ENSAYO SOBRE LOS SAQUEOS EN CÓRDOBA. LA HUELGA POLICIAL

Resumen
El siguiente ensayo conceptual toma los últimos eventos que mantuvieron en vilo a la Argentina, los saqueos en la provincia de Córdoba. Más allá de la negativa del Gobierno Nacional a garantizar la seguridad de los cordobeses, por disputas políticas previas, este caso ilustra por desgracia no solo las paradojas de la misma seguridad, sino las maneras en que opera la descomposición del lazo social. Tres elementos son de vital importancia para comprender como funciona la huelga en tanto táctica de desestabilización social del orden que ella misma impone a través del trabajo: a) la propiedad privada, b) la extorsión y c) la descomposición social. El capital, en la era posmoderna, ha destruido todos los vestigios de autoridad y legitimidad, igualando a todos los ciudadanos entre sí, pero a la vez erosionando las bases mismas de la política. Las sociedades sólo reconocen y reaccionan contra aquellos problemas que atentan contra el orden productivo y de consumo. Por la importancia del tema, no descartamos que el efecto se expanda a otras policías provinciales.

Palabras claves. Seguridad, Saqueos, Crimen, Policía, Huelga

Introducción

Entre el 03 y 04 de Diciembre de 2013, se suceden en la Provincia argentina de Córdoba, una serie de saqueos que terminan con varios detenidos, destrozos, un muerto y un estado de caos general en las calles como pocas veces ha visto la ciudad. La causa, una huelga de la policía local por demandas en el sueldo. Ante la negativa de la gobernación a los reclamos, la policía se auto-acuartela liberando las calles a grupos de delincuentes que saquean y roban a varios negocios. La importancia que reviste este caso para fundamentarse como material de estudio, se debe no solo a un excepcionalidad sino a los elementos conceptuales que ayudan a comprender como funciona el paradigma teórico de la seguridad en el estado moderno. Por falta de garantías políticas, se declara “el asueto administrativo” por medio del cual se paraliza el comercio, el turismo, el transporte público, cualquier actividad que adhiera, más la actividad bancaria.  En segundo lugar, es interesante observar a la fuerza policial, la cual históricamente ha sido personal de jerarquía no sujeto a convenios colectivos de trabajo, adherirse a reclamos de naturaleza sindical. A diferencia de otras épocas, el policía moderno se ve asimismo como un trabajador que en igualdad de condiciones con otros trabajadores se asocia, para reclamar al gobierno por medio de una huelga. El estado provincial, ante la negativa de refuerzos policiales por parte de la Nación, optó por negociar con los policías, aceptando sus reclamos.

En términos objetivos, el caso cordobés revela que hay una pugna salarial irresuelta entre la política y la gobernación. Los políticos ya sea del ámbito nacional o provincial, no hacen política por las vías clásicas sino por los medios masivos de comunicación y/o redes sociales como Twister o Facebook. La movilidad, factor fundamental para la producción económica queda suspendida. La huelga (acuartelamiento) declarada por la policía, responsable de la seguridad de la provincia no se encuentra tipificada por reglamentación alguna, mucho menos reconocida por el ministerio de Trabajo, por ende es ilegal. Empero no por ello, su poder de negociación es menor que otras huelgas conciliadas por el Estado. Tres elementos son de vital importancia para comprender como funciona la huelga en tanto desestructurador social del orden que ella misma impone a través del trabajo:

a)     La propiedad privada

b)     La extorsión

c)     La descomposición social.

El principio de la Propiedad

La propiedad privada es el primer aspecto esencial de la vida en social en las comunidades capitalistas. En momento de incertidumbre, la propiedad del privado es vulnerada por terceros actores, que como bien ha estudiado Enrico Quarantelli no pertenecen al resto de la población. Los saqueos, eventos tan comunes en contextos de desastres son comandados por pequeños grupos de “cuasi-gangster” los cuales si bien no pertenecen al mundo del crimen, cohabitan cometiendo pequeños delitos. Ante la incertidumbre que genera un estado de caso, estos grupos se ven libres de organizar saqueos que originalmente son seguidos por otras personas. En la mayoría de los casos, los saqueadores no se desplazan grandes distancias para cometer sus fechorías, sino que lo hacen en el mismo barrio en el cual son parte (Dynes y Quarantelli, 1968; Quarantelli y Dynes 1970; Quarantelli, 1994; Rodríguez, Trainor y Quarantelli, 2006; Quarantelli, 2007; Quarantelli, 2008).

En este contexto, es importante comprender como funciona en el mundo moderno la autoridad para poder ahondar en las causas del fenómeno observado. En principio, admite Zygmunt Bauman vivimos en una sociedad que sólo reacciona cuando su sistema productivo se encuentra en juego. Si bien adentrarse en la sociología de Bauman en estos momentos, para comprender la totalidad abarcadora de su obra parece algo que no podemos hacer por tiempo y espacio en este trabajo, focalizaremos en lo que a nuestra forma de ver son dos de sus mejores trabajos, donde queda demostrada la relación entre capital, sociedad y norma jurídica.

La tesis central de Bauman se orienta a señalar que el mundo social se encuentra en constante e irreversible fragmentación, pero que dicha disgregación sería captada, reformulada y procesada por el capital. De alguna u otra manera, las relaciones humanas se han subordinado a las formas productivas de la sociedad; el hombre ya no es una entidad exclusiva producto de la benevolencia de Dios, sino una simple relación entre trabajo y producto, un commodity el cual puede -en cualquier momento- ser explotado por la maquinaria consumista. En consecuencia, los grupos humanos no producen capital para acumularlo, sino que son ellos mismos la materia prima que necesita el dinero para replicarse. Entre tanto ejemplo, el más fidedigno de cómo funciona la teoría del profesor Bauman es la reivindicación del ciertos grupos que no tienen representación sindical como artesanos, policías, y militares. 

Consumir para vivir

En su libro Vida de Consumo queda de manifiesto como la sociedad apela a la informática y a lo digital para borrar los límites establecidos entre lo público y lo privado. Todo proceso de control es funcional a la empresa para deshacerse de los elementos menos valiosos. Esta misma lógica hoy es aplicada al mundo del consumo. Diversos agentes que ya vienen fallados de fábrica ya sea por falta de crédito o por no tener el volumen necesario de capital, son desechados a espacios periféricos dentro del sistema de consumo. En forma similar a los departamentos migratorios de los Estados Nación que impulsan cierto de tipo de movilidad (turista), pero restringe otros tipos de desplazamiento (migrantes), el mercado establece visas, permisos para el arribo de capitales (Bauman, 2007; Korstanje, 2012). Si los inversores privados son protegidos por el estado, intentando regular la actividad de los trabajadores por medio de la huelga legal, miles de trabajadores con controlados por medio de la fuerza pública con el fin de conferirle a cada persona un valor específico. El sostén del régimen capitalista implica la existencia de un demandante y un oferente, pero el valor resultante de ese encuentro debe ser lo suficientemente atractivo para las dos partes. Por ese motivo, la interacción en el mercado fundamenta el valor de la mercancía producida. La modernidad, agrega Bauman, ha cambiado las reglas del juego. El estado hoy incapaz de mantener el orden si no es por la intervención del capital, deja a los inversores y la privatización del trabajo fijar las políticas de trabajo, determinar los contornos de la producción. No solo han privatizado el trabajo sino que además lo han terciarizado en manos de corporaciones internacionales (Bauman, 2007). 

La Sociedad en Peligro

La competencia de los hombres, sin distinción de clase, no se da por una ideología sino por la necesidad de imponer y mantener su propio valor de cambio. En la sociedad de consumidores, el hombre se hace consumible por medio del “fetiche de la subjetividad” (Korstanje, 2008). En una segunda obra, La Sociedad Sitiada, Bauman explica que la sociedad como construcción se remite a la búsqueda de una autoridad que permitiera garantizar la mayor felicidad para todos. No obstante, por algún motivo se ha dado una ruptura, un divorcio entre el estado y su autoridad. Dadas las circunstancias, las comunidades imaginarias se han dicotomizado y hoy rivalizan contra el Estado. Lo nacional se ha patrimonializado, comoditizado en productos que hoy son consumibles pero no confieren seguridad a sus ciudadanos.

Desde el 11 de septiembre en adelante, ciertamente, el mundo ha cambiado. Estas nuevas comunidades globales se enfrentan a un aparato burocrático en su propio territorio. El Estado ya no tiene la potestad de administración, esto quiere decir, de tomar, controlar o distribuir recursos de un lado a otro del territorio acorde a sus intereses, sino queda sometido al arbitrio de los capitales. Pero ¿eso supone que lo nacional ha muerto para siempre? ¿Qué decir de las fiestas, los mundiales, los juegos olímpicos, no son muestras del poder de la nacionalidad sobre las conductas del hombre?, se pregunta Bauman.

Las festividades, los mundiales de fútbol son como los carnavales, espacios lúdicos donde se exacerba una nacionalidad ficticia, que no tiene asidero en la realidad. Terminados los rituales, cada uno vuelve a su vida cotidiana, líquida e individual. Si hace décadas se hablaba de la muralla como frontera de protección frente al mundo no controlable, al mundo bárbaro, en la actualidad no hay un lugar donde sentirse verdaderamente seguro. En nuestro mundo moderno no hay lugar que visitar, ni frontera que traspasar. La sociedad se encuentra sitiada contra sí misma. Empero ¿una sociedad sitiada no implica por sí su propio límite? ¿Si el límite es generador de seguridad, su carencia no debería hacer de la vida un lugar más tranquilo?.

En parte, Bauman tiene, para poder responder a estas cuestiones subyacentes no formuladas en su texto, que desempolvar a P. Virilio, un gran filósofo francés olvidado por los círculos académicos anglosajones. De este último toma su idea de sociedad total sin barreras ni diferencias o de, como trata al final, imaginación privatizada. Virilio denunciaba que una de las mayores angustias de la humanidad fue haber roto con la seguridad de la ciudad amurallada. Cualquier inclemencia puede afectar a todo el sistema por igual; todo se hace a lo grande, incluso la destrucción sin barreras para mitigar las catástrofes. Por ende, si la frontera marca el lugar, su falta marca lugares vaciados de sentido. Para que el lector lo comprenda mejor, un límite parcializa la pertenencia marcando su control sobre todo lo que está dentro, gracias a eso, existe la tradición, pero si esa frontera llegara a destruirse, el lugar desaparece y con ella el apego del sujeto por el suelo (Virilio, 1999). El estado de descomposición del lazo social es, para Bauman, no solo evidente sino irreversible.

¿Qué es la Seguridad?

En forma complementaria, A. Cavalletti analiza el concepto mismo de la seguridad la cual comienza a articularse en el pasaje de la Edad media tardía a la modernidad. El principio que emula el sentido de la seguridad es la racionalidad del buen gobierno. Las ciudades, sus poblaciones, el territorio como así todo tipo de características que puedan servir en el conocimiento pleno del arte de gobierno, (aritmética política), pueden sólo ser posible a través de la imposición de un nuevo estado, la seguridad. La autora va a decir en palabras textuales,

La aritmética política, especial medio de sondeo inmerso en la población, restituye, pues, la partición de los medios útiles y los dañinos, mientras que la selección de los medios traza una ruptura entre amigo y enemigo en la población misma. La tabla sintética, en efecto, no es sino la expresión de una síntesis incluso anterior, que caracteriza toda política entendida como técnica y que define a la biopolítica como conocimiento de los medios en sí, posible sólo a través de la reducción implícita y preliminar de la felicidad del gobernado a la felicidad del gobierno” (p. 141). 

Este pasaje revela una transferencia en las unidades familiares medievales, a un estado más abarcativo pero no por ello más justo. Advierte Cavalletti que unos de los aspectos de la biopolítica es la extensión en las condiciones de vida de ciertos grupos, a la vez que se impone una muerte segura a otros. El hecho de dar muerte a otro, implicaría la apertura a una nueva oportunidad, una nueva práctica de subjetivación donde el asesino mantiene sus propias condiciones de vida. El nazismo ha sido una de las tantas expresiones de esta dinámica. Siguiendo a Foucault, Cavalletti considera que dos mecanismos son de vital importancia para la implantación de las sociedades de control sobre las disciplinarias. En primera instancia, la necesidad de individualizar por medio de lógicas binarias como loco, sano, amigo, enemigo etc. La segunda forma es “la asignación coercitiva” que distingue pero caracteriza la vida del otro. Existe una clasificación normativa tendiente a resaltar lo anormal para justificar el sentido de la normalidad. Si lo normal parte de una definición positiva de las condiciones de vida de una población, lo que se desvía es lentamente empujado hacia los límites de la vida, es decir hacia la muerte. En la era del “bio-poder”, la gente puede vivir sólo denunciando a otros como anormales, como desviados, como elementos a erradicar de la población.  De esta manera, distinción por un lado y clasificación por el otro generarían políticas selectivas de administración de la vida. La función central de la seguridad es marcar el pasaje de una sociedad teocrática, amparada por el derecho medieval y natural, a otra racional donde la decisión juega un papel importante. La aritmética política (la cual luego dará forma a la ciencia demográfica y a la ingeniería) se transforma, en este proceso, en elemento clave y sustancial de gobierno. El poder de policía, entendido éste como la necesidad del bueno gobierno para todos los elementos, queda suspendido para dar forma a un nuevo estado orgánico que se reserva el derecho al uso de la fuerza sobre todos sus miembros, esparcidos y ubicados en el territorio.

Las polaridades binarias establecidas por el estado, como hemos mencionado, son administradas por el “buen técnico”, quien en vistas de su supuesta objetividad, legitima el poder del estatus quo. Es por demás interesante, el desarrollo de Cavalletti sobre la ciencia y el diagnostico pues asume dos ideas interesantes. La primera es que toda ciencia moderna opera con una necesidad impuesta, que nace de la binariedad propia de la biopolítica. La segunda, es que por medio de la intervención a esa necesidad es que la técnica, como herramienta ajena “a la suciedad o corrupción de lo político”, logra su cometido, el control total del sujeto. El conocimiento goza de una imagen positiva en la población pues se proclama y se asume, “neutral”. No obstante, advierte nuestra filósofa no solo está lejos de serlo, sino que por medio de sus tecnologías se fortalecen los instrumentos tanato-políticos que posibilitan la bio-política. Empero, dentro de este contexto, ¿como se construye el vínculo del ser humano con lo social?, ¿cual es el papel del sujeto junto a otros sujetos en una sociedad que lo empieza a excluir constantemente?, la respuesta es la educación. Este proceso hace que el sujeto se piense en pos de una unidad más abarcativa, la población. La educación permite el control por medio de una tradición común, una misma historia, que sólo posibilita la imposición de la ley.

La seguridad se remite a un concepto por el cual se integran las fuerzas externas e internas del orden. Cavalletti sugiere que uno de los primeros pensadores en facilitar una definición moderna del término, ha sido Sonnenfelds, en cuyo argumento los hombres libres se asocian con el fin último de conseguir algo que en forma individual no pueden. En realidad no es el objetivo en sí mismo, sino la voluntad común orientada al bienestar común el criterio primordial del sentido de policía. Empero hay que definir primero un obstáculo conceptual, una cosa es el interés común que lleva a la colectividad (público) y otro es el individual que hace lo propio con lo privado. La voluntad común permite integrar estos dos valores opuestos, dentro de un mismo discurso, la felicidad para todos. Sonnefelds aclara, que en lo interno esa fuerza recibe el nombre de policía (polizei), mientras en lo externo se llama política (politik). El bien público se transforma en la suma de todos los intereses individuales. La seguridad es la condición ideal por lo cual no hay nada en lo cual se pueda temer. De esta manera, sugiere Cavalletti quedan configuradas las bases epistémicas de la noción moderna de seguridad, siempre anclada al de ciudad; he aquí el artilugio de la seguridad. Un espacio considerado seguro sólo puede ser tal en constitución a otro inseguro. Entonces, la seguridad interna de una ciudad puede comprenderse siempre y cuando se considere al mundo exterior como hostil o inseguro. Dadas estas condiciones, lo “indeseable” debe ser expulsado fuera de los muros de la ciudad.

En términos penales, la idea de Cavalletti, también la de Foucault es de vital importancia no solo para el abordaje de la precarización del sistema carcelario, sino además una explicación, si se quiere, convincente a la percepción de inseguridad. No obstante, por convincente no necesariamente la descripción debe ser real. Discrepamos con su argumento por los siguientes motivos.

En anteriores trabajos, demostramos que la secularización y por medio de ella la introducción económica del riesgo ha sido el factor desencadenante de la explosión de delitos. El riesgo, como dispositivo de control, disminuye la fuerza del cambio social. Para concretar tal fin, en tanto discurso acelera la desvinculación normativa entre el sujeto y sus instituciones. La desaparición de Dios hace del mundo un lugar más inestable e inseguro. Los peligros del mundo exterior deben ser mitigados por medio de la tecnología y la racionalización. Pero lejos de lo que piensa Cavalleti, ese proceso pone el destino en manos del hombre, quien porque cree que su destino le pertenece construye una serie de rituales para hacer del mundo un lugar más predecible. La aritmética política se fundamenta en la razón de estado. No obstante, existe otro canal por medio del cual opera la modernización que ni Foucault ni Cavalletti han observado con claridad. Una vez cerrada la religión al espacio de lo trascendente, la culpa no amerita ningún tipo de perdón. El desviado, anulada las bases morales de la religión, queda sujeto a no poder reparar a la víctima por el acto cometido. El sistema penal y mercantil marcan de por vida al desviado con el fin de aumenta el valor de la mercancía producida y de mejorar los canales de circulación de bienes de la sociedad moderna. Si partimos de la base que el delito regula y determina el valor de la propiedad privada, ese valor se replica por medio de la penalización eterna del delito, hecho por el cual se explica que a mayor maduración productiva, mayores son los índices de delitos de la sociedad  (Korstanje, 2012; Skoll & Korstanje, Korstanje, 2013); en resumen, el sentido impuesto de “seguridad” por la maquinaría biopolítico favorece las condiciones materiales por medio del cual el trabajador se transforma en commodity consumible y transformable. Empero, éste no puede ser posible sin el declive de la vida religiosa que permite la criminalización del anormal.

 La Huelga y la Extorsión

El caso de la huelga policial en Córdoba permite comprender la tesis de Bauman, pero además mejorar algunos de sus aspectos constitutivos. Si bien Bauman enfatiza en la propiedad y en el declive del lazo social, no aborda la cuestión de la extorsión, aspecto fundante de nuestra sociedad occidental. Ella, la extorsión, se encuentra presente en todas las relaciones humanas y en los sistemas de autoridad entre el trabajador y el propietario. J. Joll (1965) demuestra convincentemente como el anarquismo de principios de siglo XIX modificó la conciencia del trabajador hasta convertirlo en el peor enemigo del sistema capitalista americano. Los primeros sindicatos y sus reivindicaciones no solo fueron catalogados como “terroristas”, sino que fueron encarcelados y perseguidos por la ley. El sindicalista orientado por la ideología anarquista representaba un gran problema para la producción, pues asumía, el siguiente axioma: el tiempo de trabajo es tan importante para la fuerza de producción, como el capital lo es para el dueño de la fábrica. El tiempo del trabajador, la cantidad de horas que éste trabaje implican un valor, el cual es fijado acorde al producto final. La organización del trabajo generó situaciones propicias para el entonces relegado proletariado, por un lado instauró menos horas de trabajo (reducción de 12 a 8), pero a la vez incrementó aumentos salariales. El estado, por su parte, para disciplinar la propuesta ideológica del anarquismo, que estaba prendiendo en los inmigrantes no anglosajones, movilizó sus recursos para legalizar la protesta, para proteger a los trabajadores de los despidos de los cuales eran víctimas. Empero además, para despojar al anarquismo de sus efectos más violentos. Los grupos anarquistas se dividieron en dos grandes grupos, una facción abrazó las promesas de la lucha armada orquestando ataques contra políticos importantes (terrorismo), el otro eligió la vereda de la lucha sindical (sindicalismo). Desde entonces, el estado nacional expulsó fuera de sus fronteras al terrorismo, tomando la parte menos nocivas de su ideología con el fin de poder adoctrinar al trabajador. La esperanza de una mejor vida, la idea de progreso, la acumulación del capital fueron tres de las promesas que los trabajadores de “Chicago” conciliaron con el estado. Si bien, el mal llamado “terrorismo” continúa alojado en el seno de la cultura estadounidense capitalista, hoy se asocia al extranjero como conducto o factor de peligrosidad. La ilusión de la seguridad “nacional” impuesta por el estado predispone a la fuerza productiva a volcarse hacia el trabajo, ideológicamente determinado por las expectativas de vida y el lujo. A la vez, el sistema repelé hacia sus bordes a todos aquellos cuerpos, ideas, o doctrinas que pueden atentar contra el orden de producción; a estas construcciones se las llama terrorismo. En perspectiva, lo que subyace dentro de una huelga o un ataque terrorista, es la necesidad de acelerar las negociaciones por medio de la extorsión. Cuanto mayor daño se genere al estado, mayores serán las reivindicaciones. Grupos que anteriormente no se permitían recurrir a las tácticas de extorsión, como la policía, hoy hacen uso de ella para hacer valer sus reclamos (Korstanje & Clayton, 2012). Evidentemente, Bauman no equivoca cuando afirma que ello expresa un signo de la descomposición del lazo social y de la hegemonía del mundo-consumo por sobre las subjetividades. 

La Huelga como Estado de Excepción

Toda huelga implica un “estado de excepción” donde aun cuando haya una norma vigente, los roles no quedan del todo claros. El trabajador cuya función se asocia a la producción, deja de hacerlo o produce el doble para saturar el stock, y en ese proceso, causa un daño al estado con fines coactivos. El gobierno de turno queda sujeto a una negociación forzada pues de no aceptar, el gremio puede crear un daño aún mayor. Esta zona de desgobierno temporal, en lo general, llega a buen puerto cuando hay acuerdo entre las partes. Lo que la modernidad, siguiendo a Bauman, parece haber acelerado y agravado es la brecha entre ambas partes por medio de la cual ese estado de excepcionalidad se agranda hasta límites intolerables. Con el aumento de reclamos salariales y sindicales cada vez mayor, el estado queda más indefenso. La descomposición social hace que estos estados sean cada vez más profundos quitándole legitimidad a las instituciones del estado, creadas para garantizar el bienestar de los ciudadanos. En este sentido, muchos grupos y ciudadanos deciden refugiarse en los productos que ofrece el mercado en materia de seguridad.  A mayor producción, mayor vulnerabilidad.

Referencias

Bauman Z. (2007) Vida De Consumo. Buenos Aires, FCE.

Bauman, Z. (2011) La Sociedad Sitiada. Buenos Aires, FCE

Cavaletti, A. (2010) El Mito de la Seguridad: la ciudad biopolítica. Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora.

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Joll, J. (1965). The anarchists. Boston, Little, Brown.

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Rodriguez, H., Trainor, J., & Quarantelli, E. L. (2006). “Rising to the challenges of a catastrophe: The emergent and prosocial behavior following Hurricane Katrina”. The annals of the American academy of political and social science, 604(1), 82-101.

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Virilio, P. (1999). La Inseguridad del Territorio. Buenos Aires: La Marca

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Korstanje, Maximiliano E.: "Ensayo sobre los saqueos en Córdoba. La huelga policial" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, diciembre 2013, en http://caribeña.eumed.net/saqueos-cordoba-argentina/

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