LA CAPACITACIÓN DE GÉNERO COMO ALTERNATIVA PARA GENERAR EL CAMBIO: EXPERIENCIAS EN EL SECTOR COOPERATIVO

Resumen.
La participación de las mujeres en el sector agropecuario y en particular en el sector cooperativo ha estado limitada por factores, que por lo general se encuentran en el orden subjetivo. La situación hoy se torna un tanto diferente, sin embargo, a pesar de las políticas trazadas por el país en función de lograr cada día una mayor incorporación de las féminas a estas actividades, todavía subsisten barreras que impiden la efectividad de estas políticas, barreras que traspasan el orden material y se encuentran instaladas en los modos de actuar y de pensar, así como de conducirnos por la vida, que asumimos como parte del proceso de socialización y que se transmiten de una generación a la otra. Razones por lo que las acciones que se impulsan para generar los cambios, como son los proyectos de desarrollo, deben tener incluidas acciones de sensibilización y capacitación en género como parte del proceso de transversalización y empoderamiento de las mujeres.

Palabras claves
Género en proyectos, cambio y cooperativismo.

INTRODUCCION.

Las peculiaridades del sector agropecuario hacen que tengan un carácter estratégico para la economía cubana, ello dado fundamentalmente por la producción de alimentos como base fundamental para el sustento social; la producción de materias primas; la posibilidad de producir en función de incrementar los rubros exportables y disminuir las importaciones en función de garantizar la soberanía alimentaria y además, como sector importante en la generación de energía renovable[1].

Todo ello hace necesario que la agricultura sea estudiada dentro de la economía con carácter sistémico, por la capacidad que tiene para dinamizarse en todos las demás ramas de la sociedad. El haber carecido de este enfoque no ha permitido reconocer el valor real que tiene para la economía el sector agropecuario. En momentos de ajustes y reestructuración del modelo económico cubano, la situación tiende a hacerse más compleja.

Por eso el envejecimiento de la fuerza ocupada en la agricultura y el no aseguramiento del relevo inducen a la implementación de políticas de incentivos que posibiliten atraer los recursos humanos más jóvenes, retener los existentes y aprovechar al máximo la capacidad tanto de hombres como de mujeres en edad laboral para la realización de actividades productivas y la producción de alimentos y sus derivados.

En el aprovechamiento de la fuerza laboral capacitada se hace necesario eliminar las barreras que aun impiden que hombres y mujeres puedan participar en igualdad de oportunidades en todas las actividades productivas y de servicios en la sociedad. El sector agropecuario ha sido un sector donde se han manifestado de forma tradicional, practicas machistas que han servido de  barreras para el acceso de las mujeres a determinados empleos, tradicionales para hombres o a espacios de toma de decisiones.

Como resultado  de ello el empleo en la actividad agropecuraria, y sobre todo en la pecuaria, esta muy masculinizado, donde además resulta aun insuficiente la presencia de las mujeres en los espacios de toma de decisiones dentro del sector y si se suma además la insuficiente sensibilización de algunos directivos y funcionarios, dado fundamentalmente por el desconocimiento del tema y por las propias desigualdades que, con el paso del tiempo se van instalando en el individuo, nos encontramos en un marco que todavía no llega a ser totalmente favorable para que las mujeres puedan acceder a cualquier espacio en igualdad de oportunidades que los hombres.

Los estudios de género fundamentan científicamente la problemática sobre la base de las diferencias sociales y culturales que se establecen a partir de los rasgos biológicos que caracteriza a cada individuo, a partir de la cual se  demuestran que todo el comportamiento que asumimos hombres y mujeres, en la asunción de roles sociales y en la asignación de determinados espacios, es producto de las mismas construcciones sociales y culturales que se han definido a lo largo de la historia de la humanidad de lo que debe ser cada quien según el sexo con el que se ha nacido. Los elementos expuestos se presentan como las oportunidades que brida el entorno para potenciar la incorporación del enfoque de género a los proyectos de desarrollo dentro del sector agropecuario.

Muchas son las experiencias que desde hace algún tiempo se vienen dando en el sector de la agricultura, tan deprimido en los últimos año y sobre el cual se han estado implementando toda una seria de proyectos, que dirigidos por el Ministerio de la Agricultura (MINAG), la Federación de Mujeres Cubanas(FMC) y con la voluntad política del Estado en el impulso del sector, así como el apoyo de agencias de cooperación internacional y ONGs, que tienen como prioridad, generalmente, la incorporación del enfoque de género como línea de trabajo, se han logrado cambios significativos en las políticas sociales por la igualdad entre hombres y mujeres.  La experiencia en la UBPC Papi Lastre del municipio Cauto Cristo, provincia Granma, que se presenta en este trabajo es precisamente una de ellas, la que además forma parte de un programa de género que tiene implementado la Agricultura y que esta liderado por la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA).

El Enfoque de Género en los Proyectos de Desarrollo. 

Los procesos globalizadores y homogenizantes generados desde las grandes economías mundiales han repercutido de manera explosiva en todas partes del contexto internacional, sin embargo, han sido en las economías en desarrollo donde se han evidenciado aun más sus efectos, dado por la incapacidad de algunos gobiernos de trazar políticas que permitan llevar a su pueblo a mejores condiciones de vida, e impedir con ellas la generación de desigualdades sociales por la imposibilidad de acceder a los recursos mínimos para la satisfacción de las necesidades primarias, y sobre todo por el insuficiente crecimiento económico que experimentan muchas de estas naciones.

Como algunas de las alternativas a estas condiciones se presenta la impulsión del desarrollo endógeno, es decir, hacia el interior de las naciones y con la premisa de que sean las propias personas los protagonistas de este proceso, sobre la base de la innovación y la búsqueda de alternativas, donde se aprovechen mejor las potencialidades y los recursos existentes para llegar a ese desarrollo deseado.

De esta forma comienzan a aparecer fondos de los gobiernos, destinados a la inversión publica con el fin de impulsar          proyectos de desarrollo que busquen reducir los índices de pobreza, de desigualdades sociales (raza, género, etnia etc.) y potenciar la participación social con igualdad de derechos. A pesar de ello, desde hace ya algún tiempo, esta siendo reconocida por instancias especializadas la desigual posición que aun existe de las mujeres con respecto a los hombres, que son resultado de las relaciones jerárquicas entre los géneros.

Los procesos históricos y culturales que han contribuido a la división sexual del trabajo y a la diferencia entre los roles asumidos, marcados por el sexo, han sido motivos suficientes para cuestionar estas diferencias más allá de los determinantes biológicos. Razones por las cuales las políticas y los procesos de desarrollo que se impulsan tienen hoy como premisa transversalizar el género.

La emergencia del enfoque de género para analizar las causas de las desigualdades entre mujeres y hombres hace que sea abordado desde la academia y otros espacios con tanta urgencia. La feminización de la pobreza, la violencia sexual y doméstica, así como el acoso son algunos de los indicadores que muestran la necesidad de abordar estas propuestas con un enfoque de género.

Comúnmente se define género como el conjunto de características sociales, culturales, políticas, psicológicas, jurídicas económicas, asignadas a las personas en forma diferenciada de acuerdo al sexo. Sin embargo es también la construcción sociocultural de las diferencias entre hombres y mujeres. La primera definición hace referencia al género como producto de un proceso social, histórico y cultural que se ha encargado de reproducir patrones, valores y comportamientos diferenciados para mujeres y hombres, según el sexo con el que han nacido, a este proceso hace referencia la segunda definición, en este caso se pone de manifiesto el género como proceso y en un primer momento el género como producto.

Cuando nacemos no lo hacemos con valores y patrones heredados genéticamente de nuestros progenitores, solo nacemos siendo hembras o varones, el resto es aprendido como resultado de los procesos de socialización que, como seres sociales, experimentamos en la sociedad, con el resto de los agentes socializadores  y en el marco estrecho de la familia. Aprendemos a ser hombres y mujeres tal y como la sociedad nos construye y espera que seamos y en ello también van los roles que como hombres y mujeres debemos asumir  en cada uno de los espacios asignados. De manera que tradicionalmente las mujeres han estado sometidas al hogar en su condición de reproductoras de la especie y para el hombre ha quedado el espacio público como proveedor de bienes materiales para el sustento familiar y por tanto, dueño de las riquezas o de los medios que la proveen y autoridad dentro de la familia; alrededor de lo cual, además, se encuentran otra serie de constructos que han hecho de  las mujeres el sexo más débil y los hombres los más fuertes y aptos para desarrollar cualquier actividad, razones por las cuales siempre han estado favorecidos en empleos mejores remunerados.

Los aspectos abordados son resultado de todo un proceso constructivo y heredado a lo largo de los siglos, pero como construcción cultural al fin es sensible de ser modificado, por tanto, el propósito es actuar como mayor intencionalidad sobre los procesos que reproducen las desigualdades entre ambos géneros. Esto indica que sí es posible, aunque a largo plazo, trasformar la realidad que han vivido las féminas  en el devenir histórico, marcado  en unos contextos más que otros.

En tal sentido el enfoque de género en los proyectos se vuelve en la actualidad una condición necesaria para lograr una verdadera equidad y justicia social. Es la manera que nos permite identificar de forma crítica las diferencias establecidas y la necesidad de eliminarlas. El énfasis que se pone en la necesidad de superar las desigualdades y empoderar a las mujeres va mas allá de lograr una equidad de género, propone además incorporar todo su potencial y capacidad para ser gestoras de sus propios cambios.  De ahí la importancia de que cada proyecto o programa de desarrollo que se implemente sea capaz de transversalizar el género.

Un proyecto con enfoque de género es aquel que incorpora sistemáticamente estrategias y acciones tendientes a crear condiciones de equidad e igualdad entre hombres y mujeres. Este enfoque esta orientado a asegurar una distribución igual de oportunidades[2], recursos y beneficios entre los diferentes grupos de la población.

Entre las limitantes más comunes que se presentan, con respecto a la incorporación de esta enfoque a los proyectos destacan: el escaso conocimiento de los gestores; la construcción de indicadores que no son capaces de medir los impactos diferenciados; las actividades planificadas se realizan sin contar con el tiempo disponible diferenciado para hombres y mujeres y en muchos casos por no contar con los criterios y la identificación de las necesidades básicas y estratégicas de ambos géneros. Esto indica que aun se manifiestan proyectos que no son capaces de incorporar este enfoque en cada una de sus fases y, por tanto, no se promueve una participación equitativa, por lo que lejos de contribuir con la eliminación de brechas reproducen preconceptos y estereotipos que obstaculizan la transformación de las relaciones de género. El lenguaje empleado es además una lenguaje sexista y se evidencia poca focalización hacia la sostenibilidad de las acciones[3], a lo que además debemos añadir que independientemente de que exista la intencionalidad reflejada en las acciones y por los organismos o instituciones gestoras, ello siempre estará marcado por la concepción muy particularizada de los actores encargados de las acciones.

Todas estos elementos referidos  dan fe de que aún el enfoque de género no esta siendo incorporado como se espera. Para el logro de su materialización necesita antes  ser incorporado a la vida de las personas, a su subjetividad, ser asimilado como un nuevo comportamiento, con las implicaciones que ello tiene y con los cambios necesarios en los paradigmas existentes.

De ahí la importancia de realizar labores de sensibilización, reforzadas con acciones concretas de capacitación en género.  Por tanto las acciones de sensibilización y capacitación en género estarán orientadas a generar el cambio necesario para que pueda lograrse la igualdad de oportunidades y con ello hacerse efectivo, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres que plantea nuestra constitución[4] y que forma parte de sistema de valores y principios de nuestro sistema socialista.

Estas acciones tienen la intención, en primer momento, de mover los sentimientos, identificar y reconocer las desigualdades existentes entre hombres y mujeres, las barreras, los tabúes, la resistencia al cambio, el llamado techo de cristal; reflexionar sobre ello y generar valoraciones críticas al respecto; reconocimiento de desigualdades sin un fundamento biológico y sí cultural y social, por tanto sí se encuentran en este nivel es posible generar un cambio en este sentido, cambio que evidentemente no se da dará en periodos cortos sino en espacios prolongados de tiempo. La capacitación entonces tiene la intención de reforzar estos elementos y desarrollar las capacidades y habilidades para generar ese cambio, es importante contar con las herramientas teóricas y metodológicas que permitan la instalación de políticas, estrategias y acciones concretas para poder llevar a  cabo el cambio con respecto  a la desigualdad de géneros. 

Sensibilización y capacitación en género.

Se entiende la sensibilización como: el proceso a través del cual se produce un acercamiento a las desigualdades existentes entre ambos sexos y que condicionan los comportamientos en cada uno de los espacios. Es reflexionar sobre ello y hacer entender la necesidad de que se produzcan los cambios.

La sensibilización es el primer paso en todo el camino a recorrer para desarrollar las capacidades necesarias que nos permitan mirar la vida de otra manera e intentar que otros la vea también, a partir de lo cual se enfatiza en contenidos que permiten a las personas revisar el comportamiento que asumimos hombres y mujeres en los diferentes espacios y a su vez movilice el pensamiento en función de la reflexión, todo ello con el propósito de que luego estén en condiciones de obtener información más especializada sobre el género.

Según especialistas[5] esta etapa debe al menos abordar cuatro temas fundamentales:

  • El proceso de construcción de género.
  • La identidad de género.
  • Los roles de género. El acceso y control de los recursos.
  • La familia y las relaciones de género.

La capacitación, en género, por su parte,  dará las herramientas teóricas y metodológicas para intervenir en el proceso de cambio;  está basada en abordar los principales aspectos referidos a la categoría género, sus aspectos conceptuales, la multidimensionalidad de la categoría género; las perspectiva, el enfoque y el análisis de género; el género como producto y proceso en función de analizar los procesos sociales que reproducen las diferencias de géneros y otros aspectos que tienen que ver más particularmente con las desigualdades existentes, no solo en el plano público sino también familiar y comunitario, entre otros. 

Impactos de la sensibilización y la capacitación sobre el funcionamiento de la Unidad Básica de Producción Cooperativa: Papi Lastre de municipio Cauto Cristo, provincia Granma. 

Esta UBPC ha sido desde hace algún tiempo escenario para la implementación de proyectos de desarrollo, de los cuales el proyecto de género: Fortalecimiento de las capacidades de la ACPA, para la implementación de su estrategia de género en una cooperativa del sector agropecuario, a través de acciones demostrativas y replicables en la provincia de Granma” que se llevó a cabo con el objetivo de fortalecer las capacidades productivas a través de acciones que permitan el desarrollo de la mujer, lograr el empoderamiento económico, social de hombres y mujeres en la cooperativa, y el reconocimiento de su aporte al desarrollo social y económico en su entorno, ha sido uno de los que, a nuestro juicio, ha logrado ubicar a esta unidad productora de referencia en la provincia, para el tratamiento a la problemática de las mujeres dentro del sector agropecuario.

Inicialmente se encontraban criterios como:

  • Que las mujeres  se han educado para ser más aptas para la casa, este es un espacio de poder que ellas tienen y no permiten que los hombres interfieran. En los espacios productivos se sienten incapaces  y en ocasiones se subestiman.
  • Los hombres refieren que son ellos los máximos responsables de la generación de recursos y bienes para mantener la familia expresión de que sienten la exigencia por ser los principales proveedores de la familia.
  • Que las condiciones de trabajo son pésimas para que las mujeres puedan desempeñarlas.
  • Que el lugar de las mujeres es en la casa y no en la UBPC, que eso es para hombres etc.

Sin embargo también se reconoció que las cargas y responsabilidades  de los hombres tienen un efecto negativo como parte de la división sexual de las actividades; cuestiones que además son reproducidas hacia las nuevas generaciones, valorando que estas son creencias que nos han inculcado desde la cultura.

Este fue el escenario en el que comenzaron a desarrollarse las acciones de sensibilización y capacitación, con el propósito no solo de transformar conductas y comportamientos de hombres y mujeres, sino de incidir, con ello en los cambios necesarios en la cooperativa.

De manera que a medida que fueron desarrollándose los talleres, comenzaron a notarse cambios significativos; el hecho solo de que tanto hombres como mujeres reconozcan las diferencias que existen denota ya el inicio del cambio, este no seria posible sin que antes las personas identifiquen las desigualdades existentes y la necesidad de transformarlas. Por lo que las transformaciones que se dieron con estas acciones, dentro de la UBPC estuvieron vinculadas a los cambios en los comportamientos y conductas, así como cambios en las estrategias de trabajo, de manera que estos contribuyeron en alguna medida  a generar transformaciones  en la estructura de la cooperativa.

Del total  de 195 trabajadores, solamente 17 eran mujeres, la Junta Directiva estaba integrada por 15 miembros, de los cuales 12 eran hombres y solo 3 mujeres. Luego del proceso de capacitación y con el apoyo de las demás acciones concebidas se lograron incorporara 14 mujeres más como cooperativistas, fortaleciendo con ello también la dirección, incorporando a dos de ellas como reservas.

Estas 14 mujeres incorporadas fueron el resultado del diagnóstico realizado en vistas de generar nuevos empleos a partir de las condiciones y características de la UBPC. Su objeto social es la producción de carne y leche, actividad que requiere no solo de esfuerzo físico producto del ordeño manual  y del cuidado de los animales en horarios nocturnos, sino que además implica sacrificio por el hecho de tener que los hombres y mujeres que se dediquen a ella deben abandonar los hogares desde las horas tempranas de la mañana, lo que puede convertirse en una dificultad para algunas mujeres, si se tiene en cuenta que no existen medios de transporte y por la sencilla razón de que son estas las mayores responsables de organizar las actividades mañaneras de muchas de las familias de los cooperativistas.

Existen cuestiones objetivos que dificultan en alguna medida la incorporación de la mujeres que deben ser resultas, pero las subjetivas pueden convertirse en barreras para el cambio sino no son atendidas con prontitud como es el caso de las responsabilidades no compartidas en el hogar o las diferencias que marca la división sexual del trabajo.

A pesar de estas dificultades expuestas se lograron crear estos nuevos empleos para mujeres, que como solución inmediata y a partir del apoyo con recursos financiados por el proyecto, se logró que estas mujeres se incorporaran a la actividad productiva de la cooperativa y al apoyo a la economía familiar y sobre todas las cosas, que fueran ellas las propietarias de estas fincas familiares, que en otras experiencias se concentraban en los hombres aunque fueran las féminas las que realizaban la atención directa de la producciones a esta escala.

La carencia de medio de transporte hace que se haga un uso excesivo del caballo para fines tanto productivos, personales como recreativos  y si son los hombres los que más hacen uso de estos animales, pues son ellos también los que más padecen de las dolencias provocadas por esta actividad. La cultura machista que caracteriza los contextos rurales ha provocado que sean los hombres los que asistan con menos frecuencia los puestos médicos y los que menos hagan uso de los servicios de salud, razones por las que son los representantes del sexo masculino los que más mueren de enfermedades  prevenibles  o curables.

Otro de los resultados visibles de estas acciones fue precisamente el haber logrado que un grupo de  hombres asistieran a realizarse exámenes para la detección de enfermedades relacionadas con la próstata. Esto da fe de los cambios producidos en el reconocimiento de que todo esta permeado por una construcción cultural y por tanto la posibilidad de comenzar a realizar las cosas de manera diferente.

Se formaron como referentes de género miembros de la Junta Directiva, claves para los mecanismos efectivos de toma de decisiones en fusión de  potenciar la participación de las mujeres. A diferencia de otros escenarios en los que también intervino el proyecto, en este caso los referentes fueron el presidente de la Papi Lastre, Jefe del área de gestión de los Recursos Humanos, la económica y la veterinaria principal. Como característica del sector agropecuario ha sido la insuficiente sensibilización de los directivos y funcionarios del Ministerio de la Agricultura[6], lo que ha incidido en las dificultades que encuentran las mujeres a diario para acceder a determinados puestos laborales o de dirección (Techo de Cristal).

Las UBPC carecen prácticamente desde que se crearon de autonomía de gestión esto esta dado fundamentalmente por los barreras que han impedido que estas puedan tomar sus propias decisiones en los diferentes ámbitos, destacándose de ellas el acompañamiento constante de las empresas a las cuales pertenecían dichas cooperativas, las que se encargaban no solo de manejar todos sus recursos sino que además definían sus planes de desarrollo a partir de los cuales se organizaban los planes de producción por un termino de cinco años. Los cambios que se han experimentado en cuanto al reordenamiento de las relaciones productivas y el modelo económico cubano  se procura que las cooperativas, en cualquiera de sus formas gocen de autonomía que puedan ir adquiriendo en la medida que puedan auto dirigirse y ser autosuficientes económicas y socialmente.

Acontecimiento que fue aprovechado para contribuir, desde esta experiencia, a desarrollar capacidades que le permitan a  los cooperativistas a trazar sus propias líneas de trabajo, identificando sus propias capacidades y las características del entorno en el que se mueven. Todo ello recogido en una planeación estratégica pero con una mirada diferente, el enfoque de género. Esta planeación tiene la intención no solo de llevar a la cooperativa por mejores caminos que los transitados, sino hacerlo con la posibilidad de que hombres y mujeres puedan participar en igualdad de oportunidades en todos los procesos.

A pesar de estos notables cambios todavía subsisten criterios arraigados y comportamientos discriminatorios, ello es muestra de que la transformación que se quiere y espera depende mucho de la subjetividad de las personas y de la forma como se proponga generar el cambio. Como resultado de un proceso cultural es posible la desconstrucción de patrones de conducta sexistas y roles designados, pero que implica tiempo, en unas personas mas que otras atendiendo sobre todo el grado de madurez alcanzado por los individuos, donde los valores aprendidos son cada vez más firmes y difíciles de transformar.

Aún se cree que las cuestiones relacionadas con el género solo están vinculadas a las mujeres lo que ha resultado en la escasa presencia de los hombres en los comités de género y actitudes de resistencia de algunos dirigentes para abordar la problemática, ello esta dado fundamentalmente  por la masculinización que predomina en el sector y la insuficiente participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones, lo que ratifica la necesidad de continuar la lucha por romper mitos y barreras que lastran la participación de los hombres en estos procesos y sobre todo de las mujeres.

Como otra de las debilidades resalta los argumentos de que ellas hacen mejor las cosas, son mas organizadas, exigentes y hacen mas bellas las actividades, todo lo cual incide en los niveles productivos, estas son algunas de las motivaciones que se han experimentado sobre la mayor incorporación de las mujeres a la producción animal. No siendo significativo su aporte económico a la actividad a partir de sus capacidades.

Permanece en algunas mujeres la concepción de que los hombres son los proveedores de la casa y otras ni siquiera han sentido las desventajas que existen entre hombres y mujeres, muchas veces naturalizando la diferencia de roles en los espacios públicos y privados. Existen también confusiones sobre las diferencias que se han establecidos como parte del proceso social y cultural y  las aspiraciones establecidas por las normativas legales y los principios del sistema socialistas cubano.

Se evidencian expresiones de discriminación al interior de los hogares, aun cuando en la cooperativa se han dado cambios. Las expresiones o chistes sobre la problemática demostrando los vacíos formativos y de las resistencias que frenan el avance hacia la equidad, dando fe de cuanto aun queda por andar en la lucha por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Se ha intencionado más en la incorporación de las mujeres por su aporte económico que por la implicación de ello en la dinamización de los procesos socio-económicos familiares y locales y su empoderamiento[7].

Consideraciones finales: 

  • Los proyectos de desarrollo constituyen alternativas indispensables en la actualidad para el impulso y la transformación social en contextos de alta vulnerabilidad económica y social y si estos contienen entre sus principios la lucha por la igualdad  y justicia social, propiciado por un enfoque de género se convierte en una herramienta mucho más valiosa para producir el cambio.
  • El enfoque de género en los proyectos de desarrollo va mas allá del mero hecho de incorporar a las mujeres a la vida pública por medio de la actividad productiva o de servicio, implica además empoderar a las mujeres, es decir, incorporar todo su potencial y hacerla participe de todos las actividades en los diferentes ámbitos y no en los que tradicionalmente se han estado subsumidas, en vistas de que se detengan los procesos y estructuras que reproducen la posición de subordinada, que pueda acceder al los espacios en igualdad de condiciones que los hombres y a su vez pueda compartirlo en total plenitud, sobre la base de relaciones sociales más justas  y con pleno reconocimiento de su aporte a la sociedad y a la familia.
  • La incorporación de este enfoque constituye una herramienta metodológica que se fundamenta en el principio de la participación y la construcción colectiva para generar el cambio, a partir de las necesidades, derechos y oportunidades de hombres y mujeres. Esto requiere que se produzcan ante todo procesos de sensibilización que contribuyan al reconocimiento de las desigualdades y de la necesidad del cambio. Proceso en el que deben ser objeto y sujeto los decidores/as por el papel que juegan en el trazado de políticas y en la toma de decisiones en las que casi siempre las mujeres hemos sido desprivilegiadas.
  • Como herramienta, además, permite visualizar en que estado se encuentran las mujeres con respecto a los hombres a partir de algunos indicadores con los que de forma casi habitual se trabajan: los roles que desempeñan unas y otros en los diferentes contextos (publico y privado); la división sexual del trabajo; el acceso a los recursos y el control sobre ellos, el acceso a los espacios de toma de decisiones; el reconocimiento de las necesidades practicas y estratégicas de las mujeres; la igualdad de oportunidades, entre otros.
  • La dimensión de género en las políticas de desarrollo no solo permiten visualizar a las féminas y su situación con respecto al resto de los grupos sociales que forman parte del medio en el que se desenvuelve, sino también posibilita la descontrucción de identidades, mitos y tabúes que se han instalado como parte de nuestra cultura, condicionando nuestros comportamientos y que también afectan a los hombres.

Bibliografía.

  1. Bringas Linares, José Antonio: Protocolo para integrar el enfoque de género en proyectos de ACPA. Publicaciones Acuario, Centro Félix Varela, La Habana, 2011.
  2. Castañeda Marrero, Ana V. Inalvis Rodríguez Reyes: Guía para el desarrollo de los talleres de capacitación en género, en: Género y Educación. Selección de Lecturas. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2008.
  3. Colectivo de autores: Estudios sobre Desarrollo Local, Innovación Social y Género. Editorial Academia. La Habana, 2008.
  4. Constitución de la República de Cuba.
  5. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Resolución No. 29 de 2006.
  6. Nora Hernández, Carmen: Género: Selección de Lecturas. FEPAD. Editorial Caminos, La Habana, 2008.
  7. Nora Hernández, Carmen: Síntesis de la sistematización de la Estrategia de Género de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA). Publicaciones Acuario. Centro Félix Varela, La Habana, 2011.
  8. Nova González, Armando: Bibliografía Básica para la Maestría en Gestión y Desarrollo de Cooperativas. 4ta Edición 2012.
  9. Vasallo Barrueta, Norma y colectivo de autoras (Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana.) Género: Aspectos conceptuales y su aplicación. Publicaciones Acuario. Centro Félix Varela, La Habana, 2011.


[1] Nova González, Armando: Bibliografía Básica para la Maestría en Gestión y Desarrollo de Cooperativas. 4ta Edición 2012.

[2] El principio de igualdad no implica necesariamente la desaparición de todas las discriminaciones. Es una condición necesaria pero no suficiente para alcanzar una situación igualitaria ya que no permite reducir las diferencias sociales de partida. Cuando exista la corresponsabilidad y la equidad entre ambos, estaremos en presencia de la igualdad de oportunidades, para lo cual se hace necesario el tratamiento diferenciado o acciones positivas a las mujeres para el logro de la igualdad.

[3] Protocolo para el enfoque de género en los proyectos de ACPA

[4] Constitución de la República de Cuba.

[5] Castañeda Marrero, Ana V. Inalvis Rodríguez Reyes: Guía para el desarrollo de los talleres de capacitación en género, en : Género y Educación. Selección de Lecturas. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2008. Pág. 63.

[6] Nora Hernández, Carme: Síntesis de la sistematización de la estrategia de género de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) . Publicaciones Acuario. Centro Félix Varela, La Habana 2012.Pág. 15.

[7] Nora Hernández, Carmen: Síntesis de la sistematización de la Estrategia de Género de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA). Publicaciones Acuario. Centro Félix Varela, La Habana, 2011. Pág. 32.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Maceo Vargas, Arianna Inés y Monzón Novoa, Ricardo: "La capacitación de género como alternativa para generar el cambio: experiencias en el sector cooperativo" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, octubre 2013, en http://caribeña.eumed.net/sector-cooperativo/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.