Otra vez el mar,  también catalogada de excelente. Sin embargo, durante muchos años, el objetivo de Arenas fue escapar de la isla, lo cual finalmente logró en 1980 con el éxodo de El Mariel. Vivió por breve tiempo en Miami, donde se reencontró con su amigo Juan Abreu. Fruto de la colaboración de ambos, surgió la revista literaria “Mariel” (1983-1987).

Resulta interesante destacar que 1980 se consideró una fecha muy puntual, pues precisamente en ese año ocurrió el segundo acontecimiento significativo del éxodo masivo de la emigración en nuestro país por la zona de El Mariel, es decir, se le dio continuidad a uno primero permeado por Los Estados Unidos, nación que se auxilió de la Embajada de Perú en Cuba con el fin de que muchos cubanos abandonaran la isla.

Todo ello fue conducido por incitaciones políticas norteamericanas y motivados por una cuestión económica y muchas personas se trasladan a esta zona habanera en espera de embarcaciones de ese país que los llevase al Norte. Pero realmente… ¿quiénes eran las personas que, movidos por el afán de nuevas aventuras, esperaban ansiosos el viaje? Resulta evidente destacar que fueron muchos con antecedentes penales, homosexuales, anticastristas, conocidos como las escorias y entre ellos estaba Arenas.

Después de varias insinuaciones y provocaciones por el gobierno estadounidense, surgió una solución espontánea por iniciativa de la comunidad cubana en los Estados Unidos y que contó con la anuencia del Gobierno Cubano: empezaron a llegar pequeñas, medianas y hasta grandes embarcaciones al puerto del Mariel a recoger a las personas que deseaban emigrar a los Estados Unidos.

Para darle legalidad a este acontecimiento, en una editorial del periódico Granma el 21 de abril de 1980, se hizo pública la decisión del gobierno cubano de que, las embarcaciones que desde los Estados Unidos llegaran a la Isla a recoger a los que deseaban emigrar hacia ese país, no serían detenidas. De este modo, el puerto del Mariel quedó libre a la emigración. Inmediatamente el Departamento de Estado de los Estados Unidos realizó virulentas declaraciones contra esos viajes y amenazó con arrestar, confiscar e imponer multas a embarcaciones y patrones que participaran en la flotilla.[8]

En ese período, Reynaldo Arenas publicó El palacio de las blanquísimas mofetas, y ese mismo año se integra a la larga lista de los exiliados para trasladarse a Miami junto a otros decididos, quienes fueron calificados de traidores propiciando actos de repudio cuando el éxodo en el Mariel de 1980.

Es pertinente acotar que “hacia 1980 más del 52% de los exiliados cubanos vivían en Miami, o en el área entre Miami y Fort Lauderdale[9] y ello contribuyó a que tuvieran ciertos privilegios por las propias características y circunstancias políticas e históricas que existían entre ambos naciones.

Prerrogativas como:

  • Las primeras librerías y casas editoriales cubanas del exilio surgieron en suficientes cantidades, específicamente, las obras de los grandes intelectuales cubanos del presente y del pasado, siempre y cuando se les consideraba políticamente correctos.
  • La primera Enciclopedia de Cuba en 8 volúmenes fue publicada y fue anunciada como imprescindible en todo hogar cubano
  • Todo tipo de discos –música, comedia, historia- fueron impresos y ello contribuyó  a que se incrementara esta veta de cultura cubana.
  • Hubo teatros en los que se podía ver zarzuelas y obras serias de conocidos dramaturgos o el irreverente teatro bufo conocido como vodevil.
  • Se erigió una ermita a la Virgen de la Caridad[10].

Criterios vertidos como los de Eliana Rivero en su texto titulado Cubanos y cubanoamericanos: perfil y presencia en los Estados Unidos se sustentan al acotar que los exiliados en este período les distingue, sobre todo, su distanciamiento sicológico de lo medular hispanounidense; son observadores críticos de la realidad norteamericana más que partícipes en ella, y sólo entran en diálogo escritural/anímico con el pasado y presente de Cuba, con los cuales sienten –a pesar de todo- más afinidad que con el modo de vida en los Estados Unidos. Se manejan profesionalmente  a alto nivel de destreza lingüístico-literaria en lengua española, y su popularidad a nivel internacional es indiscutible[11]. 

Entre los efectos a largo plazo de esta diáspora, mientras tanto, está la más peligrosa ruptura de una relación del escritor con su ambiente natural (geográfico, cultural, lingüístico), del que generalmente se nutre y al que suele dirigirse, lo cual puede obligarlo a un lamentable desarraigo y que cuyas obras -las más de las veces- han quedado estancadas entre la nostalgia y el resentimiento político, ingredientes que aplicados en exceso suelen ser fatales para la obra artística.

Por tal motivo en esa comunidad, Arenas intenta definir los conflictos ideológicos y la fisonomía espiritual de la nación a través de su literatura caracterizada, ante todo, por una preocupación técnica hacia los recursos dramáticos empleados en sus textos, por la creación de personajes creíbles y aferrados a sus circunstancias, así como por el establecimiento de códigos generalmente realistas, en busca de una clarificación de condiciones vitales que los afectaban como artistas y  como personajes.

Ejemplo de ello lo constituye un poema suyo titulado “Mi amante el mar”, el cual recoge en síntesis su añoranza y desesperanza. Cito lo siguiente:

                             Sólo el  afán de  un náufrago podría

                             remontar este infierno que aborrezco,

                             Crece mi furia y  ante mi furia crezco

                             y solo junto al mar espero el día.[12]

En el trabajo titulado: La diáspora antillana en los Estados Unidos en los albores del siglo XXI: la mirada de un viajero del profesor Rafael Duharte Jiménez apunta lo siguiente:

Inseguridad, frustración, auto represión, en suma, infelicidad es el precio que tiene que pagar el individuo que por cualquier circunstancia se vea obligado a vivir en el seno de una cultura para la cual la familia y la escuela no lo preparó; un hombre que tiene que echar por la borda o reprimir sus hábitos y costumbres e incluso adoptar patrones culturales que muchas veces pueden estar reñidos con su idiosincrasia o mentalidad[13].

Con estas características se presenta Arenas ante esta sociedad llena de incertidumbre y, es por ello, que estamos en presencia de un escritor profundamente arraigado en la realidad de su país, que llega a ser uno de los fundamentos de su escritura, tanto a nivel de contenido como de forma; de un ser empapado de referencias literarias, tanto cubanas como extranjeras, a partir de los que alimentan su propia estética.

Otro ejemplo desgarrador lo constituye Antes que anochezca (fragmento)

Oh Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles; desde mi infancia fuiste el misterio que velaste por mi terror, fuiste el consuelo en las noches más desesperadas, fuiste mi propia madre, bañándome en un calor que ella tal vez nunca supo brindarme; en medio del bosque, en los lugares más tenebrosos, en el mar; allí estabas tu acompañándome; eras mi consuelo, siempre fuiste la que me orientaste en los momentos más difíciles. [] Y ahora, súbitamente, luna, estallas en pedazos delante de mi cama. Ya estoy solo. Es de noche.

Remembranzas, añoranzas, nostalgias se evidencian en este fragmento poético donde Arenas esboza su sentir, en primer término hacia su madre y; en segundo término, hacia su tierra sin esperanzas de volver, tras conocer en Nueva York su condición de enfermo de SIDA, ciudad donde murió en 1990, luego de ingerir una gran cantidad de pastillas.

Su obra, traducida a numerosas lenguas, es extensa y  casi toda realizada en el exilio. Entre ellas se encuentran las más importantes: El Central (1981), Termina el desfile (1981), Otra vez el mar (1982), El asalto (1990), El portero (1990), Viaje a La Habana (1990). Su obra póstuma está determinada de esta manera: Final de un cuento (1991), El color del verano o nuevo ‘jardín de las delicias’ (Ediciones Universal, Miami, 1991; Tusquets, 1999), Arturo, la estrella más brillante, Adiós a mamá y su autobiografía Antes que anochezca (Tusquets, 1992). 

Consideraciones finales:

  1. Reynaldo Arenas formó parte de esa diáspora literaria cubana con una obra excelente que repercutió a nivel internacional, entrelazando un discurso coherente y desenfadado.
  2. La emigración o diáspora cubana de los años 80 constituyó una página desalentadora para el proceso histórico nacional, perpetrado por el gobierno norteamericano.
  3. En la obra de Reinaldo Arenas refrenda temáticas tan versátiles como: el desarraigo, añoranza y amor a la familia que permite consolidar su vasta obra publicada en diferentes países e idiomas.

Bibliografía

  1. Acosta, Leonardo: “La diáspora musical cubana en Estados Unidos”, en La Gaceta de Cuba, enero-febrero de 2000, No. 1, p. 48-50.
  2. Amiot, Julie: “Arenas, apenas”, en La Gaceta de Cuba, noviembre- diciembre de 2002, No. 6, p. 76-78
  3. Boyarski, Aarón: Curso de demografía. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1988.
  4. Colectivo de autores: Historia de la Literatura Cubana, tomo III. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2003.
  5. Duharte Jiménez, Rafael: La diáspora antillana en los Estados Unidos en los albores del siglo XXI: la mirada de un viajero (documento digital).
  6. Encilopedia Wikipedia.
  7. Fornet, Ambrosio: “Erotismo y humor en la novela cubana de la diáspora”, en La Gaceta de Cuba, julio-agosto de 1998, No. 4, p. 32.
  8. García, María Cristina: “Los exiliados cubanos y los cubano-americanos. Treinta años en pos de su definición y cultura en los Estados Unidos”, en Mirar el Niágara. Huellas culturales entre Cuba y Los Estados Unidos. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2000.
  9. Hernández, Rafael: Mirar el Niágara. Huellas culturales entre Cuba y Los Estados Unidos. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2000.
  10. La diáspora cubana en el siglo XXI. Cuban Research Institute. Florida Internacional University, 2011.
  11.  Ramirez Cañedo, Elier: “A 30 años de la crisis migratoria del Mariel”, en  Revista Cubana de Pensamiento e Historia, julio-agosto de 2010, p. 1 [on line] dispnible en: www.cuba.cu/gobierno/discursos/1980/esp/f010580e.html  (Consultado 23 de enero de 2013).


[1] Mouchez, Philippe y Aarón Boyarski: Demografía. Barcelona, España. Ediciones Ariel, 1966, p. 65

[2] Diccionario de Sociología. Madrid, Alianza Editorial, S.A, 2004, 73

[3] Aarón Boyarski: Curso de demografía. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1988, p. 226

[4] La diáspora cubana en el siglo XXI. Cuban Research Institute. Florida Internacional University, 2011, p. 44

[5] Elier Ramirez Cañedo: “A 30 años de la crisis migratoria del Mariel”, en  Revista Cubana de Pensamiento e Historia, julio-agosto de 2010, p. 1 [on line] dispnible en: www.cuba.cu/gobierno/discursos/1980/esp/f010580e.html   

[6] Ibídem, p. 28

[7] Enciclopedia Wikipedia

[8] Elier Ramírez Cañedo: op. cit, p.6.

[9] María Cristina García: “Los exiliados cubanos y los cubano-americanos. Treinta años en pos de su definición y cultura en los Estados Unidos”, en Mirar el Niágara. Huellas culturales entre Cuba y Los Estados Unidos. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2000, p. 440.

[10] Ibídem, p. 442.

[11] Ibídem, p. 32

[12] Reinaldo Arenas: Mi amante el mar, en Enciclopedia Wikipedia

[13] p, 10

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Céspedes Ginarte, Lohema y Pompa Chávez, Yanel: "Reinaldo Arenas: un diaspórico de los 80" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, octubre 2013, en http://caribeña.eumed.net/reinaldo-arenas/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.