SOCIEDADES MERCANTILES CATALANAS EN SANTIAGO DE CUBA EN EL PERIODO DE 1864 A 1890

Resumen
A través de los documentos mercantiles atesorados en los archivos históricos de la ciudad de Santiago de Cuba, así como la literatura nacional y extranjera revisada conocimos la magnitud del comercio catalán en la ciudad .En el trabajo analizamos las Sociedades mercantiles catalanas en Santiago de Cuba en el periodo de 1864 a 1890 para la que se ha tenido en cuenta la influencia de los acontecimientos relevantes, de índole, político, económico y social, en este duro período de la guerra.
Las asociaciones creadas por los emigrantes constituyen uno de los elementos más relevantes de su actuación colectiva. Por otro lado, buena parte de la recuperación de la visibilidad de estos emigrantes y nos referimos en particular a la emigración española hacia América del último siglo y medio ha sido posible a partir de estas entidades asociativas. Las asociaciones son la memoria institucional de la emigración y la parte más visible de ella.
En ellas se ha reflejado una cierta memoria colectiva de la emigración y dentro de las mismas se han evidenciado las tensiones identitarias y de desarraigo que atraviesan esta memoria. Entiendo que se ha descuidado en cierta medida, al menos en algunas regiones, esta memoria de la emigración a América, en parte por su lejanía en el tiempo. Las asociaciones son un elemento material fundamental para la reconstrucción de la misma, tarea que tiene cierta urgencia por el peligro de desaparición de las mismas o de modificación sustancial de su significación primera. Fueron un elemento importante de la presencia española en América y de la visualización que desde América se tenía de esa presencia, y en alguna medida lo son en la actualidad.
Palabra clave: Catalanes, Comercio, Sociedades.

Las asociaciones creadas por los catalanes constituyen uno de los elementos más relevantes de su actuación colectiva es visible la tendencia a asociarse según la pertenencia a una región y el desempeño de determinadas ocupaciones. Estas asociaciones tienen también significación porque podían ser vistas así mismo como ámbitos en los que se trasmitían un conjunto de valores, de prácticas sociales y  económicas.

Desde las primeras décadas del siglo XIX se constituyen en Santiago de Cuba las primeras sociedades mercantiles. Los comerciantes catalanes establecidos en la ciudad hicieron suya esa modalidad mercantil, introducida por los inmigrantes franceses, lo que les permitió convertirse en comerciantes poderosos. “Santiago tuvo la gloria de ser la primera de las ciudades del país en que se manifestó el espíritu asociativo entre las clases comerciales”[1].

La sociedad cubana desde 1837 había estado regida por supuestas leyes especiales que nunca se definieron, ni redactaron, ni fueron  establecidas. Esta situación permitió a los Capitanes Generales aplicar, facultades omnímodas. Por esta razón, con anterioridad a 1878, la fundación de asociaciones dependía de la administración colonial con respecto a la Isla.

La actividad mercantil organizada estuvo en sus comienzos en manos de propietarios individuales; pero en la medida en que la economía se racionalizaba y se cumplía progresivamente el ámbito espacial  de esa actividad, las fuerzas aisladas  resultaron impotentes para montar  y desarrollar el conjunto instrumental de elementos heterogéneos que requiere la explotación determinada de un negocio y para asumir los riesgos cada día mayores que implicaba el ejercicio del comercio en gran escala. No obstante, continuaron los establecimientos mercantiles con capital individual.

La práctica imposibilidad de que el capital aislado acometiera determinadas empresas que requerían  aportación de crecidos capitales sirvió de punto de partida para la futura evolución  de los negocios; buscando en la cooperación de otros, los elementos precisos para su acontecimiento y estabilidad en el periodo, siempre incierto y peligroso de los primeros momentos.

Formar parte de una sociedad mercantil para un catalán asentado en Santiago de Cuba era la posibilidad  real de aumentar sus ganancias y la gran fortuna que había venido a buscar a América. Cuando tenía cierta cantidad de dinero se unían dos o más individuos  que tuvieran las mismas aspiraciones  y ofrecieran confianza. También los empleados  de cualquier razón social podían incluirse en ella aportando determinado capital. Estas sociedades mercantiles se constituían ante notario a partir de 1829 y adoptaban la forma de regular, comanditaria y anónima. En la escritura de constitución de la misma constaban los nombres y apellidos de los integrantes,  procedencia, capital aportado para cada uno de ellos, giro mercantil, años de duración y algunos términos sobre la posible liquidación  una vez terminado el contrato o adelantado si las condiciones lo exigieran.

Existen distintos tipos de sociedades, tanto en la industria como en el comercio, con sus características esenciales y  respectivos modos de operar. Entre las mismas se destacan las “Colectivas Regulares”, las “Comanditarias Simples” y las “Anónimas”. Las dos primeras son mayoría en el período que analizamos, ya que para su conformación se necesitaban capitales pequeños. No siendo así con las Anónimas que pese a ser la forma superior de asociarse, abundaban poco, debido a los escasos capitales fuertes con que contaban, generalmente  superiores a los  100 000 pesos.

Las sociedades comanditarias eran las preferidas por los catalanes. Los socios comanditarios tienen la responsabilidad limitada al capital que aportaban a la sociedad y no podían intervenir en la acción administrativa, solo podían actuar y fiscalizar en el momento del balance al final del año. Esta modalidad de sociedad comandita fue la más utilizada por la rotación socios que les permitía continuar obteniendo beneficios de la compañía a los que habían hecho un capital, para retirarse del negocio activo. Esto era lo que más anhelaban los catalanes, hacer un afortuna y regresar a Cataluña.

Reconocer, pues, que los catalanes han constituido un factor importantísimo, es de justicia, puesto que es el departamento oriental de Cuba un testimonio de ello. Se entregaban al trabajo, al progreso industrial y comercial, de una manera decisiva y eficaz en la más amplia  acepción de la palabra.

Después de la década de 1860 a 1870, fueron un gran número los catalanes que se retiraron del comercio y de la industria de Cuba y particularmente de Santiago de Cuba. Unos vendieron, otros traspasaron, otros los transmitieron a sus  hijos y sus posiciones fueron  ocupadas por fuertes núcleos de asturianos, vascos y gallegos. Posteriormente al finalizarse la Guerra de Independencia, se redoblaron los traspasos y los retiros, si bien muchos se quedaron a residir aquí a hacer vida  particular y a educar la familia aquí creada; otros totalmente arruinados prefirieron la ruina a dejar de pagar sus deudas comerciales y regresaron a Cataluña. El viaje de regreso era costoso –a menudo el trabajo de los primeros meses sólo servía para poder pagar el viaje– y muy largo –la travesía no se hacía en menos de un mes. Lo cierto es que muchos de los naturales de Cataluña establecidos en Cuba no consiguieron la fortuna esperada y volvieron a casa tan pobres como cuando se habían marchado, mientras que otros se quedaron a vivir para siempre más en la isla, o, en el peor de los casos, murieron en plena juventud víctimas de las múltiples epidemias que afectaban aquellas tierras. La cuantificación de los regresos es difícil y la fuente más empleada para averiguar el fin de la aventura americana de algún emigrante sería la consulta de los padrones municipales de habitantes. En todo caso, pero, lo que sí podemos decir como tendencia general, es que el emigrante que volvía había permanecido aproximadamente unos 15 años en América, y cuando volvía tenía una media de 35 a 40 años.

En contraposición al emigrante fracasado existía el emigrante triunfador. Aquel que al volver a casa dejaba clara su impronta, con la edificación de grandes casas ajardinadas, de un estilo arquitectónico con connotaciones inequívocamente antillanas, que se implicaba en la filantropía y las obras sociales, o bien invertía su fortuna en empresas que reactivaron la economía de Cataluña. Se trataba, en cierto modo, de una repatriación de capitales, que en algunos casos podía significar –cuando se invertían en la industria– el asentamiento de las bases para el desarrollo de un primer capitalismo local. Estos personajes eran los indianos o americanos.

Los pequeños y medianos comerciantes no contaban con fuertes capitales y los pocos que sí contaban con sustanciales sumas para los negocios, ya en este período habían regresado a Cataluña. Pero esto no impidió que se siguieran hallando  diversas soluciones para inscribirse en los registros de comerciantes o reinscribirse en los protocolos notariales para darle continuidad a una sociedad ya formada.

Espíritu de cuerpo y asociación poderosa, son definiciones que casan bien, en la esfera de los negocios. Se trata de una peculiaridad bastante extraordinaria de los catalanes. De aquellas estrechas relaciones asociativas surgiría una compleja organización comercial, clave de la estructura comercial llevada por los catalanes, y que se basa en el apoyo mutuo y en la unión de los comerciantes minoristas.

A partir de 1886 con la creación del Registro Mercantil de la propiedad provincial se comienzan los controles específicos de sociedades mercantiles y de los comerciantes al establecerse libros separados para cada uno de ellos. Allí se consigna al inscribirlo diversos datos que permiten apreciar la magnitud del establecimiento mercantil, su nombre, capital invertido, dirección propietarios y otros y en los libros de Sociedades se incluyen también el nombre e integrantes de las mismas, capital total y aportado por cada uno de ellos, duración, etc.

Conclusiones

Como se observa en las tablas, los catalanes siguieron presentes en el comercio de la ciudad de Santiago de Cuba en el período de 1860 a1894 a pesar de la situación política, económica y social que presentaba la ciudad de Santiago de Cuba en pleno período de Guerra. A través de los documentos mercantiles atesorados en los archivos históricos de la ciudad así como de la literatura revisada, puede observarse la magnitud del comercio catalán. No obstante, éste no se comportó en los niveles que pueden apreciarse entre 1810 y 1840, años en que este grupo fue mayoritario y poderoso, pues para esta época ya no constituía mayoría migratoria.

En este duro período de la guerra y sus secuelas, se reduce la cantidad de inscripciones de establecimientos y sociedades mercantiles propiedad de catalanes, y ello se demuestra en los Protocolos Notariales, aunque se siguen formando sociedades mercantiles con menos capital.

Podemos encontrarlos la mayoría de las veces en los mismos giros y direcciones, batallando por ganar dinero y poder regresar a Cataluña, meta propuesta de cada uno de los que cruzó el Atlántico en este siglo y la cual menos de la mitad pudo lograr. Sintetizando, podríamos afirmar que en la ciudad de Santiago de Cuba, el comercio catalán se desenvolvió con eficacia, la cual les permitió a muchos pasar al siglo XX y alcanzar la fortuna deseada.

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[1] Martínez y Ramírez, Miguel Ángel: Conmemorativo del Cincuentenario de la Cámara de Comercio de Santiago de Cuba (1885 – 1935), Folleto, Tipografía Franco, Santiago de Cuba, 1935, p.22.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Gongora Blanco, Yuliet: "Sociedades mercantiles catalanas en Santiago de Cuba en el periodo de 1864 a 1890" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, febrero 2013, en http://caribeña.eumed.net/sociedades-mercantiles-catalanas-cuba/

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