UNA MIRADA AL ASOCIACIONISMO EN CUBA: SOCIEDADES NEGRAS Y SU CONTRAPARTE BLANCA. SIGLO XIX-XX

Resumen
El presente artículo titulado ¨Una mirada al asociacionismo en Cuba, sociedades negras y su contraparte. S-(XIX-XX). Es un artículo que relata los procesos del asociacionismo en sus inicios en la Isla de Cuba especificamente en la sociedades negras o de color. La comparación que llebaban las mismas con las sociedades blancas o liseos que eran el paradigma social en la época colonial y republicana. Todas estas sociedades negras o cabildos de nación como se les llamó en sus inicios comienzan con la entrada de esclavos africanos a la Isla y se les da el derecho de asociarse por las diferentes étnias que representaba, como lo fueron los mandingas,carabalíes, yorubas, congos, makuás, etc. Luego en la llegada de la república surgen como sociedades de socorros mutuos y ya en su membresía se encontraban criollos, es decir negros nacidos en Cuba y personas de diferente color pero de bajo adquisición económica; en ese tiempo dichas sociedades tenian como objetivos la ayuda social entre la clase pobre de los tiempos republicanos.
Palabras claves: asociasionismo, sociedades,étnias, cabildos, criollo, mulato

Introducción

Este artículo trata de modo general y a nivel nacional la aparición de las formas asociativas más antiguas en la isla y la evolución y transformación de las mismas con el paso del tiempo. También trata cómo los cambios políticos y económicos de la época influyeron en las clases populares, para que estas inclinaran sus Sociedades hacia un objetivo principal, igualarse a las Sociedades de la raza blanca, buscando la integridad social y el reconocimiento del negro en la sociedad.

Para las investigaciones históricas regionales los estudios que abordan la temática de las sociedades negras durante el periodo neocolonial resultan   significativos teniendo en cuenta que complementan el conocimiento de la vida social, política y cultural de las distintas regiones cubanas en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Para los estudios históricos investigar estas sociedades constituye un compromiso y un homenaje de las ciencias históricas, En Cuba se han realizado varias obras que centran su interés en el estudio del   negro dentro de la sociedad insular y luego en la neocolonial, sus diferentes modos de actuación, sus aportes al desarrollo económico y sociocultural durante los años de dominación colonial y neocolonial, en la cultura así como sus diferentes formas de asociación como los cabildos de nación, las sociedades negras o de origen africano con matiz de instrucción, ayuda mutua y socorro.

El asociacionismo tiene diversas versiones y el estudio de este fenómeno en conjunto con las capas populares hace que cada autor proveniente de diferentes tradiciones intelectuales y problemáticas muy diversas, tengan diferente percepción sobre dicho fenómeno social, es el caso del francés Maurice Aghulon, en las tres formas de asociacionismo benéfico: mixto, estatal y privado[1](ver anexo1). Debe tratarse con la obligada referencia a los mayores exponentes en el patio cubano, como lo es María del Carmen Barcia con el libro Capas Populares y Modernidad en Cuba, Apellidos ilustres de los negros en La Habana Colonial; María Victoria Sueiro con su tesis Cienfuegos 1840-1898: Vida y cultura en las sociedades de Instrucción y recreo.

Debe destacarse que una de las formas asociativas más antiguas que existió en la Isla fue la de los cabildos. Estos fueron fomentados por la administración colonial para controlar, desde el poder, a los sujetos que los integraban. Legalmente sólo podían agrupar a los negros africanos de una misma etnia, pero en la práctica esa disposición era violada con frecuencia al participar en esas congregaciones, tanto los integrantes de las diversas regiones africanas que habían llegado a la Isla, como sus descendientes criollos. El objetivo legal era realizar reuniones, previa autorización, en los días festivos.

En esas ocasiones tocaban sus instrumentos tradicionales, cantaban y bailaban, y de esta forma conservaban y trasmitían diversos elementos de sus culturas de origen. Pero los cabildos también fueron centros de subversión social; muchas conspiraciones encabezadas por miembros de los sectores negros y mestizos, que por lo general formaban parte de los batallones de pardos y morenos, se organizaron en ellos, esta cuestión puede apreciarse en la célebre conspiración dirigida por José Antonio Aponte, quien a su vez presidía el cabildo Changó Teddún.[2]

Los cabildos de nación, fueron expulsados hacia la zona extramuros en 1792; esta medida fue ratificada en 1842, y el 16 de julio de 1868 fue vetada la entrada de los criollos a los mismos, cuestión que evidencia que ese fenómeno se estaba produciendo. En 1877 sus bailes, principal motivo de las reuniones que efectuaban, fueron sujetos a aprobación expresa y estricta de las autoridades, pero en la práctica nada de esto pudo eliminar su accionar cotidiano.[3]

Pero la función más práctica e inmediata de los cabildos era la recaudación de fondos para socorrer a sus integrantes, ante coyunturas difíciles, es decir, constituían una suerte de sociedad de socorros mutuos cuyo vínculo de unión era la línea del color, porque en ellos participaban tanto los africanos libres como los que estaban sometidos a servidumbre.

El aspecto más dinámico promovido por la Ley de Asociaciones, fue crear las condiciones históricas que generaron el reagrupamiento de las capas populares, como lo fueron, peninsulares, extranjeros y cubanos; blancos, negros, mestizos y chinos; espiritistas, católicos, obreros, masones y descreídos. Se congregaron para tener una marcada relación y protegerse mutuamente. Sus intereses, contrariedades y preocupaciones se vieron reflejados en sociedades de diversas tipologías.

Las sociedades tradicionales de socorros mutuos, encargadas de proteger a los individuos de menores recursos, resultaron rápidamente incrementadas desde el punto de vista numérico; las benéficas, que habían comenzado a proyectarse en los años setenta; las deportivas que, al igual que las culturales, se relacionaban ahora con formas más masivas de participación popular; las profesionales, que amparaban intereses sectoriales o relacionados con la modernización de la sociedad y sobre todo las que protegían a los trabajadores, cuyo número llegó a constituir una preocupación para la administración colonial.

Sin embargo, tras la aplicación a Cuba de la Ley de Asociaciones, muchos cabildos se inscribieron como sociedades de socorros mutuos, ya en el caso del negro, fue una cuestión que permitía el libre acceso de sus descendientes criollos; en tanto otros, con una proyección más amplia, se asentaron como sociedades culturales, de instrucción y recreo o benéficas. Las asociaciones de beneficencia existieron en Cuba desde la última decena del siglo XVIII, pero fueron construidas desde el poder colonial para sanear el “cuerpo social”.[4]

De igual forma que debían curarse y prevenirse las enfermedades, la sociedad debía ser purificada de mendigos, prostitutas y sobre todo, de los niños indigentes que pululaban por las calles y tenían que ser instruidos para convertirlos en ciudadanos útiles. La educación de las niñas las preparaba para las labores domésticas, cuestión que según criterios de la época contribuía a adiestrarlas para el matrimonio o en su defecto, para trabajar como sirvientas; de hecho, las propias instituciones que las educaban, se encargaban de “colocarlas” en las casas de las familias que solicitaban este servicio. Esa fue la función principal de la Casa de Beneficencia que funcionaba vinculada al Hospital de San Francisco de Paula y a la Casa de Recogidas. Paralelamente, los varones eran instruidos en oficios para que pudieran ganarse la vida de una forma útil. Estas instituciones benéficas sólo por excepción transgredían la línea del color y generalmente limitaban su esfera de acción a los niños y niñas blancos.[5]

Los cubanos, blancos, negros y mestizos, pertenecientes a las capas populares, también trataron de organizarse en asociaciones, aunque estas se orientaron más que nada a la instrucción y al recreo. En algunos casos, al igual que ocurría entre las españolas, se observaba la presencia en éstas de cubanos acomodados e ilustrados como fue, por ejemplo, el caso de La Caridad del Cerro, revitalizada en 1892 bajo la presidencia del marqués de Esteban. Paralelamente se mantenían sociedades como la de El Pilar a la que hemos hecho referencia por sus actividades de beneficencia y socorros mutuos, y los tradicionales Liceos existentes desde la primera mitad del siglo XIX, destacándose en La Habana los de Guanabacoa y Regla, en los cuales tuvieron una presencia destacada los cubanos liberales. [6]

Inicialmente las sociedades de instrucción y recreo de negros y mestizos, al igual que las organizadas por los blancos, sólo admitían a las mujeres en calidad de hijas o esposas y no como asociadas. Esto resultaba más chocante aún si se tiene en cuenta que en la sociedad colonial, marcada por la esclavitud, las mujeres de color, esclavas o libres pertenecientes a las capas populares, habían tenido que trabajar para contribuir al sustento de sus familias; esto les había procurado una presencia en los espacios públicos y una actividad mucho más socializada que la de la mayor parte de las mujeres blancas. Tal vez por esta razón, las negras y mestizas fueron mucho más audaces e innovadoras que las blancas y promovieron desde los años ochenta, sociedades que excluían a los hombres, como fueron los casos, por ejemplo, de Nuestra Señora del Carmen, y de La Caridad.

Las capas populares aprovecharon el comienzo de la década de los años ochenta y se agruparon en asociaciones de diverso tipo para garantizar sus intereses colectivos e individuales y tener un cuerpo que fuera capaz de representarlos. Este proceso se desarrolló a lo largo de toda la Isla, pero tuvo una presencia más activa en los pueblos y ciudades más importantes, ya fuera económica y políticamente, como fue el caso de La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Santiago de Cuba, entre otros.

Aunque menos poderosas en el plano económico, las sociedades de instrucción y recreo de pardos y morenos fueron muy numerosas, en 1887, tras la abolición de la esclavitud, llegaban a 139. Estas se fundaron a lo largo de toda la Isla, tanto en las ciudades más importantes, como en los pueblos más pequeños y por lo general desempeñaron un papel trascendente en el desarrollo de los negros y mestizos en varias direcciones, encausándolos por la vía del progreso a partir de la educación, enseñándolos a aprovechar las vías legales para su proyección social y para defenderse contra todas las manifestaciones de discriminación racial, y mostrándoles, paralelamente, las vías para obtener el ascenso social.[7]

En 1892, periodo que se organizó El Directorio Central de Raza de Color de Cuba, se acentúa la tendencia a la utilización de nombres unificadores. Este propósito tuvo su más alta expresión en La Unión Fraternal de La Habana, ejemplo de unificación de los distintos sectores populares. Una sociedad de instrucción y recreo negra, era aquella asociación que reunía en su membrecía a un grupo social libre, generalmente trabajadores y donde un buen número de ellos tenían oficios: eran sastres, maestros, periodistas, músicos, carpinteros, que anhelaban y buscaban en estos espacios locales el recreo y la diversión a través de espectáculos, fiestas, veladas, reuniones, conciertos musicales, representaciones teatrales. Lo principal, era alcanzar un mínimo de nivel educacional que les permitiera poder entrar en el concierto novedoso de la modernidad y de movilidad social urbana del momento, con miras a ocupar mejores puestos ocupacionales en la sociedad.[8]

Para ello se esforzaban en aprovechar los espacios de las sociedades como pequeñas escuelas y la sostenían, en la mayoría de los casos, con sus modestos recursos. Eran en ellas donde se lograba y se podía alcanzar el nivel instructivo necesario para los fines que perseguían. Se preocupaban, por tratar de difundir sus inquietudes y anhelos a través de las publicaciones que editaban. Las directivas de estas sociedades negras, estaban estructuradas de la siguiente manera: un presidente, un vicepresidente, un secretario, un vicesecretario, un tesorero, vocales y suplentes. En caso de poseer una biblioteca contaban con un bibliotecario que formaba parte de la directiva.[9]

Las sociedades negras mantuvieron su importancia al iniciarse el nuevo siglo XX; el periódico Previsión relacionaba 70 sociedades negras; 18 en Oriente, 2 en Camagüey, 19 en Santa Clara, 10 en Matanzas y 21 en la Habana, 8 de las cuales se encontraban en la Capital. Llama la atención que pocas tenían nombres religiosos, solo dos se denominaban La Divina Caridad y una Santa Catalina; la influencia de la estructura organizativa de los patriotas en la emigración se evidenciaba en que ocho de ellas se calificaban como clubes, en tanto sólo una se denominaba casino y dos se consideraban círculos.[10]

La importancia de las aspiraciones de los sectores negros y mestizos, se evidencian también en los nombres que daban a sus asociaciones, cuatro se denominaban El Progreso, tres El Porvenir, tres La Igualdad y en seis de ellas aparecía, de una u otra forma, la palabra Unión. Los nombres de ocho se relacionaban con patriotas de la guerra, cinco con Maceo: Glorias de Maceo, Nueva Estrella de Maceo, Círculo Maceo, y dos, Gran Maceo; otras dos se denominaban Club Moncada y la última de este tipo, José Maceo. Fuera de estas figuras de la guerra sólo aparecía otra personalidad de raza negra, la de Juan Gualberto Gómez. Cuestión que manifiesta la importancia que había alcanzado como líder de ese sector. Una de las cuatro agrupaciones de Cienfuegos, llevaba el nombre de Minerva, debe destacarse en este contexto que Úrsula Coímbra de Valverde, fundadora de la primera revista que llevó ese nombre era, precisamente, de la Perla del Sur.[11]

Otras fuentes permiten conocer algunas sociedades negras que no reseñaba el Diario Previsión, anteriormente citado. En Santiago de Cuba, por ejemplo, además de las mencionadas, funcionaban el Casino Cubano, Silencio Fraternal, Círculo de Obreros, Club Juan de Góngora, El Tívoli, El Alto Pino, El Fiberé, La Cobrera, El Nuevo Fiberé, el Gremio de Ganaderos, el Gremio de Panaderos, y El Cocuye. A lo largo del siglo se fueron fundando otras como Redención, en el barrio obrero de Pogolotti que, aún cuando había sido fundada por negros expresaba que en sus salones tendrían acogida los vecinos blancos, como prueba del interés por mantener el amor cubano del verdadero patriota que desea hospitalidad para sus fiestas y albergue para sus dolores.[12]

Algunas sociedades como Unión Fraternal, de la Habana, tenían una larga historia, ésta había sido fundada a finales de 1885, pero su inauguración no tuvo lugar hasta el 25 de abril de 1886, fue de las primeras en adscribirse al Directorio Central de las Sociedades de Color de la Isla de Cuba, y atravesó por numerosas dificultades; en 1904 comenzó a dar clases nocturnas gratuitas e inauguró una biblioteca, pues su principal propósito era la superación de los negros y mestizos, proporcionó la instrucción necesaria para poder ingresar en la policía a los elementos “de color” interesados en ello, a través de la creación del Aula Planas.[13]

Paralelamente surge desde finales del siglo XVIII y principios de siglo XIX en Cuba sociedades de la raza blanca y las primeras que se conforma como sociedades impulsadas por el espíritu de la ilustración fueron La Sociedad Económica Amigos del País (SEAP) y el Real Consulado de Agricultura y Comercio de La Habana.[14]

Otras que se funda la sociedad benéfica de inmigrantes españoles en la Isla de Cuba fue la de Naturales de Cataluña, el 1 de agosto de 1841. Tenía su sede en la calle Lamparilla no. 2 y contó, inicialmente, con 102 socios. En 1871, los gallegos acordaron fundar una sociedad similar, ésta quedó formalizada en 21 de enero de 1872 en los salones del Casino Español de la Habana, con la asistencia de 165 socios. También los asturianos intentaron fundar una sociedad benéfica ese año o a principios del siguiente, pues existe un proyecto de reglamento que data del mayo de 1872; en esa intención estuvieron involucrados José Valle y Juan Antonio Bancés, ricos fabricantes de tabaco y el dirigente obrero reformista Saturnino Martínez, que en esa época era bibliotecario de la Sociedad Económica de Amigos del País y presidía el semanario obrero La Razón. A pesar de estas intenciones, los asturianos no lograron establecer su sociedad hasta el 8 de septiembre de 1877, bajo la presidencia de Vicente Galarza, ligado al comercio tabacalero.[15]

La concepción que presidió la creación de los centros regionales fue mucho más amplia. Esta se concretó el 29 de noviembre de 1879 con la fundación del Centro Gallego de la Habana que inició el despegue de este tipo de asociaciones, cuyas asentamientos se enmarcaron entre 1886 y 1892, etapa en la cual  se organizaron los asturianos, canarios, andaluces, montañeses, vascongados, castellanos, urgaleses, murcianos, aragoneses y baleares.[16]

La importancia de La Habana como centro económico y administrativo se refleja en el número de inscripciones que se realizaron en su Registro de Asociaciones: entre 1879 hasta parte de la década 1930, se inscribieron 407, la mayor parte gremios de trabajadores, sociedades de socorros mutuos, sociedades de beneficencia y sociedades culturales y recreativas.[17]

Otro ejemplo de asociacionismo fueron los casinos que en varias ciudades de Cuba se conformó como el grupo de presión política más reaccionario, integrista e intransigente, tenía su vanguardia en el Cuerpo de Voluntarios, fuerza armada encargada de mantener el orden civil y mantener sus intereses políticos, razón por la cual Cienfuegos fue una de las poblaciones de la Isla que más se apresuró en crear y armar este cuerpo. De esta forma el Casino se convirtió en una especie de autoridad paralela a la del Gobierno. Por otra parte los voluntarios tuvieron un verdadero cuartel general en El Casino Español.[18]

Un número importante de las asociaciones inscritas durante el siglo XIX se concentran entre 1888, momento en que se estableció permanentemente la Ley de Asociaciones y 1895, año en que estalló la guerra por la independencia. Los efectos de la situación bélica sobre la capital se manifiestan en el escaso número de asociaciones inscritas entre 1896 y 1898.

El año 1902 implicó un momento importante de reestructuración social bajo el Gobierno Interventor de los Estados Unidos. Sin embargo debe precisarse que no es hasta veinte o treinta años después de que la Constitución cubana promulgara la igualdad entre todos los ciudadanos, que el asociacionismo por razas ocurre. Se evidencia el divorcio entre la realidad social y los derechos constitucionales de los individuos en la isla.

La situación varió rápidamente, iniciada la república, pues hubo un limitado número de nuevas inscripciones hasta 1917, año en que se inicia un nuevo movimiento ascendente, con altibajos, que alcanza su mayor nivel en el año de 1929, ambos momentos, por diferentes motivos fin de la 1ra Guerra Mundial y crisis financiera generalizada, fueron años que marcaron etapas. Salta a la vista que el número de asociaciones inscritas se corresponde, según la índole de las mismas, con momentos de crisis que requerían la agrupación de los ciudadanos en diversos tipos de colectivos, para manifestar y defender sus intereses en la esfera pública.

La discriminación ejercida por los círculos sociales de instrucción y recreo de la raza blanca, fueron un detonador para la formación de las sociedades negras, ante la exclusión del negro. Sin embargo adoptan un funcionamiento semejante al blanco, toda vez que el asociacionismo negro adquirió unas funciones particulares. Destáquese el contribuir a la integración de sus miembros en la nación en construcción, lo que se expresaba tanto a nivel de su participación en la elaboración del imaginario nacional, como a nivel de su inserción en la sociedad cubana.

A pesar de ello, de la misma manera que resultaba conflictiva su asimilación de un ideario predominantemente blanco y no incluyente, esas organizaciones contradictoriamente reproducen mecanismos de exclusión y de elitismo para alcanzar un lugar en el panorama social. La existencia de distintas asociaciones de este tipo en la misma ciudad, la selección de la membrecía y la jerarquía interna de cada una reflejaban la propia jerarquización de la sociedad cubana.[19]

Aunque se sucedieron grandes cambios sociales y políticos a raíz de la abolición de la esclavitud, de las luchas independentistas y de la proclamación de la República, se nota una continuidad entre el pasado colonial y el período republicano. En la conformación de la estructura jerárquica de Cuba siempre desempeñó un papel relevante el color de la piel. Aquel vínculo establecido entre la condición social y racial había penetrado en el imaginario colectivo con la esclavitud, y siguió presente en las mentalidades a lo largo del siglo XX.[20]

Luego, numerosas sociedades negras republicanas tuvieron su origen en el asociacionismo colonial, en particular de finales del siglo XIX. Tanto la criminalización y represión de las tradiciones africanas como el mantenimiento de los prejuicios raciales impulsaron a una clase incipiente a sociabilizarse creando sus propios círculos sociales. Estos, esperaban alejarse de las imágenes ofensivas comúnmente aplicadas a las personas de piel oscura, y demostrar su capacidad para integrarse en la sociedad civil emergente. En las últimas décadas del siglo XIX, los criterios de acceso a ciertas asociaciones ya reflejaban unas desigualdades crecientes entre esa población que ahora disfrutaba del respaldo legal de la libertad.[21]

La lucha de los negros y mestizos contra la burguesía representada en su generalidad por la raza blanca, exigían sus derechos civiles, esta lucha de seguro que continuó durante la República. Ni la participación destacada que tuvieron en la Guerra de Independencia, ni sus esfuerzos por ayudar a la libertad del país desde la emigración, ni su presencia en las filas del autonomismo, lograron eliminar las diferencias establecidas durante cuatro siglos.

El conservadurismo en las mentalidades, esas prisiones de la larga duración, que se manifiestan en la resistencia al cambio, sobre todo en los grupos económicamente más poderosos y en las capas medias, se manifestó durante esos años y fue avalado por posiciones racistas de la administración durante el período de la intervención norteamericana.

Negros y mestizos habían desempeñado durante cuatro siglos la mayor parte de las funciones productivas y de servicios en la sociedad cubana; en estas faenas los habían acompañado los criollos pobres y también, de manera creciente a partir de 1860, los inmigrantes procedentes de España que alcanzaron un número apreciable en los años comprendidos entre 1910 y 1920.

La cuestión racial estará presente en todos los problemas y manifestaciones sociales de Cuba conjuntamente con lo económico. Ya que en esta período se encuentra Cuba neo colonizada por Los Estados Unidos y donde nuestro mayor socio ya no iba ser el capital español sino el norteamericano, dando lugar a que se  manifestará en los espacios públicos y privados, las formas de sociabilidad y desde luego, en las asociaciones que surgieron durante dicho período.

El hecho de haber adquirido el estatus de ciudadanos permitió a los negros diversificar sus posiciones sociales, aumentando correlativamente sus desigualdades. La evolución del mercado de trabajo y la alfabetización a lo largo de las primeras décadas republicanas demuestran ya en los años 1920 una elevación de nivel social en parte de la comunidad.[22]

Muchos de los negros que comienzan a ocupar cargos en la alta esfera de la política cubana fueron miembros destacados de las sociedades de instrucción y recreo para personas de color[23], y como bien deja ver la Dr. María Victoria Sueiro en su tesis, estas habían surgido a partir del Registro de Asociaciones (13 de junio de 1888) cuando los cabildos para poder subsistir tuvieron que legalizarse como asociaciones culturales.[24]

Numerosos integrantes de las capas populares, incluso sectores de estas, pueden resultar, en momentos coyunturales, marginados del espacio social que ocupan, despidos, huelgas, epidemias, pueden provocar una situación límite que los excluya. Ello sin embargo no los convierte en marginales, a su favor operan las redes de solidaridad obrera, las sociedades de socorros mutuos, o los centros regionales

La mayor parte de asociaciones inscritas aglutinaron a gremios y sindicatos de trabajadores, un segundo lugar fue ocupado por las de socorros mutuos, también las de beneficencia y las culturales y recreativas alcanzaron un número apreciable. La mayor parte de asociaciones inscritas aglutinaron a gremios y sindicatos de trabajadores, un segundo lugar fue ocupado por las de socorros mutuos, también las de beneficencia y las culturales, recreativas alcanzaron un número apreciable.

La década revolucionaria de 1930 también acarreó cambios significativos en la percepción de la población negra en Cuba. Mientras se debatía una definición de la cultura cubana que tomara en cuenta todos sus componentes étnicos, se iban fundando nuevos clubes portadores de ideas igualitarias. El acceso creciente de los negros a diversos espacios de expresión, ya fueran políticos, intelectuales o asociativos, no sólo les permitió ganar estima y derechos, sino que también aceleró su proceso de heterogeneización. Reflejos de este fenómeno, sus organizaciones, persiguiendo siempre la aceptación de sus miembros en la sociedad cubana, también fomentaron cierta disparidad, y continuaron el proceso de aculturación por su identificación con la cultura blanca hegemónica.

Se concibe las expresiones de sociabilidad como el contexto en el que se desarrollan las redes y sistemas de relaciones sociopolíticas de una determinada sociedad, como un apartado fundamental de las relaciones sociales en nuestras colectividades. Más que un campo social distinto, constituye un ámbito globalizante que abarca y en el que se ven implicados la totalidad de los fenómenos, sistemas y procesos de la vida de una población.[25]

La sociabilidad desde diversas disciplinas, se relaciona de forma directa con esta investigación y otros trabajos sobre asociacionismo. El interés identificable por el mismo obedece a que académicos de diversas latitudes coinciden en recuperar el término, con el propósito de otorgarle nuevas capacidades heurísticas.[26]

El asociacionismo tiene demasiadas versiones y casi puede decirse que los elementos se estructuran en la propia discusión. Pero en el caso de este epígrafe dedicado a la provincia de Las Villas y en especial a  la ciudad de Cienfuegos, nos centraremos en el caso de la escuela cubana donde es necesario una profunda revisión a las obras de Agustín de Serize, María Victoria Sueiro, Violeta Rovira, Caridad Abreu, entre otros.

A finales del siglo XIX y la cuarta década del siglo XX, periodo en que se enmarca este capítulo, surgen nuevas sociedades en la provincia de Las Villas, la ciudad de Santa Clara y la de Cienfuegos alcanzaron un notable impacto en la fundación de sociedades de diversos tipos y fines. Variados fueron los títulos, como por ejemplo, de carácter benéfico, cívico, cultural, deportivo y recreo, espírita, patriótico, de mejoramiento, socorro mutuo, protección mutua, filantrópica. .A continuación se relacionan las más famosas.

La ciudad de Santa Clara, que se localiza dentro de la macroregión de Las Villas fue otro de los lugares donde  se manifiesta el fenómeno del asociacionismo, las condiciones políticas, económicas y sociales, presentes fueron similares al del resto de la Isla, por lo que sus pobladores también  sienten la necesidad  de agruparse en distintas sociedades, según las características e intereses de los diferentes grupos; ejemplos de ellas lo podemos  encontrar  en la creación de:

La Sociedad de Dependientes fundada en 1902, El Círculo Reformista Villaclareño, La Sociedad Progreso, constituida en 1899, la Sociedad de Socorros Mutuos de Santa Clara, La Sociedad Cuerpo Médico- Farmacéutico – Dental y la Sociedad “El Gran Maceo”, reabierta con este nombre en 1899.[27] El Liceo de Santa Clara, de mismo nombre que la ciudad, inaugurado el 30 de diciembre de 1927. Este fue gran promotor del arte, la cultura y las tradiciones cubanas.[28]

En el caso particular de Cienfuegos el asociacionismo se hizo sentir ya antes dicho era una de las ciudades conjuntamente con otras de la isla donde sucede este proceso con fuerza, podemos citar ejemplos de sociedades en la ciudad, como lo fueron, el Lyceum Femenino, la Sociedad Heredia y la Comisión Pro Arte y Ciencias. También aparecen otras de variado perfil, El Centro de Veteranos, el de Detallistas, El Club de Leones y el Club Rotario, que se manifestaron por el desarrollo de Cienfuegos. De igual forma, quedaron organizadas diferentes sociedades profesionales: la Asociación de Maestros, la Sociedad Cinematográfica. En la esfera deportiva se destacaron el Cienfuegos Yat Club, el Club de Tiro, La Sociedad Unión Automovilística, la de Esgrima, presidida por Fernando Alonso Maza, y el Club de Ciclistas.[29]

El Club de Cienfuegos Yat solo podía ser frecuentado por los blancos de la más alta esfera social. Por otro a la Sociedad Minerva únicamente entraban los negros y mestizos de buena posición económica y profesionales. También la frecuentaban blancos de prestigio. En tales círculos se manifestaban claramente los problemas socio clasista y racial entre blancos y negros y se visualizaban también las diferencias de clases en el interior de cada grupo. El carácter clasista y elitista de las asociaciones antes mencionadas contrasta con lo que sucedía en otros tipos de sociedades, que eran organizadas según los interese de los individuos de las más diversas extracción social. Ejemplo de estas sociedades: La Juventud Aspirante, Club Progresista, Sociedad Tres Amigos, Unión Club, Círculos de Amigos de la Cultura y Alianza Francesa.[30]

De carácter público se instituyeron el Museo Étnico-Histórico, dirigido por Pedro Modesto Hernández, y el Museo de Zoología ubicado en el Colegio de Los Hermanos Maristas, en 1901. Por su parte, los inmigrantes chinos se asociaron al Casino Chong Wash, La Asociación Benéfica China y La Sociedad Masónica China, mientras los españoles se diversificaron atendiendo a su región de origen: El Club Asturiano, El Centro Canario, El Liceo Canario de Las Villas, La Asociación Gallega y el Centro Vasco. [31]

En estas sociedades perpetuaban el recuerdo del terruño lejano y se pronunciaban por la mutualidad y la beneficencia. Sociedad emblemática y símbolo de desarrollo social de la burguesía y el sector profesional fue el Ateneo de Cienfuegos en 1922, asociación progresista y divulgadora de la cultura local. Otra sociedad destacable fue la fundación de La Sociedad Hispano cubana de Cultura, filiar de la habanera, que funcionó el 15 de octubre de 1927auspiciada por el Ateneo y acogió a figuras destacadas de la intelectualidad cubana y extranjera, muchas de las cuales fueron invitadas a dictar sus conferencias en esta institución.[32]

Otras  de las tantas sociedades para la raza blanca creadas en Cienfuegos,  fueron el Gremio de Expedidores de la leche, Sociedad La Verdad, La Casa Quinta de Salud San Patricio, El Ahorro, Asociación de Empleados, Obreros de Jesús, Sociedad Benéfica Nacional, Alianza Obrera de Socorro Mutuos, Asociación Benéfica Masónica, Sociedad de Estudios Clínicos, Patriótico Racionalista de Cienfuegos, Cantorum de Cienfuegos, Hispania Balón Pie, Prado Star Club Cienfuegos, O´Burques Tenis Club Cienfuegos, Club Residencial Playa Alegre, Luz de la Verdad, La Divina Caridad, Sociedad Espírita de Cienfuegos, Ciencia Amor y Virtud, Sendero de Luz, Logia Jagua 21, Logia Cienfuegos 32, Logia Rebekah Mercedes Matamoros 8, Campamento Cienfuegos 7, Soberano Consejo Luís D´Clouet 8, Soberano Capítulo Rosa Cruz, Logia Fernandina de Jagua, Logia Asilo de la Virtud, Avanzada Fraternal y Cooperación Ferroviaria.[33]

Se puede observar cómo la ciudad de Cienfuegos crece en cuanto a sociedades blancas de clase burguesa, pero paralelas a estas también estaban en aumento las sociedades negras, venidas de las capas populares más bajas.

La actividad de las capas negras dio fe de que en el orden sociocultural tuvieran una activa participación. La nueva política adoptada por España, favoreció el establecimiento de sociedades de instrucción y recreo y de socorro mutuo en el seno de la población de descendencia africana. Amplios grupos de negros y mestizos se dieron la tarea de fundar sociedades de instrucción y de recreo. Así aparecieron por toda la isla numerosas instituciones de este tipo[34].

Una sociedad de instrucción y recreo negra en el siglo XX, reunía en su membrecía a un grupo social libre, generalmente de trabajadores, muchos de los cuales ejercían los oficios, por ejemplo, sastres, maestros de escuelas primarias, músicos, carpinteros y algún que otro periodista. Estos buscaban en las sociedades la protección social ante la discriminación, además de el recreo y la diversión a través de espectáculos, fiestas, veladas, reuniones, conciertos musicales y representaciones teatrales.

La primera sociedad de este tipo que surgió en Cienfuegos en el siglo XIX se denominó Centro de Instrucción y Recreo La Amistad. Su espacio social estaba ubicado en la calle Bouyón, entre San Fernando y Arguelles. En ella se integraban personas llamadas “de color”, negros, y mulatos[35].

Más tarde el 16 de octubre de 1899 se fundó la Sociedad Minerva, que agrupó negros y mestizos que tenían oficios; al surgir esta los miembros de la familia negras vieron mejores posibilidades para ellos como clase social. Entendieron que con la república todo había quedado atrás, hasta la discriminación por el color de la piel. Sin embargo, estaban lejos de la verdad; este espacio social fue marco propicio para seguir luchando por las reivindicaciones de ese sector poblacional y por la elevación del nivel cultural de sus miembros.[36]

Los objetivos generales de estas sociedades  se mantuvieron desde finales del siglo XIX hasta las fundadas en el siglo XX que de cierto modo les posibilitaban el acceso a una educación capaz de garantizarle cierto ascenso en la escala social y, consecuentemente, un nivel de vida menos precario. Aspiraban, a poder utilizar su escaso tiempo libre en sanas formas de distracción y recreo.

Era un anhelo importante, alcanzar un mínimo de nivel educacional que les permitiera poder entrar en el concierto novedoso de la modernidad y de movilidad social urbana del momento, con miras a ocupar mejores puestos ocupacionales en la sociedad. Para ello se esforzaban en aprovechar los espacios de sus sociedades como pequeñas escuelas y las sostenían, en la mayoría de los casos, con sus modestos recursos. Era en ellas donde se podía alcanzar el nivel instructivo necesario para los fines que perseguían. Se preocupaban, por tratar de difundir sus inquietudes y anhelos a través de las publicaciones que editaban.[37]

Las sociedades negras en sus reglamentos exponían metas ambiciosas que el paso del tiempo evidenciaba lo imposible de realizar. Planes comunes en todas las sociedades de color, eran, la fundación de escuelas, bibliotecas, periódicos, la ayuda mutua, monetaria en caso de enfermedad o muerte. Las sociedades más pudientes proyectaban ofrecer enseñanza de idiomas, facilitaban libros para enriquecer el acervo cultural, en fin, en estas sociedades todo era por la integración social del negro.[38]

Otras sociedades pero con un origen etnos-africano con sus peculiaridades también formaron parte de la sociabilidad sureña, como lo fueron las Sociedades de Instrucción y Recreo de origen Lucumí, Santa Teresa Meditando que surgió en 1902 en Saldo #35 y dejó de funcionar en 1919, San Roque (Cienfuegos), se encontraba en Cervantes #17 esq. Gases(1904-1919), Nuestra Señora de las Mercedes en Arguelles #392 de (1906-1912), La Sociedad Arará Espíritu Santo, inscrita como Sociedad de Recreo y Socorro(1901-1940) situada en la calle Cristina #14, El Cabildo de Santa Bárbara (1923-1939). Todas ellas desaparecieron por razones socioeconómicas.[39]

 Conclusiones

De esta forma se culmina el artículo, dando una panorámica del asociacionismo en Cuba en los siglos XIX y primera mitad del siglo XX, en cuanto sus antecedentes, creación, evolución, transformación de las instituciones. Todo ello dirigido y secundado por las capas populares, pertenecientes a la raza negra; donde quisieron elevar su estatus social por mediación de la protección, que podían brindarles las sociedades negras y elevarlas al lugar cimero que tenía la raza blanca en la isla.

Bibliografía

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-Guerra López, D. (2003).  Las Sociedades Regionales de Beneficencia de los inmigrantes hispanos en Cuba .Tesis en opción de grado de doctor en Ciencias Sociales. Habana.

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-www.Archivohistorico.villaclara.cu/historia/Rafael-Tristá

- www.ecured.cu/LiceodeSanta clara



[1] Guerra López, Dolores: Las Sociedades Regionales de Beneficencia de los inmigrantes hispanos en Cuba tesis en opción de grado de doctor en Ciencias Sociales. Habana, 2003.

[2] Barcia Zequeira, María del Carmen. Capas Populares y Modernidad en Cuba. La Habana, 2005. Pág. 35-36

[3] Ob.cit. pág. 37

[4] Ídem

[5] Ob.cit. pág.45

[6] Ob.cit. Pág. 66

[7] Sueiro Rodríguez, María Victoria. Cienfuegos 1840-1898: Vida y cultura en las sociedades de Instrucción y recreo. Tesis doctoral. Santa Clara, 2001. Pág.74

[8] Ob.cit.Pág.131

[9] Ídem

[10] Barcia Zequeira, María del Carmen. Capas Populares y Modernidad en Cuba. La Habana ,2005.

[11]  Ob.cit

[12] Ídem

[13] Ídem

[14]  Sueiro Rodríguez, María Victoria. Cienfuegos 1840-1898: Vida y cultura en las sociedades de Instrucción y recreo. Tesis doctoral. Santa Clara, 2001. Pág. 75

[15] Barcia Zequeira, María del Carmen. Capas Populares y Modernidad en Cuba. La Habana, 2005. Pág.49

[16] Ídem

[17] Ob.cit. pág.50

[18] Sueiro Rodríguez, María Victoria. Cienfuegos 1840-1898: Vida y cultura en las sociedades de Instrucción y recreo. Tesis doctoral. Santa Clara, 2001. Pág. 88

[19]Pignot, Elsa. El asociacionismo negro en Cuba: una vía de integración en la sociedad republicana (1920-1960). España, 2010. Pág. 89

[20] Ídem

[21] Ob.cit. pág.90

[22] Ob.cit. pág.94

[23] Cabrera Fernández, Consuelo. Las Sociedades de Instrucción y Recreo afrocubanas en Cienfuegos y sus Instrumentos musicales. Cuarta época ,2000.Pág. 1

[24] Sueiro Rodríguez, María Victoria. Cienfuegos 1840-1898: Vida y cultura en las sociedades de Instrucción y recreo. Tesis doctoral. Santa Clara, 2001. Pág. 80

[25] Escalera Reyes, Javier. Sociabilidad y Relaciones de  Poder. Madrid, 2005.pág 5.

[26]Guerra López, Dolores: Las Sociedades Regionales de Beneficencia de los inmigrantes hispanos en Cuba (tesis en opción de grado de doctor en Ciencias Sociales. Habana, 2003.

[27] www.Archivohistorico.villaclara.cu/historia/Rafael-trista

[28] www.ecured.cu/LiceodeSanta clara

[29] Colectivo de Autores. Síntesis Histórica Provincial de Cienfuegos. Editorial Historia, 2011.Pág 290

[30] Ídem

[31] Ob.cit. pág.290-291

[32] Ídem

[33] Documento de  registro de  asociaciones de Cienfuegos en soporte digital.  Archivo Provincial de Cienfuegos.

[34]Sueiro Rodríguez, María Victoria. Cienfuegos 1840-1898: Vida y cultura en las sociedades de Instrucción y recreo. Tesis doctoral. Santa Clara, 2001.pág. 83

[35] Ídem.

[36] Colectivo de Autores. Síntesis Histórica Provincial de Cienfuegos. Editorial Historia, 2011.Pág.289

[37]Sueiro Rodríguez, María Victoria. Cienfuegos 1840-1898: Vida y cultura en las sociedades de Instrucción y recreo. Tesis doctoral. Santa Clara, 2001.pág.84

[38]Ob.cit. pág.85

[39] Cabrera Fernández, Consuelo. Las Sociedades de Instrucción y Recreo afrocubanas en Cienfuegos y sus Instrumentos musicales. Cuarta época ,2000.Pág.6

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Medina García, Atabey: "Una mirada al asociacionismo en Cuba: sociedades negras y su contraparte blanca. Siglo XIX-XX" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, octubre 2014, en http://caribeña.eumed.net/sociedades-negras/

Revista Caribeña de Ciencias Sociales es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.